EXÉGESIS 598.
©Giuseppe Isgró C.
598.
El Espíritu de los animales, conserva después de la desencarnación, su
individualidad y la conciencia de sí mismo?
-“Su individualidad sí; pero no la
plena conciencia de su yo: la vida intelectiva permanece, en cierto modo,
latente”-.
El Libro de los Espíritus
Allan Kardec
EXÉGESIS: Es preciso partir del hecho que existe una
Ley cósmica que rige todo. Cada uno de los seres emanados a la conciencia
individual en los cuatro reinos naturales, desde la Divinidad, sin separación y
sin dejar de ser la Divinidad, con los mismos atributos inherentes a la
Divinidad, y con una conciencia idéntica a la de la Divinidad, réplica exacta
de la misma, y aún más, con el mismo poder creador en estado de potencialidad
infinita, tienen un idéntico Espíritu. Lo único que le falta es la experiencia
que, cada ser, en su respectiva función asignada por el orden natural de las
cosas, irá adquiriendo, en forma gradual, ad infinitum, en la inacabable
expansión de la Creación Universal.
Cada ser encarnado dispone de Espíritu, alma o
periespíritu, o hilo de plata, como enlace entre el Espíritu y el cuerpo, y el
cuerpo, como vehículo de expresión, en la dimensión física de la vida.
¿Dónde reside la diferencia? ¿Existe alguna diferencia
en los procesos de reencarnación y desencarnación, entre los seres de los
cuatro reinos naturales? Esa es la respuesta que cada persona debe buscar por
sí misma, por la observación, el análisis, el estudio y la meditación, viendo
más allá de las apariencias. Que cada persona lo haga o no, es un asunto
particular de cada quien. La mayoría prefiere adoptar matrices de opiniones.
Empero, antes o después, cada quien debe afrontar la realidad, ejerciendo su
facultad de pensar, de meditar, de percibir, comprender y realizar por medio de
la experiencia personal. Hay que aprender a ver por sí mismos la realidad; sin
embargo, dado que a lo largo de la historia un gran número de seres han sido
capaces de ver más allá de las apariencias, es necesario conocer la experiencia
acumulada en el pensamiento universal y discernir entre la verdad y la
falsedad, o percepción limitada de la misma.
Hecha esta acotación, la desencarnación, en cada ser
de los cuatro reinos naturales, ocurre de una manera análoga. Cada ser en la
dimensión física conserva una individualidad propia, y característica que
denota el propio estado de conciencia por sus experiencias adquiridas a lo
largo del proceso de vida por el que ha pasado en sus innumerables ciclos
existenciales. Esa individualidad los animales la conservan en la dimensión
espiritual, caso contrario, la vida no tendría sentido. La diferencia, al igual
que en los humanos, reside en los grados desarrollos de los estados de
conciencia en las infinitas estaciones de la vida.
Existen familias espirituales entre las especies de
los diferentes reinos naturales, con idénticas facultades espirituales, con
asistencias recíprocas, apoyándose mutuamente, inspirándose por el pensamiento
y los sentimientos ideas y formas de sentir que advierte de peligros, les
aportan soluciones, o salidas a situaciones difíciles, intuyen realidades que
les son inherentes, y los lazos de afectos entre sí o entre seres de diferentes
reinos se mantienen, no solamente entre los seres que han pasado a la dimensión
espiritual, sino entre seres reencarnados , reconociendo, recíprocamente, los
lazos de afinidad que les unen desde incontables eras pasadas. Muchos seres del
reino animal vuelven a encontrarse con los humanos en diferentes existencias, y
aún, dado los ciclos más cortos de vida de los animales, el reencuentro se
vuelve a manifestar hasta varias veces en la vida de una persona. Los Espíritus
de los animales vuelven a reencontrarse, reencarnados, en la vida de una
persona; pero, también, en la dimensión espiritual.
Los lazos de afectos entre los humanos y los animales
son tan intensos que no se pierden en el tiempo. Hay muchas pruebas en la
dimensión física, y también, desde la dimensión espiritual con la física, donde
el mundo animal expresa sus sentimientos de afecto y gratitud hacia
determinados seres humanos.
En cuanto la depuración del velo que impide ver con
claridad, se efectúe, las personas, en formas naturales, comenzarán a ver claro
lo que se encuentra a la vista, pero que, prejuicios previos, o matrices de
opiniones limitadas, asumidas sin pensar por millones de personas, limitan la
percepción de la verdad. Esto debe ser corregido, pero, es un largo camino por
delante, que aún hay que recorrer, sobre todo entre quienes se anclan en
estados de conciencias que deben ser trascendidos a una manera más amplia de
visión de la verdad.
Si nos acostumbramos a observar a cada ser de los
cuatro reinos naturales, en su verdadera esencia, observaremos que no existe
diferencia alguna, excepto por los roles que a cada ser le toca vivir en su
respectiva área existencial.
La pregunta de Allan Kardec: ¿El Espíritu de los animales, conserva después de la desencarnación, su
individualidad y la conciencia de sí mismo?, denota ya, una percepción de
la realidad, es decir, la conservación de su individualidad y la conciencia de
sí mismo. ¿Por qué habría de perderlas, sin constituyen atributos de cada ser?
No tendría sentido la vida si eso ocurriese.
La respuesta, expresa: -“Su individualidad sí; pero no la plena
conciencia de su yo: la vida intelectiva permanece, en cierto modo, latente”-.
Si conserva su individualidad, necesariamente lo hace, también, con sus
estados de conciencia, ya que lo uno va aparejado con lo otro. La propia
individualidad arrastra consigo las aptitudes desarrolladas, que significa
capacidad perceptiva, comprensiva y realizadora, que no son otras cosas que los
estados de conciencias perceptivos, comprensivos y realizadores. Repetimos:
Dónde reside la diferencia? ¿Hay diferencias? La diferencia es de grado, pero
no de forma o esencia, al igual que ocurre con los humanos, y en los reinos
vegetal y mineral.
Al analizar las preguntas y respuestas subsiguientes, encontraremos
elementos dignos de análisis.
