MEDITACIÓN 963
©Giuseppe Isgró C.
Cada ser, en los cuatro
reinos naturales, emana del Creador Universal, como un instrumento de su
voluntad. El uno es anhelo de ser y ley cósmica; el otro, es la expresión de
ese anhelo, en el cumplimiento de esa ley cósmica, para realizar la gran obra
de la Creación. No solamente El Ser Universal se ocupa del ser humano; lo hace
con cada uno de los seres en los demás reinos naturales, incluyendo el mineral.
¿Quién dijo que es
pequeño el ser humano? Es una emanación de la misma naturaleza espiritual del
Creador, dotado de sus mismos atributos y de un poder creador, con infinita
potencialidad, tanto en percepción y comprensión, como en acción, en el eterno
ahora.
¿Se conoce el ser
humano a sí mismo para percibir su grandeza? Si se conociese, no pensaría que
es pequeño. Es tal como emanó del Creador y con una misión y un plan, que es el
plan de Él. No es poca cosa ni de poco peso. Teniendo el ser humano una
conciencia que es la réplica exacta de la de Él, en ella se perciben los
atributos divinos, equivalentes a cada valor universal, por medio de los
sentimientos análogos inherentes. Inclusive, en la conciencia adquiere
conciencia de su conciencia. Él se expresa en la conciencia de cada ser, en los
cuatro reinos naturales, con el conocimiento oportuno del qué, del cómo, del
quién, del cuándo, del dónde, del cuánto y del por qué, y con la energía
creadora que le impulsa o le frena, según las circunstancias. Por medio de la
ley cósmica impresa en la conciencia del ser, Él realiza la gran obra universal
en perfecta coordinación con cada ser.
Dice El Libro de los
Espíritus, (Preg. 963): -“Dios provee a todos los seres que han
emanado de Él, -no solamente el hombre- por cuan pequeños seamos. Su bondad no tiene límites”-.

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