EXÉGESIS 163
©Giuseppe Isgró C.
163. El
Espíritu tiene conciencia de sí inmediatamente que haya dejado el cuerpo?
-“Inmediatamente
no; él permanece por algún tiempo en una especie de turbación”-.
EXÉGESIS:
Efectivamente, de acuerdo al grado de conciencia evolutiva del Espíritu, éste
se da cuenta con mayor o menor rapidez del nuevo estado en que se encuentra, en
la dimensión espiritual de la vida, desligado ya del cuerpo por efectos de la
desencarnación.
Existen
casos debidamente registrados en los cuales, como, por ejemplo, el del Dr.
Demeure, que tan pronto desencarna, realiza un esfuerzo y visita a su maestro
Allan Kardec, y en una comunicación, le informa de su estado, Veamos la
siguiente comunicación recibida por Allan Kardec:
“Heme
aquí. Había prometido, cuando vivía en la dimensión física, que después de mi desencarnación vendría, si me era posible, a dar
la mano a mi querido maestro y amigo Allan Kardec.
“La
desencarnación dio a mi Espíritu ese pesado sueño que se llama letargo, pero mi
pensamiento velaba. He sacudido esa torpeza funesta, que prolonga la turbación
que sigue a la desencarnación. Me he despertado, y de un salto he hecho el
viaje.
“¡Qué
feliz soy! No soy viejo ni achacoso. Mi cuerpo no era más que un disfraz
sobrepuesto. Soy joven y hermoso, con esa eterna juventud de los espíritus, sin
pliegues que arruguen las facciones, sin cabellos que encanezcan con el tiempo.
Soy ligero como el ave que atraviesa de un vuelo rápido el horizonte de vuestro
cielo nebuloso, y admiro, contemplo, bendigo, amo y me inclino, átomo, ante la
grandeza, la sabiduría, la ciencia de nuestro Creador, ante las maravillas que
me rodean.
“Soy
dichoso, ¡estoy en la gloria! ¡Oh! ¿Quién podrá jamás revelar las espléndidas
hermosuras de la Tierra de los elegidos, los cielos, los mundos, los soles, su
misión en el gran concurso de la armonía universal? ¡Pues bien!, yo probaré,
maestro mío, voy a hacer de ello el estudio, vendré a depositaros el homenaje
de mis trabajos de Espíritu, que os dedico por adelantado”. “Hasta luego.”
Demeure
Sin
embargo, el Espíritu precisa en línea general, algún tiempo, desde algunas
horas, días o años, según los casos, para percibir que ya ha abandonado la vida
de encarnado. Acto seguido de la desencarnación, el Espíritu se ve separado del
cuerpo, y no se lo explica; ve a sus familiares y amigos, les habla y se
sorprende que éstos no le hacen caso.
La
presencia de Espíritus afines, o amigos, que le reciben en la dimensión
espiritual, en el acto de la desencarnación, le facilita la salida del letargo
temporal. Ellos suelen indicarle, por ejemplo que se toque la muñeca, para que
perciba que ya no dispone de un cuerpo físico, y otros detalles análogos. Este
tipo de asistencia le facilita la labor de comprensión del nuevo estado.
Hay
casos de Espíritus que han permanecido en los lugares habituales de sus
aficiones durante larguísimos períodos, años o siglos-. Sin embargo, mientras
más largos sean los períodos, también los son más excepcionales.
Algunas
investigaciones sobre la reencarnación del Dr. Ian Steevenson, y su equipo,
revelan que en algunas regiones del planeta, la mayoría de los niños que
recuerdan vidas pasadas, suelen reencarnar en un lapso aproximado de dos años.
Esto indica que el período de turbación, en esos casos, es inferior, por supuesto
a los dos años. Sin duda, se trata de horas, o días.
La
elevación espiritual, y la formación en la doctrina Espírita, o de otra índole,
que aporte un conocimiento preciso sobre lo que ocurre después de la
desencarnación, facilita, con certeza, ese paso a la conciencia de encontrarse
en la dimensión espiritual.
Se
pueden dar casos de Espíritus recién desencarnados por vía circunstancial,
cayendo al fondo de un barranco, que, tan pronto hayan desencarnado, por
ejemplo, se comportan como si estuviesen encarnados. Es decir, creyendo que aún
se encuentran encarnados, comienzan a ascender por la ladera, ayudándose con
las manos, a cuatro pies, arrastrándose,
subiendo como si realmente lo estuviesen haciendo con el cuerpo físico.
En
la antigüedad, a la adquisición del estado de conciencia de haber desencarnado,
y de encontrarse en la dimensión espiritual, es a lo que se le denominaba “resurrección”.
A tales efectos, se solía afirmar que lo que bajaba a la tierra era el cuerpo,
y lo que resucitaba, era el Espíritu. Esto se corresponde con la realidad.
Afortunadamente,
en línea general, todo Espíritu, al desencarnar es asistido por guías y
protectores espirituales, por amigos y parientes, que ya le han precedido en su
llegada a aquella dimensión, quienes se encargan de brindarle la asistencia
espiritual necesaria para la adquisición de la conciencia de su nuevo estado, y
de las actividades que le esperan en aquella dimensión.
Gran
número de personas que, durante su vida en la dimensión física, por participar
de un orden de ideas equívocos, en torno a la supervivencia del Espíritu, la
reencarnación y otros temas inherentes, cuyo estado de confusión, le puede
requerir un mayor esfuerzo, o tiempo, superar dichas confusiones en las ideas,
ya que en la práctica, se encuentra con una realidad muy diferente de lo que el
Espíritu pensaba encontrar en la dimensión espiritual.
Lo
que puede demorar en mayor grado este estado de lucidez, es el mayor o menor
apego del Espíritu a la materia, o a determinadas situaciones que le eran
inherentes en la dimensión física.
Ese
estado de apego le impide, durante cierto tiempo, o le hace demorar, la
adquisición de la conciencia perceptiva de la realidad en que se encuentra, y
de la forma óptima en que debe aprovechar "el tiempo" en sus nuevas
funciones, tanto de auto-aprendizaje, como de preparación para la siguiente
reencarnación, en un nuevo ciclo de vida en la dimensión física.

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