EXÉGESIS 464
©Giuseppe Isgró C.
464. Cómo se puede
distinguir si un pensamiento sugerido proviene de un Espíritu bueno o no?
-“Estudiadlo: los
buenos Espíritus aconsejan solamente el bien; os toca a vosotros
distinguirlo”-.
El Libro de los Espíritus
Allan Kardec
EXÉGESIS: Causa
y efecto y Ley de atracción y repulsión.
¿Es un buen
pensamiento, o sentimiento? Lo semejante atrae a lo semejante y repele lo desemejante. Pensamientos y
sentimientos son generados por seres, encarnados o desencarnados, con estados
de conciencia acordes a los valores universales del amor, de la prudencia, de
la justicia, de la fortaleza, de la templanza y de la belleza, en determinadas estaciones, o grados: en polaridad positiva o negativa. Es decir, en sintonía con valores o antivalores.
Cada quien se encuentra en un entorno físico, mental y
espiritual en cuyo orden le sitúa su propia suma existencial, predominando, en
un momento dado, la polaridad positiva o negativa, en sus estados de
conciencia. En estos casos, a los estados de conciencia positivos, les
sustituyen, temporalmente, pensamientos o sentimientos análogos opuestos.
Empero,
la condición natural es la positiva enmarcada en los parámetros de los valores
universales, que fungen de guía en la toma de decisiones y en la actitud frente
a la eventual adversidad que se afronta en un momento dado.
Si la sintonía
mental es positiva, la conexión que se establece es con seres elevados, afines,
amigos y con los guías y protectores que buscan el propio bien. Su misión es
sugerir ideas, pensamientos y sentimientos positivos que abren nuevos caminos
de reflexión y acción. Aun así, la decisión de lo que se va a hacer con la idea
inspirada, corresponde a cada quién.
Es preciso evaluar el pro y el contra, así
como los riesgos inherentes, y luego, elegir que hacer al respecto. Sin
embargo, el entorno espiritual se encuentra imbuido de seres de diversos
niveles, y si momentáneamente el orden de los propios pensamientos y
sentimientos, en sus oscilaciones, vibra en frecuencias negativas, atraerá
inspiraciones en esa frecuencia mental, que es preciso rechazar.
Se tiene libre
albedrío y la facultad de aceptar o no, los pensamientos y sentimientos que se
reciben como inspiración. En esos casos afirmar positivamente la propia
condición, por ejemplo: -“Soy justo y perfecto”. –“Todo va bien, cada día mejor”.
–“Siempre hago lo mejor”.
Hay que reconocer la Divinidad que se anida en el
propio ser y establecer la conexión divina con el Ser Superior y en los
atributos divinos, por la meditación, o el constante recuerdo de la Divinidad.
Con lo cual, cada quien depura sus pensamientos, sentimientos, palabras y
acciones, entrando en un estado mental de armonía y orden justo y perfecto,
transmutando los propios estados de conciencia.
Por efecto de resonancia, esos
estados de conciencia cultivados, al igual que dos diapasones en un
laboratorio de física, influyen en el entorno, que comienza a vibrar en la
misma frecuencia. Es decir, con solamente vibrar a niveles elevados de
frecuencias espirituales en armonía con los valores universales, se contribuye
a desarrollar dichos pensamientos y sentimientos, palabras y acciones, en forma
análoga, en todos aquellos seres que de una u otra manera, entran en el propio
contacto mental.
Al estar
sintonizado positivamente, todo lo que fluye como inspiración, o como
intuición, es de polaridad positiva, en la estación de turno en que cada quien
se encuentra, en determinado estado de conciencia de prosperidad, abundancia,
progreso, deber, amor, justicia, fortaleza, templanza y belleza. Esos estados
de conciencia, por la sintonía inherente con los de seres afines, generan lecturas
de contenidos mentales de naturaleza semejante, que por intuición, y por
inspiración, según sea el caso, se manifiestan en la conciencia objetiva de
cada quien, como pensamientos y sentimientos. Si la polaridad de los mismos es
positiva, derivan de estados elevados de conciencia, propios o ajenos. Por los
frutos se conoce el árbol.
Empero, hay que recordar: sea cual fuere el origen
de los propios pensamientos y sentimientos, su aplicación y puesta en práctica
como palabras y actos, genera consecuencias positivas o no; de las primeras,
cada quien se beneficia; de las segundas, en cambio, se responde, compensando
los efectos inherentes.
En ambos casos se obtiene la experiencia, que es la
suma de sabiduría que, en cada estación existencial, y en los estados de
conciencia de turno, cada quien es capaz de asimilar.
La experiencia es el grado
de aprendizaje o salario cósmico que día a día se va obteniendo, ubicando o
reubicando, a cada quien, en el orden cósmico que le corresponde, en el
concierto de todas las cosas. Adelante.

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