EXÉGESIS
846
©Giuseppe Isgró C.
846. La constitución física no tiene ningún peso
sobre los actos de la vida? De tenerlo, no resulta ello a expensas del libre
albedrío?
-“El Espíritu,
ciertamente, siente algún efecto de la materia, que puede rendir difíciles las
manifestaciones, por lo cual, en los mundos, en donde los cuerpos son menos
materiales que en la tierra, las facultades se desenvuelven con mayor libertad;
pero sabéis bien que éstas no son dadas por el cuerpo. Del resto, aquí
es preciso distinguir las facultades morales de las intelectivas: si una
persona tiene el instinto del homicidio, ese le viene, por cierto, del
Espíritu, no de los órganos. Quien anula su pensamiento para no ocuparse más
que de la materia, se asemeja al bruto, y, aún peor que eso, deja de pensar a prevenir el mal, cayendo en
falta voluntariamente”-. (Ver Nº 367 y siguientes).
EXÉGESIS:
Por Ley de vida, el Espíritu domina, y debe hacerlo, el cuerpo, en una perfecta
cooperación entre ambos. Empero, el equilibrio entre ambos debe prevalecer por
el dominio del Espíritu sobre la materia. Pero, para que esto se verifique, el
Espíritu debe ejercer el dominio sobre sí mismo, sobre sus atributos divinos y
facultades. Como es arriba es abajo y como es adentro es afuera, decía Hermes
Trismegisto. Se agrega: Como es en el Espíritu es en la materia. El conductor
del cuerpo es el Espíritu. Si es sereno todos sus actos serán sosegados; si es
lúcido, en todo lo que haga se reflejará su inteligencia, su claridad mental y
sus aciertos en la toma de decisiones. Si tiene propósitos definidos, se
dirigirá con determinación a lograrlos, y jamás abandonará a medio camino,
hasta lograr cualquier objetivo que se haya antepuesto como meta de
realización.
A esto
se refiere la respuesta obtenida por Allan Kardec, al referirse a las
facultades; tienen un vehículo físico de expresión, pero son facultades del
Espíritu. La distinción que se hace entre facultades morales de las
intelectivas deja en claro la diferencia entre conocimiento y sentimientos. Los
sentimientos son fuerzas morales que impelen a la virtud, cuyo poder ético
viene dado por la sabiduría, y la prudencia, de los valores universales que
aportan lucidez en las ideas, permitiendo discernir entre el bien y el mal;
entre la belleza y la fealdad; entre la riqueza integral y la pobreza integral.
Expresan la percepción, la comprensión y el poder realizador. La experiencia
obtenida se transforma en conocimiento, cuyo vehículo de expresión es el
pensamiento y la palabra, así como cualquier otro medio de expresión: ciencia,
arte, técnica, en sus infinitas vertientes y variantes.
Pese a
que al ser humano se le compara a los animales, en muchos casos la comparación
trasciende la realidad. En muchos de sus actos, en el ser humano, no se puede
establecer comparación alguna con los animales. En su hábitat los animales
viven en armonía con la naturaleza y dentro de los parámetros en que ésta le ha
enmarcado.
Las
tendencias a incurrir en errores o actos indebidos de determinados seres humanos,
se debe a su imperfección moral y al estado rudimentario de desarrollo de su
inteligencia. Empero, aún una inteligencia muy desarrollada que no vaya
equiparada con una aptitud moral análoga, puede conducir a excesos indebidos a
cierto número de personas, hasta que la experiencia le vaya enseñando los
límites dentro de los cuales debe enmarcar sus pensamientos, sentimientos,
palabras y actos.
Pese a
que existen dos vertientes de manifestación de la conciencia: objetiva y
subjetiva; dentro de los parámetros objetivos por medio de los sentidos y el
razonamiento lógico, inductivo y deductivo, por una parte; y por la otra, la
conciencia subjetiva, emancipada de los sentidos físicos. Esta última, bien sea
por intuición, percibiendo el Espíritu por sí mismo, proyectado más allá del
estado fronterizo de percepción, comprensión y realización, que ve, claramente
el qué, el cómo, el quién, el dónde, el cuándo, el cuánto y el porqué de las
cosas; y por inspiración de un pensamiento de entes afines, o de la misma
Divinidad en la propia conciencia, mediante el lenguaje de los sentimientos
inherentes a los valores universales, o atributos divinos. En este caso,
percibida la idea ajena inspirada en el propio pensamiento, o sentimiento, terreno
abonado por el desarrollo de la aptitud, inteligencia o carácter, la persona,
percibida la idea inspirada, sabe, inmediatamente, lo que debe realizar y cómo
hacerlo. Experimenta, también, en ambos casos, el flujo de las propias fuerzas,
y la de los entes afines coadyuvantes, que le impelen a la acción efectiva, hasta
alcanzar los logros inherentes, haciendo posible lo que poco antes parecía
imposible.
Las
leyes cósmicas tienen su propio mecanismo de expresión en la conciencia de cada
ser para lograr su efecto pedagógico, del cual ya se ha conversado, y se seguirá
haciendo.
En la
pregunta 367, relativa a la influencia del organismo, se plantea: El Espíritu,
por cuanto se une al cuerpo, se identifica con la materia?
Se
obtiene como respuesta:
-“Así
como el vestido es la envoltura del cuerpo, de la misma manera la materia es la
envoltura del Espíritu; empero, también en la unión con el cuerpo, refleja los
atributos de su naturaleza espiritual”-.
La
elevación espiritual y el desarrollo de las aptitudes de cada ser, marca la
diferencia en las expresiones de cada ser, en la vida del mundo físico,
marcando una clara diferencia entre cada uno de los estados de conciencia. No
es el cuerpo el responsable de la conducta de cada ser en los cuatro reinos
naturales; es el Espíritu el conductor, y por ende, el responsable de los
pensamientos, sentimientos, palabra y actos que ejecuta. El efecto positivo se
expresa en sentimientos de autorrealización, emociones positivas y en sensaciones
agradables y placenteras, contrapuestas a las insatisfactorias, negativas y
poco agradables, en los niveles menos desarrollados de los estados de
conciencia. No es el ADN físico el que marca la diferencia; es el ADN
espiritual que expresa desarrollados en igual grado las aptitudes, los estados
de conciencia, la inteligencia y el carácter.

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