domingo, 17 de marzo de 2019

EXÉGESIS 853



EXÉGESIS 853


©Giuseppe Isgró C.

Hay personas que, tan pronto se libran de un grave peligro, caen en otro; pareciera que no pueden evitar la desencarnación, no es esto una evidencia de fatalidad?
-“De fatal, en el verdadero sentido de la palabra, no existe más que el instante de la desencarnación; cuando el momento ha llegado, bien sea de una u otra forma, es imposible evitarla”-.
Esto admitido, sea cual fuere el peligro que nos amenace, no se desencarna si la hora no ha llegado?
-“Ciertamente, es así. Dios conoce, antes, cual es la modalidad de desencarnación para cada quien, y, con frecuencia, también vuestro Espíritu, ya que la conoció en el momento de elegir las pruebas existenciales, antes de encarnar”-.
Allan Kardec
El Libro de los Espíritus

EXÉGESIS: El estado de conciencia de cada ser, según la índole de sus pensamientos y sentimientos, palabras y actos, atraen a su vida, por efectos de resonancia magnética, y a la ley de justicia, compensación y afinidad, condiciones análogas de vida. Son semillas que, al sembrarlas, generan frutos análogos. Es una consecuencia de la ley de causa y efecto. Lo semejante atrae a lo semejante y repele lo contrario. Es preciso vibrar a frecuencias más elevadas, con pensamientos y sentimientos positivos, perdonando a todo ser que lo requiera, como un acto de auto-liberación. Solamente esto, deja en libertad a la ley de justicia divina que dicte el veredicto, en forma constante, y compense lo pertinente. Comenzará a fluir la nueva realidad anhelada, si se persiste, tenazmente, en la creación del nuevo estado de conciencia, en la estación pertinente. Elevar la frecuencia vital reubica a la persona en la nueva realidad en que anhela encontrarse. Hay que cultivar nuevas ideas, pensamientos y sentimientos positivos equivalentes a los valores universales del amor, justicia, fortaleza, templanza, belleza, prudencia, paciencia, vergüenza, deber, confianza y bondad, en conexión con la Divinidad, fuente de todo bien y poder creador. 
El Espíritu, intuye las pruebas existenciales que les son inherentes y las pruebas existenciales que deberá afrontar, gradualmente, en la vida. Debe afrontarlas con confianza y desapego, con la certeza de que triunfará de todas ellas. Las expectativas, positivas o negativas, siempre se cumplen. Cada ser se encuentra dotado de un servo mecanismo para generar el conocimiento y el poder creador necesario y suficiente, para triunfar de toda adversidad que se afronte. Toda necesidad genera un poder creador motivador para auto-satisfacerse, moviendo a la acción incesante hasta que se se alcance el objetivo preestablecido, en una eterna polarización de un estado de conciencia a otro más elevado. El ser se va depurando mediante los nuevos estados de conciencia cultivados, en sintonía con los valores universales y la Divinidad.  
La respuesta da varias claves: La desencarnación, generalmente, ocurre cuando está prevista en el plan de vida de cada ser, no antes ni después. Esto depende del propio plan existencia de cada ser, elaborado previamente a cada nueva reencarnación, aunque su plan de vida puede contemplar un plan de largo alcance, como estrategia, y la existencia en curso, como táctica. Significa que hay que dejar de preocuparse por ese final temporal, centrándose en lo esencial, que es vivir, optimizando resultados. Cada fase hay que abordarla en el momento en que se va generando, tal cual es, viendo más allá de las apariencias, con una expectativa universal de la vida.
Se vive en el mejor de los mundos posibles, de acuerdo a la perspectiva optimista de Leibniz. Si se hace lo que compete, siempre se obtendrán los resultados positivos pertinentes.
Hay que perfeccionar un método de vida centrado en los valores universales y en los elementos positivos, ya que el fin de la ley cósmica es el de coadyuvar a que cada ser obtenga el éxito en la vida, sea cual fuere la condición circunstancial en que se encuentre. Deberá trazar su nuevo plan existencial a partir del lugar en que se encuentre y a partir de ahí, trazar la ruta hasta la siguiente estación, ad infinitum.


miércoles, 13 de marzo de 2019

EXÉGESIS 852






EXÉGESIS 852

©Giuseppe Isgró C.


852.  Existen personas a quienes, pareciera que le persigue la fatalidad, independientemente de su modo de actuar, podría decirse que le persigue la desventura?

-“Puede darse que estas sean pruebas por las cuales deben pasar, por haberlas elegido, previamente, antes de encarnar, ellas mismas; pero, es preciso repetirlo: vosotros le achacáis al destino lo que, la mayoría de las veces, no es sino la consecuencia de vuestras propias acciones. En los males que os afligen, procurad de tener pura la conciencia, y seréis, ya, medios consolados”-.

Las ideas justas o falsas, que nos formamos de las cosas, nos permiten triunfar, o no, de acuerdo con nuestro concepto y condición social; pero, muchas personas encuentran más sencillo y menos humillante para su amor propio, atribuir los propios fallos en la obtención del éxito a la suerte o al destino, antes que a la propia culpa.
Si bien la asistencia espiritual contribuye, en ocasiones, nosotros nos podemos, siempre, sustraer, rechazándolas, cuando son negativas las ideas que nos son sugeridas.
Allan Kardec
El Libro de los Espíritus



Homero, al inicio de la Odisea, ponía en boca de Zeus, el siguiente comentario: -“¡Oh, dioses! ¡De qué modo culpan los mortales a los númenes! Dicen que las cosas malas vienen de nosotros, y son ellos quienes se atraen con sus locuras, infortunios no decretados por el destino”.
Efectivamente, existe una ley de causa y efecto que rige toda manifestación en la vida y en el universo. Si existe un efecto positivo o negativo, bueno o menos favorable, un estado de progreso o de estancamiento, de fortuna o adversidad, todo es fruto de nuestros pensamientos, sentimientos, palabras y actos, que fungen de semillas, según las cuales se cosechan los frutos análogos, ni más ni menos.
Algunas personas, al margen de todo esto, aspiran a los buenos resultados, pero no eligen, exactamente lo que anhelan, o entre las diversas opciones disponibles,  lo que desean, asumiéndolo como un compromiso consigo. Pasan, cada día, por una cosa diferente, sin precisar, y sin forjarse un objetivo claro al cual, persistentemente centrar la atención hasta convertirlo en realidad tangible, y realista, en la propia vida.
Todo es posible lograrlo, pero debe creerse en su factibilidad poniendo manos a las obras hasta transformar la idea en acción y luego en resultados. En todo hay que pagar un precio: en trabajo, estudio, dedicación, servicio, confianza y seguridad propia en lo que se anhela realizar. A esto, es preciso aplicar la escala de los valores esenciales: amor, justicia, prudencia, fortaleza, templanza, confianza, paciencia, persistencia y humildad. Es necesario avocarse al estudio para tener la visión clara de las cosas, montándose sobre los hombros de los gigantes que nos han precedido en la historia, para ver claro en la lejanía, sin perder de vista donde se dará el siguiente paso.
Si algo no nos agrada en los resultados que obtenemos, es preciso precisar lo que se quiere, y anteponerlo como un proyecto de vida, con objetivos a corto, mediano y largo plazo. Hay que abordar cada objetivo por su orden prioritario, uno a la vez. Al concluir el primero, pasar al segundo, y así sucesivamente, hasta alcanzarlos todos. Luego, pasar a la siguiente fase, enfocando la atención a los nuevos objetivos emergentes, teniendo a la vista los objetivos esenciales a largo plazo, para conservar las perspectivas de dónde se desea estar dentro de un año, cinco, diez, veinte, cincuenta o más años por delante.
Hay que empezar desde el lugar, y en las condiciones en que cada quien se encuentra. Con lo que se tiene o con lo que se es. Esas son las condiciones ideales para comenzar. A partir de ese estado de cosas se traza la nueva ruta, en sentido recto, que es la distancia más corta entre dos puntos. Si no se tiene un objetivo claro al cual enfocar el propio potencial creador, y si teniéndolo, la persona no desea involucrarse, haciendo lo que, a conciencia sabe lo que tiene que hacer, pero no desea fajarse como los buenos para realizarlo, entonces, no tiene ninguna razón, o justificación, para quejarse.
La queja es una reprobación a los planes de la Divinidad, que son perfectos, ya que, por su infinita sabiduría conoce lo que es mejor, por las previsiones de la ley cósmica,
Hay que emular a los que obtienen resultados favorables en todo lo que hacen, viendo en lo que se enfocan, emularlos, poniéndose en camino y manos a las obras. Luego, en el tiempo perfecto de Dios se obtienen los resultados que deben ser obtenidos, siempre.
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La Pregunta formulada por el Maestro de Lyon, -“Existen personas a quienes, pareciera que le persigue la fatalidad, independientemente de su modo de actuar, podría decirse que le persigue la desventura?”, encierra varias vertientes. La Primera de ella, es el estado de conciencia de percibir su realidad, es decir, de que anhela algo diferente a lo que le sucede y de la necesidad de efectuar un cambio en su vida, pero le cuesta hacerlo. Ciertamente, precisa, en primer lugar, aceptar la realidad que afronta tal cual es, y debe estudiarla para descifrarla y entender lo que le ocurre. Luego, en vez de rehuirla, y una vez aceptada con el propósito de triunfar, paciente y tenazmente, comenzará sentir como las fuerzas renacen en su interior y las ideas creativas comienzan a aflorar en su conciencia, con el sentimiento del amor, de la prudencia, de la vergüenza y de la justicia, asumiendo los compromisos inherentes a los cuales, antes rehuía y que ahora enfrenta con decisión de emanciparse a nuevos estados de conciencias. Esta es la primera clave: estimular un nuevo estado de conciencia más elevado, en armonía con los valores universales.
Por eso, en la respuesta, se expresa: -“En los males que os afligen, procurad de tener pura la conciencia, y seréis, ya, medios consolados”-.
Tener pura la conciencia significa centrar la atención en los valores esenciales del amor, de la prudencia, de la justicia, de la fortaleza, de la templanza y de la belleza, actuando dentro de los parámetros inherentes, con lo cual se comienzan a sembrar las nuevas semillas del cambio que se anhela, a vibrar a frecuencias más elevadas de pensamientos, sentimientos, comprensión y realización. Por añadidura, en tiempo oportuno comenzarán a fluir los nuevos frutos deseados. Cada logro, por pequeño que fuere, es un peldaño hacia uno mayor. La vida comienza a vivirse con un propósito.
La segunda clave consiste en percibir que, en esa realidad aparentemente adversa, constituye el orden divino, o cósmico, que por la ley de afinidad, justicia y compensación, cada ser se ubica, de acuerdo a su suma existencial. Esa realidad aparentemente adversa que enfrenta, lejos de ser algo para rehuir, constituye el campo de las nuevas oportunidades emergentes que las mismas situaciones encierran en sí mismas. Por eso el aforismo de: “Toda situación encierra en sí misma los recursos para resolverlas”, encierra una profunda sabiduría, y realidad. Desde el momento que se afronta determinada prueba, es porque estamos preparados para superarla, caso contrario, la prueba habría dejado de presentarse. La prueba se presenta, casi siempre, porque nosotros mismos la hemos elegido, en líneas generales, como propósito de vida, para adquirir experiencia y alcanzar nuevos y más elevados estados de conciencia.
La tercera clave es: Afrontar la realidad, tal cual y como es, sin evadirla, asumiendo el compromiso de transmutar el propio estado de conciencia a uno más elevado, como primer paso. Como segundo paso, compensar todo lo que debemos compensar, asumiendo el propio compromiso frente a las realidades afrontadas, sin perjudicar a nadie, al contrario, haciendo el mayor bien posible, a todos. Tanto más se da, tanto, o más se recibe.
Luego, al superar las pruebas existenciales auto-elegidas, que queda en libertad para abordar nuevos propósitos existenciales, que, al margen de lo que se pueda creer, también estaban previstas, tanto en el propio plan de vida, que mira a muy largo plazo, a muchos ciclos de vida por delante, como a la ley cósmica y al plan que la Divinidad tiene previsto para cada ser, y al plan del planeta de turno en el que se viva, dada la pluralidad de mundos habitados, hoy una realidad de la cual se adquiere mayor conciencia, cada vez con más amplitud.
La primera causa que generan las propias circunstancias existenciales son los pensamientos y los sentimientos, que, por la ley de atracción y repulsión, atraen a lo análogo de lo pensado y sentido, y ahuyentan lo opuesto, ya que los polos opuestos jamás se juntan. Si anhelamos situaciones positivas y de prosperidad integral en la propia vida, hay que pensar en polaridad positiva y con sentimientos de prosperidad y de servicio apegado al sentido de la justicia y de la compensación, para dar y recibir en la justa proporción. No hay manera de escapar a este orden natural de ley divina. Dar y recibir: Dando lo que los demás precisan, en bienes y servicios, se recibirá lo que se anhela, en la justa proporción. Al estar abiertos para dar, esa misma apertura permitirá que entre lo que se requiere.
Luego, la persistencia, jamás hay que abandonar a mitad de camino, y cuando las cosas se ponen menos fáciles hay que seguir adelante, sin abandonar. Es cuando se está más cerca de los resultados apetecidos. Cuando una persona se niega de abandonar su prueba a mitad de camino, es el instante en que se activan los poderes creadores de la mente y todas las fuerzas creativas del universo, y las inspiraciones e intuiciones se expresan en la propia conciencia, aportando las ideas claras y la visión, de cómo alcanzar los resultados apetecidos. Es la expresión de la ley cósmica que determina que al cumplir la prueba existencial asumida antes de encarnar, la misma vida coadyuva a llevar de las manos a la persona a su nueva fase de realización personal.
Por eso, siempre hay que confiar en el fin positivo de la vida en cualquier fase existencia l que se afronta. Todo lo que ocurre forma parte del pensum de la universidad de la vida, para adquirir experiencia, afrontando las necesidades emergentes en cada estación esencial.
Las pruebas elegidas contribuyen a la manifestación del escenario necesario necesario para adquirir la experiencia precisada. Pero, su superación implica creación de pensamientos y sentimientos positivos, ajustados a los valores esenciales de amor y justicia, servicio y acción, efectivos, ya que nada se logra sin trabajo justo y perfecto, aplicando el recto esfuerzo, la atención debida y la concentración de todos los recursos disponibles a la realización de un objetivo a la vez.
Es preciso dejar de quejarse, asumiendo las responsabilidades que nos son inherentes, y tomando las riendas de la vida en las propias manos.  Es a nosotros que nos corresponde realizar la tarea de lograr el cambio anhelado en nuestra existencia, hasta adquirir la experiencia y la auto-maestría gradual.
La culpa no es de los demás ni del destino, al contrario, la vida, y la ley cósmica, cooperarán con nosotros, si asumimos el rol de cooperar a la construcción de un mundo mejor, que es a lo que hemos venido a la existencia, pero, ese mundo mejor, se contribuye a crearlo mejorándonos a nosotros mismos.
Allan Kardec, comentaba: -“Si bien la asistencia espiritual contribuye, en ocasiones, nosotros nos podemos, siempre, sustraer, rechazándolas, cuando son negativas las ideas que nos son sugeridas”.
Esto significa que, así como existen seres que inspiran lo positivo, los hay que lo hacen en sentido opuesto. Es preciso discernir la diferencia, rechazando cualquier impulso interior en sentido negativo. Es ahí la importancia de los estados de pureza de la conciencia, centrando la atención en los valores universales o atributos divinos del amor y de la justicia, del bien y de la belleza, dejándose guiar por los sentimientos de vergüenza que advierten, como maestra de vida, de lo que es preciso evitar. La sintonía con el amor, la justicia, la belleza, la prosperidad, el servicio, como guías en todo propósito existencial, canaliza las inspiraciones e intuiciones propicias, y las fuerzas creadoras necesarias para superar cualquier prueba existencial, derivando la experiencia vital como salario cósmico: Nuestro salario cósmico lo constituye la experiencia que, por representa la suma existencial, que, por la ley de afinidad, nos ubica y reubica en el orden perfecto, en armonía con todos y con el todo. Aquí y ahora es el lugar correcto, y el momento oportuno, en el tiempo perfecto de la Divinidad.




lunes, 11 de marzo de 2019

EXÉGESIS 851



EXÉGESIS 851

©Giuseppe Isgró C.


851.   Podría decirse que existe una fatalidad en los eventos de la vida, que implique que los acontecimientos estén, ya, previamente preestablecidos? Y, en tal caso, donde residiría el libre albedrío?

-“La fatalidad no existe sino por la elección que el Espíritu ha hecho, encarnándose, de pasar por esta o aquella prueba, por cuanto, eligiendo, él se crea una especie de destino, que es la consecuencia misma de la condición en la cual se ha colocado. Bien entendido, pero, que aquí se habla de las pruebas físicas, dado que, en lo que se refiere a las pruebas morales y a las tentaciones, el Espíritu, quien conserva su libre albedrío, tanto para el bien como por el mal, es siempre dueño de ceder o de resistir. Un Espíritu bueno, viéndolo vacilar, puede moverse en su ayuda, pero no imponérsele dominando su voluntad; un Espíritu inferior, es decir de bajo nivel evolutivo, haciéndole ver una cosa por otra, o exagerándole un peligro, puede impresionarlo, asustándole; pero, por lo menos, la voluntad del Espíritu encarnado queda libre de toda coacción”-.
Allan Kardec
El Libro de los Espíritus


Es extraordinaria la percepción de la verdad expuesta en este parágrafo en relación a las pruebas previamente elegidas por el Espíritu antes de encarnar, que van a conformar su destino, en determinado grado, en el nuevo ciclo de vida. Esta realidad está conformada por diversas vertientes: En primer lugar, los objetivos que elige el mismo Espíritu, de manera que pueda desarrollar habilidades en aquellas áreas en que él comprende que precisa fortalecerse. Selecciona, también, determinadas pruebas para experimentar situaciones análogas a las que él ha ocasionado a otros, en vidas anteriores, como un aprendizaje. Otras, las elige para optimizar aquellas aptitudes que previamente ha fortalecido, bien sea aportando un bien a la sociedad, o un servicio, que van a fungir como vocación existencial, y que reflejarán sus puntos fuertes; mientras que las otras pruebas lo harán con sus  puntos menos fuertes.

Empero, en segundo  lugar, su suma existencial, por la ley de afinidad, previo el veredicto de la de justicia, la de igualdad y la de compensación, van ubicándolo o reubicándolo, automáticamente, en el nuevo orden que le corresponde en el concierto de todas las cosas, tanto por sus fortalezas como por sus debilidades, en el cual orden, podrá, en mejor forma, optimizar las primeras y fortalecer las segundas. Todo ello conlleva, paralelamente, el aprendizaje que precisa en uno o en otro sentido.

En tercer lugar, tenemos lo siguiente: dado que en el planeta tierra, o en el de turno en que se viva, en un determinado momento, existe un plan de vida y de estudios, que se va realizando en forma gradual, y sistemáticamente, por los pedagogos  planetarios, necesariamente, entre las pruebas existenciales y los estudios a realizar, se encuentran aquellos que se vinculan con este programa planetario. El orden en que su suma existencial le ha colocado, por acción efectiva de la ley de afinidad, previo auxilio de las de justicia, igualdad y compensación, le ubica en un ambiente afín de seres que se encuentran en una esfera mental evolutiva que va desde un grado mínimo hasta otro de mayor jerarquía, entre cuyos niveles cada quien recibe enseñanzas del que se encuentra en el rango superior y, a su vez, enseña, a los que les siguen, inmediatamente, en un justo y perfecto sistema y orden jerárquico, en la gran cadena evolutiva universal. Los afines se juntan en todos los niveles. También es cierto que, si bien a nivel físico, en un área específica, convivan millones de personas, a nivel espiritual, en la ecología mental –conformada por Espíritus encarnados y por los que se encuentran en la dimensión espiritual- cada quien puede formar parte de una esfera mental diferente, de acuerdo al grado evolutivo arrojado por su suma existencial. Pese a vivir en el mismo ambiente físico, viven en diferentes esferas mentales. Empero, por efectos de la resonancia magnética, los de nivel superior, en la escala evolutiva, influyen, positivamente, en los que les siguen en rango, tanto por la comunicación de contenidos mentales, vía telepática, como por el ejemplo, a nivel objetivo-visual.  Este efecto de influencia espiritual, se lleva a cabo, también, por interrelación entre las dimensiones espiritual y física, vía telepática, donde los Espíritus, cada uno en su respectivo nivel, aporta la ayuda o la influencia respectiva, pero, respetando, siempre, el libre albedrío de cada quien, como un derecho intrínseco de cada ser.