miércoles, 18 de marzo de 2020

MEDITACIÓN 13. CONCIENCIA DE LA DIVINIDAD





MEDITACIÓN 13


CONCIENCIA DE LA DIVINIDAD

 ©Giuseppe Isgró C.




El ser humano sólo puede tener una percepción de los atributos de la Divinidad de acuerdo con su propio nivel perceptivo, comprensivo y realizador; es decir, sus estados, y estaciones, –o grados- de conciencia.
Sin embargo, esa percepción de los atributos divinos, en este momento, y en la escala del infinito progreso, oscila entre cero e infinito grado de conciencia. Por supuesto, en cada mundo, de la inmensa cantidad de los existentes, que se encuentran poblados de humanidades más avanzadas, o menos, que la tierra, se posee una visión relativa, y, ciertamente, en proceso constante de expansión.
El atributo primordial de la Divinidad es la Conciencia, asiento de la ley cósmica, eterna e inmutable.
La Divinidad está consciente de sí misma y de todo lo existente en el Universo, ya que ella se encuentra en, en forma indivisa, en cada Espíritu de los cuatro reinos naturales.
La conciencia de cada ser es una réplica exacta de la que posee la Divinidad. Es más, en cada ser su conciencia es "la misma" que posee la Divinidad. Siendo el Espíritu de cada ser una emanación de la Divinidad a la conciencia individual, sin dejar de ser la Divinidad y sin separarse de ella, es la clave para entender su grado de conciencia de lo que ocurre en todo el universo.
La Divinidad es poseedora de la conciencia universal por excelencia, en grado infinito, desarrollada en todas las vertientes y variantes. La de cada ser, en los cuatro reinos naturales, es potencialmente infinita, pero que eternamente debe desarrollar.
Estando la ley cósmica sustentada por la totalidad de los valores universales, éstos constituyen los atributos de la Divinidad, o los sentidos cósmicos.
En la Divinidad, los atributos se encuentran desarrollados en grado infinito, en todas sus vertientes y variantes.
En el ser humano, los atributos divinos son los mismos que los de la Divinidad, empero, los tiene desarrollados en determinado grado. Ese será siempre el nivel perceptivo, comprensivo y realizador, en cada ser,  de los atributos de la Divinidad y de los propios.
En la medida en que el ser humano desarrolle en mayor grado sus propios atributos divinos, y se conozca más a sí mismo, en idéntico nivel o estado de conciencia percibirá, y comprenderá, tanto los atributos divinos, -valores universales-, como a la Divinidad. Igualmente, ocurre con el poder creador infinito de la Divinidad, expresado en cada ser en estado de potencialidad infinita. Tanto la sabiduría de los atributos divinos como la expresión del poder creativo inherente, se manifestará, en todo momento, en el mismo nivel en que se expresan las necesidades y anhelos existenciales. Es decir, siempre dispondrá de una aptitud, y actitud, perceptiva, comprensiva y realizadora, en estado de potencialidad infinita. Es decir, mientras más elevados el nivel de necesidades y anhelos existenciales, en igual grado, en tiempo oportuno, expresará el conocimiento, y el poder realizador, inherentes.
 Quilón, el Lacedemonio, -uno de los siete sabios griegos-, inscribió en el portal del templo de Apolo, en Delfos de la antigua Grecia: -"Hombre, conócete a ti mismo, que el estudio propio del hombre no es conocer a Dios sino conocerse a sí mismo".
Esa es la razón por la que tantos pensadores han sustentado la misma idea; -"Hombre, conócete a ti mismo y conocerás a Dios".
Evidentemente, la Divinidad posee una voluntad desarrollada en grado infinito, asiento del poder creador universal.
Siendo la Divinidad causa suprema de todo lo existente, todo lo que existe forma parte de su expresión. Empero, no todo lo manifestado, hasta ahora, es toda la expresión de la Divinidad,
La Divinidad, por ende, se encuentra en todas partes. Tiene, simultáneamente, conciencia de todo lo que ocurre en cualquier lugar del infinito universo. Es omnisciente.
Es fuente de toda vida, por su emanación a la conciencia individual, en cada ser, sin separarse de sí y sin dejar de ser ella misma.
Es fuente de la energía universal que mantiene en eterno movimiento todo el universo.
Es, como Conciencia Suprema, la "Guardiana cósmica" por excelencia. Vigila permanentemente la realización de la gran obra y "paga" el salario cósmico. Guía, por la inspiración de los sentimientos análogos a los valores universales dentro de la conciencia, e ilumina, asiste y protege a cada ser, por la Ley cósmica.
La Divinidad es voluntad, o anhelo de ser; cada ser en los cuatro reinos naturales es una expresión de esa voluntad y anhelos divinos.
El Libro de los Espíritus, dice: (13) –“Sabed, pero, que existen cosas superiores a la inteligencia del ser humano más inteligente, para expresar las cuales, vuestro lenguaje, limitado a las ideas y sensaciones humanas, no posee vocablos. La razón, en cambio, os dice que Dios debe tener todas las perfecciones  en grado supremo, por cuanto, si dejase de tener una sola, o si una sola no lo fuese en grado infinito, Él no sería superior a todo, y por consiguiente no sería Dios. Para estar por encima de todo, Dios no debe estar sujeto a ningún cambio, y no debe tener alguna de las imperfecciones que pueden ser concebidas por la mente humana”-.

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