EXÉGESIS 26
©Giuseppe Isgró C.
26.
Se puede concebir el
espíritu sin la materia y la materia sin el Espíritu?
–“Sí, ciertamente, con el pensamiento”-.
El Libro
de los Espíritus
Allan
Kardec
EXÉGESIS: Ciertamente, el
pensamiento es un atributo del Espíritu.
El Espíritu piensa
en imágenes. Pensamientos e imágenes conforman ideogramas, o cuadros mentales,
que permiten la percepción del conocimiento.
La matriz de este
conocimiento es la idea,
Al tener la idea
ya se posee la base y el fundamento para desarrollar, con mayor amplitud, el
cuadro mental que conforma el conocimiento.
Las imágenes son
percepciones del Espíritu, por observarlas, éste, directamente, del lugar mismo
en que se encuentra el conocimiento, o el objeto de este. Esto ocurre bien sea
que se encuentre en un lugar determinado, o en el propio archivo espiritual de
la persona, o en el archivo espiritual de seres encarnados, o desencarnados. En
el primero de los casos, el Espíritu, en desdoblamiento, o proyección
espiritual, emancipado de los sentidos físicos y de la conciencia objetiva, lee
esa información. En el segundo, el Espíritu, libre de la materia, tiene mayor
libertad para percibir, en el propio archivo, o leer en los ajenos, pero
siempre limitado por los propios estados de conciencia que le circunscriben al
enfoque en que centra la atención.
Dicha información,
o contenido mental, lo transfiere a la conciencia objetiva, como intuición, en
el acto de reincorporarse a la materia, o al propio cuerpo.
Si el Espíritu, en
desdoblamiento, o proyección espiritual, es capaz de observar el objeto del
conocimiento que percibe, también lo es para concebir, o percibir, al Espíritu
exento de materia, en la dimensión espiritual.
Esa percepción del
Espíritu, al margen de la materia, efectuada por el pensamiento, no es más que
una observación efectuada directamente por el Espíritu, con la visión
espiritual, y no con el sentido físico de la vista, y la capacidad de análisis
por la lógica inductiva y deductiva.
Trasciende la
visión física.
Al proyectarse el
pensamiento al objeto que le ocupa la atención, y al centrar la atención en el
mismo, expande la conciencia perceptiva, y observa directamente, ve con la
visión del Espíritu, al Espíritu de otros seres, en la dimensión espiritual.
Al retrotraerse a
la materia, en la conciencia objetiva, le concibe como una realidad.
La imagen de lo
que vio la traduce en idea, ésta en pensamiento –o símbolo-, y el pensamiento
de la idea, en el que medita, o reflexiona, se traduce en conocimiento.
Son concepciones
de la realidad que se obtienen por intuición, -percepción del propio Espíritu
proyectado- o por inspiración –comunicación de contenidos mentales por el
pensamiento en el pensamiento, de un emisor a un receptor.
Se sabe sin
conocer porque se sabe, en un momento dado. La concepción por conciencia
perceptiva, es automática, efectuada sin el uso de la voluntad.
Es un dejarse ir
hacia el objeto de los propios pensamientos, y estos se proyectan –junto con el
Espíritu, de quien constituyen un atributo- percibiendo la realidad.
Se puede no solo
concebir, sino ver objetivamente, la materia sin el Espíritu. Por ejemplo, el
cuerpo de un ser cuyo Espíritu ha desencarnado.
Empero, sería ese
un cuerpo inerte, ya que la causa de la vida se emancipó.
Pero, en sentido
general, toda materia inerte, o cualquier tipo de materia, aparentemente
inerte, está imbuida de un Espíritu elemental de la naturaleza, o de varios,
cuando se conforman aleaciones.
Ver dentro de la
materia, y más allá de ésta al Espíritu, es una percepción que transciende a
los sentidos físicos.
Es más fácil verlo
en un ser humano, que en los demás seres de los restantes reinos naturales:
animal, vegetal y mineral.
Pero, en cada
reino natural, cada cuerpo, y expresión de vida, y cada elemento, se encuentra
conformado por tres entes básicos, y claramente definidos: Espíritu, Alma y
cuerpo.
Aún en ese cuerpo
del que se ha separado el Espíritu, percibir esa separación, precisa una
concepción efectuada a nivel de los pensamientos.
A través de los
pensamientos, proyectados en el espacio y en el tiempo, se percibe la realidad
inherente. Esta trasciende a los propios pensamientos, que constituyen la
fuente de los ideogramas que canalizan el conocimiento.
Esa es la razón
por la cual se afirma, constantemente, que es preciso ver más allá de las
apariencias para observar la realidad, en su esencia.
Por otra parte, para concluir, es preciso destacar que no es posible concebir la materia sin Espíritu, ya que, en los cuatro reinos naturales, toda materia, así como expresión de vida, está animada por su respectivo Espíritu. Es decir, viendo más allá de las apariencias, no existe materia sin Espíritu, en ninguno de los reinos naturales conocidos ni por conocer.
Por otra parte, para concluir, es preciso destacar que no es posible concebir la materia sin Espíritu, ya que, en los cuatro reinos naturales, toda materia, así como expresión de vida, está animada por su respectivo Espíritu. Es decir, viendo más allá de las apariencias, no existe materia sin Espíritu, en ninguno de los reinos naturales conocidos ni por conocer.

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