sábado, 17 de agosto de 2019

EXÉGESIS 423




EXÉGESIS 423

©Giuseppe Isgró C.


423. Puede, el Espíritu, en el letargo, separarse enteramente del cuerpo hasta darle todas las apariencia de la desencarnación, y después regresar?
–“En el sueño letárgico el cuerpo vive, por cuanto existen funciones que se cumplen: su vitalidad se encuentra en estado latente, al igual que en la crisálida, pero no está anulada. Ahora, mientras el cuerpo vive, quiere decir que el Espíritu se encuentra ligado con él; rotos que sean estos ligámenes por la desencarnación real y por la disolución de los órganos, la separación es completa, y el Espíritu no regresa más. Cuando una persona, la cual tiene apariencia de haber desencarnado, regresa a la vida, es evidente de que la desencarnación no era real”-.
El Libro de los Espíritus
Allan Kardec

EXÉGESIS: Existen casos de catalepsia en los cuales muchas personas han sido consideradas como si ya hubiesen desencarnado; empero, luego que su Espíritu se ha reintegrado al cuerpo, saliendo de dicho estado en el que se encontraba, vuelve a la vida normal. Muchas veces sin recordar lo que le pasó; otras, recordando detalles, o experiencias determinadas. De han dado caso en que han despertado en el interior de la última morada, dejando huellas de arañazos en su intento de salir.
Algunos faquires, en la India, son capaces de entrar en un estado de catalepsia o estado de trance programado, que le permite permanecer durante largo tiempo en esa condición, encerrado en algún tipo de envoltorio en el que no existe entrada de aire. Las funciones vitales disminuyen a la mínima expresión. Transcurrido el tiempo de la programación, vuelven a la normalidad como si no hubiese ocurrido nada.
El Espíritu yace unido al cuerpo por intermedio del alma, o periespíritu, cuya principal cualidad es la elasticidad. El Espíritu, en proyección espiritual, o desdoblamiento, es capaz de viajar sin límites de espacio ni de tiempo, y a la velocidad del pensamiento. Pero, estando en desdoblamiento, el cuerpo permanece en estado de inquietud, de aparente sueño profundo, o sonambulismo natural. No existe ningún riesgo de desecarnación durante esas proyecciones espirituales, por cuanto el Espíritu permanece unido al cuerpo por medio del alma. La excepción podría ocurrir si la desencarnación estuviese programada, en su plan de vida, que ocurriese en esas circunstancias. En ese caso, el Espíritu en cuestión desencarnaría con naturalidad como lo haría en cualquier otra situación. Salvo esa particular condición, el desdoblamiento, en cualquier forma en que se desenvuelva, no producirá desencarnación alguna y el Espíritu siempre volverá a reincorporarse con naturalidad.
La pregunta clave es: Puede el Espíritu desdoblado encontrar algún obstáculo en regresar al cuerpo por entes espirituales de estados inferiores de desarrollo de conciencia? Evidentemente, que sí puede ocurrir ese tipo de molestias, y es fácilmente recordable por muchas personas que adquieren conciencia de encontrarse despiertos, en el cuerpo, pero en estado de catalepsia, es decir, experimentando una fuerza que les mantienen inmóviles, estáticos. Muchas veces se percibe a un Espíritu –encarnado o desencarnado, puede ser de ambas condiciones- que se encuentra en una posición de posesión espiritual, con la cual mantiene en ese estado a la persona, impidiéndole, durante algunos momentos, al Espíritu, de reincorporarse con naturalidad a su cuerpo. Se puede recordar cómo después de tanto forcejear, el Espíritu logra emanciparse y despertar.
Los Estudiantes de la Doctrina Espírita, y de otras disciplinas, aprenden como protegerse de ese tipo de interferencia, y cuando percibe la cercanía de fluidos que corresponden a Espíritus, o seres de condiciones de estados de conciencia menos desarrollados, saben como protegerse, y también, como solicitar la asistencia espiritual a los guías y protectores. Sobre todo, están conscientes de que, siempre es preciso mantener la serenidad, la calma y la confianza de que no se podrá recibir perjuicios algunos, salvo el momentáneo intento de perturbación. Suelen conservar el control de la situación, con facilidad.
Se vive en una constante interacción con el mundo espiritual, y constantemente, sin percatarse, el Espíritu de cada ser, en los cuatro reinos naturales, se proyecta incontable número de veces durante el día, o en las horas en que duerme, bien sea de noche, o de día, o en los breves intervalos de ensoñación. Como la actividad extra-física no la registran los sentidos físicos, casi nunca lo percibe conscientemente, salvo por esos chispazos de intuición o inspiración, por los cuales percibe ideas creativas que le aportan un nuevo conocimiento, desconociendo de donde lo ha aprehendido.
En los períodos de meditación se suele entrar en estados fronterizos de conciencia resultando fértiles en ese tipo de percepción, comprensión y realizaciones, en los estados de conciencias y sus inherentes estaciones, o grados de manifestación.
Lo importante es erradicar el temor. Empero, es preciso dejar de abrir las antenas, o puertas de la mente a cualquier ente espiritual, en forma indiscriminada. Los Espíritus de elevados estados de conciencia son respetuosos con todos, y si se acercan no causan perturbaciones de ningún tipo. Las puertas de la mente no se pueden dejar abiertas, al igual que no se dejarían abiertas las puertas de la propia casa, por razones obvias.
Alln Kardec, en el Libro de las facultades espirituales, -el primero en su naturaleza- explica todas las clases de fenómenos  relativos a las facultades espirituales. 

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