EXÉGESIS 602
©Giuseppe Isgró C.
602.
¿Los animales
progr esan al igual que el ser humano por efecto de su voluntad, o por una causa
independiente a ellos?
-“Por una causa que les es independiente, por cuanto
no existe para ellos la expiación”-.
El Libro de los Espíritus
Allan Kardec
EXÉGESIS: ¿Qué debemos entender que progresan por una
causa independiente de su voluntad y de que no existe para ellos la expiación?
Tanto la respuesta como la pregunta, cada una
contempla dos vertientes, y entre ambas, tres aspectos diferentes: la voluntad
como atributo del Espíritu en cualesquiera de sus variantes; el libre albedrío,
atributo paralelo al de la voluntad, es decir, si posee voluntad para hacer o
dejar de hacer algo, es porque puede elegir una de las dos cosas, y la voluntad
respalda la elección, en uno u otro sentido.
Nosotros vemos como todos los
seres, o elementos, en los cuatro reinos naturales están dotados de Espíritu,
con individualidad propia e independiente, con atributos que les son
inherentes, entre ellos la voluntad y el libre albedrío. En todas las
expresiones de vida, en los cuatro reinos naturales, observamos como la
voluntad de vivir lleva a cada especie o elementos a los más rigurosos actos de
la voluntad, que denotan ser inteligentes y volitivos.
Vemos a unos individuos
de una especie u otra, más hermosos, inteligentes, hábiles y resistentes que
otros, lo cual indica un adelanto de unos sobre los otros. En las luchas que
afrontan, los machos, en algunas especies animales, denotan la voluntad de unos
de sobreponerse, a los otros, en la conquista de la hembra.
Los animales
adiestrados, son susceptibles de realizar proezas que van más allá en
habilidades de quienes carezcan de este entrenamiento. Evidentemente, unos
serán más hábiles que otros, dependiendo de su aprendizaje, lo cual permite
percibir que unos, por las causas que fueren, pueden adelantar a otros, en
progreso, al igual que los seres humanos. Dado que hay especies domésticas y
otras en estado salvaje, unos estarán más sujetos que los otros a la voluntad
ajena, y condicionados a las limitaciones que les son impuestas por los seres
humanos que les crían, en el caso de los primeros. Mientras que, los que viven
en estado natural, se rigen en sus modos de vida, por su libre albedrío y
voluntad, en cuanto a los libres actos que ejecutan, en los cuales su autonomía
se desenvuelve sin la inherencia de los seres humanos.
También, entre los que
viven en estado de libertad, unos progresan más que otros. Empero, cada especie
denota estar dotada para una función especial y se rige por leyes naturales, de
las cuales parecieran estar más conscientes que los seres humanos,
obedeciéndolas más fielmente. En todos sus actos demuestran sentimientos de
análoga naturaleza que los de los seres humanos y conductas que les son
semejantes. Se ocupan de la crianza de los hijos al igual que los humanos, los
defienden de los peligros, en semejante modo; y regresan a casa, aún cuando
alguien pudiese habérselos llevado lejos, en el caso de los domésticos, en
demostración de su afectos a los dueños de la casa o de su apego, o
identificación con el hábitat en que se criaron, o en demostración de su
sentido de pertenencia.
En el caso de los salvajes, éstos, aún cuando se alejan
por las razones que fueran, como lo es la búsqueda de alimentos, de agua, de
parejas para aparearse, siempre vuelven a los lugares en que la naturaleza
pareciera haberle destinado, según la época del año, estación o temporada,
recorriendo distancias enormes, con un sentido de la orientación, admirable.
Pareciera que sus facultades espirituales se encuentran en un estado de libre
desenvolvimiento que les permite percibir, espiritualmente, cosas que los
humanos, para poder hacerlo, requerirían entrenamiento especial, y aún así, los
animales, en muchos casos, les son superiores. Es posible, también, que, desde
la dimensión espiritual, los maestros de la creación, o los Espíritus guías de
la naturaleza, según la especie a su cargo, se ocupen de orientarle o dirigirle,
casos éstos en los cuales, las dos vertientes de la respuesta dada a la
pregunta, como son: la primera, cuando quien la otorga, expresa: -“Por una
causa que les es independiente”; esta causa que les es independiente seria, en
primer lugar, las leyes naturales que rigen a cada especie, cuya conciencia
imperturbada de ello, les permite cumplirlas con mayor exactitud que los seres
humanos. Además de las leyes naturales antes referidas, estaría la dirección
grupal por los Espíritus guías a cuyo cargo se encuentra cada especie, y la
mejor interrelación entre los Espíritus de cada especie, que les permite
recibir la asistencia espiritual directa, facilitándole el aprendizaje, la
comunicación intuitiva e inspirativa, el desdoblamiento y otras extensa gama de
facultades ejecutadas libremente, que les dan una mayor autonomía y capacidad
de percepción, cuyo conocimiento, y capacidad de hacer o dejar de hacer,
trasciende el libre albedrío, la voluntad, y la capacidad de razonamiento por
la lógica inductiva y deductiva. Es decir: los animales, fruto de la percepción
intuitiva o inspirativa, simplemente saben y actúan en consecuencia; lo que
saben por inspiración, lo ejecutan con conciencia de la guía que reciben.
Esto,
lógicamente, parecería ir más allá de la voluntad y del libre albedrío, ya que
constituyen facultades que ejercitan libremente y les ayudan a cumplir las
funciones que les asignó la naturaleza y a satisfacer sus necesidades, y de una
manera natural, el grupo va avanzando paralelamente, en armonía grupal, es
decir, todos, simultáneamente, a un determinado momento, progresan en forma
pareja, habiendo poco margen para los extremos.
La segunda vertiente, en cambio, cuando expresa: “por
cuanto no existe para ellos la expiación”, qué significa? Los animales no están
sujetos a le ley de la justicia divina, a la de compensación, a la de igualdad,
a la ley de la afinidad, la de la evolución, entre otras? Pareciera improbable,
por cuanto todos los seres, en los cuatro reinos naturales, se encuentran
sometidos al cumplimiento de la ley cósmica, siendo ésta sustentada por los
valores universales en su totalidad. Las diferentes demostraciones, en cada
especie, denota este cumplimiento de las leyes naturales. Lo que pareciera
ocurrir, es que, en los cuatro reinos naturales, cada una de las especies,
cumple mejor que los seres humanos las respectivas leyes que les son
inherentes, razón por la cual, son menos susceptibles de sufrir expiaciones al
igual que lo suelen hacer los integrantes del género humano. Es casi seguro,
que los animales recuerdan con facilidad sus vidas anteriores, no teniendo, la
naturaleza, ningún motivo para restringirle el recuerdo, ya que los que
conservan carecen de elementos perturbadores como en el caso de los humanos,
que, por bondad divina, se le restringe, ya que ningún ser humano normal
soportaría determinados recuerdos de existencias pasadas, significando una
carga que trastornaría el progreso humano.
De lo anterior concluimos: Cada especie, en los cuatro
reinos naturales, está regida por una programación grupal, con determinadas
leyes naturales que les son inherentes, por lo cual, dentro de los objetivos
existenciales, sus funciones son cumplidas sin aparente uso del libre albedrío
y de la voluntad individual, lo cual, en cuanto a causa ajena a la voluntad de
cada especie, es cierto, cumpliendo, cada quien, individualmente, los objetivos
que les son inherentes. Empero, en el ejercicio individual de esas funciones
comunes que les son asignadas, cada especie, voluntariamente cumple sus
funciones y existe un progreso individual cuyo mérito les es inherente a cada
quien, individualmente. Por su docilidad a las leyes naturales, en línea
general, cada miembro, en su respectiva especie, vive en armonía con la
naturaleza; empero, muchas de las vicisitudes que les son propias, las afrontan
en análoga forma, en muchos casos, a las de los seres humanos. -Quedaría por
estudiar, más profundamente, cuál sería la diferencia de la aplicación de la
ley del karma en los casos inherentes a los animales, a los vegetales y a los
minerales. Un tema abierto para todos.

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