MEDITACIÓN 14
LA DIVINIDAD
©Giuseppe Isgró C.
El ser humano, en un momento dado, tiene prioridades
a las cuales precisa centrar su atención. Estando dotado de un potencial sin
límites por el Creador Universal, y conformando una unidad perfecta e
indisoluble con Él, no puede, ni debe, aceptar limitación alguna por parte de
nadie, en su ascenso evolutivo ni en sus ansias de conocimiento y realización
personal.
El ser humano, simplemente anhela saber y realizar
de acuerdo con los imperativos de su propia conciencia. Frente a los enigmas
universales, persistirá desentrañando hasta sus mínimos detalles, aunque eso le
lleve una eternidad y siempre encuentre un más allá que descubrir, o
desentrañar. Es un reto sublime y supremo; igualmente, su misión.
Ninguna persona debería aceptar que nadie le
imponga límites de ninguna naturaleza, excepto los de las virtudes, que
permiten mantenerse en los parámetros justos y perfectos de los pensamientos,
sentimientos, palabras y actos. Si se posee un objetivo claro de conocimiento, o
logro, en cual área y nivel de necesidades y anhelos existenciales, con
paciencia se avoca al estudio, en el tiempo suficiente, y con persistencia,
llegará a conocer la verdad universal, gradualmente, en su propio nivel de
competencia: percepción, comprensión y capacidad realizadora.
Cada etapa de la vida humana, en el devenir
histórico, tiene sus respectivos objetivos de estudios que se corresponden con
determinado estado de conciencia o inquietudes según los tiempos. Empero, es la
misma naturaleza intuitiva del ser que le hace presentir que hay algo más de lo
que ahora percibe, y comprende. Esa percepción, o conciencia en determinado
grado de lo que ignora, es la que le pone en movimiento hacia su búsqueda,
hasta encontrarle, en una eterna polarización de un estado de conciencia a otro
más elevado, en las infinitas estaciones de la vida.
En esencia, ¿se podría diferenciar si Dios es
“algo”, o “alguien” diferente al conjunto de todo lo existente, en el universo?
Recordemos, por analogía, una definición del Tao,
de Lao Tse: -“El Tao del que se puede hablar no es el Tao. Tao es todo lo
que existe y puede llegar a existir”.
El Todo expresado, constituye, únicamente, una
parte de lo que, en un momento dado, ha emanado a la conciencia individual, en
el alma universal, como entes inteligentes, en los cuatro reinos naturales,
pero no constituye ni toda la Divinidad, ni todo el potencial manifestado, en la
dimensión física, ni todo el potencial desarrollado en la inteligencia de todos
los entes espirituales, en los cuatro reinos naturales. Dichos entes
espirituales, eternamente, seguirán desarrollándose en más elevados estados de
conciencia.
Tampoco constituye todo lo manifestado a nivel
físico, en todos los mundos del universo, la totalidad potencial, ya que, el
universo se encuentra en una constante renovación, y expansión, ad infinitum.
Dios emana a la conciencia individual, en el alma
universal, en los cuatro reinos naturales, tantas veces como sea necesario, en
la Creación de un nuevo mundo, sin separarse de la Divinidad, y sin dejar de
ser la Divinidad. Posteriormente, cada uno de estos entes espirituales se
ocupará de realizar el trabajo de la manifestación precisada en la expansión de
la Creación universal.
Pero, jamás, todo esto, ni todos los entes
manifestados en la conciencia individual, constituyen, ni constituirán, toda la
Divinidad. El potencial de la Divinidad, para emanar a la conciencia individual,
en los cuatro reinos naturales, es infinito, y jamás tendrá límites algunos de
ninguna naturaleza. Todo se rige de acuerdo a los planes de expansión universal
contenidos en la Ley Cósmica.
Las fuerzas manifestadas en la expresión tangible
del universo, en los inmensos mundos, no constituye todo el potencial de la
energía universal, como atributo de la Divinidad. La fuerza de voluntad
expresada por los entes espirituales de los cuatro reinos naturales, no es toda
la fuerza de la Divinidad, en todas sus vertientes y variantes, a nivel de sentimientos
análogos a los valores universales, y cualesquiera otros aspectos conocidos o
por conocer.
No deja de ser valiosa la sugerencia de Quilón y Mahoma,
entre otros, de conocerse a sí mismos, y de esa manera, conocer a Dios. El
Espíritu del hombre es una emanación indivisa de la Divinidad, a la conciencia
individual, pero, no toda la Divinidad. Empero, forma parte indivisa de toda la
Divinidad.
El Libro de los Espíritus, dice: (14) –“Estudiad
vuestras imperfecciones con el fin de liberaros, y esto resultará más proficuo
que el querer penetrar lo impenetrable”. Sin embargo, una cosa va aparejada con
la otra.

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