MEDITACIÓN 3
Dios y el potencial infinito
©Giuseppe Isgró C.
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ios, El Ser Universal, es infinito en el desarrollo del potencial de
sus atributos divinos, en todas las vertientes y variantes.
Este grado infinito de desarrollo se extiende
en el tiempo, siendo atemporal, es decir, siempre existió dicho desarrollo en
la eternidad pasada. Siempre existirá en la eternidad futura.
Sus vertientes fundamentales también son infinitas
en conocimiento y poder creativo.
Como conocimiento se expresa como ley cósmica
impresa en la conciencia, con el lenguaje de los sentimientos de los valores
universales. Ese es el lenguaje del Ser Universal.
Como poder creador, es ilimitado en todas sus
vertientes y variantes.
Es fuente ilimitada y causa suprema de todo lo
existente y todo lo aún por expresarse, ad infinitum.
Él emana en cada ser de los cuatro reinos
naturales sin separarse de sí mismo y sin dejar de ser Él mismo tantas veces
como sea necesario para poblar cada mundo del inmenso universo, siempre en
expansión.
Su potencial de auto-expresión en los seres de
los cuatro reinos de la naturaleza es infinito; es decir: eternamente seguirá
expresándose cuantas veces sea necesario hacerlo.
Se expresa en cualquier mínimo espacio del
infinito universo, simultáneamente.
Se encuentra, simultáneamente, en todas las
conciencias de todos los seres del inmenso universo, en todos los niveles de
expresiones posibles.
Se renueva constantemente en todas las
expresiones físicas del universo, por lo cual, todo lo existente, a nivel
físico, dejará de existir, y se formarán nuevos mundos y expresiones físicas de
vida, de acuerdo a los estados de conciencias que, gradualmente se van
expresando en cada ser, en los cuatro reinos de la naturaleza.
Él se interesa por todas las expresiones de
vida, en los cuatro reinos de la naturaleza, en el inmenso universo,
simultáneamente, expresándose –como ya se dijo- dentro de la conciencia de cada
ser, por el lenguaje de los sentimientos de los valores universales.
Es fuente infinita de provisión en todas las
vertientes y variantes, en la medida que cada ser vaya experimentando niveles
más elevados de necesidades, anhelos y objetivos de autorrealización.
Es el pedagogo universal actuando en la
conciencia de cada ser por medio de los sentimientos de los valores
universales.
Dios constituye para cada ser la eterna
polarización, infinita e ilimitada, de un estado de conciencia a otro más
elevado, en el eterno retorno del ser individual hacia Él.
Es omnisciente: Siempre lo supo todo. Siempre
lo sabrá todo, sin límites de ninguna naturaleza.
Es omnipresente: Se encuentra en la conciencia
de cada ser, al mismo tiempo, en los cuatro reinos de la naturaleza, y en cada
lugar del infinito universo. Nada existe que no sea Él y que no esté en Él.
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Un amigo, L. N., plantea: -“¿Es posible pensar que Dios nos afecta en
decisiones directas en nuestro plano humano (en todos los sentidos), de
manera que su conciencia creadora de juicio, de amor, de justicia y equidad,
entre otros atributos sean expresados en un nivel superior? Como lo que decía
Platón, que va más allá del mundo de los sentidos al cual estamos atados”
Sin dudas algunas, el ser humano (y
todos los seres de los cuatro reinos naturales: humano, animal, vegetal y
mineral), han emanado, en un momento dado, a la conciencia individual, en
el Alma Universal, con libre albedrío, y dotados de todos los atributos de la
Divinidad, y de una conciencia que es una réplica exacta de la del Ser
Universal.
Este ser emanado a la conciencia individual, en los cuatro reinos
naturales, en primer instancia en el Alma Universal, es la misma Divinidad sin
separarse de sí misma y sin dejar de ser Ella misma, por lo cual su
conciencia es exactamente la misma, en ambos: el ser individual y la Divinidad.
La única diferencia reside en que, en el Ser Universal se encuentra
desarrollada en todas sus vertientes y variantes, en grado infinito, y en los
seres individuales, lo está en estado potencial, que eternamente, cada ser,
desarrollará, sin límites algunos, en el eterno retorno del ser individual al
Ser Universal.
A medida que el ser individual experimenta necesidades, deseos, anhelos y
propósitos, así como la consciencia gradual de su ignorancia, van emergiendo en
su conciencia las percepciones intuitivas, o inspirativas, es decir, los
sentimientos análogos a los valores universales (atributos divinos) que le
permiten el darse cuenta de lo justo o de lo injusto, de la verdad o de la
falsedad, de la fuerza o de su ausencia, de la belleza o de la fealdad, del
bien o del mal, que le sirven de parámetros para orientar, o reorientar, su
conducta.
Simultáneamente a las necesidades, y al conocimiento que percibe, aflora
en su ser el poder potencialmente infinito que posee, y lo hace en el grado
análogo a la necesidad que experimenta. Por eso se dice, en la expresión de
Abraham Maslow, que “toda necesidad
genera una fuerza motivadora equivalente, capaz de permitirle, a la persona, u otro
ser de los otros reinos naturales, el desplazamiento desde el lugar en que
reside su necesidad hasta otro en que se encuentra la satisfacción de la
misma”.
Evidentemente, si cada ser fuese capaz de experimentar en grado infinito
una necesidad, en ese mismo grado infinito expresaría el poder potencialmente
infinito del cual está dotado, así como el conocimiento, y visión, inherentes.
Siendo la conciencia del ser individual una réplica exacta de la del Ser
Universal, el Ser Universal se comunica con el ser individual, por medio del
lenguaje de los sentimientos –análogos a
los valores universales-, en la conciencia de los seres en los cuatro
reinos naturales. Lo hace, por una parte, con carácter de advertencias
coercitivas, en forma de sentimientos de vergüenza, mediante los cuales se
representa lo que resultaría si lleva a cabo la acción concebida, así como de
estados de certeza si evita las acciones indebidas y ejecuta las correctas. Si
ejecutara las incorrectas, se activa, en forma instantánea, en la conciencia,
una acción coactiva, en forma reprimenda y de remordimiento, al mismo tiempo,
con la percepción simultánea de haber incurrido en un error, que ya no le
dejará tranquilo hasta que haya reparado el mal ejecutado, o lo haya
compensado, o pedido perdón, simultáneamente, a la persona, o personas,
afectadas, según se trate, en cada caso particular.
Este mecanismo coercitivo, o coactivo, -y pedagógico, a la vez-, lo ejercita el Ser Universal en la
conciencia de todos los seres, en los cuatro reinos naturales, sin afectar
al libre albedrío de cada ser, en todo momento. Es decir, es cada uno de
los seres individuales, en los cuatro reinos naturales, quien toma las
decisiones, y por supuesto, cosecha los beneficios inherentes, o asume las
consecuencias de sus acciones. Este mecanismo coercitivo y coactivo, dentro
de la conciencia de cada ser, es regido por la ley cósmica, de manera general,
y en particular, por la leyes de afinidad, justicia, igualdad, compensación y
la del amor, que sintetiza, en sí misma,
todos los valores universales.
Platón, sin duda alguna, es el filósofo por excelencia que más
profundamente refleja el conocimiento de los valores universales, y de las
virtudes que se derivan de su puesta en práctica.
Tal como lo expresa la doctrina de la Masonería Universal, el objetivo
esencial de todo ser es “el
estudio de todas las ciencias, de todas las filosofías, de todas las artes y la
práctica de todas las virtudes”. Empero, para lograr ejercer la
práctica de todas las virtudes, en grado óptimo, es preciso realizar el estudio
integral del Conocimiento reflejado por la Sabiduría de los Valores
Universales, cuya percepción se logra por vía intuitiva, o inspirativa, en la
conciencia de los seres, en los cuatro reinos naturales.
La intuición es una percepción del propio Espíritu, fruto de la aptitud
desarrollada en incontables ciclos de vida anteriores, cuya experiencia se
encuentra archivada en su Espíritu, como recuento contable, y, simultáneamente,
como capacidad de percibir, comprender y
realizar o dejar de hacer. Esta intuición puede darse por lecturas en su
archivo espiritual, o en el de incontable número de seres que contengan la
información, o percibida directamente de cualquier medio físico en que se
encuentre, y transferida, luego, a la conciencia objetiva.
La inspiración, en cambio, es fruto de la comunicación de un pensamiento,
idea, o sentimiento, de un Ente
espiritual, -encarnado o desencarnado-, en el pensamiento y
sentimiento de un ser encarnado, en los cuatro reinos naturales.
Igualmente, la inspiración puede darse por la
misma Divinidad, por el sentimiento inherente a un determinado valor comunicado
en la conciencia de cada ser, con funciones pedagógicas, como acciones
coercitivas o coactivas, que fungen de guía certera en las tomas de decisiones
y en la ejecución de los pensamientos, sentimientos, palabras y acciones.
Es decir: un trabajo pedagógico de Dios con Dios, o un juego de Dios con
Dios, donde Él mismo respeta sus propias reglas, plasmadas en la Ley Cósmica,
impresa en su conciencia y en la de cada ser, sustentada, ésta, por la
sabiduría de los valores universales, o atributos divinos.
El Libro de los Espíritus dice: -“Dios
es infinito en sus perfecciones; empero, lo infinito es una abstracción. Decir,
por lo tanto, que Dios sea lo infinito, sería tomar el atributo por el sujeto,
y definir una cosa ignota por medio de otra igualmente desconocida”. (3).
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