EXÉGESIS 978
©Giuseppe Isgró C.
978. El recuerdo de las culpas que el
Espíritu ha podido cometer mientras era imperfecto, no turba su felicidad,
cuando se haya hecho puro?
-“No, porque las ha redimido, saliendo
victorioso de las pruebas a las cuales se había sometido con aquel fin”-.
El Libro de los Espíritus
Allan Kardec
EXÉGESIS: Decía Confucio: -“No hay que
vanagloriarse de nunca caer, sino de levantarse cada vez que se cae”. El Espíritu
emana a la conciencia individual perfecto, con todo el potencial infinito de
los atributos divinos, pero sin experiencia, y sin conciencia del gran tesoro
del cual es poseedor. Lo va descubriendo por ensayo y error, a medida que
experimenta necesidades, y encuentra la manera de satisfacerlas, experimentando
placer por sus logros, y frustración e insatisfacción por las ausencias de éxitos
inherentes.
El placer y el dolor, el dulce y el
amargo, la satisfacción y la insatisfacción, constituyen experiencias que le
indican lo que debe hacer y lo que debe evitar.
La experiencia es la auténtica maestra
que desarrolla la aptitud del Espíritu, así como su inteligencia, carácter y
conciencia perceptiva, comprensiva y realizadora.
Igualmente, experimenta satisfacción
cada vez que compensa las deudas en que incurre, reparando el daño efectuado, a
conciencia o inconscientemente. Aprende a respetar los derechos ajenos, y
percibe, haciendo respetar, los propios,
de manera civilizada, educadamente. Como decía Lao Tse, en el Tao: -Cuando se
descubre lo que es el bien, se reconoce lo que es el mal; a partir de ese
momento, se elige conscientemente el bien, lo positivo, lo justo y lo sensato
en sus pensamientos, sentimientos, palabras y actos, adquiriendo pureza en las
intenciones y resultados correctos en todo lo que piensa, siente, diga o haga.
La conciencia de que ya, en los
estados de conciencia, y en las estaciones, o grados de progreso en que se
encuentra, le permiten mantenerse en la senda justa y perfecta, aunque siempre
perfectible en mayor grado, le aporta la confianza y la prudencia, de estar
recorriendo el noble sendero óctuple a que hacía referencia Sidharta Gautama:
en las opiniones y decisiones tomadas de acuerdo a los valores universales
expresados en su conciencia, en el nivel en que se encuentra, en primer lugar. Por
eso su visión debe sustentarse en la sabiduría de los valores universales, o
atributos divinos expresados en su conciencia, por los sentimientos inherentes.
Luego, precisa forjarse justos y
correctos propósitos de vida, a corto, mediano, largo y macro plazo, para vivir
una vida con sentido lógico sujeto a los planes existenciales de la Ley Cósmica.
Debe pronunciar palabras nobles, justas y correctas, manteniendo la armonía con
todos y en todo, sobre todo con sus pensamientos positivos. La armonía de
pensamientos y sentimientos, es la clave, siempre en polaridad positiva, que
manifiesta la luz y el lado placentero de la vida.
Siguen las acciones correctas, en todo
y con todos, aún con los integrantes de los otros reinos naturales. Quien
produzca sufrimientos a los miembros de los otros tres reinos naturales:
animal, vegetal y mineral, cómo podrá vivir una vida satisfactoria? La
experiencia de los efectos que provoca en otros, purifica su propio Espíritu y
el velo de la separación, que le permite ver claro, que lo mismo que da,
recibe, lo que provoca en otros, lo experimentará en carnes propios, o en su conciencia
y hasta que no compense el sufrimiento producido en otros, no alcanzará la paz,
jamás. Causa y efecto, siembra y recogida, acción y reacción, karma y vipaka. No
hay escapatoria posible, ya que las de justicia, compensación y afinidad rigen
todo y ordenan a cada ser y cosa, de acuerdo al justo orden que le corresponde
en armonía con sus suma existencial. La ley de afinidad es la ordenadora del
universo de acuerdo al sentido estricto de la justicia, y a los propios
merecimientos.
Los justos medios de sustentamiento de
vida permiten a cada ser mantenerse en el noble sendero de la felicidad y la
autorrealización, constantes. El reto esfuerzo permite realizar todo propósito
que se haya antepuesto como objetivo, en todos los ámbitos existencias. Todo es
posible alcanzarlo si se persiste, tenazmente, en el esfuerzo, en el trabajo,
en el estudio y en la dedicación del cultivo de cualquier arte, ciencia o
realización que se haya elegido. Nada hay imposible para nada si adquiere
conciencia de lo que anhela y se avoca en su logro con el justo y correcto
esfuerzo, en el espacio y tiempo.
La recta atención permite alcanzar la conciencia
perceptiva, comprensiva y realizadora de todas las cosas.
La recta concentración potencia el
propio potencial en la realización de pensamientos, sentimientos, palabras y
actos en base a estrictas prioridades, de acuerdo a la escala jerárquica de
necesidades y motivaciones. Una cosa prioritaria a la vez, es la clave para
lograr todo lo que se anhela, y resolver todas las situaciones que se afrontan
en la vida.
El sentido de la propia
responsabilidad y el cumplimiento de las obligaciones inherentes, purifican al
Espíritu de toda culpa pasada, ya que, ahora, tiene absoluta conciencia de que
su vida se encuentra enmarcada dentro de los parámetros de los valores
universales, y la guía de la Divinidad, por los sentimientos expresados en su
conciencia, constantemente, guían sus pensamientos, sus sentimientos, sus
palabras y actos, indefectiblemente, en forma justa y perfecta. Así es,
ciertamente.

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