sábado, 22 de febrero de 2020

EXÉGESIS 866


                       

EXÉGESIS 866   

©Giuseppe Isgró C.


866.   Entonces, la fatalidad, que parece dominar sobre los destinos materiales de nuestra vida, sería, también ella, el efecto de nuestro libre albedrío?
-“Vosotros mismos habéis elegido vuestras pruebas; cuanto más severas sean y mejor las superéis, tanto más os elevaréis. Aquellos que pasan la vida en la abundancia y en la humana felicidad, no necesariamente son los Espíritus más valerosos, y suelen estacionar su progreso real. En consecuencia, el número de los menos afortunados sobrepasa el de los felices en este mundo, ya que la mayor parte de los Espíritus busca la prueba, que será para ellos más fructuosa. Ellos ven muy bien la vanidad de vuestras grandezas y de vuestros placeres. Del resto, también la vida más feliz es siempre agitada o turbada, aunque no fuese por otra cosa que por el anhelo de la ausencia del dolor”-. (Ver Nº 525 y siguientes).
El Libro de los Espíritus
Allan Kardec


EXÉGESIS: Deberían destacarse cuatro ideas principales: La primera: La suma existencial; la segunda: La Ley de afinidad; la Tercera: El libre albedrío; y, la cuarta: la Ley del eterno progreso.
Cada ser, en los cuatro reinos naturales, emana a la conciencia individual, a partir del Ser Universal, dotado con todos los atributos divinos que les son inherentes, inclusive el libre albedrío. Es decir, tiene libertad de elegir. Bajo los parámetros de los valores universales, como el amor, la prudencia, la justicia, la fortaleza, la templanza y la belleza. Paralelamente posee, también, el poder creador inherente a sus elecciones, en estado de potencialidad infinita. Empero, cada ser, en el momento de emanar a la conciencia individual ignora su origen, y su estado de potencialidad infinita en sabiduría y en poder creador. Es una labor de descubrimiento que irá realizando en la medida que afronte necesidades y anhelos de realización, en cuyo mismo grado irá extrayendo tanto el conocimiento como el poder inherente, para resolver las pruebas existenciales que afronte, o para realizar los objetivos que conciba o se plantee, en el diario acontecer. En cada etapa de su vida, en ambas dimensiones: física-espiritual, en un momento dado, su experiencia en ambas polaridades: positiva-negativa, conforma una suma existencial en determinado saldo, grado o estaciones, en los estados de conciencia equivalentes al desarrollo de sus atributos divinos. Esos estados de conciencia y el grado de experiencia adquirido, por cada ser, en determinado momento, constituyen la suma existencial, mediante la cual, la Ley de afinidad, ordenadora universal de todo cuanto existe, actuando en concordancia, y armonía, con las leyes de justicia divina, compensación e igualdad, va ubicando, o reubicando, a cada ser, en el orden que le corresponde en el concierto de todas las cosas. En ese estado de cosas, lo que cada ser es, en un momento dado, es el resultado de las sumas de decisiones asumidas, libremente, y de los pensamientos, sentimientos, palabras y actos que haya puesto en ejecución. Metafóricamente, cada quien ha ido construyendo su propia telaraña como expresión de su destino temporal, pero no definitivo. Su destino definitivo lo constituirá el eterno retorno del ser individual al Ser Universal, ad infinitum, durante el cual irá descubriendo su estado de potencialidad infinita, sin límites de ninguna naturaleza, contribuyendo, al mismo tiempo que adquiere la experiencia, y el desarrollo de sus aptitudes y actitudes, contribuye a la expansión de la Creación en el eterno presente. En esa labor de cooperación cada ser se transforma en un instrumento activo de la divinidad y percibe, en compensación, el salario cósmico, es decir: la experiencia y la conciencia gradual de su potencial infinito en sabiduría y poder creador.
Dado ese preámbulo, en cada nuevo ciclo de vida, con sus estados de conciencia actuales, y las situaciones inherentes que debe resolver, así como los objetivos cuyos resultados precisa alcanzar a corto, mediano, largo y macro plazo, le permiten trazar un plan desde la misma situación existencial en que se encuentra. Y, en conjunto con todos los seres que les están interrelacionados como integrantes de su familia espiritual, y entes interrelacionados por la afinidad de ideas o proyectos, o por las compensaciones que mutuamente precisan efectuarse, de acuerdo con la Ley cósmica, y a los planes de vida, para el planeta de turno, en un momento dado, y mirando al macro plazo, con sus fases intermedias, cada quien, realiza lo siguiente:
Primero: Un plan de vida a corto, mediano, largo y macro plazo, con el consenso de todos los seres interrelacionados, incluyendo la familia espiritual del respectivo país, o países, en donde, finalmente, le tocará desarrollar su plan existencial, en cada una de las fases intermedias. Es un plan que contempla diversas dimensiones: 1) Personal, familiar, colectivo en lo regional, nacional y mundial, según sus propias competencias y la del grupo del cual forma parte. 2) Al mismo tiempo, que existe un plan de trabajo como aporte al entorno del que se forma parte, en la dimensión espiritual, y en la física, acto seguido, en el que participará, en forma gradual, precisa diseñar el plan de estudio, según los tiempos. 3) Este plan de estudio, se realiza en la dimensión espiritual, en estado de proyección espiritual, o desdoblamiento, casi siempre sin percibirlo en su conciencia objetiva, estando encarnado. 4) A nivel de encarnado, deberá cumplir los planes de estudio vigentes y obligatorios, que le van nivelando, en cada ciclo de vida, a la actualidad de turno. 5) Empero, a nivel personal, por su vocación, visión, misión y experiencia, trae en su plan personal de vida, un grupo de objetivos a los cuales centrará su atención como medio de desarrollo personal. Dada esa formación de turno, podrá cooperar de manera más efectiva, en todas las etapas de la existencia de turno.
Ahora bien, cada situación por resolver y/o compensar, cada nuevo objetivo por realizar, y las diferentes pruebas de aprendizaje y desarrollo de plan de vida, le van a enfrentar a exigencias de mayor nivel del que ha desarrollado hasta determinado momento. Empero, posee, interiormente, el potencial en conocimientos y en poder realizador, para resolver todo lo que, afrontándolo, sin evasión, y persistiendo en la acción, se proponga concluirlos. Esas pruebas inherentes, naturales, por las que, indefectiblemente, pasa cada ser en el camino de la vida, se presentan como pruebas adversas, empero, son esas mismas pruebas adversas las que contribuirán a elevar el propio nivel de conciencia, y progreso, si se afronta la realidad, sin evasión. En el momento que se resuelve persistir tenazmente, enfrentando sosegadamente la adversidad, cara a cara, se activan los poderes creadores de la mente, y comienzan a surgir las coincidencias que aportan tanto la solución esperada como los resultados acordes a los objetivos de turno.
Cada nuevo progreso alcanzado incrementa el saaldo de la propia suma existencial, mediante la cual, la ley de afinidad, automáticamente, y sin esfuerzo alguno, va ubicando y reubicando, a cada quien, en el nuevo orden que le corresponde, donde pasará a la nueva fase de realización integral de su plan de vida.
Si cada ser realiza la labor que le corresponde en el concierto de todas las cosas, con dedicación y estudio, preparándose para labores de nivel más elevado, en jerarquía, los regidores cósmicos, por una parte, y los cooperadores del propio plan de vida, personal y grupal, por otra, le van utilizando en el lugar y desempeño que mejor se adecuen a su nivel de experiencia y competencia. Todo estado de perfeccionamiento integral, en cada ser, se transforma en una oferta de servicio que no pasará inadvertida en el entorno, o esfera mental, en que se interactúa, y oportunamente, se presentará la oportunidad inherente como medio de riqueza integral. La mayoría de las veces, esa oportunidad se presentará como una adversidad que afrontar. Si la persona no evade su responsabilidad personal y social, y la afronta, derivará el provecho de la misma, la experiencia inherente, y el salario cósmico. Estará preparado para abordar la siguiente fase en el concurso de todas las cosas, según las inquietudes de los tiempos que corren.
En cada situación, o fase existencial, es preciso ver más allá de las apariencias, única manera de percibir, comprender y realizar lo que compete, un paso a la vez, en el camino de la vida.
Aquí reside la importancia de conocer las leyes que rigen la vida, en el universo, desde una perspectiva universal, conociendo, de manera integral, sin apegos, todas las doctrinas que constituyen el acervo cultural, científico, filosófico, tecnológico, artístico y espiritual acumulado en el largo recorrido histórico, en el planeta de turno.
En todo hay que pensar en grande, ya que somos instrumentos de la Divinidad en la expansión de la Creación universal. La Divinidad ha pensado en grande, en todo, y no permite, por la ley cósmica, que nadie se duerma en los laureles. El progreso es continúo, constante, de un nivel determinado a otro más elevado, sin límites. Quien se estanca se queda rezagado. El sentido de insatisfacción que se va experimentando, en cada época, es la señal inequívoca que indica que hay que plantearse, por escrito, nuevos objetivos de realización hacia los cuales canalizar la propia energía creadora y el caudal de experiencia obtenida, que permiten asumir nuevos y más importantes retos.
Con estos estados de conciencia, en cualesquiera estaciones de la vida, siempre se experimentará una sensación de seguridad y certeza. A medida que se van subiendo los peldaños de la escalera del progreso, se va viendo más lejos, así como el lugar hacía el cual hay que dar el siguiente paso. Un paso a la vez, se va recorriendo el camino de la vida hacia la suprema meta, ad infinitum.

En revisión…...

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