lunes, 14 de octubre de 2019

EXÉGESIS 550




EXÉGESIS 550


©Giuseppe Isgró C.


550.      Cuál es el significado de las leyendas fantásticas, según las cuales, algunos han vendido su Espíritu a Satanás para obtener determinados favores?
-“Todas las fabulas contienen una enseñanza moral: el error consiste en tomarla al pié de la letra. Aquellas de las que habláis son alegorías, que se pueden explicar de esta manera: quien llama en su ayuda a los Espíritus para obtener los dones de la fortuna, u otro favor material, murmura en contra de la Providencia. Renuncia a su cometido, al cual está obligado, y a las pruebas que debe afrontar en este ciclo de vida, las cuales, empero, le esperan más adelante, en otra existencia. Esto no significa que su Espíritu esté siempre sometido a la adversidad; pero, en vez de emanciparse de la materia, depurándose espiritualmente, se inmerge más en los apegos materiales, cuyo disfrute temporal, les privarán de los goces genuinos en la dimensión espiritual, debidos a la satisfacción de las pruebas superadas. Se le hará preciso anteponerse nuevas pruebas, quizá de mayor grado e intensidad. Por su sed de goces materiales, se ubica bajo la influencia de Espíritus impuros: entre éstos y él se afianza un tácito contrato, que le aportará consecuencias nocivas. Empero, siempre está a tiempo de interrumpir con la asistencia de los buenos Espíritus, si se sintoniza con ellos, en forma constante”-.

El Libro de los Espíritus
Allan Kardec



En todo es preciso discernir entre la verdad y lo que deja de serlo; entre el camino correcto y justo, asumiendo el rol con que se ha sido dotado por la naturaleza de las cosas y cuya asunción se ha adoptado conscientemente, en la dimensión espiritual, en el momento de elaborar el propio plan de vida para la existencia en curso. Las pruebas inherentes que deberán ser superadas para alcanzar los resultados apetecidos, hay que afrontarlas con decisión, paciencia y determinación sosegada y firme. A su debido tiempo, en el oportuno marcado por la Divinidad en la Ley cósmica, de causa y efecto, siembra y recogida, acción y reacción, se alcanzarán todas las metas, una a la vez, en estricto orden de prioridad. La suma existencial obtenida por cada logro obtenido, pesada en la balanza de Ley de la justicia divina, por la Ley de afinidad, en forma automática, ubica o reubica, a cada ser, en los cuatro reinos naturales, en el orden justo y perfecto que le corresponde en el concierto de todas las cosas, ad infinitum. Todo gira en torno a la suma existencial, es decir: méritos propios reales. En otras palabras: experiencia de vida, que faculta a cada quien, a asumir un rol acorde, en ascenso constante en las infinitas estaciones de los estados de conciencia.

Ese es el libre fluir de las cosas bajo la égida de la Ley Cósmica, impresa en la conciencia de cada ser de los cuatro reinos naturales. La Ley cósmica engloba todos los valores universales, o atributos divinos que fungen de parámetros dentro de los cuales es preciso enmarcar los propios pensamientos, sentimientos, palabras y acciones. Salirse de esos parámetros significa salir del camino recto. Antes de hacerlo, se expresa en la conciencia el sentimiento de la vergüenza como advertencia de que se estaría a punto de transcender los límites de lo correcto, cuya representación de la vergüenza que se pasaría si se llegara a hacerlo, constituye un freno que le permite, a cada ser, mantenerse dentro de la legalidad vital, si escucha la inspiración recibida. Si supera el sentimiento de la vergüenza fruto de la citada representación, y llegara a realizar el acto indebido, o darle cabida al pensamiento y sentimiento incorrectos, en ambos casos experimentará los efectos, en el primer caso, de la coacción de la justicia divina dentro de la propia conciencia, como reprimenda del error en que ha incurrido. Ya la persona dejará de experimentar paz interna hasta que, de la forma mejor, enmiende el error en que ha incurrido, pidiendo disculpas, o compensando el perjuicio ocasionado, instante en que ya volverá a disfrutar de la paz interior y de la armonía del ser con el todo que conforma la Unidad, o el Uno. En el segundo de los casos, se activa la Ley de atracción, que atrae a la propia vida lo semejante a lo pensado y sentido, ahuyentando lo opuesto o desemejante. Es decir, si deseamos determinados logros positivos en la propia vida, es preciso, antes, sembrar el propósito en la propia conciencia de alcanzarlos haciendo todo lo pertinente para ello. Hay que plantearse objetivos a corto, mediano y largo plazo y trabajar en cada uno de ellos por su orden de prioridad, uno a la vez. El logro de un objetivo, por pequeño que sea, faculta para alcanzar el siguiente, emanando, oportunamente, de la propia conciencia, tanto las ideas que facilitarán su logro, como el poder creador potencialmente infinito que se dispone, que emergerá en grado acorde a la magnitud del logro anhelado, o solución de la situación de turno, si a mitad de camino no se abandona, cuando las cosas se ponen menos duras. La clave reside en afrontar las pruebas emergentes en la propia vida, cada día, como oportunidad de ir adquiriendo experiencia, que es la savia de vida o la quintaesencia, o piedra filosofal que transmuta toda situación de impureza en pureza –y armonía- de pensamientos, sentimientos, palabras y actos. La pureza es la que va depurando el velo de la separación de la Divinidad, de la que se es una emanación a la conciencia individual con todos sus atributos y poder creador potencialmente infinito, sujeto a la Ley cósmica. Es decir, cualquier tesoro que se pueda anhelar ya se posee en estado de potencialidad infinita. Es preciso sembrar la semilla del fruto apetecido, en la conciencia, aquí y ahora, con los pensamientos y sentimientos análogos para traerlos a la realidad, mediante el trabajo justo y perfecto, es decir, en la medida correcta. Donde se centra la atención se expande la conciencia perceptiva, comprensiva y realizadora. Todo está en las propias manos lograrlo. Empieza con un propósito. Los buenos propósitos, además del apoyo de la Divinidad, por la Ley cósmica, se granjean el apoyo de los Espíritus afines, entidades amigas que coadyuvan con su apoyo todo esfuerzo sincero, por la Ley de solidaridad universal. En todo propósito digno, elevado y justo, hay muchos entes interesados en su logro como servicio cósmico. Los sentimientos afines se unen en un campo de fuerzas creativas y creadoras, como una poderosa dínamo de la que todos los que participan devengan ingentes beneficios. En qué campos de fuerzas nos unimos con los propios pensamientos, sentimientos, palabras y actos? Lo semejante atrae a lo semejante y repele lo contrario. Como es abajo es arriba y viceversa. Como es adentro es afuera. La acción de gracias anticipada a la Divinidad porque cualquier situación que se desea transformar en positiva, o en mejor aún, ya está resuelta, abre el camino a su solución, o logro. La queja en cualquiera de sus vertientes o variantes, es una actitud de irrespeto hacia la Divinidad, ya que en la intención plasmada en la Ley cósmica se encuentra la disposición de que cada ser experimente un estado de perfecta felicidad constante. Por qué no es así en algunos casos? Por desconocimiento de la Ley cósmica. Empero, no hay nada gratis en la vida; se precisa dar para recibir, en la justa medida, el salario cósmico, ya que el Supremo Hacedor es justo al compensar el esfuerzo de cada quien, siempre oportunamente, a todos. Aún más, aporta con antelación lo que acto seguido se precisará. Empero, si la provisión divina se despilfarra en cosas ajenas al propósito con que fue asignada, habrá, inequívocamente, un déficit que enseñará que la próxima vez se precisará ser más prudente con los dones puestos a la propia disposición. Se puede obtener todo; se puede alcanzar el logro de cualquier objetivo que sea realista e implique un reto motivador y que sea justo y perfecto para todas las partes involucrada.




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