martes, 22 de octubre de 2019

EXÉGESIS 1.008




EXÉGESIS 1.008

©Giuseppe Isgró C.


1008.            La duración de las sanciones depende siempre de la voluntad del Espíritu? No las hay que le sean impuestas por un tiempo determinado?
-“Las hay, también, de este tipo; pero Dios, que quiere únicamente el bien de los seres, acoge, siempre, la rectificación, y el deseo de mejorarse siempre da sus frutos constantemente”-.


EXÉGESIS:

Así como cada árbol frutal precisa determinado tiempo para fructificar, ocurre un lapso equivalente, para caso, según la experiencia educativa o adquisición del nuevo estado de conciencia, en la estación y grado respectivos, que el ser en cuestión precisa.
El Legislador Universal, al plasmar la Ley cósmica, en su infinita sabiduría previó todas estas cuestiones en sus más ínfimos detalles. Luego, en sus funciones de Gran Pedagogo, por las acciones de los sentimientos de los valores universales en la respectiva conciencia de cada quien, ejerce la acción coactiva-pedagógica que cada ser requiere para adquirir ese inherente estado de conciencia, en ese grado particular. Pero, la acción pedagógica no termina allí, ya que el progreso es eterno e infinito, y el ser sigue ascendiendo en nuevos grados de experiencias que despiertas, en cada fase evolutiva, los estados de conciencias, en las estaciones inherentes. Estados de conciencias y estaciones, o grados de conciencia en una eterna polarización. Cada estación posee un mínimo y un máximo en grado de conciencia hasta pasar a la siguiente, en cada uno de los estados de conciencia inherentes a los valores universales o atributos divinos, como una rueda que gira. Se asemeja a la doble rueda de los ocho trigramas del libro de las mutaciones o I Ching, que en cada vuelta generan un nuevo exagrama de los 64 posibles en cada vuelta, para luego iniciar un nuevo ciclo de comprensión, en una estación más elevada. En cada giro existencial que genera la inherente experiencia en todas las situaciones existenciales, o estados de conciencia, en cada estación, ad infinitum.
Dado que cada ser posee el libre albedrío, y debe tomar decisiones de cuyos efectos él mismo es el responsable y el merecedor, según los resultados obtenidos, por los cuales es evaluado. Luego, la persona conciencia, que no desea auto-engañarse, sabe exactamente, cuando hay motivos para estar satisfecho o aún debe afrontar nuevas situaciones para auto-calibrarse. Es la auto determinación de los seres cuando alcanza niveles elevados de conciencia. Los niveles de exigencia que se antepone la persona evolucionada, son equivalentes a sus respectivos estados de conciencias y estaciones experienciales en que se encuentra.
Como el auténtico pedagogo es el Ser Universal dentro de la conciencia de cada ser, en los cuatro reinos de la naturaleza, y es un maestro exigente, un jinete cósmico o auriga, espolea continuamente, cuando hace falta para que el ser siga avanzando en la adquisición de la experiencia precisada, que optimizan las aptitudes, que, en definitiva, de eso se trata. Cuando termina una fase no dormirse en los laureles. El surgimiento de nuevos estados de insatisfacción, al igual que en la escala de necesidades enunciada por Abraham Maslow, en el nivel jerárquico inmediato superior, le impele anteponerse objetivos ascensionales en la pirámide de necesidades, que al final se transforma en una rueda que gira ad infinitum, en forma de espiral evolutiva.
La perfección infinita de los atributos divinos en cada ser ya existe; empero, falta la experiencia que le permita descubrir los infinitos tesoros encerrados dentro de sí, en sabiduría y en poder creador potencialmente infinitos.
Como la Ley cósmica se encuentra impresa en la conciencia de cada ser, en los cuatro reinos naturales, y la conciencia de cada ser es una réplica exacta de la conciencia de la Divinidad, dentro de la conciencia de cada quien se expresa, por la ley cósmica, el tiempo y la medida de cada cosa, como guía exacta y precisa, con los parámetros inherentes de los valores universales, o atributos divinos, dentro de los cuales enmarcar los propios pensamientos, sentimientos, palabras y acciones.
Lo demás viene dado por la experiencia que manifiesta la perfección siempre relativa del eterno aprendiz, cuyo maestro interno le acompaña, en la existencia, como eterno compañero de viaje.
Si el aprendiz adquiere nuevas experiencias en los estados de conciencia, en las estaciones inherentes por las cuales va ascendiendo, en la eterna rueda de la vida, el maestro no estaría aprendiendo al mismo tiempo que el alumno nuevas maneras de hacer las cosas?
Seguirá aprendiendo nuevas formas de auto-expresión la Divinidad? Si no fuera así, qué sentido tendría todo para la Divinidad?
Cada ser es un camino indiviso de todos los caminos de la Divinidad, por conformar todo el Uno. Siendo así, al enriquecerse uno, se enriquecen todos los que conforman el Uno, incluyendo el Uno. Esto porque el uno no es todo lo que se encuentra expresado, sino que el uno es todo lo que se encuentra expresado y se expresará eternamente, en los estados de conciencias y en las inherentes estaciones, ad infinitum.
Preguntas nuevas, que precisará su tiempo poder responder, en el eterno presente. Una paradoja, sin duda alguna.
En el Derecho positivo existen sanciones y lapsos en las duraciones de las mismas. El interés de cada persona en enmendarse le facilita acelerar su recuperación. Hay que emular a la Divinidad que, al mismo tiempo que actúa coactivamente, por la Ley cósmica, en la conciencia de cada ser, como Legislador y Pedagogo a la vez, acciona con mecanismos pedagógicos para reeducar a cada ser en el lapso pertinente. Al final, es cuestión de educación en los valores universales, soporte de los principios cósmicos y de la Ley divina.

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