viernes, 23 de agosto de 2019

EXÉGESIS 942




EXÉGESIS 942

©Giuseppe Isgró C.

942. Algunos no encontrarán estas sugerencias para ser felices sobre la tierra, un poco rudimentarios? No verán lo que ellos denominan lugares comunes, verdades redichas? Y, no dirán que el único secreto para ser felices consista en saber tolerar la propia infelicidad?

-“Muchos pensarán y dirán de esta manera; pero se pueden comparar a determinadas personas a quienes el médico les prescribe la dieta: quisieran curarse sin medicinas, continuando a ingerir alimentos indebidos”-.
El Libro de los Espíritus
Allan Kardec


EXÉGESIS: Para alcanzar niveles elevados de felicidad, en la existencia humana, son precisas algunas pocas cosas esenciales: Vivir con un propósito claramente definido, en primer lugar.
La Divinidad tiene para cada ser, impreso en su conciencia, un plan de vida, que deberá cumplir a través de innumerables ciclos de vida, ad infinitum. Ese plan, se encuentra plasmado, en primer lugar, en la Ley cósmica impresa en su conciencia, y en el potencial creador, virtualmente infinito de ejecutar su propósito esencial, que es adquirir conciencia en niveles más elevados, cada vez más elevados, en la expansión de la Creación Universal, de la cual, cada ser, en los cuatro reinos naturales, es un instrumento de la voluntad divina. Percibir, comprendiendo, esta realidad, nos acerca, en forma gradual, a la realización del plan divino en la propia vida. Los pensamientos, sentimientos, palabras y actos, se ajustarán a los parámetros diseñados en los valores universales, o atributos divinos, o sentidos cósmicos, sobre los que se sustenta la Ley Cósmica.
Armonizar con este propósito de la Divinidad, y convertirse en instrumento de su voluntad divina, produce felicidad, ya que se activa, en la propia conciencia, el piloto automático divino que nos va conduciendo a cumplimiento de los objetivos esenciales que nos permiten alcanzar las infinitas metas parciales hasta el infinito, sin encontrar jamás un final. Empero, estaremos en la vía justa, sin desviarnos del camino recto. Esto nos permite percibir el sentido de pertenencia a lo real, a lo auténtico y a encontrarle un sentido en la vida.
Dentro de este plan general, existe un plan divino de la Divinidad, para cada ser particular. Empero, poseyendo el libre albedrío, al igual que la divinidad, y enmarcando o no su conducta dentro de los parámetros de los valores universales, en la medida que se forja planes de vida acordes con ese plan general de la creación, y con el plan divino de cada ser, ambos impresos en la conciencia, y encuentra su propósito en el concierto de todas las cosas, por la ley de afinidad, y de la armonía, experimenta, gradualmente, en la eterna polarización, sentimientos de felicidad, como un estado natural de conciencia. Cada una de las infinitas estaciones de la conciencia, tiene reservada la felicidad inherente, si se armoniza el plan personal de vida, con el plan divino de la Creación. Toda desviación del estado de felicidad, manifestada como insatisfacción personal, es un indicativo de que, se precisa efectuar una retroalimentación que nos vuelva a colocar en el camino, ese camino recto a tanto han aludido todas las corrientes de pensamiento válida, en la historia de la humanidad.
Muchas de las verdades antiguamente expresadas, siguen estando vigentes, y es preciso redecirlas en forma acorde con las inquietudes de los tiempos. Las eternas verdades siempre han estado a la vista de todos, y grandes poetas y pensadores las han enunciado claramente: Homero, Platón, Aristóteles, Xenócrates, Plutarco, Plotino, Porfirio, Cervantes, Leonardo Da Vinci, Mahoma, Sidharta Gautama, Valmiki, Allan Kardec, Aurobindo, Vivekananda, Sai Baba, e incontables otros.
Empero, aun estando dentro de cada ser la esencia divina de la verdad universal, en estado de potencialidad infinita, precisamos la experiencia para el desarrollo de la aptitud, la inteligencia, el carácter y la conciencia perceptiva, comprensiva y realizadora.

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