jueves, 20 de febrero de 2020

EXÉGESIS 464




EXÉGESIS 464

©Giuseppe Isgró C.


464.      Cómo se puede distinguir si un pensamiento sugerido proviene de un Espíritu bueno o no?
-“Estudiadlo: los buenos Espíritus aconsejan solamente el bien; os toca a vosotros distinguirlo”-.
El Libro de los Espíritus
Allan Kardec

EXÉGESIS: Causa y efecto y Ley de atracción y repulsión.
¿Es un buen pensamiento, o sentimiento? Lo semejante atrae a lo semejante y repele lo desemejante. Pensamientos y sentimientos son generados por seres, encarnados o desencarnados, con estados de conciencia acordes a los valores universales del amor, de la prudencia, de la justicia, de la fortaleza, de la templanza y de la belleza, en determinadas estaciones, o grados: en polaridad positiva o negativa. Es decir, en sintonía con valores o antivalores. 
Cada quien se encuentra en un entorno físico, mental y espiritual en cuyo orden le sitúa su propia suma existencial, predominando, en un momento dado, la polaridad positiva o negativa, en sus estados de conciencia. En estos casos, a los estados de conciencia positivos, les sustituyen, temporalmente, pensamientos o sentimientos análogos opuestos. 
Empero, la condición natural es la positiva enmarcada en los parámetros de los valores universales, que fungen de guía en la toma de decisiones y en la actitud frente a la eventual adversidad que se afronta en un momento dado. 
Si la sintonía mental es positiva, la conexión que se establece es con seres elevados, afines, amigos y con los guías y protectores que buscan el propio bien. Su misión es sugerir ideas, pensamientos y sentimientos positivos que abren nuevos caminos de reflexión y acción. Aun así, la decisión de lo que se va a hacer con la idea inspirada, corresponde a cada quién. 
Es preciso evaluar el pro y el contra, así como los riesgos inherentes, y luego, elegir que hacer al respecto. Sin embargo, el entorno espiritual se encuentra imbuido de seres de diversos niveles, y si momentáneamente el orden de los propios pensamientos y sentimientos, en sus oscilaciones, vibra en frecuencias negativas, atraerá inspiraciones en esa frecuencia mental, que es preciso rechazar. 
Se tiene libre albedrío y la facultad de aceptar o no, los pensamientos y sentimientos que se reciben como inspiración. En esos casos afirmar positivamente la propia condición, por ejemplo: -“Soy justo y perfecto”. –“Todo va bien, cada día mejor”. –“Siempre hago lo mejor”. 
Hay que reconocer la Divinidad que se anida en el propio ser y establecer la conexión divina con el Ser Superior y en los atributos divinos, por la meditación, o el constante recuerdo de la Divinidad. Con lo cual, cada quien depura sus pensamientos, sentimientos, palabras y acciones, entrando en un estado mental de armonía y orden justo y perfecto, transmutando los propios estados de conciencia. 
Por efecto de resonancia, esos estados de conciencia cultivados, al igual que dos diapasones en un laboratorio de física, influyen en el entorno, que comienza a vibrar en la misma frecuencia. Es decir, con solamente vibrar a niveles elevados de frecuencias espirituales en armonía con los valores universales, se contribuye a desarrollar dichos pensamientos y sentimientos, palabras y acciones, en forma análoga, en todos aquellos seres que de una u otra manera, entran en el propio contacto mental.
Al estar sintonizado positivamente, todo lo que fluye como inspiración, o como intuición, es de polaridad positiva, en la estación de turno en que cada quien se encuentra, en determinado estado de conciencia de prosperidad, abundancia, progreso, deber, amor, justicia, fortaleza, templanza y belleza. Esos estados de conciencia, por la sintonía inherente con los de seres afines, generan lecturas de contenidos mentales de naturaleza semejante, que por intuición, y por inspiración, según sea el caso, se manifiestan en la conciencia objetiva de cada quien, como pensamientos y sentimientos. Si la polaridad de los mismos es positiva, derivan de estados elevados de conciencia, propios o ajenos. Por los frutos se conoce el árbol. 
Empero, hay que recordar: sea cual fuere el origen de los propios pensamientos y sentimientos, su aplicación y puesta en práctica como palabras y actos, genera consecuencias positivas o no; de las primeras, cada quien se beneficia; de las segundas, en cambio, se responde, compensando los efectos inherentes. 
En ambos casos se obtiene la experiencia, que es la suma de sabiduría que, en cada estación existencial, y en los estados de conciencia de turno, cada quien es capaz de asimilar. 
La experiencia es el grado de aprendizaje o salario cósmico que día a día se va obteniendo, ubicando o reubicando, a cada quien, en el orden cósmico que le corresponde, en el concierto de todas las cosas. Adelante.


No hay comentarios:

Publicar un comentario