miércoles, 21 de agosto de 2019

EXÉGESIS 291



EXÉGESIS 291

©Giuseppe Isgró C.

291.           Además de la simpatía general que nace de la semejanza, tienen los Espíritus afectos particulares?
-“Sí, como entre los seres humanos; empero, el afecto que une a los Espíritus desencarnados es más fuerte, por cuanto ya no se encuentra sujeto  a las vicisitudes de las pasiones”-.


EXÉGESIS: La afinidad es la Ley cósmica que agrupa a los seres por las similitudes existentes en estados de conciencia en las infinitas estaciones de la vida, o grados evolutivos. El amor, a nivel de Espíritu, en la dimensión espiritual, se expresa como amistad, en mayor grado, que es una manifestación muy elevada del amor. Empero, coadyuvan otros valores como la justicia, la dignidad, los ideales comunes, el compromiso de cooperar en la realización de objetivos comunes o colectivos, en el planeta de turno en que viven, o se encuentren adscritos, o en cualquier otro dónde cooperan, en un momento dado.

El Espíritu con niveles avanzados de conciencia, en la dimensión espiritual, desprovisto de las pasiones del cuerpo físico, expresa su amor, fundamentalmente, como amistad, como un sentimiento puro de afinidad, respetando la libertad, la justicia, los derechos y obligaciones del otro ser, sus ideales, que aun siendo siendo divergentes en cuanto a logros u objetivos, podrían ser complementarios, o coadyuvantes. Empero, la amistad es más amplia que el amor visto desde las limitaciones del amor bajo el enfoque terrestre, en cuanto a las exclusividades de ciertas funciones en la relación recíprocas.

El sentimiento de libertad recíproca es respetado en grado más elevado que en la dimensión física ya que se encuentra desprovisto del temor de perder algunos privilegios de exclusividad a que se ciñe la relación humana, por ejemplo, entre dos cónyuges, en el planeta tierra.

A nivel espiritual la afinidad agrupa a los seres en familia, donde a través de las edades los roles, al encarnar en la dimensión física van cambiando de acuerdo a las necesidades del grupo, o a los objetivos que deben ser logrados, por la afinidad, es de cir, de apoyarse recíprocamente, en el nuevo o nuevos ciclos que se programan, siendo unas veces padres, otras veces hijos, algunas más hermanos, y en muchos casos, amigos cercanos que se apoyan recíprocamente como si fueran hermanos, o más que eso, también.

Empero, si el amor y la afinidad unen a los seres, también lo hace el odio, y las deudas kármicas que deben ser compensadas entre los distintos Espíritus. Esto es debido que el odio también une a los seres, ya que, la Ley divino expresa que quien odia tendrá que amar. Bien sea por acción de la misma ley cósmica, o por libre elección entre los seres que deben limar las asperezas que les separan, nacen dentro de la misma familia, los seres inarmónicos para que los lazos de la carne, naciendo unas veces como padres e hijos, otras a la inversa, algunas más como hermanos, a veces uniéndose como cónyuges, o como sobrinos, nietos y cualquier otra modalidad de relación. Por ejemplo, la relación de dueño de empresa y empleado, cuya necesidad recíproca les obliga a cooperar recíprocamente. Con el tiempo nece la afinidad, o el respeto mutuo, o la amistad, en determinados grados.

Ese sentimiento de amistad lleva a los seres en nacer en algunas regiones en particular, en determinadas naciones, a través del tiempo, y eso es lo determina, en épocas de gran esplendor, o de decadencia, según el nivel de la familia espiritual que se anida en ciertos lugares, es otra manifestación de la ley de afinidad. Empero, no existe una regla fija de que un determinado país se le asigne en forma indefinida a un grupo de Espíritus en particular. En la práctica, al agotar, o realizar el objetivo propuesto en determinada región, esa familia en particular emigra a otro región. 

Esa es la razón que, las grandes civilizaciones van sucediéndose de una región del planeta a otra. Empero, los autores principales siguen siendo los mismos. Los grandes líderes, o maestros, o científicos, o poetas, o pensadores que marcan rumbos o nuevos objetivos de desarrollo, también. El pensamiento de quienes fueron en el pasado se puede rastrear con facilidad ya que siguen la misma tendencia de desarrollo unidireccional, pese a las variedades del lugar y de encarnación física. Los grandes proyectos de la humanidad se cumplen a través de planes milenarios, con plazos de larguísimas oscilaciones.  

A veces, esos planes se desarrollan en diversos mundos, simultáneamente. Por eso se puede ver como cada quinientos años, o milenio, surgen movimientos que señalan largas etapas de desarrollo, hasta que vuelvan a emergen los líderes de turno que señalarán las tendencias de las siguientes centurias o milenios. Ese tipo de líderes, muy escaso por cierto, es capaz de ver varios milenios por delante. Los poetas, en sus cantos, son capaces de este tipo de proyección. Es el fruto de la inspiración, muchas veces, otras, el cultivo del arte, que le permite trascender, cuando a través del estudio de toda la obra acumulada en el espacio y tiempo, en un mundo determinado, le permite proyectarse, por la intuición, y la inspiración oportuna, sobre esos hombros de gigantes, viendo más lejos que la generalidad de las personas. 

Esos son los maestros de la patria, que vieron más lejos en el horizonte humano, que permiten abrir nuevos caminos donde antes inexistían. Son los que arengan a emular los grandes caracteres en las horas menguadas de la Patria. Muchos de ellos asumen las riendas de los destinos patrios; y otros, encarnación tras encarnación, siguen las líneas paralelas de desarrollo de antiguos personajes, porque sus Espíritus son los mismos: Tantos los líderes como los seguidores. En ambos roles cada quien se reconoce, recordando quienes a fueron, sin darse cuenta que están recordando. 

Y esto ocurre entre los grandes grupos de elevados estados de conciencia, que expresan el esplendor de una época, como la edad de oro, griega, en el siglo de Homero, o en el de Sócrates, Platón, Aristóteles; o el del Renacimiento italiano, primero, y el europeo, después. Es el esplendor forjado por seres como Pericles, Justiniano, Alfonso X El Sabio o Napoleón; o el de Pisistrato, Alejandro Magno, el emperador Juliano, Mahoma, Saladino o Solimán el Magnifico. También, es el caso de Toloemeo I Soter, Abderramán III y Lorenzo el Magnífico.  

Plutarco, con sus Vidas Paralelas, marcó un comienzo en el estudio de la Meta-historia, al comparar personajes romanos con griegos, en sus similitudes y diferencias, señalando los paralelismos. Pero, el mismo Plutarco presenta paralelismo entre Hesiodo, Xenócrates, Porfirio, Cervantes y algunos otros, después, tanto en el pensamiento expresado con análogos valores, como por el paralelismo en la trayectoria, y virtudes ejemplares expresadas en sus respectivas conductas personales. Cada vez que se expresa uno de ellos, por ejemplo, Platón, se manifestará un personaje del nivel de Sócrates, otro, del nivel de Aristóteles, uno más como Xenócrates. Es fácil verlo: por ejemplo, en el Renacimiento: Marsilio Fícino, que calza los puntos de Platón; Leonardo Da Vinci, los de Aristóteles; Cervantes, los de Xenócrates. Y los demás? Lorenzo El Magnífico: el rol de Tolomeo I Soter, Abderramán III. Fueron forjadores de gran esplendor civilizatorio, y fundadores de grandes bibliotecas como la de Alejandría, la de Córdoba, y en Florencia, reprodujeron el antiguo esplendor griego.

Luego, después del esplendor que marca una época, este grupo de afines se desplaza a otra región, donde emergerá una nueva civilización, Y en el lugar donde antes floreció una gran civilización, comenzarán a nacer los Espíritus menos adelantados, que, siendo incapaces de apreciar el legado que se les confía, lo irán destruyendo, hasta observar que de aquel antiguo esplendor lo que van quedando son ruinas, que señalan el paso de seres que parecerían de otros mundos. Empero, queda la huella de ese paso que indican objetivos más elevados a los cuales enfocar la atención. Troya, Grecia, Roma, Palmira, Egipto, Sumer, Mesopotamia, Persia, la India antigua, China, y tantas otras civilizaciones, inclusive, las precolombinas, y las de Atlántida y Lemuria, o Mu, al margen de tantas otras que deben yacer en el fondo de los océanos, a quienes las tradiciones atribuyen a sus desatinos, no menores de los muchos que hoy se observan en el Planeta Tierra, en el siglo XXI, por cuya insensatez el orden cósmico envío al fondo de los mares. 

Una historia que se repite, porque los protagonistas, tanto en el esplendor, como en la decadencia, son los mismos. Empero, trascendiendo las apariencia, detrás de todo existe un hilo conductor que apunta al progreso. Un progreso gradual, cuyos objetivos reales para lograrlos precisarán largos siglos de desarrollo por delante.

En revisión…..

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