jueves, 26 de diciembre de 2019

EXÉGESIS 167





EXÉGESIS 167

167. Cuál es la finalidad de la reencarnación?
-“La expiación y el mejoramiento progresivo de la humanidad; sin lo cual, dónde estaría la justicia?”
EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS
Allan Kardec


EXÉGESIS:
En la vida, y en el universo, observamos como todo acontece por ciclos alternos y repetitivos. Esto es fruto de la infinita sabiduría de la Divinidad que lo ha determinado de esta manera.
La ley del cambio rige todo. La Divinidad ha querido que nada, físicamente hablando, permanezca para siempre. Ni siquiera todos los mundos del universos que hoy existen, durarán para siempre. Un día, gradualmente, al cumplir su respectivo ciclo, dejarán de existir, y gradualmente, irán siendo sustituidos por otros que, con mucha antelación, se han ido formando durante lapsos muy largos. Sólo este particular sería suficiente para cambiar la visión de la realidad existente.
Cómo decía Cervantes, en el Quijote, la Primavera sigue al verano; el verano al otoño; el otoño al invierno y el invierno a la primavera, y ésta, nuevamente, al verano, y así sucesivamente.
El Espíritu de cada ser en los cuatro reinos naturales es eterno e inmortal. Emana a la conciencia individual a partir de la Divinidad, sin separarse de la Divinidad, y sin dejar de ser la Divinidad. Lo hace con los mismos atributos de la Divinidad. Siendo una parte indivisa de la Divinidad, emana a la conciencia individual, cada Espíritu en los cuatro reinos naturales, perfecto. Lo único que le falta, es la experiencia, que irá adquiriendo en el eterno camino de retorno del ser individual al Ser Universal, sin que jamás llegará a completar, por cuanto siempre encontrará un más allá en EXPERIENCIAS y progreso.
La única diferencia que existe entre los atributos de la Divinidad y los de cada uno de los Espíritus de los cuatro reinos naturales, es que los de la Divinidad están desarrollados en todas sus vertientes y variantes, en grado infinito. Mientras que, los de los seres emanados a la conciencia individual, siendo exactamente los mismos, potencialmente hablando, cada uno de los seres ignora que los posee y no sabe como utilizarlos. Este aprendizaje lo irá adquiriendo en ese eterno camino de retorno al cual se hacía referencia poco antes. En el mismo grado en que, cada ser, va experimentando necesidades, deseos, anhelos, y se forja objetivos de realización, paralelamente va expresando tanto la sabiduría de los atributos divinos, o valores universales, que se expresan en su conciencia mediante el lenguaje de los sentimientos análogos, como el poder creador potencialmente infinito que posee. Mientras más elevado sea el grado de necesidad o de exigencia que va afrontando, en ese mismo grado va expresando tanto la sabiduría de los valores universales como su poder creador potencialmente infinito.
La conciencia de cada ser en los cuatro reinos naturales es una réplica exacta de la de la Divinidad, y es el vehículo de comunicación entre la Divinidad y cada ser por medio del lenguaje de los sentimientos de los valores universales o atributos divinos. En la conciencia de la Divinidad, y en la de cada ser, se encuentra impresa la LEY CÓSMICA, eterna e inmutable.
Como cada ser da inicio a su camino del eterno retorno hacía la Divinidad sin experiencias, y éstas las va adquiriendo en forma gradual, es natural que, mientras va adquiriéndolas, incurra en errores. Ese eterno aprendizaje le va permitiendo el conocimiento de las leyes naturales que conforman la ley cósmica, hasta ir amoldando sus pensamientos, sentimientos, palabras y actos a la guía de los parámetros de los valores universales, que constituyen el medio que la misma Divinidad tiene para ejercer su rol de Gran Pedagogo, en la conciencia de cada ser.
Cada ciclo de vida física es una jornada de ese eterno camino de retorno y una estación de los infinitos grados de experiencias que va adquiriendo, gradualmente, y por méritos propios. Se diría que la misma Divinidad precisa adquirir la experiencia, y la va adquiriendo por medio de cada uno de los seres mediante los cuales ha emanado a la conciencia individual.
De manera que, las inmutables leyes cósmicas constituyen la guía mediante la cual enmarcar esa conducta que se expresa a partir de los pensamientos y sentimientos, en palabras y actos. Cuando hablamos de expiación, no es más que un aprendizaje vivo, o en vivo, del conocimiento de esas leyes naturales. Cada ciclo de vida en la dimensión física, es una nueva oportunidad de adquirir experiencia en determinados estados de conciencia, y estaciones, es decir, grados de conciencia en cada uno de los atributos divinos, o valores universales. Esa es la razón por la cual, frecuentemente, suele decirse, que el mejoramiento de la humanidad es una cuestión de valores. Al adquirirse conciencia de los parámetros de los valores universales que han de regir los pensamientos, sentimientos, palabras y actos, cada ser comienza a vivir en armonía con la naturaleza, y se va gestando ese mundo ideal con el cual cada quien sueña, como una percepción intuitiva, o inspirativa, de ese destino universal que le está deparado.
Hay un plan universal para el universo; y para cada ser. Cada ser, en los cuatro reinos naturales, es un instrumento de la Divinidad en la expansión de la Creación. La ley del cambio, y la ley de la reencarnación, rigen esa eterna vida y continuada mediante ciclos en la dimensión física..
Si hasta el mayor planeta del universo, en la inmensidad de galaxias hoy existentes, se renovará en nuevos ciclos, con la formación de un planeta sustituto que albergará a su respectiva humanidad, o a las humanidades que confluyen de diversos mundos anteriores, es un indicativo de que una sola es la ley cósmica que rige todo en el universo. Esa ley de reencarnación y de cambio, rige toda la naturaleza. La Divinidad ha estimado que nada debe permanecer estático.
Si la vida física fuese de una duración eterna como la del Espíritu, podríamos imaginar que algunos de los mayores tiranos de la antigüedad seguirían gobernando todavía. Sólo por poner un ejemplo.
El placer y el dolor, el dulce y el amargo, la satisfacción y la insatisfacción, la noche y el día, las estaciones, los ciclos en todas sus formas, son medios para adquirir discernimiento sobre la realidad, la verdad, que sirva de guía en la toma de decisiones.
Un tema para seguir meditando.........


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