jueves, 17 de octubre de 2019

EXÉGESIS 963



MEDITACIÓN 963

©Giuseppe Isgró C.


Cada ser, en los cuatro reinos naturales, emana del Creador Universal, como un instrumento de su voluntad. El uno es anhelo de ser y ley cósmica; el otro, es la expresión de ese anhelo, en el cumplimiento de esa ley cósmica, para realizar la gran obra de la Creación. No solamente El Ser Universal se ocupa del ser humano; lo hace con cada uno de los seres en los demás reinos naturales, incluyendo el mineral.
¿Quién dijo que es pequeño el ser humano? Es una emanación de la misma naturaleza espiritual del Creador, dotado de sus mismos atributos y de un poder creador, con infinita potencialidad, tanto en percepción y comprensión, como en acción, en el eterno ahora.
¿Se conoce el ser humano a sí mismo para percibir su grandeza? Si se conociese, no pensaría que es pequeño. Es tal como emanó del Creador y con una misión y un plan, que es el plan de Él. No es poca cosa ni de poco peso. Teniendo el ser humano una conciencia que es la réplica exacta de la de Él, en ella se perciben los atributos divinos, equivalentes a cada valor universal, por medio de los sentimientos análogos inherentes. Inclusive, en la conciencia adquiere conciencia de su conciencia. Él se expresa en la conciencia de cada ser, en los cuatro reinos naturales, con el conocimiento oportuno del qué, del cómo, del quién, del cuándo, del dónde, del cuánto y del por qué, y con la energía creadora que le impulsa o le frena, según las circunstancias. Por medio de la ley cósmica impresa en la conciencia del ser, Él realiza la gran obra universal en perfecta coordinación con cada ser.

Dice El Libro de los Espíritus, (Preg. 963): -“Dios provee a todos los seres que han emanado de Él, -no solamente el hombre- por cuan pequeños seamos. Su bondad no tiene límites”-.

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