lunes, 24 de febrero de 2020

EXÉGESIS 919




EXÉGESIS 919

©Giuseppe Isgró C


919.       ¿Cuál es el medio práctico y más eficaz para mejorarse en esta vida, y resistir a las seducciones del mal?
-“Os lo ha dicho un sabio de la antigüedad: Aprende a conocerte a ti mismo”-.
Nosotros comprendemos toda la sabiduría de esta máxima; pero la dificultad se encuentra, precisamente, en el conocerse a sí mismo. ¿Cuál es el medio para lograrlo?
-“Haced aquello que los mejores seres humanos han hecho siempre. Al final de cada día, examinad vuestra conciencia: pasad revista a cada uno de vuestros actos, y preguntaros si habéis faltado a algún deber, si alguno haya tenido motivo para quejarse de vosotros. De esta manera llegaréis a conoceros y ver aquello que debéis cambiar en vosotros. Quien cada noche rememorase todas sus acciones del día, y se preguntase qué cosa ha hecho bien, o mal, solicitando a Dios y a su Espíritu protector de iluminarle, adquiriría mucha fortaleza para su perfeccionamiento, por cuanto, creedme, Dios le asistirá. Interrogaos, por lo tanto, vosotros mismos, y preguntaos cómo y con cuál fin habéis actuado en los varios casos. Si habéis realizado algo que censuraríais en otros; o, si cometisteis una acción que no osáis reconocer. Por otra parte, reflexionad: Si fuese llamado por Dios, en este momento, a la dimensión espiritual, donde no se puede esconder nada, ¿tendría algo que temer a la vista de alguno? Reflexionad bien sobre aquello que podáis haber cometido en contra de Dios, después en contra del prójimo, y finalmente en contra de vosotros mismos. Las respuestas darán paz a vuestra conciencia, o indicarán un mal, el cual debéis compensar. El conocimiento de sí mismo es, por lo tanto, la clave para el mejoramiento individual. Pero, diréis vosotros, ¿cómo podemos estar seguros de juzgarnos rectamente? La ilusión del amor propio no atenúa las culpas, y no las hace excusar, de manera que el avaro se cree económico y previsor, y el orgulloso de ser una persona que cuida su propia dignidad? Esto es verdad, sin embargo; pero tenéis un medio de control, que no os puede engañar. Dado que os encontráis con duda sobre el valor de una acción vuestra, preguntaos como la juzgaríais si la misma hubiese sido realizada por otros. Si en este caso la censuráis, ella no podría ser más legítima en vosotros, por cuanto Dios no tiene dos pesos para la justicia. Buscad, por otra parte, que piensan de vosotros los demás, y no descuidad la opinión de vuestros enemigos, por cuanto estos no tienen ningún interés en falsear la verdad, y con frecuencia Dios os los pone en vuestro camino casi como un espejo para amonestaros con su mayor franqueza de lo que lo haría un amigo. Quien firmemente se quiere mejorar escrute, por lo tanto, su conciencia para erradicar las inclinaciones indebidas, al igual que arranca de su jardín las malas hierbas. Haga el balance de su jornada moral, al igual que el comerciante lo realiza con sus pérdidas y sus ganancias, y os aseguro que obtendrá un provecho mucho mayor. Cuando él pueda responderse que su jornada ha sido buena, puede dormir en paz, sin temer a una eventual transferencia a la dimensión espiritual durante el sueño. En la aplicación de este consejo, haceos a vosotros mismos preguntas directas y precisas, y no temed en multiplicarlas. Se pueden dedicar, cada día, algunos minutos para la conquista de la felicidad. ¿No trabajáis, diariamente, para acumular recursos que sirvan a vuestro sustento en edad avanzada? ¿Aquel tardío descanso no es el objeto de todos vuestros deseos, el objetivo que os hace soportar importantes esfuerzos y tantas privaciones momentáneas? Entonces, ¿qué significa aquel reposo de pocos días de los achaques del cuerpo, en comparación de lo que le está reservado a la persona virtuosa? ¿No vale eso la pena de hacer algún esfuerzo? Sé que muchos objetan que el presente es cierto, pero el porvenir incierto; precisamente este es el pensamiento que nosotros tenemos por misión de reeducar en vosotros, y esta es la razón por la que queremos haceros conocer este porvenir de manera que no os pueda dejar ninguna duda en el ánimo. A este fin, hemos, primeramente, despertado vuestra atención con fenómenos aptos a para excitar vuestros sentidos, y después os damos las instrucciones para que, cada quien, las aplique y difunda”-.
Muchos errores que se cometen suelen pasar inobservados; pero, si interrogásemos con mayor frecuencia nuestra conciencia, veríamos cuantas veces hemos faltado sin darnos cuenta por no haber indagado la naturaleza y el móvil de nuestros actos. La forma interrogativa exige respuestas categóricas por sí, o por no, que no dejan vía por medio. De la suma de las respuestas, podemos calcular la del bien y del mal, que reside en cada quien.
El Libro de los Espíritus
Allan Kardec


EXÉGESIS: Quilón, El Lacedemonio, uno de los siete sabios de Grecia, en el portal del Templo de Apolo, en Delfos, insertó la siguiente máxima: -“Hombre, conócete a ti mismo, que el estudio propio del hombre no es conocer a Dios, sino conocerse a sí mismo”.

En el siglo VII –d.n.e.-, Mahoma expresó: -“Conócete y conocerás a Dios”.

¿Es fácil conocerse? ¡Por supuesto que no! Eso significaría reconocer la suma de la propia ignorancia. ¿Quién podría hacerlo? Sin embargo, ese es el mandato eterno que a cada ser, en los cuatro reinos naturales, la Ley cósmica impresa en su propia conciencia, le ordena: 1) ¡Conocerse, en forma integral: a nivel divino, espiritual, anímico y físico! 2) A nivel de sus atributos divinos, o sentidos cósmicos, que reflejan la sabiduría universal, en su conciencia, mediante los sentimientos análogos a los valores universales equivalentes al amor, a la prudencia, a la justicia, a la compensación, a la igualdad, al equilibrio o belleza, salud y armonía a la fortaleza, a la templanza, a la afinidad o conciencia del  orden o sentido de ubicación, a la voluntad, o poder creador potencialmente infinito para ejecutar lo que precisa, o anhela, enmarcado en el libre albedrío y éste regido por los parámetros de los valores universales, que le permite elegir conscientemente, de manera justa y perfecta. Cada uno de los valores universales impresos en la propia conciencia contiene valores derivados que conforman un todo, en principios, leyes y suma de sabiduría que conforma el libro de la vida que eternamente, cada ser estudiará, sin jamás agotar su caudal infinito. 3) Dado que, cada ser, constituye un microcosmos que contiene, de manera análoga, todo lo que existe en la naturaleza de las cosas, precisa conocer el macrocosmos, el universo, en forma integral, que constituye el entorno cósmico que le Alberta en el eterno presente, y que, gradualmente conocerá, en la eternidad que le precede, ya que jamás, paradójicamente, hubo un principio, y tampoco, habrá un final. En forma infinita y circularmente, en forma de espiral, cada ser, en los cuatro reinos de la naturaleza, realiza el eterno camino de retorno a casa, sin jamás alcanzando, buscando alcanzar una perfección que ya posee, aunque lo ignora, contribuyendo con su trabajo, a la expansión de la Creación Universal, de acuerdo a los planes trazados por el Ser Universal, en su propia conciencia, de la cual, cada ser, a su vez, posee una réplica exacta de la conciencia de la Divinidad. 4) En esa expansión de la Creación Universal, cada ser constituye un instrumento de la Divinidad para realizar la cuota de obra a su cargo, de la Gran Obra. La Gran Obra es del Ser Universal, así como con los recursos puesto a la orden de cada ser para realizar una obra que, paradójicamente, no le pertenece, sino que se le facilita para contar con todo lo que, en el eterno presente, precisará, para realizar los objetivos que, voluntariamente, cada quien asumirá como aporte a la Gran Obra. Lo que le pertenece, a cada ser, es el Salario Cósmico, que le capacita para asumir nuevos retos en la realización de la Gran obra. Ese salario cósmico constituye la experiencia adquirida que le permite percibir, comprender y realizar en forma análoga a la visión aportada por la experiencia y por la visión de los valores universales. Empero, con cada logro, se percibe el siguiente paso, en el camino de la vida, y la labor que surge para ser realizada, por cada quien. Un paso a la vez, una fase detrás de otra, enfocando el objetivo de turno, todo en sentido a la realización de la Gran Obra, de acuerdo a la Ley cósmica y a los planes trazados por el Gran Arquitecto del Universo, en su propia conciencia y en la unicidad de la conciencia de cada ser, sin separación alguna de la conciencia Divina, o el Todo manifestado y por manifestarse, en el eterno ahora. 5) En esa eterna carrera de progreso, cada ser descubre, gradualmente, en primer lugar, los instrumentos que habrá de utilizar en la realización de la cuota de la Gran Obra que asume como objetivo existencial, a nivel físico, mental, espiritual y divino. Luego, aprende a utilizarlos, para, acto seguido, empezar a realizar la obra pajo la guía de alguien más experimentado. Una vez realizada la obra, por etapas, va percibiendo que la obra llevada a cabo obedece a un plano que alguien, un arquitecto divino, trazó. Se da cuenta de que nada se realizado por casualidad, sino que todo obedece a una razón de ser que alguien ha ya previsto desde la noche de los tiempos y se encuentra, perfectamente delineada, en los eternos planos de la expansión de la Creación Universal. Entonces, parte de su labor es descifrar esos planos bajo cuya guía deberá realizar su propia obra de cooperación en los planes cósmicos. Adquirir esa conciencia, darse cuenta de esa realizada, es el primer paso para comenzar a vivir conscientemente. Cada ser percibe que posee un poder creador inagotable y que, sea cual fuere la tarea por realizar, siempre emergerán de su ser interno, las energías y fuerzas suficientes para completar la obra de turno, siempre y cuando persista, tenazmente, sin abandonar a mitad de camino, en ninguna obra. Se da cuenta de que, cada vez que se niega a abandonar en el logro de un objetivo de turno, persistiendo con confianza, en el momento menos fácil de la tarea, se activan los poderes creadores de la mente, y emergen en su conciencia, por intuición o inspiración, las ideas que aportan la visión del qué, del cómo, del dónde, del quién, del cuándo, del cuánto y del por qué. Esto le da confianza en sí mismo, y con confianza persiste, tenazmente, hasta alcanzar todas y cada una de las metas inherentes a sus objetivos de turno, uno a la vez.
En el camino de la vida, como decía Newton, precisa subirse sobre hombros de gigantes, para ver más lejos, por lo cual, debe estudiar todo el aporte que, en el concierto de los siglos que han transcurrido desde la noche de los tiempos, se ha ido recabando como experiencia de vida, por los seres más adelantados en el progreso humano y universal, en los cuatro reinos naturales. Paralelamente, se da cuenta que puede conectarse a una eterna fuente de sabiduría y poder creador, que es la de la Divinidad. Al vibrar en esa frecuencia más elevada, en armonía con la divinidad, se va depurando el velo de la separación, percibiendo su unicidad con la Divinidad. Se da cuenta, en un instante determinado que ya conocía la fuente universal de la cual emanara a la conciencia individual, sin separarse de la divinidad y sin dejar de ser la Divinidad. Esto transforma su manera de ver las cosas, y comienza a ser consciente de su rol divino en la eterna y continuada vida, en la expansión eterna de la Creación Universal, por etapas. Aquí realiza un gran descubrimiento: Donde enfoca la conciencia se expande su capacidad perceptiva, comprensiva y realizadora, ad infinitum, sin encontrar jamás ningún límite en el eterno camino de retorno del ser individual al Ser Universal.
Para completar este comentario exegético, recordaremos las enseñanzas conservadas en los versos de oro pitagóricos, que ha sido una certera guía de los seres más sobresalientes desde su tiempo hasta ahora.

LOS VERSOS DE ORO PITÁGORICOS
PREPARACIÓN:
I.    La práctica espiritual:
Antes, honra a los Dioses inmortales, de acuerdo con su jerarquía.
II.  –“Respeta tu promesa, y reverencia a los héroes ilustes, y a los genios, ejecutando las prácticas en uso”.
PURIFICACIÓN:
III. El culto a la familia:
Rinde honor a tus padres, y a los más cercanos parientes.
IV.  El culto de la amistad:
De los demás, del más virtuoso, por mérito, hazte amigo; con serenas palabras y útiles acciones, sigue su ejemplo. Por leve falta no te irrites con el amigo, de acuerdo con tus fuerzas. Al lado del poder, convence la Necesidad.    
V.   La cultura personal.
 A: La cultura mental:
Por lo tanto, tales cosas conozcas, y sepas, también, refrenar estas otras: El estómago, antes de todo; igualmente el sueño, el sexo y la ira.
VI.  Ser honrado, franco y justo:
Se irreprochable con todos y en todo; ejecuta, únicamente, actos dignos, tanto en compañía de otros como a solas. Como prioridad, ten pudor contigo, respetándote. Después, siempre, en palabras y en actos, ejercítate en la práctica de la justicia.
VII. Ser reflexivo:
-“Fórjate el hábito de regir tu conducta por la razón. Recuerda, en suma, que la desencarnación es un destino común. Por lo tanto, las riquezas, hoy buscas de adquirirlas; mañana, puedes perderlas”-.
VIII.     Trabajar con toda confianza:
Cuantos, por acción de la ley cósmica, experimentan pruebas adversas. Las que a ti te correspondan, sopórtalas con calma, sosegadamente. Superarlas, satisfactoriamente, sí, te conviene, con toda tu potencia creadora. Piensa, que, después de todo, a la gente buena, no son tantas las adversidades que les toca afrontar.
IX.  Ser tolerante y paciente:
Discursos varios oirás, con frecuencia, unos con nobles contenidos, otros indignos; tú, no permitas que los unos te turben, ni de los otros te vuelvas para no oírlos. Y si una mentira es dicha, sopórtala con calma.
X.   Crearse un juicio sano y firme:
En todo cumple cuanto ahora te digo. Ni uno, con palabras u obras, te induzca jamás a decir o a hacer cosa alguna que después no resulte lo mejor para ti. Antes de actuar, reflexiona, para no cometer errores; que actuar o hablar con discernimiento es de gente prudente.
XI.  Estar prevenido:
Pero, tú las cosas harás, que después no te perjudiquen.
XII. Aprende lo que es necesario:
Ni una cosa, harás, por lo tanto, en la cual, tú, experiencia no tengas. Empero, cuanto, en verdad, te sea necesario, aprende, y vida agradable tendrás.
XIII.     La cultura personal.
B: Seguir un régimen puro y fisiológico.
 Hacer ejercicio.
Es preciso ocuparse de la higiene del cuerpo; pero en las bebidas, en los alimentos y en el ejerccio, la justa medida observa. Recuerda, utiliza el sentido de la justa medida en todo; que nada te proporcione perjuicio.
XIV.      Ser reservado:
Por lo tanto, habitúate a una vida sana, sin molicie; abstente en realizar todo acto que suscite envidia.
XV. Ser ponderado:
De esta manera, más de lo necesario no gastes, como hacen quienes ignoran lo que es la honradez; pero, no por ello dejes de ser generoso: La justa medida en todo, es en verdad, la virtud de la nobleza. No hagas, en resumén, lo que pueda dañarte, y pondera bien las cosas antes de actuar.
PERFECCIÓN:
XVI.      Los medios de perfeccionamiento.
Antes de todo, tan pronto como despiertes, aprovecha  para elevar tu Espíritu; enseguida ocúpate de cuanto en ese día quieres hacer”-.
XVII.     Examen de sí mismo:
Antes de dormirte, cada noche, por mucho cansancio que tengas, tres veces examina cada uno de tus actos:
•    –“¿Dónde he estado?”
•    –“¿Qué he realizado?”
•    –“¿Cuál obligación dejé de cumplir?”
Partiendo desde el inicio, recorre, también, el después del después. Has incurrido en bajezas? ¡Recrimínate! ¿Has realizado justas acciones? Alégrate. De las primeras, proponte enmendarte; estas últimas, tenlas como modelo a seguir, con fervor. Esto es lo que a ti te pondrá en la horma de la virtud divina.
XVIII.    La meditación. La fe. La vida virtuosa. La ciencia del Universo.
Sí, sí: Por Aquel que a nuestros Espíritus ha transmitido la Tetratkis, fuente de la eterna-fluente Naturaleza. Esto es lo que hay que hacer. Estas cosas hay que empeñarse en practicar, y amar. Por ellas ingresarás en la divina senda de la perfección.
XIX.      La oración:
Pero, al cumplimiento de la obra cíñete, tú, no sin antes solicitar asistencia a los Espíritus protectores que la conduzcan a la perfección.
XX. La iniciación:
Conocerás el orden divino que rige a los Espíritus, a los seres humanos y a todas las cosas, y percibirás la unidad que penetra la obra toda. Entonces, sabrás que la Naturaleza es una e idéntica en todas partes; a no esperar lo inesperable, y, a no dejar nada sin explicación.
XXI.      La clarividencia:
Sabrás, que los seres humanos soportan pruebas por ellos mismos generadas. Insensatos: A su lado se encuentra el bien, y no lo ven, ni lo oyen; y, también, la liberación de los males la descubren pocos. Tal es la condición que opaca el juicio a los humanos! Son desplazados de un lado para otro, como lo hacen las infantiles cuentas, después de incesantes sacudidas. La discordia es su natural y triste compañera, a la que no hay que provocar, sino cederle el paso y huir de ella.
XXII.     La verdad oculta:
Oh, Dios! De cuántos males librarías a los humanos, si tan solo te dignases en desvelarles a que daimón obedecen! Pero, tú, ten confianza. El origen de los seres humanos es divino. La Naturaleza le va abriendo el acceso a las arcanas virtudes, que ella misma les explica.
XXIII.   La recompensa.  La sabiduría:
Si de ellos en ti hay algo, verás hasta allí, donde te exhorto, reintegrado y silente, y con el Espíritu inmune de todo mal. Pero, deja los alimentos que te prohibí, en los días en que, en hacer puro y libre el Espíritu buscas. Observa, discierne y valúa todo, y a la Inteligencia soberana erige en auriga de lo Alto. De esta manera, dejando el cuerpo, en el éter, libre, irás, como Espíritu divino e inmortal; no más vulnerable serás.



En revisión…...

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