COMENTARIO EXEGÉTICO Nº 21 DE EL LIBRO DE LOS
ESPÍRITUS, DÍA A DÍA
La obra cumbre del pensamiento universal
©Giuseppe Isgró C.
ESPÍRITU Y MATERIA
17.
La materia ha
existido ab aeterno como Dios, o bien
ha sido creada en algún momento por Él?
-“Esto lo sabe sólo Dios. Vuestra imaginación no
puede dejar de demostraros la imposibilidad de que Dios, amor y bondad por
esencia, haya podido estar alguna vez inoperante. Por muy lejos que pudierais imaginar
el principio de su acción, podríais representároslo un solo momento inactivo?
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Sabemos, tal como lo expresa la segunda ley de la
termodinámica, que ni la vida ni la energía se crean ni se destruyen, por
cuanto, simplemente, existen. Ahora bien, -qué es la materia? Podríamos definir
a la materia como energía condensada en “X” grado vibratorio, según el
elemento, o elementos que la conformen. Si pudiésemos ver cualquier trozo de
materia bajo una lupa poderosa, que lo permitiese, nos daríamos cuenta de que
la materia no es compacta, “sólida”, en el estricto sentido de la palabra, sino
que, en su estructura, existen espacios “vacios”, pero que, realmente, no es
mas que energía condensada. Cuando el respectivo ciclo de esa materia termine y
pasa por el proceso natural de descomposición, la energía que le conformaba
vuelve al depósito universal, para ser, nuevamente, utilizada. Cómo ocurre
esto, y quién lo realiza? Todos hemos oído, alguna vez, hablar de los
“Espíritus elementales de la naturaleza”. Qué son los Espíritus elementales de
la naturaleza? Qué es un Espíritu? Imaginemos el universo dividido en tres
substratos. El primero, conformado por Dios, -el Creador Universal-, la
fuente cósmica de donde emana todo. Una energía luminosa en movimiento eterno,
dotada de inteligencia infinita, con todos los atributos divinos, -valores
universales-, en grado infinito de desarrollo, en todas sus vertientes y
variantes, sin límites de ninguna naturaleza, que constituyen el soporte de los
principios cósmicos y de las leyes universales, cuya síntesis se expresa como
ley cósmica. Por supuesto, Dios se encuentra dotado de una conciencia universal
de sí y de todo lo que Él es y representa, de su poder creador infinito, y aún
así, potencialmente infinito, en infinitos aspectos, variantes y vertientes.
Causa suprema del universo ab eterno, es decir, desde la eternidad, en la
eternidad presente, para la eternidad. Se ha dicho: causa suprema universal.
Todo este todo conforma lo UNO, que es la totalidad de lo que existe, y llegará
a existir, en el eterno presente.
El segundo
substrato, conformado por el ALMA UNIVERSAL, que es la MATRIZ CÓSMICA,
conformada por substancia etérica que llena todo el universo, que podría ser
comparado a la “tierra cósmica”, equivalente a la tierra que conocemos, pero,
en estado etérico. Representa, al mismo tiempo, a la MENTE CÓSMICA, equivalente a lo que, en
pequeño, es la mente de un ser humano. Otra comparación, necesaria: las semillas
que se siembran en la tierra, a nivel de la mente, estarían representadas por
las ideas. Ahora bien: en la naturaleza existen cuatro reinos conocidos: el
humano, el animal, el vegetal y el minera. Cada uno está conformado por tres
entes básicos: el Espíritu, el alma y el cuerpo. Quién crea el Espíritu, fuente
de la vida? Se ha dicho ya, que la vida no se crea, porque existe ab eterno, es
decir, desde la eternidad. Entonces, cómo emana a la conciencia individual?
Cada vez que el Creador Universal precisa a una familia de Espíritus, en cada
reino natural, Él, sin dejar de ser Él mismo, y sin separarse de Él mismo, toma
posesión, en el ALMA UNIVERSAL, de una célula matriz, a la que dinamiza con
vida eterna e inmortal, a partir de ese momento, y siendo Él mismo, sin haberse
separado de Él mismo, continúa dotado de sus mismos atributos divinos, -o
valores universales, de su conciencia, en la que se expresan los sentimientos
de los valores universales, como guía divina de vida, o sentidos cósmicos,
pero, arrancando desde un grado cero de percepción. Es decir, emana a la
conciencia individual, el mismo Creador Universal, pero en la conciencia de
este ser individualizado no quedó registrado todo lo que era el Creador
Universal desde la eternidad pasada, lo cual deberá descubrir, ese ser, a
partir de entonces, en la eternidad futura, en el eterno presente.
Evidentemente, ese nuevo ser tiene una misión y cumple un propósito del
Creador, que es el de acrecentar a la Creación. Este proceso de emanación a la
conciencia individual, del mismo Creador, ocurre, por igual, con los Espíritus
de los cuatros reinos naturales: el humano, el animal, el vegetal y el mineral,
salvo de que existan otros reinos que desconozcamos, por ahora, Y es aquí donde
entran en escena los Espíritus elementales de la naturaleza, constituidos por
los Espíritus emanados a la conciencia en el reino mineral, por ejemplo: los
espíritus del hierro, del oro, del estaño, del zinc, del bronce, de la plata,
etcétera.
Emanados los Espíritus a la conciencia
individual, en el ALMA UNIVERSAL, -o
mente cósmica-, en los cuatros reinos naturales, en las correspondientes
células matrices, -equivalentes a espermatozoides etéricos-cósmicos-, en las
que el Creador se une, dinamizándoles, esas ubicaciones, dentro del alma
universal, van a constituir sus espacios cósmicos, respectivamente, al igual
que el espacio que queda en una masa de harina, de la cual, un ama de casa,
mediante un molde, extrae una galletita. Permanecerá unido a ese espacio
cósmico, en el alma universal, mediante un “hilo de plata” elástico, fluídico,
como su hogar. Ya, aquí, tenemos dos de los elementos de la trilogía que le
conforman: Espíritu y alma.
El tercer substrato, se encuentra conformado por
la materia: Los Espíritus elementales de la naturaleza, equivalentes a cada uno
de los elementos minerales conocidos y por conocer, vibran, cada uno, en una
determinada frecuencia, de acuerdo a su tipo, y materializan la energía, es
decir, la condensan en materia, es decir: hierro, oro, plata, bronce, oxígeno,
nitrógeno, carbono, etcétera. Aquí, se sigue cumpliendo el principio de que la
constitución de cada ser esta integrada por: Espíritu, alma y cuerpo. Este
substrato va a conformar la base y el soporte de los mundos físicos, en el
cosmos. Aquí reside el secreto de la creación de los mundos, en el inmenso
universo. Cada vez que los maestros de la Creación van a formar un mundo, de
acuerdo a los planes y objetivos de la humanidad que le habrá de poblarle, o
habitarle, en determinado lapso, los maestros de la creación a cuyo cargo se
encuentra la formación de aquel mundo, le dan una orden, a esa inmensa cantidad
de Espíritus elementales que van a coadyuvar, para que condensen determinadas
masas de materias, tanta como sea necesaria hasta alcanzar el volumen
respectivo de acuerdo al tamaño previsto para ese mundo. Aquí residiría,
probablemente, también, el secreto de esas enormes velocidades mediante las
cuales los mundos giran sobre sus propios ejes y alrededor de su respectivo
sol, en un movimiento integral cósmico. Es decir, dado que en su nivel
infinitesimal la materia está constituida por Espíritus elementales, en cuya
expresión física como átomos de sus respectivos elementos constituyen una
energía en movimiento, la unión masiva de todos esos elementos, dotados de
energía en movimiento, en su suma total, le otorgan, al respectivo mundo, sus
movimientos sobre sus propios ejes, y el de la traslación en torno a su
respectivo sol, en base a un determinado punto de equilibrio, por la ley de
gravedad. Pero, la unión de los mundos, de los sistemas solares, en sus
respectivas galaxias, en unión con todas las galaxias del universo, todas se
desplazan, uniformemente, en armonía, en un viaje perpetuo por el universo,
Prácticamente, el sistema de galaxias, en su conjunto, se encuentra en un viaje
permanente por el Cosmos. Somos viajeros cósmicos en el espacio, en tiempo
presente.
Siendo la ley una e igual para todos, cada
especie, para expresar, en su respectivo
reino, lo relativo a su cuerpo físico, sigue un proceso análogo al mineral, con
las adaptaciones, y variantes, inherentes a su índole. En síntesis, en este
quehacer universal el Creador está realizando un juego consigo mismo. Pero, que
juego!

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