EXÉGESIS 478
© Giuseppe Isgró C.
478.
¿Existen personas animadas de buenos
pensamientos y no obstante se encuentran poseídas? ¿Cuál es el mejor medio de
librarse de los Espíritus dominadores?
-“Agotando la obstinación, no haciendo caso de sus sugestiones;
persuadidles de que pierden el tiempo. Cuando observan de que es un esfuerzo
perdido, se van”-.
El
Libro de los Espíritus
Allan
Kardec
EXÉGESIS: Hay que partir del principio de que, como un
atributo divino, cada ser posee, el libre albedrío, la autonomía para tomar sus
propias decisiones y elegir los cursos de acciones que determinen sus estados
de conciencia, visión y valores universales bajo cuyos parámetros rige sus
pensamientos, sentimientos, palabras y acciones.
Tanto en el mundo físico, como en la dimensión
espiritual, cada ser es susceptible de ser sometido a diversas manipulaciones,
mediante sugerencias, molestias diversas de personas allegadas o no, que le
quieren imponer sus ideas, de cualquier índole: políticas, espirituales,
filosóficas, entre otras, que inhiban su libre albedrío y autonomía personal. En
ese tipo de manipulación no escapan los hijos de los padres, los padres de los
hijos, los amigos de los amigos, los vecinos de los vecinos, los compañeros de
trabajo de los compañeros de trabajo, y un largo etcétera.
Una persona podría creer encontrarse en posesión de
buenos pensamientos y sentimientos, pero, ¿ello es realmente cierto? ¿En qué
grado lo es? ¿Cuáles son sus pasiones secretas por cuya afinidad abre la puerta
a entes con análogas tendencias, por las cuales buscan sojuzgarle? Lo semejante
atrae a lo semejante. En el momento en que, de alguna manera se afecta a
alguien, de pensamiento, sentimientos, palabras y actos, automáticamente, la persona
queda sujeta a una reacción mental, o espiritual, que se corresponde una reacción
de las personas afectadas. Esa reacción puede ser a nivel intangible, por vía
de posesión espiritual, la cual tiene múltiples formas de manifestación.
Igualmente, a nivel espiritual existe una extensa gama
de Espíritus manipuladores al igual que los de la dimensión física, harto
conocidas.
En cualesquiera manifestaciones de esta índole, lo
importante es conservar la serenidad, la impasibilidad y la calma
imperturbable. Recordar que se posee el libre albedrío y la autonomía personal
que todos deben respetar, y respetarán, si se mantiene la firmeza en hacer
respetar el derecho a no ser importunado.
Aun con sugerencias positivas, de seres espirituales,
de ambas dimensiones, por bien intencionados que fueren, se posee el derecho de
mantener la propia autonomía y ejercer el libre albedrío. Esto, porque cada ser
es responsable de sus pensamientos, sentimientos, palabras y actos. Con los pensamientos
y sentimientos, se activan a las leyes de atracción y repulsión; con las
palabras y los actos, a las leyes del karma y vipaka, es decir: causa y efecto,
acción y reacción, siembra y recogida.
Dado que la responsabilidad es personal por los
pensamientos, sentimientos, palabras y actos que se llevan a cabo, se tiene el
derecho, y la obligación, de imponer con sosegada firmeza el respeto a la
propia autonomía, con serenidad, paciencia y tenacidad a prueba de todo, sea
quien fuere la persona, o ser, que cause la perturbación.
Es preciso tomar en cuenta si quien perturba, aunque a
veces no se conozca de quien se trate, salvo por la índole negativa, o
positiva, de la influencia, tiene, o cree tener algún derecho para hacerlo.
En esos casos, es importante plantearse: ¿He
perjudicado, de pensamientos, sentimientos, palabras o actos, a alguien, en
forma consciente o inconscientemente, en los últimos tiempos? ¿Podría ser alguien
de vidas pasadas, a quien haya perjudicado en algún grado, quien se manifiesta?
Hay alguien que me perjudicó, en algún grado, en esta o en vidas anteriores,
que ahora me inoportuna, con la finalidad de que le otorgue mi perdón? Dado que
no es fácil saberlo, se sugiere realizar un acto doble: Primero, solicitar el
perdón de cualquier ser, de este ciclo de vida, o de cualquier vida anterior, a
quien de alguna manera se le haya perjudicado, y prometer que nunca más se le
volverá a perjudicar, y que, oportunamente, de acuerdo con la ley de
compensación, compensará, o recibirá la compensación a que hubiere lugar. Ya
que, en algunas ocasiones, existen seres que habiendo sido perjudicados, se
niegan en recibir la compensación inherente, como un castigo severo al
infractor. Y la ley cósmica, y el Derecho Positivo, también, obliga recibir el
pago inherente, a menos que se exonere el mismo, o haya prescrito, en cuyo
caso, la persona inherente, queda liberada frente a la Ley cósmica. Pero, los
resentimientos entre las partes involucradas podrían permanecer activos. El
perdón unilateral, o recíproco, solicitándolo, u otorgándolo, podrían
restablecer la armonía, e interrumpir determinado influjo posesivo, de índole
perturbador.
Para quedar libre de deudas kármicas, hay que
compensarlas, oportunamente, de acuerdo con las leyes cósmicas inherentes.
Muchas veces, el deudor, mortificado, perturba inconscientemente, al acreedor. Muchas
veces, liberando a esos seres de sus deudas, y preocupaciones, se queda en
forma inmediata, libres. Luego, por la Ley cósmica, de donde menos se espera,
se recibe la compensación inherente.
Luego, frente a cualquier influencia, o manifestación
perturbadora, es propicio centrarse en el propio centro de poder: la serenidad,
la calma imperturbable, la impasibilidad, conservando la confianza, el valor y
la seguridad de que se restablecerá el propio dominio sobre todas las
facultades físicas, mentales y espirituales, así como sobre los propios
pensamientos, palabras y actos. Es preciso solicitar la asistencia y protección
de los propios guías y protectores, y establecer la conexión divina con el Ser
Supremo. Vibrando a una frecuencia más elevada, cada quien se va depurando, y
ofrece un ejemplo de conducta armónica, que ejerce una influencia positiva
sobre el ente perturbador, haciéndole comprender, oportunamente, que debe retirarse
y dejar de perturbar.
No es una tarea sencilla, pero sí posible y factible
de realizar.
Simultáneamente con la solicitud de asistencia y
protección a los guías y protectores, hay que imaginar que se teje alrededor de
sí una tela magnética, con el flujo de la sustancia divina, o luz blanca, o
luminosa, de la divinidad, que envuelve el propio ser, y a los seres del hogar
en que se vive, inclusive, el lugar del trabajo. En ocasiones, este ejercicio
debe extenderse, envolviendo en un manto de luz la propia ciudad, el país en que
se vive, y el planeta tierra.
Es oportuno dar las gracias anticipadas porque la
situación inherente, en los planes cósmicos, ya se encuentra resuelta. Las
gracias anticipadas por la solución, o logro que corresponda, activan los
poderes creadores de la mente en forma positiva. Igualmente, jamás abandonar a
mitad de camino, antes de alcanzar el objetivo propuesto de restablecer el equilibrio
y la normalidad preexistente, o mejor.
El cultivo de sentimientos de amor, justicia, respeto,
fortaleza, templanza, desapego, belleza, atrae a la propia vida elementos
análogos, y se conforma un escudo protector que repele las situaciones
contrarias.
Es oportuno reflexionar que, así como no se dese
recibir influencias negativas de nadie, ni interferencias, aunque parezcan
positivas, pero que interfieren en la autonomía personal a que se tiene
derecho, cada quien debería comenzar por respetar a los demás dejando de
manipular, de interferir, imponer criterios, despojándose de sentimientos
inadecuados frente a toda persona con quien exista algún tipo de interrelación,
de la índole que fuere. Sobre todo, pagar todo lo que se debe, ya que las
deudas, de cualquier tipo, permiten a los acreedores de abrogarse el derecho, de
perturbar a los deudores de cualquier forma posible a su alcance. Claro está,
muchas veces, el acreedor, al extralimitarse en sus acciones corre el riesgo de
transformarse en deudor por los excesos en que pudiese incurrir. La justicia
debe regir los pensamientos, sentimientos, palabras y actos, siempre. Es mejor
devolver bien por mal. Perdonar a nivel mental y en cualquier forma posible,
para liberarse. Pero, recuerde, jamás tema pedir perdón, o disculpas, si con
ello restablece la armonía y la paz interior.

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