jueves, 17 de octubre de 2019

EXÉGESIS 937




EXÉGESIS 937


©Giuseppe Isgró C.




937.       Las desilusiones, que nos hacen probar la ingratitud y la fragilidad de los vínculos de la amistad, no son, también ellas, fuentes de desasosiego en la conciencia de una persona?
-“Sí; pero es preciso compadecerse de los ingratos y de los amigos infieles; ellos experimentarán, a su vez, en mayor grado que vosotros, la infelicidad. La ingratitud es hija del egoísmo, y el egoísta encontrará, más tarde, conciencias insensibles como la suya. Pensad a todos aquellos que han hecho más bien que vosotros, que habían progresado en mayor grado, y fueron pagados con la ingratitud. Recordad que el mismo Jesús fue escarnecido y vilipendiado, tratado como un inicuo e impostor; y no os maravilléis si ocurre lo mismo con vosotros. El bien que habéis hecho, os será premiado en este mundo, y no miréis a lo que dice y piensa quien lo ha recibido. La ingratitud de los otros es una prueba para vuestra constancia en el bien hacer, del que tendréis la compensación, mientras que, quienes os hayan respondido con ingratitud, experimentarán las consecuencias en grado análogo a su acción”-.
 El Libro de los Espíritus
    Allan Kardec




EXÉGESIS: El escritor italiano Francesco Alberoni escribió un ensayo sobre el peso de la gratitud. Él explicaba como las personas que reciben un servicio o un beneficio que trasciende la normalidad, y que la mayoría de las veces han solicitado en forma encarecida e insistentemente, también más allá de lo normal, rayando, algunas veces en el abuso, una vez recibido el bien a que aspiraban, generalmente sin intención alguna de aportar reciprocidad, en algún grado, ni siquiera demostrar gratitud o reconocimiento por el favor recibido, el peso de la gratitud le crea un estado de desasosiego tal, cuya incomodidad les conduce a realizar actos para demostrar que dicho beneficio no fue tal. Una vez realizado el acto de ingratitud, ellos se quedan tranquilos, por cuanto creen, en el fondo, que se han liberado de la obligación de estarle agradecido a determinada persona. Esta actitud, aun sin generalizar, es más abundante de lo que pudiera creerse a simple vista.
Esto ocurre con personas que, generalmente no tienen capacidad de pago suficiente para adquirir algún bien particular, y solicitan un beneficio adicional, bien sea de rebaja, de facilidad de pago, o crédito, pero que saben, en el fondo que no van a poder cumplir, ni tienen intención de hacerlo, quedando mal con quien ha depositado la confianza en tales personas, que han demostrado "dulzura" en el trato, "amistad" y tantas otras hipocresías que son normales en seres de carácter y valores éticos pocos desarrollados. Es decir, gente con escasa o nula dignidad, ya que las personas dignas no incurrirían en tales actos.
A este tipo de persona se le puede encontrar en cualquier parte: en el trabajo, en el núcleo familiar, entre amigos y también con clientes y personas desconocidas. Mientras más pida la persona desmesuradamente, trascendiendo los límites de lo prudente, y el sentido de la medida, o de lo justo, mayor es el riesgo de recibir ingratitud. 
Es cuestión de estados y grados de conciencia, es decir, de dignidad.
La persona digna jamás se excede con nadie en los límites de la prudencia y de lo debido, ni del trato justo con todos, por cuanto desea conservar la propia autonomía y libertad. Generalmente paga en forma correcta los servicios que recibe, sin excederse ni abusar en el regateo, que generalmente desemboca en la indignidad. Si solicita un presupuesto y observa que excede lo que puede pagar, o lo correcto, da las gracias y sigue adelante sin ir más allá de lo que es la negociación normal. Paga y tiene el derecho de exigir lo que se le ha prometido. El otro tipo de persona, no paga lo debido, pero exige mucho más de lo que le corresponde, lo cual desemboca en controversias. Esto se aplica en todos los ámbitos vitales de la existencia humana, o del comercio. Hay que estar prevenidos, sin demostrar jamás desconfianza alguna, pero sí prudencia, para cerciorarse de cual es el trato que la otra parte entiende que se está efectuando. Si una persona falla una vez, aunque sea en los pequeños detalles, ya es una señal para evitar de volver a realizar trato alguno. Quien falla en los pequeños detalles, lo hará también en los grandes. 
La persona digna, cuando realiza un servicio o un bien, a cualquier persona, lo hace sin esperar nada a cambio; claro, una expresión de gratitud siempre es un pago suficiente y eso le basta. Empero, la persona digna ni eso espera. Ha cumplido con su deber realizando el acto de bien y no espera recibir nada a cambio, aunque casi siempre, como decía Ralph Waldo Emerson, -“Todo acto tiene en sí mismo su propia compensación” y su salario cósmico, que casi siempre resulta de la experiencia del bien realizado. 
Quien da recibe en forma acrecentada de donde menos lo espera. Quien tiene la puerta de la mente abierta para dar, ésta permanece abierta, también, para recibir. 
En la misma magnitud con que se da, se recibe, es decir, la vida utiliza el mismo jarro con que se dio, para devolver la compensación inherente. Era grande el jarro?
Ahora bien: De verdad son ingratas las personas a quienes se les achaca tales cosas? O, se esperaba de ellas más de lo que la prudencia indicaba que era la justa medida? Quien fue el abusador, el otro o el que se queja de la ingratitud ajena, porque aspiraba más de lo que merecía, o estaba pidiendo cosas que no debía solicitar.
La amistad, o el amor con que desea esclavizar al amigo o a la persona amada, de cuyos casos estará lleno el mundo por largo rato, aún, son manipuladores para aprovecharse de tales personas, quienes resultan sumamente inteligentes en no dejarse embaucar de falsos amigos, o de personas que expresan inexistentes sentimientos de amor, cuya falsedad no pasará desapercibida de la otra parte, más temprano que tarde, liberándose, casi siempre a tiempo de caer en su redil  como se desea hacerlo de la peste.
Casi siempre el que se queja de la ingratitud ajena es una persona ingrata, poco amigo y seguramente alguien que expresaba un falso amor, como trampa para hacer caer en el redil a su incauta presa, que, afortunadamente, para ella, se libró a tiempo.
Esas personas se encuentran en todas partes, y generalmente en el ámbito mismo en que cada quien se desenvuelve.
Hay que mantenerse alejados de la familiaridad excesiva, que se presta para el posible abuso; por ejemplo, de esas llamadas a deshora, o en días de descanso, o festivo, que invade la propia privacidad o tiempo de descanso. 
Es preciso dejar de facilitar el acceso a la propia intimidad familiar a personas que cometerán todas clases de abusos e infidelidades en nombre de la amistad y de otros vínculos, aun familiares, de clientela o de compañerismo de trabajo, o de grupo social del que se forme parte.
Quien se excede en pedir lo que trasciende la prudencia, lo justo y el sentido de la medida, automáticamente habrá que ubicarlo, o reubicarlo fuera del alcance en que pueda fungir de mala hierba, como medida de sana profilaxis.
Todas estas precauciones liberarán, mayormente, de todas esas personas que al final se manifestarán en diversas vertientes y variantes de ingratitud. Empero, también evitarán que se incurra en iguales actos, palabras, sentimientos y pensamientos de escasa elevación incompatibles con la amistad, y por supuesto, mucho menos con el amor.
Toda persona que se queja de la ingratitud ajena, debería ser alejada del propio ámbito personal como la peste, porque antes o después, hará lo mismo con quien entre en su círculo de relación.
A nivel profesional, cada usuario que recurre al uso de nuestros servicios hablando mal de otros colegas, con razón o sin ella, resulta más favorable no hacer trato de negocio con él. Esa persona terminará hablando mal de cualquiera con quien realice trato alguno, ya que esa condición forma parte de sí como una segunda naturaleza.
Hay que ser muy selectivo con quien uno se inter-relaciona, y realiza tratos, para vivir una vida sosegada y en paz, libre de controversias innecesarias. Si uno se equivocó una vez, basta, hay que voltear página y aprender de la experiencia. 
Una cosa es el trato amable y cortes con todas las personas con quienes se trata, sin discriminación de ningún tipo. Y otra hacer amistad con quienes cuyos principios y valores son incompatibles con la propia dignidad y niveles de exigencia, sobre todo de respeto integral, justicia y amistad.
Qué se entiende por amistad, amor y valor por valor? 
Allí reside el meollo de la cuestión: valor por valor. 
Esas condiciones no tienen nada que ver con la posición social, estatus económico, color de la piel, credo político o de cualquier tipo, u otras circunstancias. 
La amistad y el amor se pueden expresar entre los seres más disparejos que se pueda imaginar; entre miembros de reinos naturales diversos. 
Es la conciencia de la propia dignidad que se expresa en cada ser al margen de su posición social, que refleja su auténtico valor como ser de cualquiera de los cuatro reinos naturales. 
Es la afinidad que ordena a los seres, la cual se expresa en una infinidad de detalles donde, por encima de todo prevalece la dignidad de cada uno de los seres interrelacionados.
Si se recibe ingratitud, en alguna circunstancia, hay que olvidarse de ello cuanto antes, ya que los pensamientos, y sentimientos de resentimientos activan a la ley de atracción, y la de repulsión: Le atraerán más cosas de aquellas sobre las cuales centra la atención; y alejarán las otras, las opuestas, las que desea atraer, ya que los opuestos jamás se juntan.
Enfocar la mente en las cosas positivas y dignas y la vida se desenvolverá entre personas dignas y de valor, ya que lo semejante atrae a lo semejante y repele a lo contrario.
Aprender de la experiencia, y evitar incurrir en el mismo error la vez siguiente, es una regla de oro digna de seguir. 
Pero, es preciso ser el tipo de persona que uno quisiera encontrar en los demás con quienes se interrelaciona. 
Es preciso hablar únicamente de las cosas buenas que se sepa de los demás, y callar lo opuesto, excepto en aquellos casos cuya excepción no rompe la regla y por seguridad es preciso alertar cuando callar u omitir una información conocida podría resultar nociva a los intereses de grupos afines o de amigos. Aun así la prudencia sugiere ser cauto y evitar expresarse negativamente, en detalles excesivos; a lo sumo sugerir prudencia. Las personas, en línea general, son mejores de lo que uno cree, e inclusive, mejores de lo que ellas mismas creen que son, y se debe contribuir en resaltar los rasgos positivos, para estimular su desarrollo.

En revisión….aun.


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