martes, 5 de noviembre de 2019

EXÉGESIS 598



EXÉGESIS 598.

©Giuseppe Isgró C.



598. El Espíritu de los animales, conserva después de la desencarnación, su individualidad y la conciencia de sí mismo?

-“Su individualidad sí; pero no la plena conciencia de su yo: la vida intelectiva permanece, en cierto modo, latente”-.
El Libro de los Espíritus
Allan Kardec



EXÉGESIS: Es preciso partir del hecho que existe una Ley cósmica que rige todo. Cada uno de los seres emanados a la conciencia individual en los cuatro reinos naturales, desde la Divinidad, sin separación y sin dejar de ser la Divinidad, con los mismos atributos inherentes a la Divinidad, y con una conciencia idéntica a la de la Divinidad, réplica exacta de la misma, y aún más, con el mismo poder creador en estado de potencialidad infinita, tienen un idéntico Espíritu. Lo único que le falta es la experiencia que, cada ser, en su respectiva función asignada por el orden natural de las cosas, irá adquiriendo, en forma gradual, ad infinitum, en la inacabable expansión de la Creación Universal.
Cada ser encarnado dispone de Espíritu, alma o periespíritu, o hilo de plata, como enlace entre el Espíritu y el cuerpo, y el cuerpo, como vehículo de expresión, en la dimensión física de la vida.
¿Dónde reside la diferencia? ¿Existe alguna diferencia en los procesos de reencarnación y desencarnación, entre los seres de los cuatro reinos naturales? Esa es la respuesta que cada persona debe buscar por sí misma, por la observación, el análisis, el estudio y la meditación, viendo más allá de las apariencias. Que cada persona lo haga o no, es un asunto particular de cada quien. La mayoría prefiere adoptar matrices de opiniones. Empero, antes o después, cada quien debe afrontar la realidad, ejerciendo su facultad de pensar, de meditar, de percibir, comprender y realizar por medio de la experiencia personal. Hay que aprender a ver por sí mismos la realidad; sin embargo, dado que a lo largo de la historia un gran número de seres han sido capaces de ver más allá de las apariencias, es necesario conocer la experiencia acumulada en el pensamiento universal y discernir entre la verdad y la falsedad, o percepción limitada de la misma.
Hecha esta acotación, la desencarnación, en cada ser de los cuatro reinos naturales, ocurre de una manera análoga. Cada ser en la dimensión física conserva una individualidad propia, y característica que denota el propio estado de conciencia por sus experiencias adquiridas a lo largo del proceso de vida por el que ha pasado en sus innumerables ciclos existenciales. Esa individualidad los animales la conservan en la dimensión espiritual, caso contrario, la vida no tendría sentido. La diferencia, al igual que en los humanos, reside en los grados desarrollos de los estados de conciencia en las infinitas estaciones de la vida.
Existen familias espirituales entre las especies de los diferentes reinos naturales, con idénticas facultades espirituales, con asistencias recíprocas, apoyándose mutuamente, inspirándose por el pensamiento y los sentimientos ideas y formas de sentir que advierte de peligros, les aportan soluciones, o salidas a situaciones difíciles, intuyen realidades que les son inherentes, y los lazos de afectos entre sí o entre seres de diferentes reinos se mantienen, no solamente entre los seres que han pasado a la dimensión espiritual, sino entre seres reencarnados , reconociendo, recíprocamente, los lazos de afinidad que les unen desde incontables eras pasadas. Muchos seres del reino animal vuelven a encontrarse con los humanos en diferentes existencias, y aún, dado los ciclos más cortos de vida de los animales, el reencuentro se vuelve a manifestar hasta varias veces en la vida de una persona. Los Espíritus de los animales vuelven a reencontrarse, reencarnados, en la vida de una persona; pero, también, en la dimensión espiritual.
Los lazos de afectos entre los humanos y los animales son tan intensos que no se pierden en el tiempo. Hay muchas pruebas en la dimensión física, y también, desde la dimensión espiritual con la física, donde el mundo animal expresa sus sentimientos de afecto y gratitud hacia determinados seres humanos.
En cuanto la depuración del velo que impide ver con claridad, se efectúe, las personas, en formas naturales, comenzarán a ver claro lo que se encuentra a la vista, pero que, prejuicios previos, o matrices de opiniones limitadas, asumidas sin pensar por millones de personas, limitan la percepción de la verdad. Esto debe ser corregido, pero, es un largo camino por delante, que aún hay que recorrer, sobre todo entre quienes se anclan en estados de conciencias que deben ser trascendidos a una manera más amplia de visión de la verdad.
Si nos acostumbramos a observar a cada ser de los cuatro reinos naturales, en su verdadera esencia, observaremos que no existe diferencia alguna, excepto por los roles que a cada ser le toca vivir en su respectiva área existencial.
La pregunta de Allan Kardec: ¿El Espíritu de los animales, conserva después de la desencarnación, su individualidad y la conciencia de sí mismo?, denota ya, una percepción de la realidad, es decir, la conservación de su individualidad y la conciencia de sí mismo. ¿Por qué habría de perderlas, sin constituyen atributos de cada ser? No tendría sentido la vida si eso ocurriese.
La respuesta, expresa: -“Su individualidad sí; pero no la plena conciencia de su yo: la vida intelectiva permanece, en cierto modo, latente”-.
Si conserva su individualidad, necesariamente lo hace, también, con sus estados de conciencia, ya que lo uno va aparejado con lo otro. La propia individualidad arrastra consigo las aptitudes desarrolladas, que significa capacidad perceptiva, comprensiva y realizadora, que no son otras cosas que los estados de conciencias perceptivos, comprensivos y realizadores. Repetimos: Dónde reside la diferencia? ¿Hay diferencias? La diferencia es de grado, pero no de forma o esencia, al igual que ocurre con los humanos, y en los reinos vegetal y mineral.
Al analizar las preguntas y respuestas subsiguientes, encontraremos elementos dignos de análisis.