EXÉGESIS
942
©Giuseppe
Isgró C.
942. Algunos no encontrarán estas sugerencias para
ser felices sobre la tierra, un poco rudimentarios? No verán lo que ellos
denominan lugares comunes, verdades redichas? Y, no dirán que el único secreto
para ser felices consista en saber tolerar la propia infelicidad?
-“Muchos
pensarán y dirán de esta manera; pero se pueden comparar a determinadas
personas a quienes el médico les prescribe la dieta: quisieran curarse sin
medicinas, continuando a ingerir alimentos indebidos”-.
El Libro de los Espíritus
Allan Kardec
EXÉGESIS:
Para alcanzar niveles elevados de felicidad, en la existencia humana, son
precisas algunas pocas cosas esenciales: Vivir con un propósito claramente
definido, en primer lugar.
La Divinidad
tiene para cada ser, impreso en su conciencia, un plan de vida, que deberá
cumplir a través de innumerables ciclos de vida, ad infinitum. Ese plan, se
encuentra plasmado, en primer lugar, en la Ley cósmica impresa en su
conciencia, y en el potencial creador, virtualmente infinito de ejecutar su propósito
esencial, que es adquirir conciencia en niveles más elevados, cada vez más
elevados, en la expansión de la Creación Universal, de la cual, cada ser, en
los cuatro reinos naturales, es un instrumento de la voluntad divina. Percibir,
comprendiendo, esta realidad, nos acerca, en forma gradual, a la realización
del plan divino en la propia vida. Los pensamientos, sentimientos, palabras y
actos, se ajustarán a los parámetros diseñados en los valores universales, o
atributos divinos, o sentidos cósmicos, sobre los que se sustenta la Ley
Cósmica.
Armonizar
con este propósito de la Divinidad, y convertirse en instrumento de su voluntad
divina, produce felicidad, ya que se activa, en la propia conciencia, el piloto
automático divino que nos va conduciendo a cumplimiento de los objetivos
esenciales que nos permiten alcanzar las infinitas metas parciales hasta el
infinito, sin encontrar jamás un final. Empero, estaremos en la vía justa, sin
desviarnos del camino recto. Esto nos permite percibir el sentido de
pertenencia a lo real, a lo auténtico y a encontrarle un sentido en la vida.
Dentro de
este plan general, existe un plan divino de la Divinidad, para cada ser
particular. Empero, poseyendo el libre albedrío, al igual que la divinidad, y
enmarcando o no su conducta dentro de los parámetros de los valores
universales, en la medida que se forja planes de vida acordes con ese plan
general de la creación, y con el plan divino de cada ser, ambos impresos en la
conciencia, y encuentra su propósito en el concierto de todas las cosas, por la
ley de afinidad, y de la armonía, experimenta, gradualmente, en la eterna
polarización, sentimientos de felicidad, como un estado natural de conciencia.
Cada una de las infinitas estaciones de la conciencia, tiene reservada la
felicidad inherente, si se armoniza el plan personal de vida, con el plan
divino de la Creación. Toda desviación del estado de felicidad, manifestada
como insatisfacción personal, es un indicativo de que, se precisa efectuar una
retroalimentación que nos vuelva a colocar en el camino, ese camino recto a
tanto han aludido todas las corrientes de pensamiento válida, en la historia de
la humanidad.
Muchas de
las verdades antiguamente expresadas, siguen estando vigentes, y es preciso
redecirlas en forma acorde con las inquietudes de los tiempos. Las eternas
verdades siempre han estado a la vista de todos, y grandes poetas y pensadores
las han enunciado claramente: Homero, Platón, Aristóteles, Xenócrates,
Plutarco, Plotino, Porfirio, Cervantes, Leonardo Da Vinci, Mahoma, Sidharta
Gautama, Valmiki, Allan Kardec, Aurobindo, Vivekananda, Sai Baba, e incontables
otros.
Empero, aun
estando dentro de cada ser la esencia divina de la verdad universal, en estado
de potencialidad infinita, precisamos la experiencia para el desarrollo de la
aptitud, la inteligencia, el carácter y la conciencia perceptiva, comprensiva y
realizadora.

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