EXÉGESIS 167
167. Cuál es la finalidad de la reencarnación?
-“La expiación y el
mejoramiento progresivo de la humanidad; sin lo cual, dónde estaría la
justicia?”
EL
LIBRO DE LOS ESPÍRITUS
Allan Kardec
Allan Kardec
EXÉGESIS:
En la vida, y en el
universo, observamos como todo acontece por ciclos alternos y repetitivos. Esto
es fruto de la infinita sabiduría de la Divinidad que lo ha determinado de esta
manera.
La ley del cambio rige
todo. La Divinidad ha querido que nada, físicamente hablando, permanezca para
siempre. Ni siquiera todos los mundos del universos que hoy existen, durarán
para siempre. Un día, gradualmente, al cumplir su respectivo ciclo, dejarán de
existir, y gradualmente, irán siendo sustituidos por otros que, con mucha
antelación, se han ido formando durante lapsos muy largos. Sólo este particular
sería suficiente para cambiar la visión de la realidad existente.
Cómo decía Cervantes, en el
Quijote, la Primavera sigue al verano; el verano al otoño; el otoño al invierno
y el invierno a la primavera, y ésta, nuevamente, al verano, y así
sucesivamente.
El Espíritu de cada ser en
los cuatro reinos naturales es eterno e inmortal. Emana a la conciencia
individual a partir de la Divinidad, sin separarse de la Divinidad, y sin dejar
de ser la Divinidad. Lo hace con los mismos atributos de la Divinidad. Siendo
una parte indivisa de la Divinidad, emana a la conciencia individual, cada
Espíritu en los cuatro reinos naturales, perfecto. Lo único que le falta, es la
experiencia, que irá adquiriendo en el eterno camino de retorno del ser
individual al Ser Universal, sin que jamás llegará a completar, por cuanto
siempre encontrará un más allá en EXPERIENCIAS y progreso.
La única diferencia que
existe entre los atributos de la Divinidad y los de cada uno de los Espíritus
de los cuatro reinos naturales, es que los de la Divinidad están desarrollados
en todas sus vertientes y variantes, en grado infinito. Mientras que, los de
los seres emanados a la conciencia individual, siendo exactamente los mismos,
potencialmente hablando, cada uno de los seres ignora que los posee y no sabe
como utilizarlos. Este aprendizaje lo irá adquiriendo en ese eterno camino de
retorno al cual se hacía referencia poco antes. En el mismo grado en que, cada
ser, va experimentando necesidades, deseos, anhelos, y se forja objetivos de
realización, paralelamente va expresando tanto la sabiduría de los atributos
divinos, o valores universales, que se expresan en su conciencia mediante el
lenguaje de los sentimientos análogos, como el poder creador potencialmente
infinito que posee. Mientras más elevado sea el grado de necesidad o de
exigencia que va afrontando, en ese mismo grado va expresando tanto la
sabiduría de los valores universales como su poder creador potencialmente
infinito.
La conciencia de cada ser
en los cuatro reinos naturales es una réplica exacta de la de la Divinidad, y
es el vehículo de comunicación entre la Divinidad y cada ser por medio del
lenguaje de los sentimientos de los valores universales o atributos divinos. En
la conciencia de la Divinidad, y en la de cada ser, se encuentra impresa la LEY
CÓSMICA, eterna e inmutable.
Como cada ser da inicio a
su camino del eterno retorno hacía la Divinidad sin experiencias, y éstas las
va adquiriendo en forma gradual, es natural que, mientras va adquiriéndolas,
incurra en errores. Ese eterno aprendizaje le va permitiendo el conocimiento de
las leyes naturales que conforman la ley cósmica, hasta ir amoldando sus
pensamientos, sentimientos, palabras y actos a la guía de los parámetros de los
valores universales, que constituyen el medio que la misma Divinidad tiene para
ejercer su rol de Gran Pedagogo, en la conciencia de cada ser.
Cada ciclo de vida física
es una jornada de ese eterno camino de retorno y una estación de los infinitos
grados de experiencias que va adquiriendo, gradualmente, y por méritos propios.
Se diría que la misma Divinidad precisa adquirir la experiencia, y la va
adquiriendo por medio de cada uno de los seres mediante los cuales ha emanado a
la conciencia individual.
De manera que, las
inmutables leyes cósmicas constituyen la guía mediante la cual enmarcar esa
conducta que se expresa a partir de los pensamientos y sentimientos, en
palabras y actos. Cuando hablamos de expiación, no es más que un aprendizaje
vivo, o en vivo, del conocimiento de esas leyes naturales. Cada ciclo de vida
en la dimensión física, es una nueva oportunidad de adquirir experiencia en
determinados estados de conciencia, y estaciones, es decir, grados de
conciencia en cada uno de los atributos divinos, o valores universales. Esa es
la razón por la cual, frecuentemente, suele decirse, que el mejoramiento de la
humanidad es una cuestión de valores. Al adquirirse conciencia de los
parámetros de los valores universales que han de regir los pensamientos,
sentimientos, palabras y actos, cada ser comienza a vivir en armonía con la
naturaleza, y se va gestando ese mundo ideal con el cual cada quien sueña, como
una percepción intuitiva, o inspirativa, de ese destino universal que le está
deparado.
Hay un plan universal para
el universo; y para cada ser. Cada ser, en los cuatro reinos naturales, es un
instrumento de la Divinidad en la expansión de la Creación. La ley del cambio,
y la ley de la reencarnación, rigen esa eterna vida y continuada mediante
ciclos en la dimensión física..
Si hasta el mayor planeta
del universo, en la inmensidad de galaxias hoy existentes, se renovará en
nuevos ciclos, con la formación de un planeta sustituto que albergará a su
respectiva humanidad, o a las humanidades que confluyen de diversos mundos
anteriores, es un indicativo de que una sola es la ley cósmica que rige todo en
el universo. Esa ley de reencarnación y de cambio, rige toda la naturaleza. La
Divinidad ha estimado que nada debe permanecer estático.
Si la vida física fuese de
una duración eterna como la del Espíritu, podríamos imaginar que algunos de los
mayores tiranos de la antigüedad seguirían gobernando todavía. Sólo por poner
un ejemplo.
El placer y el dolor, el
dulce y el amargo, la satisfacción y la insatisfacción, la noche y el día, las
estaciones, los ciclos en todas sus formas, son medios para adquirir
discernimiento sobre la realidad, la verdad, que sirva de guía en la toma de
decisiones.
Un tema para seguir
meditando.........

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