sábado, 28 de diciembre de 2019

EXÉGESIS N° 982




EXÉGESIS N° 982

©Giuseppe Isgró C.


982. Es necesario profesar el Espiritismo, o creer en sus manifestaciones, para ser felices en la dimensión espiritual?
-“Si así fuese, se deduciría que todos aquellos que no crean, o no tuvieron la posibilidad de convencerse, estarían destinados a la infelicidad, lo que sería absurdo. Solamente la práctica del bien es la que proporciona la felicidad, y el bien es siempre bien, sea cual fuere la vía que al mismo conduzca”-. (Ver Nº 165 y 799).
-“La creencia en el Espiritismo ayuda al ser humano a mejorarse, esclareciéndole las ideas sobre determinados puntos del porvenir y acelera el progreso de los individuos, de la humanidad, por cuanto les demuestra lo que serán un día, y es, por lo tanto, un punto de apoyo, una luz que guía. El Espiritismo enseña a soportar las pruebas con paciencia y resignación, y contribuye a que sean evitados aquellos eventuales actos que podrían retardar la felicidad en la dimensión espiritual. De esta manera, contribuye a abreviar la vía que conduce a la meta; empero, aún sin él se puede llegar”.
El Libro de los Espíritus
Allan Kardec


EXÉGESIS
Esta pregunta denota la profunda agudeza pedagógica del maestro Allan Kardec y su comprensión de la verdad universal. La respuesta, como todas las de la obra, es lúcida y certera, y aporta el conocimiento que bien valdría lo asimilaran las personas de las diversas corrientes de pensamiento, por cuanto es válida para todos.
Ningún camino es excluyente de los demás; todos conducen al centro, al igual que los rayos de una rueda de bicicleta, se encuentran conectados al centro, a la fuente, al núcleo, al UNO, y todos conforman la RUEDA UNIVERSAL, con el signo más representando la eterna polarización, recorriendo el camino en la espiral evolutiva de la Creación.
El Espiritismo, es representativo de la Doctrina Universal, ésta, está conformada por todas las corrientes de pensamiento, y por todo el bagaje evolutivo alcanzado por todos los seres, en el planeta tierra, y en todos los mundos del universo.
Pero, a toda la Doctrina Universal actual, hay que agregar toda la que, en la eternidad, los seres, a nivel universal, es decir, en todos los mundos del universo, habrán de desarrollar sin límites algunos. Por encima de la Doctrina Universal se encuentra la VERDAD UNIVERSAL, representada por la LEY CÓSMICA, y ésta, a su vez, está conformada por todas las leyes auxiliares existentes en todos los ámbitos de la vida universal, en todas las dimensiones, variantes y vertientes, en los niveles que van del cero grado al infinito, sin límites de ninguna naturaleza, en el espacio y en el tiempo: en la inmensidad y en la eternidad, en tiempo presente, siempre.
Cada una de las leyes cósmicas, se encuentra sustentada por su respectivo valor universal, que corresponde a cada uno de los atributos divinos del Creador Universal, con doble polaridad positiva-negativa.
De esta polaridad, es de donde nace la eterna polarización, es decir, el paso de un estado evolutivo a otro más avanzado, en un proceso eterno.
Tan pronto se alcanza un grado, que constituía la polaridad positiva, en relación al anterior, que era el punto de partida, se transforma en negativa en relación con la nueva meta que percibe, y que oportunamente, alcanzará.
De manera que, lo que existe a nivel universal, es la VERDAD UNIVERSAL TOTAL, la representada por la Doctrina Universal, hasta un momento dado, más la que eternamente conquistará, sin límites algunos, como fue, ya, dicho. Por lo cual, es intrascendente la denominación que se le de a la percepción parcial de la verdad universal: es un grado de la VERDAD UNIVERSAL.
Es preciso hablar de Doctrina Universal que engloba a todo el conocimiento acumulado. Es oportuno recordar que los seres en los demás reinos naturales, además del humano, es decir: animal, vegetal y mineral, contiene un conocimiento que forma parte de la Doctrina Universal y de la Verdad Universal, que es preciso tener presente, ya que, cada uno de los Espíritus de los cuatro reinos naturales, realiza una labor en la gran obra, y todos conforman una UNIDAD, y en cada uno se encuentra un conocimiento acumulado, y otro por desarrollar, en el eterno presente.
Todos esos valores universales, que conforman los atributos divinos del Creador Universal, soportes de las leyes auxiliares y de la Ley Cósmica, se encuentran impresos en la CONCIENCIA DEL SER UIVERSAL.
Siendo cada Espíritu, en los cuatro reinos naturales, una emanación a la CONCIENCIA INDIVIDUAL, en un momento dado, y conformado de la misma naturaleza espiritual del Creador, con sus mismos atributos divinos (valores Universales), impresos en su conciencia, y siendo la conciencia de cada ser, una réplica de la del Creador, ÉL, en esa perfecta UNIDAD de la RUEDA UNIVERSAL (el Círculo y el Signo Más), se comunica, con cada ser, por el lenguaje de los sentimientos equivalentes a los valores universales, dentro de la conciencia, donde inspira el conocimiento y la FUERZA FUNDAMENTAL.
Cada ser, sin importar su ubicación en la escala evolutiva, se encuentra conectado con la fuente, al igual que el rayo de la Rueda con el Centro, formando, cada ser, una unidad con el CREADOR, -EL CENTRO DE LA RUEDA- y con el Todo, los demás seres que la conforman, donde, cada quien, es el caminante, (el ser individual), el camino que conduce a la fuente (el rayo de la rueda, formado por cada ser en los cuatro reinos), y la FUENTE, conformada por el CENTRO, el SER UNIVERSAL. Es allí, que el ser individual percibe que él es, también, la fuente: el Creador, formando una unidad perfecta e indisoluble con Él.


jueves, 26 de diciembre de 2019

EXÉGESIS 167





EXÉGESIS 167

167. Cuál es la finalidad de la reencarnación?
-“La expiación y el mejoramiento progresivo de la humanidad; sin lo cual, dónde estaría la justicia?”
EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS
Allan Kardec


EXÉGESIS:
En la vida, y en el universo, observamos como todo acontece por ciclos alternos y repetitivos. Esto es fruto de la infinita sabiduría de la Divinidad que lo ha determinado de esta manera.
La ley del cambio rige todo. La Divinidad ha querido que nada, físicamente hablando, permanezca para siempre. Ni siquiera todos los mundos del universos que hoy existen, durarán para siempre. Un día, gradualmente, al cumplir su respectivo ciclo, dejarán de existir, y gradualmente, irán siendo sustituidos por otros que, con mucha antelación, se han ido formando durante lapsos muy largos. Sólo este particular sería suficiente para cambiar la visión de la realidad existente.
Cómo decía Cervantes, en el Quijote, la Primavera sigue al verano; el verano al otoño; el otoño al invierno y el invierno a la primavera, y ésta, nuevamente, al verano, y así sucesivamente.
El Espíritu de cada ser en los cuatro reinos naturales es eterno e inmortal. Emana a la conciencia individual a partir de la Divinidad, sin separarse de la Divinidad, y sin dejar de ser la Divinidad. Lo hace con los mismos atributos de la Divinidad. Siendo una parte indivisa de la Divinidad, emana a la conciencia individual, cada Espíritu en los cuatro reinos naturales, perfecto. Lo único que le falta, es la experiencia, que irá adquiriendo en el eterno camino de retorno del ser individual al Ser Universal, sin que jamás llegará a completar, por cuanto siempre encontrará un más allá en EXPERIENCIAS y progreso.
La única diferencia que existe entre los atributos de la Divinidad y los de cada uno de los Espíritus de los cuatro reinos naturales, es que los de la Divinidad están desarrollados en todas sus vertientes y variantes, en grado infinito. Mientras que, los de los seres emanados a la conciencia individual, siendo exactamente los mismos, potencialmente hablando, cada uno de los seres ignora que los posee y no sabe como utilizarlos. Este aprendizaje lo irá adquiriendo en ese eterno camino de retorno al cual se hacía referencia poco antes. En el mismo grado en que, cada ser, va experimentando necesidades, deseos, anhelos, y se forja objetivos de realización, paralelamente va expresando tanto la sabiduría de los atributos divinos, o valores universales, que se expresan en su conciencia mediante el lenguaje de los sentimientos análogos, como el poder creador potencialmente infinito que posee. Mientras más elevado sea el grado de necesidad o de exigencia que va afrontando, en ese mismo grado va expresando tanto la sabiduría de los valores universales como su poder creador potencialmente infinito.
La conciencia de cada ser en los cuatro reinos naturales es una réplica exacta de la de la Divinidad, y es el vehículo de comunicación entre la Divinidad y cada ser por medio del lenguaje de los sentimientos de los valores universales o atributos divinos. En la conciencia de la Divinidad, y en la de cada ser, se encuentra impresa la LEY CÓSMICA, eterna e inmutable.
Como cada ser da inicio a su camino del eterno retorno hacía la Divinidad sin experiencias, y éstas las va adquiriendo en forma gradual, es natural que, mientras va adquiriéndolas, incurra en errores. Ese eterno aprendizaje le va permitiendo el conocimiento de las leyes naturales que conforman la ley cósmica, hasta ir amoldando sus pensamientos, sentimientos, palabras y actos a la guía de los parámetros de los valores universales, que constituyen el medio que la misma Divinidad tiene para ejercer su rol de Gran Pedagogo, en la conciencia de cada ser.
Cada ciclo de vida física es una jornada de ese eterno camino de retorno y una estación de los infinitos grados de experiencias que va adquiriendo, gradualmente, y por méritos propios. Se diría que la misma Divinidad precisa adquirir la experiencia, y la va adquiriendo por medio de cada uno de los seres mediante los cuales ha emanado a la conciencia individual.
De manera que, las inmutables leyes cósmicas constituyen la guía mediante la cual enmarcar esa conducta que se expresa a partir de los pensamientos y sentimientos, en palabras y actos. Cuando hablamos de expiación, no es más que un aprendizaje vivo, o en vivo, del conocimiento de esas leyes naturales. Cada ciclo de vida en la dimensión física, es una nueva oportunidad de adquirir experiencia en determinados estados de conciencia, y estaciones, es decir, grados de conciencia en cada uno de los atributos divinos, o valores universales. Esa es la razón por la cual, frecuentemente, suele decirse, que el mejoramiento de la humanidad es una cuestión de valores. Al adquirirse conciencia de los parámetros de los valores universales que han de regir los pensamientos, sentimientos, palabras y actos, cada ser comienza a vivir en armonía con la naturaleza, y se va gestando ese mundo ideal con el cual cada quien sueña, como una percepción intuitiva, o inspirativa, de ese destino universal que le está deparado.
Hay un plan universal para el universo; y para cada ser. Cada ser, en los cuatro reinos naturales, es un instrumento de la Divinidad en la expansión de la Creación. La ley del cambio, y la ley de la reencarnación, rigen esa eterna vida y continuada mediante ciclos en la dimensión física..
Si hasta el mayor planeta del universo, en la inmensidad de galaxias hoy existentes, se renovará en nuevos ciclos, con la formación de un planeta sustituto que albergará a su respectiva humanidad, o a las humanidades que confluyen de diversos mundos anteriores, es un indicativo de que una sola es la ley cósmica que rige todo en el universo. Esa ley de reencarnación y de cambio, rige toda la naturaleza. La Divinidad ha estimado que nada debe permanecer estático.
Si la vida física fuese de una duración eterna como la del Espíritu, podríamos imaginar que algunos de los mayores tiranos de la antigüedad seguirían gobernando todavía. Sólo por poner un ejemplo.
El placer y el dolor, el dulce y el amargo, la satisfacción y la insatisfacción, la noche y el día, las estaciones, los ciclos en todas sus formas, son medios para adquirir discernimiento sobre la realidad, la verdad, que sirva de guía en la toma de decisiones.
Un tema para seguir meditando.........