SERVIR
EN EL ORDEN PERFECTO
©Giuseppe
Isgró C.
Toda persona, en cualquier
nivel de sus estados de conciencias, experiencia y desarrollo de aptitudes,
actitudes y virtudes, posee determinado grado de percepción, comprensión y
capacidad de realización, o ausencia de la misma por encima de sus limitaciones
temporales.
En cualquier nivel de
conciencia en que se encuentra la persona, en el planeta tierra, u otro de
turno en que pueda encontrarse, en ese nivel viene a su existencia actual con
un determinado rol en el que precisa desempeñarse para cumplir sus objetivos
existenciales. Al mismo tiempo, para realizarlos, precisa, antes, brindar un
servicio en el entorno en que se desempeña.
Sea cual fuere el grado de
ineptitud que posea cualquier ser, en los cuatro reinos naturales, viene a la
vida dotado de un saber innato y poder creativo, y creador, potencialmente infinito.
Aunque carente de determinada experiencia, su objetivo existencial es
adquirirla de acuerdo a su propio plan de vida, y al respectivo plan de aprendizaje
del planeta de turno, acorde a su nivel de conciencia y experiencia.
En el citado nivel de
aptitud, y actitud inherente, cada ser pertenece a un orden específico, que
comparte con una inmensa cantidad de seres, en el planeta tierra, y en
numerosos otros mundos, conformando una esfera mental, con objetivos y metas de
desarrollo, con maestros temporales que guiarán, de acuerdo al plan de vida de
cada quien, y al plan de desarrollo del planeta respectivo. Cada ser representa
un aporte de servicio, que, automáticamente, pasará al mando de un maestro que
rige determinado grado de actividad. Al adquirir la experiencia inherente al
nivel en que se desenvuelve, se encuentra preparado para ascender al siguiente
grado de desarrollo de sus facultades, para adquirir la experiencia que le
faculta para asumir nuevos roles de desempeño.
En un ciclo existencial,
cada ser puede pasar bajo la dirección de diferentes instructores de turno, y
cada uno le prepara para el siguiente. Gradualmente, cada quien se va
percatando como un fase anterior le ha preparado para la actual y la presente
le está preparando para la siguiente. Es fácil percibirlo, con el tiempo,
mirando hacia atrás, en su actual ciclo de vida, como una etapa preparó para la
siguiente.
Peter Drucker, uno de los
pensadores más profundos del siglo XX, con un excelente aporte al desarrollo de
la Gerencia Moderna, percibió como toda persona, precisa efectuar un cambio
importante en sus actividades para adecuarse a las inquietudes de los tiempos, y a las realidades del mercado. Esto, para
mantener un desarrollo sustentable en el espacio y tiempo, de acuerdo al plan general
de estudios y trabajo esencial en el planeta, de acuerdo a las nuevas
necesidades emergentes. Drucker,
asignaba a cada uno de estos ciclos un lapso aproximado de 15 años. Lo cual
indica que, al margen del éxito alcanzado en un área determinada de desempeño,
es preciso prepararse para la siguiente fase, para permanecer en el mercado.
Poderosas empresas que dejaron
de prepararse, a tiempo, desaparecieron del escenario del mercado, al igual que
incontables profesionales, técnicos y trabajadores en todas las facetas y
vertientes. Quien se prepara y asume los retos que traen las nuevas inquietudes
de los tiempos, en cada época, son quienes mejor aprovechan las oportunidades
emergentes. Los otros,, o bien salen del escenario del mercado, o, al no adaptarse
a las nuevas realidades, desmejoran su nivel de bienestar. Nada que no se pueda
observar, si se mira bien, con atención, en el propio entorno.
En cualquier momento, toda
persona posee fortalezas y debilidades; precisa optimizar las primeras y
transmutar las segundas en puntos fuertes. Esto, a cualquier edad en que se
encuentre la persona, ya que cada fase existencial tiene su propio aprendizaje
que realizar y aporte de servicio que brindar, en un perfecto equilibrio entre
la ley de oferta y demanda de determinados bienes y servicios, tal como lo
enuncia la Ley de Say: -“Toda oferta genera su propia demanda; toda demanda, su
propia oferta”. Empero, las nuevas demandas de bienes y servicios, podrán
satisfacerlas quienes con tiempo se han preparado interpretando los signos de
los tiempos emergentes.
Jamás se debe aceptar la
limitación de ninguna particularidad, de edad u otra condición, para dejar de
aprender y adecuarse a los tiempos que corren. Aún a los cien años, si la
persona alcanzó ese nivel de longevidad, se debe continuar estudiando, para
alcanzar niveles más elevados de comprensión, y la experiencia inherente. Todo
aprendizaje de hoy, es una experiencia que servirá mañana, o en el siguiente
ciclo de vida. La edad más avanzada es la más propicia para adquirir niveles
más elevados de comprensión. También, cada quien, en su respectivo grado, debe
compartir su experiencia, ya que, enseñando es como mejor se aprende, ya que,
cada persona a quien se transmite conocimiento, a su vez es una comunicadora de
experiencias, que enriquece al instructor. Se precisa compartir la propia
experiencia con niños, jóvenes, ya que
ellos vienen a la nueva existencia con ideales renovadores de progreso, que
enriquecerán el porvenir. Nadie debería jubilarse a ninguna edad, ya que,
siempre tendrá la oportunidad de servir transmitir a las nuevas generaciones su
experiencia, y a la vez, absorber, de ellas, los ideales renovadores para la
época siguiente.
Igualmente, el entorno
presenta, para cada quien, oportunidades y amenazas. Las primeras hay que
aprovecharlas mediante el aporte de bienes y servicios que satisfagan las
necesidades insatisfechas, o los anhelos de las personas de mayor poder
adquisitivos. Hay que prepararse, para ellos, detectando las necesidades
insatisfechas del mercado. Las amenazas del entorno, se pueden controlar con el
conocimiento adecuado, con la actitud correcta.
Toda situación que se
afronta, en la vida, y en el mercado, presenta sus propios medios para
resolverlas, aprovechando la oportunidad inherente que trae consigo.
En cualquier fase
existencial, si se presenta una situación para resolver, es porque se está en
condiciones de hacerlo; caso contrario, jamás se habría presentado. Esto aporta elementos de tranquilidad y seguridad:
Siempre se puede si se cree en la posibilidad inherente.
El planeta se encuentra en
tiempos de cambios hacia mejores niveles de percepciones, comprensiones y
capacidades realizadoras para ascender a nuevos estados y estaciones de
conciencia. Esto no será por generación espontánea, a pesar de la influencia positiva, y
modeladora, de la resonancia magnética, sino mediante un proceso gradual, de
acuerdo a un estricto plan de vida individual, y colectivo, acordes a los
planes de desarrollo trazados por el
Gran Arquitecto del Universo en la Ley cósmica. Por supuesto que, lo que parece
casualidad, obedece a una estricta causalidad. Es decir, los campos morfogenéticos,
y saltos cuánticos, comunican la visión gradual de las nuevas fases de
desarrollo, cuyo espectro tiene incontable números de vertientes y variantes,
que, cada quien, en su respectivo nivel, aprovechará en forma apropiada.
Como muy bien lo expresaba
Hermes Trismegisto, en el Kybalión, en la más remota antigüedad, cada quien
instruye, o guía, en los niveles inferiores y sirve, o es guiado, en los
superiores. (Parafraseado).
La suma existencial
alcanzada, en cada ciclo, por todo ser, le ubica, o reubica, en el orden
perfecto que le corresponde, de acuerdo a la ley de afinidad, en estricta
correspondencia con la ley de justicia, cuyo fiel señala el cuanto, el dónde y
el por qué, el cómo, el cuándo y el con quién.
680: En
El Libro de los Espíritus, se lee:
¿Existen seres humanos cuya ineptitud para cualquier tipo de trabajo le
rinda inútil la propia existencia?
-“Dios,
en su justicia, no condena sino a quien vegeta en voluntaria inutilidad, por
cuanto vive a costo del trabajo ajeno. Pero, Él quiere que cada ser se rinda
útil en proporción de las propias fuerzas”-. (Ver Nº 643).
Adelante.
