
MEDITACIÓN 6
EL
SENTIMIENTO ÍNTIMO DE DIOS
©Giuseppe
Isgró C.
E
|
n todas las épocas, y culturas, desde la más temprana edad, en todos
los seres de los cuatro reinos naturales, existe un sentimiento de reverencia
hacia la Divinidad, de múltiples maneras.
Es la conciencia de un Ser Superior que, en edades
primitivas de vida en el Planeta tierra, el ser humano ha identificado de
diversas maneras:
1) Reverencia
y culto hacia algún fenómeno de la naturaleza.
2) Culto
hacia los antepasados.
3) Culto a
diversas deidades mitológicas.
4) Culto a
una Divinidad superior impersonal.
5) Cualesquiera
otras modalidades.
Evidentemente, no tiene nada que ver con un sistema
de ideas, o creencias, impuestos por un determinado tipo de cultura. Esta es la
razón por la cual ese sentimiento hacia la Divinidad es universal y simultáneo
en todos los seres de las múltiples culturas. Caso contrario en aquellos
lugares en que no se hubiese fomentado ese orden de ideas, no habría imperado
la espiritualidad centrada en la Divinidad.
Esa conciencia de la Divinidad existe latente en
cada ser desde sus inicios en el planeta de turno en que le toque vivir, por
cuanto el Espíritu de cada ser es una emanación a la conciencia individual sin
separarse de la Divinidad y sin dejar de ser la Divinidad. Empero, se expresa
en mayor o menor nivel de acuerdo al grado evolutivo alcanzado, o experiencia;
es decir: estados de conciencias en las infinitas estaciones de la vida.
Siendo cada ser una expresión gradual de la
potencialidad total de la Divinidad, no expresa toda la Divinidad sino una
estación y un estado de conciencia de la Divinidad, en un momento dado. La
parte tiene conciencia del Todo, aunque jamás pueda percibir el Todo. Empero,
tiende hacia el Todo en el eterno retorno del ser individual hacia el Ser
Universal, adquiriendo cada vez más conciencia de sí, de sus atributos divinos
y de su ilimitado potencial creativo. Tanto la conciencia de la Divinidad, como
la sabiduría de sus atributos divinos y el poder creador potencialmente
infinito que le es inherente a cada estado de conciencia, se expresan, en cada
ser, como capacidad perceptiva, comprensiva y realizadora de manera equivalente
a las necesidades de turno y a las inquietudes de los tiempos, en que se vive.
El Libro de Los Espíritus, plantea: (6) –“….¿cómo
tuvieron este sentimiento, también, las personas de las humanidades de épocas
primitivas?”
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