EXÉGESIS 550
©Giuseppe Isgró C.
550. Cuál es el significado de las
leyendas fantásticas, según las cuales, algunos han vendido su Espíritu a Satanás
para obtener determinados favores?
-“Todas las fabulas contienen una enseñanza moral: el error consiste en
tomarla al pié de la letra. Aquellas de las que habláis son alegorías, que se
pueden explicar de esta manera: quien llama en su ayuda a los Espíritus para
obtener los dones de la fortuna, u otro favor material, murmura en contra de la
Providencia. Renuncia a su cometido, al cual está obligado, y a las pruebas que
debe afrontar en este ciclo de vida, las cuales, empero, le esperan más
adelante, en otra existencia. Esto no significa que su Espíritu esté siempre
sometido a la adversidad; pero, en vez de emanciparse de la materia,
depurándose espiritualmente, se inmerge más en los apegos materiales, cuyo
disfrute temporal, les privarán de los goces genuinos en la dimensión
espiritual, debidos a la satisfacción de las pruebas superadas. Se le hará
preciso anteponerse nuevas pruebas, quizá de mayor grado e intensidad. Por su
sed de goces materiales, se ubica bajo la influencia de Espíritus impuros:
entre éstos y él se afianza un tácito contrato, que le aportará consecuencias
nocivas. Empero, siempre está a tiempo de interrumpir con la asistencia de los
buenos Espíritus, si se sintoniza con ellos, en forma constante”-.
El Libro de los Espíritus
Allan Kardec
En todo es preciso discernir entre la verdad y lo
que deja de serlo; entre el camino correcto y justo, asumiendo el rol con que
se ha sido dotado por la naturaleza de las cosas y cuya asunción se ha adoptado
conscientemente, en la dimensión espiritual, en el momento de elaborar el
propio plan de vida para la existencia en curso. Las pruebas inherentes que
deberán ser superadas para alcanzar los resultados apetecidos, hay que
afrontarlas con decisión, paciencia y determinación sosegada y firme. A su
debido tiempo, en el oportuno marcado por la Divinidad en la Ley cósmica, de
causa y efecto, siembra y recogida, acción y reacción, se alcanzarán todas las
metas, una a la vez, en estricto orden de prioridad. La suma existencial
obtenida por cada logro obtenido, pesada en la balanza de Ley de la justicia
divina, por la Ley de afinidad, en forma automática, ubica o reubica, a cada
ser, en los cuatro reinos naturales, en el orden justo y perfecto que le
corresponde en el concierto de todas las cosas, ad infinitum. Todo gira en
torno a la suma existencial, es decir: méritos propios reales. En otras
palabras: experiencia de vida, que faculta a cada quien, a asumir un rol
acorde, en ascenso constante en las infinitas estaciones de los estados de
conciencia.
Ese es el libre fluir de las cosas bajo la égida de la
Ley Cósmica, impresa en la conciencia de cada ser de los cuatro reinos
naturales. La Ley cósmica engloba todos los valores universales, o atributos
divinos que fungen de parámetros dentro de los cuales es preciso enmarcar los
propios pensamientos, sentimientos, palabras y acciones. Salirse de esos
parámetros significa salir del camino recto. Antes de hacerlo, se expresa en la
conciencia el sentimiento de la vergüenza como advertencia de que se estaría a
punto de transcender los límites de lo correcto, cuya representación de la
vergüenza que se pasaría si se llegara a hacerlo, constituye un freno que le permite, a cada ser, mantenerse dentro de la legalidad vital, si escucha la inspiración recibida. Si
supera el sentimiento de la vergüenza fruto de la citada representación, y
llegara a realizar el acto indebido, o darle cabida al pensamiento y
sentimiento incorrectos, en ambos casos experimentará los efectos, en el primer
caso, de la coacción de la justicia divina dentro de la propia conciencia, como
reprimenda del error en que ha incurrido. Ya la persona dejará de experimentar
paz interna hasta que, de la forma mejor, enmiende el error en que ha
incurrido, pidiendo disculpas, o compensando el perjuicio ocasionado, instante en
que ya volverá a disfrutar de la paz interior y de la armonía del ser con el
todo que conforma la Unidad, o el Uno. En el segundo de los casos, se activa la
Ley de atracción, que atrae a la propia vida lo semejante a lo pensado y
sentido, ahuyentando lo opuesto o desemejante. Es decir, si deseamos
determinados logros positivos en la propia vida, es preciso, antes, sembrar el
propósito en la propia conciencia de alcanzarlos haciendo todo lo pertinente
para ello. Hay que plantearse objetivos a corto, mediano y largo plazo y
trabajar en cada uno de ellos por su orden de prioridad, uno a la vez. El logro
de un objetivo, por pequeño que sea, faculta para alcanzar el siguiente,
emanando, oportunamente, de la propia conciencia, tanto las ideas que
facilitarán su logro, como el poder creador potencialmente infinito que se
dispone, que emergerá en grado acorde a la magnitud del logro anhelado, o
solución de la situación de turno, si a mitad de camino no se abandona, cuando
las cosas se ponen menos duras. La clave reside en afrontar las pruebas
emergentes en la propia vida, cada día, como oportunidad de ir adquiriendo
experiencia, que es la savia de vida o la quintaesencia, o piedra filosofal que
transmuta toda situación de impureza en pureza –y armonía- de pensamientos,
sentimientos, palabras y actos. La pureza es la que va depurando el velo de la
separación de la Divinidad, de la que se es una emanación a la conciencia
individual con todos sus atributos y poder creador potencialmente infinito,
sujeto a la Ley cósmica. Es decir, cualquier tesoro que se pueda anhelar ya se
posee en estado de potencialidad infinita. Es preciso sembrar la semilla del
fruto apetecido, en la conciencia, aquí y ahora, con los pensamientos y
sentimientos análogos para traerlos a la realidad, mediante el trabajo justo y
perfecto, es decir, en la medida correcta. Donde se centra la atención se
expande la conciencia perceptiva, comprensiva y realizadora. Todo está en las
propias manos lograrlo. Empieza con un propósito. Los buenos propósitos, además
del apoyo de la Divinidad, por la Ley cósmica, se granjean el apoyo de los
Espíritus afines, entidades amigas que coadyuvan con su apoyo todo esfuerzo
sincero, por la Ley de solidaridad universal. En todo propósito digno, elevado
y justo, hay muchos entes interesados en su logro como servicio cósmico. Los
sentimientos afines se unen en un campo de fuerzas creativas y creadoras, como
una poderosa dínamo de la que todos los que participan devengan ingentes
beneficios. En qué campos de fuerzas nos unimos con los propios pensamientos,
sentimientos, palabras y actos? Lo semejante atrae a lo semejante y repele lo
contrario. Como es abajo es arriba y viceversa. Como es adentro es afuera. La
acción de gracias anticipada a la Divinidad porque cualquier situación que se
desea transformar en positiva, o en mejor aún, ya está resuelta, abre el camino
a su solución, o logro. La queja en cualquiera de sus vertientes o variantes, es
una actitud de irrespeto hacia la Divinidad, ya que en la intención plasmada en
la Ley cósmica se encuentra la disposición de que cada ser experimente un
estado de perfecta felicidad constante. Por qué no es así en algunos casos? Por
desconocimiento de la Ley cósmica. Empero, no hay nada gratis en la vida; se
precisa dar para recibir, en la justa medida, el salario cósmico, ya que el
Supremo Hacedor es justo al compensar el esfuerzo de cada quien, siempre
oportunamente, a todos. Aún más, aporta con antelación lo que acto seguido se
precisará. Empero, si la provisión divina se despilfarra en cosas ajenas al
propósito con que fue asignada, habrá, inequívocamente, un déficit que enseñará
que la próxima vez se precisará ser más prudente con los dones puestos a la
propia disposición. Se puede obtener todo; se puede alcanzar el logro de
cualquier objetivo que sea realista e implique un reto motivador y que sea
justo y perfecto para todas las partes involucrada.

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