MEDITACIÓN 16
©Giuseppe
Isgró C.
Cada ser en
los cuatro reinos naturales: humano, animal, vegetal y mineral, constituye una
emanación a la conciencia individual a partir de la Divinidad sin dejar de ser
la Divinidad y sin separarse de la Divinidad.
Cada
uno de los seres de los cuatro reinos naturales está dotado de una conciencia
que es la réplica exacta de la de la Divinidad. Es decir, la conciencia de la
Divinidad se encuentra presente en cada ser de acuerdo con los estados –
valores – atributos desarrollados y en el respectivo nivel – grado – estación
en que cada quien se encuentre.
La
diferencia de la conciencia de la Divinidad con la de cada ser emanado a la
conciencia individual consiste en que la Divinidad tiene su conciencia
desarrollada en todos sus estados y estaciones, atributos y grados perceptivos,
comprensivos y realizadores, en todas las vertientes y variantes. Mientras que,
cada ser de los cuatro reinos naturales los tiene desarrollados en su
respectivo nivel evolutivo, en base a la experiencia adquirida.
Empero,
la Divinidad es anhelo de ser y el ser individual la expresión de ese anhelo o
voluntad de ser. La Divinidad actúa en cada ser por medio de la conciencia,
manifestándose en ella por el lenguaje de los sentimientos de los valores
universales, por cuyo intermedio ejerce acciones coercitivas, coactivas, de
empuje y de bloqueo, de manera que, cada ser, pueda realizar la cosa correcta,
en el lugar adecuado, en el tiempo perfecto de la Divinidad.
La
Divinidad tiene plasmada, en su conciencia, la ley cósmica. El ser individual,
también. La diferencia es el grado de desarrollo. En ambos, la ley cósmica es
eterna e inmutable. Pero el ser individual adquirirá conciencia de la totalidad
de la ley cósmica durante la eternidad, sin agotarla jamás, ya que los valores
universales que la sustentan son infinitos en sus grados perceptivos
–estaciones perceptivas- de la verdad universal. En su eterno viaje de regreso
del ser individual, en los cuatro reinos naturales, hacia el Ser Universal, va
adquiriendo conciencia de los estados-atributos divinos-valores universales,
pasando de una estación a otra, de un grado a otro, en la eterna e infinita
escala de la polarización universal. Es un trabajo de alquimia espiritual
transmutándose cada ser de un grado de conciencia a otro más elevado, en todos
los estados de conciencia, atributos divinos o valores universales.
Además,
estando el infinito universo lleno de la energía universal cuya fuente es la
misma Divinidad, como si la misma Divinidad, – Espíritu universal, tuviese
diferentes escalas de frecuencias vibratorias -según los reinos naturales que
existen, de la cual se alimentan cada uno de dichos reinos-, la presencia de la
Divinidad se encuentra en cada ser de cada reino natural, sin dejar de ser la
Divinidad y sin separarse de la Divinidad.
Pese
a la aparente diversidad entre la dimensión espiritual y la física, ésta se
encuentra vivificada por los entes espirituales de los cuatro reinos naturales.
En
toda expresión de vida en la dimensión física, se encuentra la Divinidad que la
anima; y toda expresión de vida forma parte de la Divinidad sin ser toda la
Divinidad, pero, es la Divinidad. Una paradoja digna de constante meditación.

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