EXÉGESIS 291
©Giuseppe Isgró C.
291.
Además de la
simpatía general que nace de la semejanza, tienen los Espíritus afectos
particulares?
-“Sí, como entre los seres humanos; empero, el afecto
que une a los Espíritus desencarnados es más fuerte, por cuanto ya no se
encuentra sujeto a las vicisitudes de
las pasiones”-.
EXÉGESIS: La afinidad es la Ley cósmica que agrupa a
los seres por las similitudes existentes en los estados de conciencia en las
infinitas estaciones de la vida, o grados evolutivos. El amor, a nivel de
Espíritu, en la dimensión espiritual, se expresa como amistad, en mayor grado,
que es una manifestación muy elevada del amor. Empero, coadyuvan otros valores
como la justicia, la dignidad, los ideales comunes, el compromiso de cooperar en
la realización de objetivos comunes o colectivos, en el planeta de turno en que
viven, o se encuentren adscritos, o en cualquier otro dónde cooperan, en un
momento dado.
El Espíritu con niveles avanzados de conciencia, en la
dimensión espiritual, desprovisto de las pasiones del cuerpo físico, expresa su
amor, fundamentalmente, como amistad, como un sentimiento puro de afinidad,
respetando la libertad, la justicia, los derechos y obligaciones del otro ser,
sus ideales, que aun siendo siendo divergentes en cuanto a logros u objetivos,
podrían ser complementarios, o coadyuvantes. Empero, la amistad es más amplia
que el amor visto desde las limitaciones del amor bajo el enfoque terrestre, en
cuanto a las exclusividades de ciertas funciones en la relación recíprocas.
El sentimiento de libertad recíproca es respetado en
grado más elevado que en la dimensión física ya que se encuentra desprovisto
del temor de perder algunos privilegios de exclusividad a que se ciñe la
relación humana, por ejemplo, entre dos cónyuges, en el planeta tierra.
A nivel espiritual la afinidad agrupa a los seres en
familia, donde a través de las edades los roles, al encarnar en la dimensión
física van cambiando de acuerdo a las necesidades del grupo, o a los objetivos
que deben ser logrados, por la afinidad, es de cir, de apoyarse recíprocamente,
en el nuevo o nuevos ciclos que se programan, siendo unas veces padres, otras
veces hijos, algunas más hermanos, y en muchos casos, amigos cercanos que se
apoyan recíprocamente como si fueran hermanos, o más que eso, también.
Empero, si el amor y la afinidad unen a los seres,
también lo hace el odio, y las deudas kármicas que deben ser compensadas entre
los distintos Espíritus. Esto es debido que el odio también une a los seres, ya
que, la Ley divino expresa que quien odia tendrá que amar. Bien sea por acción
de la misma ley cósmica, o por libre elección entre los seres que deben limar
las asperezas que les separan, nacen dentro de la misma familia, los seres
inarmónicos para que los lazos de la carne, naciendo unas veces como padres e
hijos, otras a la inversa, algunas más como hermanos, a veces uniéndose como
cónyuges, o como sobrinos, nietos y cualquier otra modalidad de relación. Por
ejemplo, la relación de dueño de empresa y empleado, cuya necesidad recíproca
les obliga a cooperar recíprocamente. Con el tiempo nece la afinidad, o el
respeto mutuo, o la amistad, en determinados grados.
Ese sentimiento de amistad lleva a los seres en nacer
en algunas regiones en particular, en determinadas naciones, a través del
tiempo, y eso es lo determinada, en épocas de gran esplendor, o de decadencia,
según el nivel de la familia espiritual que se anida en ciertos lugares, es
otra manifestación de la ley de afinidad. Empero, no existe una regla fija de
que un determinado país se le asigne en forma indefinida a un grupo de
Espíritus en particular. En la práctica, al agotar, o realizar el objetivo
propuesto en determinada región, esa familia en particular emigra a otro
región. Esa es la razón que, las grandes civilizaciones van sucediéndose de una
región del planeta a otra. Empero, los autores principales siguen siendo los
mismos. Los grandes líderes, o maestros, o científicos, o poetas, o pensadores
que marcan rumbos o nuevos objetivos de desarrollo, también. El pensamiento de
quienes fueron en el pasado se puede rastrear con facilidad ya que siguen la
misma tendencia de desarrollo unidireccional, pese a las variedades del lugar y
de encarnación física. Los grandes proyectos de la humanidad se cumplen a través
de planes milenarios, con plazos de larguísimas oscilaciones. A veces, esos planes se desarrollan en
diversos mundos, simultáneamente. Por eso se puede ver como cada quinientos
años, o milenio, surgen movimientos que señalan largas etapas de desarrollo, hasta
que vuelvan a emergen los líderes de turno que señalarán las tendencias de las
siguientes centurias o milenios. Ese tipo de líderes, muy escaso por cierto, es
capaz de ver varios milenios por delante. Los poetas, en sus cantos, son
capaces de este tipo de proyección. Es el fruto de la inspiración, muchas
veces, otras, el cultivo del arte, que le permite trascender, cuando a través
del estudio de toda la obra acumulada en el espacio y tiempo, en un mundo
determinado, le permite proyectarse, por la intuición, y la inspiración
oportuna, sobre esos hombros de gigantes, viendo más lejos que la generalidad
de las personas. Esos son los maestros de la patria, que vieron más lejos en el
horizonte humano, que permiten abrir nuevos caminos donde antes inexistían. Son
los que arengan a emular los grandes caracteres en las horas menguadas de la
Patria. Muchos de ellos asumen las riendas de los destinos patrios; y otros,
encarnación tras encarnación, siguen las líneas paralelas de desarrollo de
antiguos personajes, porque sus Espíritus son los mismos: Tantos los líderes
como los seguidores. En ambos roles cada quien se reconoce, recordando quienes
a fueron, sin darse cuenta que están recordando. Y Esto ocurre entre los
grandes grupos de elevados estados de conciencia, que expresan el esplendor de
una época, como la edad de oro, griega, en el siglo de Homero, o en el de
Sócrates, Platón, Aristóteles; o el del Renacimiento italiano, primero, y el
europeo, después. Es el esplendor forjado por seres como Pericles, Justiniano,
Alfonso X El Sabio o Napoleón; o el de Pisistrato, Alejandro Magno, el
emperador Juliano, Mahoma, Saladino o Solimán el Magnifico. También, es el caso
de Toloemeo I Soter, Abderramán III y Lorenzo el Magnífico.
Plutarco, con sus Vidas Paralelas, marcó un comienzo
en el estudio de la Meta-historia, al comparar personajes romanos con griegos,
en sus similitudes y diferencias, señalando los paralelismos. Pero, el mismo
Plutarco presenta paralelismo entre Hesiodo, Xenócrates, Porfirio, Cervantes y
algunos otros, después, tanto en el pensamiento expresado con análogos valores,
como por el paralelismo en la trayectoria, y virtudes ejemplares expresadas en
sus respectivas conductas personales. Cada vez que se expresa uno de ellos, por
ejemplo, Platón, se manifestará un personaje del nivel de Sócrates, otro, del
nivel de Aristóteles, uno más como Xenócrates. Es fácil verlo: por ejmplo, en
el Renacimiento: Marsilio Fícino, que calza los puntos de Platón; Leonardo Da
Vinci, los de Aristóteles; Cervantes, los de Xenócrates. Y los demás? Lorenzo
El Magnífico: el rol de Tolomeo I Soter, Abderramán III. Fueron forjadores de
gran esplendor civilizatorio, y fundadores de grandes bibliotecas como la de
Alejandría, la de Córdoba, y en Florencia, reprodujeron el antiguo esplendor
griego.
Luego, después del esplendor que marca una época, este
grupo de afines se desplaza a otra región, donde emergerá una nueva
civilización, Y en el lugar donde antes floreció una gran civilización,
comenzarán a nacer los Espíritus menos adelantados, que, siendo incapaces de
apreciar el legado que se les confía, lo irán destruyendo, hasta observar que
de aquel antiguo esplendor lo que van quedando son ruinas, que señalan el paso
de seres que parecerían de otros mundos. Empero, queda la huella de ese paso
que indican objetivos más elevados a los cuales enfocar la atención. Troya,
Grecia, Roma, Palmira, Egipto, Sumer, Mesopotamia, Persia, la India antigua,
China, y tantas otras civilizaciones, inclusive, las precolombinas, y las de
Atlántida y Lemuria, o Mu, al margen de tantas otras que deben yacer en el
fondo de los océanos, a quienes las tradiciones atribuyen a sus desatinos, no
menores de los muchos que hoy se observan en el Planeta Tierra, en el siglo
XXI, por cuya insensatez el orden cósmico envío al fondo de los mares. Una
historia que se repite, porque los protagonistas, tanto en el esplendor, como
en la decadencia, son los mismos. Empero, trascendiendo las apariencia, detrás
de todo existe un hilo conductor que apunta al progreso. Un progreso gradual,
cuyos objetivos reales para lograrlos precisarán largos siglos de desarrollo
por delante.

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