EXÉGESIS 244
©Giuseppe Isgró C.
244. ¿Los Espíritus ven a
Dios?
-“Los superiores lo ven, y lo
comprenden; los inferiores lo sienten y buscan de intuirlo”-.
Cuando un Espíritu inferior
dice que Dios le prohíbe o le permite una cosa, ¿cómo sabe que proviene de Él?
-“El no ve a Dios; pero
siente su sublimidad, y, cuando no debe ser hecha una cosa, o dicha una
palabra, siente como una intuición, una advertencia invisible, que le prohíbe
de hacerlo. Vosotros mismos, ¿no tenéis presentimientos, que son como avisos
secretos de hacer, o no, esta o aquella cosa? Es lo mismo para nosotros, pero
en grado superior, por cuanto comprendéis que, siendo la esencia de los
Espíritus más sutil que la vuestra, ellos pueden intuir mejor los
advertimientos divinos”-.
El Libro de los Espíritus
Allan Kardec
EXÉGESIS: Los Espíritus, en la dimensión espiritual, al
igual que aquellos que se encuentran en la física, perciben en la conciencia,
el efecto coercitivo de los valores universales, o atributos divinos, que les
advierten, lo que deben evitar, o lo que deben hacer, en un momento dado. Es la
acción pedagógica del Creador Universal por medio de los sentimientos de los
valores universales dentro de la conciencia.
La conciencia del ser, encarnado o desencarnado, es una
réplica exacta de la del Creador Universal, y en ella se expresa el sentimiento
de lo justo o de lo injusto, de lo bello o de lo feo, del bien o del mal, del
deber y de la solidaridad, de la vergüenza y del pudor, del amor y de la
compasión, entre otros, indicando los límites y la polaridad de los
pensamientos, de los sentimientos, de las palabras y de los actos u omisiones
de actos. Los valores universales, o atributos divinos, constituyen los
sentidos espirituales que guían al ser en todas las fases existenciales, cuando
se escucha la voz de la conciencia. Desoída la misma, se activa la acción
coactiva, haciendo experimentar la respectiva percepción del error en que se ha
incurrido, y la reprimenda inherente, como un efecto de reclamo, o sanción, de
la ley cósmica impresa en la propia conciencia.
¿El aviso viene transmitido directamente de Dios, o por
medio de otros Espíritus?
-“No directamente de Dios. Por cuanto para comunicarse
con Él es preciso ser dignos; sino por medio de los Espíritus a ellos
superiores en perfección e instrucción”-.
**
Hay una acción directa de Dios en la conciencia de cada
ser en los cuatro reinos naturales. Igualmente, la hay, por solidaridad
universal y por afinidad, por seres que viven en la dimensión espiritual, o por
Espíritus encarnados en proyección espiritual que se asisten mutuamente, o que
unos asisten a quienes lo precisan, y oportunamente, cada quien hará lo mismo
con quien lo requiera.
No hay que descartar que bajo diferentes maneras, los
seres de los cuatro reinos naturales perciban a Dios, -a la Divinidad-, a cada
instante, o cuando se encuentran en estados de conciencia idóneos para tal
percepción, ya que su presencia en cada ser es constante por ser la conciencia
de ambos: Divinidad y seres de los cuatros reinos naturales la misma. Es cada
ser de los cuatro reinos naturales una parte indivisa de la Divinidad por haber
emanado a la conciencia individual en todos los seres de los cuatro reinos
naturales sin haberse separado de sí misma y sin haber dejado de ser ella
misma. Cuando cada ser que alcanza el estado de conciencia idóneo para ello le
percibe, en cualquier forma posible, se da cuenta de que ya le conocía.
La presencia de la Divinidad está presente allí, a cada
instante, para quien tenga la sensibilidad y el estado de conciencia para
verla. Es una cuestión personal de cada ser en los cuatro reinos naturales, por
cuanto la relación de la Divinidad con cada ser en los cuatro reinos naturales,
también es una cuestión personal de cada ser con la Divinidad, sin necesidad de
intermediarios.
Empero, la relación del mundo espiritual en los actos de
los seres humanos ha sido percibida desde la más remota antigüedad. Homero lo
refleja como nadie en la Ilíada y en la Odisea, obras que sugerimos de leer,
sobre todo la última por el contenido de los valores universales que le es
inherente.
Los Vedas, y las Leyes de Manú, eran conocidas como las
enseñanzas de los oidores a los pies del maestro: En este caso el maestro era
un sensitivo por cuyo intermedio hablaba un Espíritu. Esa es la razón de que,
en una fase primitiva de la humanidad se escribiesen enseñanzas que no habían
sido desarrolladas en el planeta tierra, sido que eran dictadas por seres
espirituales muy elevados en sus estados de conciencia. Pero, que eran
Espíritus que provenían de otros mundos más elevados que la Tierra.
Platón, en el diálogo Ión, relata como Sócrates le
demuestra a Ión, -quien venía de ganar un certamen en el que le habían
designado como el mejor rapsoda-, que la forma como electrizaba a sus
espectadores por la interpretación de las obras homéricas no era por el cultivo
del arte, -ya que no comprendía el contenido de lo que escenificaba-, sino por
la inspiración que obtenía por su conexión con el autor y todas las mentes de
esa esfera mental que se le inter-relacionaba. A tal efecto, le ponía el
ejemplo de la piedra heráclea, -el imán- a cuyo contacto se imantaba cualquier
metal.

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