domingo, 14 de febrero de 2016

MEDITACIÓN 12. TRASCENDER LA CONCIENCIA OBJETIVA




MEDITACIÓN 12


TRASCENDER LA CONCIENCIA OBJETIVA


©Giuseppe Isgró C.




Trascender la conciencia objetiva y la lógica del razonamiento inductivo y deductivo, así como el propio ego, por medio de la interiorización subjetiva, permite percibir, en la propia conciencia, los sentimientos de los valores universales que conforman los atributos divinos.

De acuerdo al grado de necesidades que se experimenta, y el foco en que centra su atención cada ser, se expande su conciencia perceptiva, comprensiva y realizadora. Paralelamente se manifiesta, en grado equivalente, el poder creativo potencialmente infinito que le es inherente. De manera natural, fácilmente y sin esfuerzo, por un servomecanismo interior. Solamente hay un requisito: que se quiera hacer lo que debe ser efectuado, sin evasión alguna de la propia responsabilidad.

En estado de interiorización, y en meditación, el ser humano puede, intuitivamente, o mediante la inspiración, percibir los atributos de la Divinidad y comprenderlos en determinado grado, como una guía de vida.

El sentimiento de los valores universales, expresados por el Ser Universal en la conciencia de cada ser, en los cuatro reinos naturales, es posibles percibirlos y comprenderlos, aún en la conciencia objetiva, en la vida diaria. Afloran las ideas sin saber cómo ni por qué, pero hacen acto de presencia y ya se sabe lo que debe saberse. No hay más escusas para dejar de emprender la acción pertinente. Tampoco la hay para no realizar aquello que se ha percibido que no debe ser hecho, salvo que se quiera experimentar vergüenza. Realizar lo que se percibe que afectaría los derechos ajenos, o la dignidad de otros, tiene un costo. El arte de la prudencia  permite decidir lo pertinente, con acierto.

Lo importante es percibir, y comprender, lo que debe hacerse, en cada caso, y lo que debe ser evitado, oportunamente. Refleja el sentido común y la conciencia del valor de la justicia, dentro de cuyos parámetros es preciso mantener los propios pensamientos, sentimientos, palabras y actos. Se deriva de ello tranquilidad mental y paz interior. En la noche se puede dormir sosegadamente.

Nadie podrá recriminar válidamente ningún acto ejecutado, excepto la propia conciencia, por la inherente acción coactiva que se despliega en el interior de la misma, por el Gran Pedagogo Universal y la Ley cósmica, cuando se actúa correctamente, en armonía con todos y con el Todo. 

En la medida en que se aprende a escuchar el mensaje que conllevan los sentimientos de los valores universales, centrando la atención en las percepciones intuitivas e inspirativas, la aptitud perceptiva, comprensiva y realizadora se va afinando, siendo más nítida su guía y lúcido el conocimiento y/o sabiduría que aporta. Se manifiesta en la conciencia un sentimiento de seguridad, imbuido de poder creador potencialmente infinito que lleva a cada ser a realizar lo imposible, para darse cuenta, enseguida, que es posible llevar a cabo lo que concibe en su propia mente como objetivos, anhelos y propósitos de vida, sin límites.

Igual poder efectivo aflora desde lo más íntimo del ser para resolver cualquier situación que se afronta, siempre que se afronte, serena y decididamente.

Trascendiendo la conciencia objetiva, y el propio ego, se efectúa la conexión del propio centro de poder con la Divinidad, aflorando la sabiduría y el poder creador de los atributos divinos, en estado de potencialidad infinita: es decir, siempre en grado suficiente, y oportunamente.


Sobre la posibilidad de comprender la naturaleza íntima de Dios, o concebir algunas de sus perfecciones, El Libro de los Espíritus, dice (12): -“Algunas sí. El ser humano las entrevé con el pensamiento tanto mejor cuanto más se eleva por encima de la materia”-.

lunes, 8 de febrero de 2016

MEDITACIÓN 11. PERCEPCIÓN DE LA DIVINIDAD



MEDITACIÓN 11

PERCEPCIÓN DE LA DIVINIDAD

©Giuseppe Isgró C.



La Doctrina Universal denota que, a través de los tiempos han existidos seres que han tenido una percepción en grado muy elevado de la Divinidad, que se corresponde ampliamente con la realidad susceptible de ser captada en los actuales estados de conciencia.
Se ignora el grado de percepción que cada uno de los seres de los otros tres reinos naturales posee de Dios. El ser humano, muy engreído de sí mismo, estima que los seres de cada uno de esos reinos, carecen de espíritus, y de capacidad de pensar.
Empero, la realidad es que cada ser, en los cuatro reinos naturales, posee el mismo Espíritu del Ser Universal, dotado con análogos atributos divinos, potencialmente infinitos, con una conciencia que constituye una réplica idéntica a la de Él.
Dado lo anterior, estando los seres de cada uno de los otros tres reinos naturales, libres del condicionamiento limitante de la sociedad de cada época, su capacidad perceptiva, y comprensiva, inclusive, trasciende la humana, como lo demuestran incontables pruebas, percibiendo y, probablemente, comprendiendo la naturaleza de la Divinidad en mayor grado que el ser humano.
La percepción de que todo es Uno, y de que cada ser de los cuatro reinos naturales, es una emanación del Ser Universal, a la conciencia individual, sin separarse de sí y sin dejar de ser Él, formando una unidad indisoluble con Él, es universal. Ha sido percibida en todas las épocas y culturas, desde la más remota antigüedad.
Las diversas doctrinas orientales, el Hinduismo, el Taoísmo, el Sufismo, el Yoga, y el Kriya Yoga, la Masonería Universal y el Espiritismo, entre otras corrientes de pensamiento han percibido esta realidad.
Pensadores relevantes como Hermes Trismegisto, Tales de Mileto, Pitágoras, Moisés Maimónides, Al-Ghazali, Ibn Arabi, Rumi, Kabir, Ramakrishna, Gandhi, Tagore, Paúl Brunton, Joaquín Trincado y Carl G. Jung, entre incontables más, han tenido percepciones sobre la Divinidad de gran interés, con una constante coincidencia sobre aspectos esenciales, generalmente en forma de un símbolo, o una energía luminosa en movimiento, reflejándose en ella la presencia de la Divinidad, o un complejo mecanismo de engranajes en movimiento, por mencionar únicamente tres ejemplos.
Es preciso conocer todas las corrientes de pensamiento que conforman la Doctrina Universal para adquirir mayor visión de la realidad universal. Todas las Doctrinas constituyen una herencia cultural, y espiritual, de la humanidad, abriendo, cada una, su respectiva ventana al gran cosmos. Empero, por encima de todo, debe predominar, únicamente, la verdad universal con total desapego. La meta es observar por sí mismos la realidad tal como es.
-“Será otorgado al ser humano comprender el misterio de la Divinidad?”, inquiría el maestro Allan Kardec.

El Libro de los Espíritus, dice: (11) -“Cuando su espíritu, liberado de la opaca luz de la materia, por su perfección se haya acercado a Dios, lo comprenderá, cuanto la criatura puede comprender el Creador”. (…).

MEDITACIÓN 10. ATRIBUTOS DE LA DIVINIDAD


MEDITACIÓN 10

ATRIBUTOS DE LA DIVINIDAD

©Giuseppe Isgró C.


El ser humano, y cada uno de los restantes seres en los cuatro reinos naturales, han emanado a la conciencia individual, a partir del Ser Universal, perfectos, dotados, potencialmente, de todos los atributos divinos, análogos a los de Él. La única diferencia reside en que los del Ser Universal se encuentran desarrollados en todas sus vertientes y variantes, en grado infinito, y los de los seres individuales, se encuentran dotados de potencialidad que desarrollarán en el eterno presente, sin límites de ninguna naturaleza, en la medida en que se vayan ampliando las percepciones de sus estados de conciencia.
Es decir, los grados evolutivos de la conciencia se expresarán mediante una ampliación constante de sus aptitudes perceptivas y de comprensión, y en sus capacidades de hacer o dejar de hacer, expresando el poder creador potencialmente infinito, de acuerdo con los grados de necesidades que se vayan experimentando, en el aquí y ahora.
Es preciso tener presente, al igual que se explica en la meditación 81, que el Ser Universal emana a la conciencia individual, en el Alma Universal, en cada uno de los seres de los cuatros reinos naturales, sin dejar de ser Él mismo, y sin separarse de Él mismo, por lo cual, cada ser individualizado es el mismo Creador que inicia su respectivo rol dotado con los mismos atributos, y con libre albedrío, desde cero grado de progreso, pero con el mismo potencial infinito, tanto en conciencia perceptiva, comprensiva y realizadora, como en poder creador, que expresará en la medida que las necesidades existenciales lo vayan requiriendo, en su ascenso evolutivo gradual, y como expresión de la voluntad de la Divinidad, de la cual es instrumento.
Es decir, en la medida que cada uno de los seres se vaya conociendo a sí mismo, en ese mismo grado reconocerá, en sí mismo, a Dios, el Ser Universal, percibiendo que todo es Uno.
La clave reside en conocerse a sí mismos, y percibir, en la propia conciencia, el lenguaje de los sentimientos con que, constantemente, se comunica el Ser Universal, con cada quien, en los cuatro reinos naturales.
Allí, en la conciencia, se expresa el conocimiento de la verdad universal, relativa a los valores universales, o atributos divinos, y el poder creador, en la medida, y grados, en que los va precisando.
Podemos concluir, contundentemente, que cada uno de los seres en los cuatro reinos naturales, ya conoce al Ser Universal, lo que ocurre es que no lo recuerda, aún, en la conciencia individual. Empero, cuando oportunamente le vuelva a percibir, en su esencia, se percatará de que ya le conocía.
Esta es la razón por la cual los sufíes practican el constante recuerdo del nombre de Dios. Recordando al Recordado, se Le llega a recordar, en un momento dado.
Es preciso tener presente que, donde se centra la atención se expande la conciencia perceptiva, comprensiva y realizadora.
Si se centra la propia conciencia en Dios, el Ser Universal, se comienza a percibirle y comprenderle, gradualmente, en mayor grado, cada vez más.
Se adquiere, simultáneamente, la conciencia de los atributos divinos, o valores universales, como aptitud perceptiva, comprensiva y realizadora, en armonía con los planes trazados en la Ley Cósmica.
Para comprender la naturaleza íntima de Dios, El Libro de los Espíritus, dice: (10) -“Necesitaría un sentido que le falta aún, por desarrollar”. (….).