domingo, 14 de abril de 2019

EXÉGESIS No. 18



EXÉGESIS No. 18

©Giuseppe Isgró C.



18. Penetrará el ser humano, un día, el misterio de las cosas, que ahora le están ocultas?

–“Los ojos se le abren al mismo tiempo que él se purifica; pero, para comprender algunas cosas, necesita facultades que todavía no posee”-.
Allan Kardec
El Libro de los Espíritus




El Espíritu está dotado de un poder potencialmente infinito, expresado en dos vertientes: la primera, de percepción del conocimiento; la segunda, de acción creadora.

Cuando en la primera parte de la respuesta se indica:

–“Los ojos se le abren al mismo tiempo que él se purifica”, el estado de purificación de la persona, implicaría una depuración de su Espíritu en los asuntos “materiales” de la existencia, sensibilizando su ser en las cosas elevadas de la vida. Centrando su atención en las preguntas que inquietan su conciencia, se les abren los ojos de la comprensión intuitiva, e inspirativa, que le permiten percibir la información que precisa, sabiendo lo que quiere saber.

Esto implica descentrar la atención del ego, de los sentidos físicos, de la lógica inductiva y deductiva, emancipándose de la conciencia objetiva para acceder a la visión espiritual, a un nivel de conciencia trascendental. La segunda parte de la respuesta, expresa: “pero, para comprender algunas cosas, necesita facultades que todavía no posee”- Preguntamos: “Facultades que todavía no posee”, o, que no posee, todavía, desarrolladas? Recordemos que el Espíritu se encuentra dotado de los mismos atributos divinos del Creador Universal, en estado potencial. (En estado de potencialidad infinita).

Esto quiere decir que posee, exactamente, todas las facultades que les son inherentes al Creador, pero, en estado potencial, que, eternamente habrá de desarrollar.

En este desarrollo eterno, irá percibiendo, gradualmente, en la medida en que se purifica, y desarrolla sus atributos divinos, todo el conocimiento del cual perciba su ignorancia, en un momento dado.

Es decir, la conciencia de lo que ignora, le irá creando el molde que expresará el respectivo conocimiento, y la fuerza creadora inherente, que precisa en ese estado evolutivo.

sábado, 13 de abril de 2019

EXÉGESIS NO. 178




EXÉGESIS NO. 178

©Giuseppe Isgró C.


178. Pueden los Espíritus reencarnar en un planeta relativamente inferior a aquel sobre el cual han ya vivido?
-“Sí, cuando han de cumplir una misión para contribuir al progreso de la humanidad que lo habita; en cuyo caso aceptan con entusiasmo las tribulaciones de aquella existencia, por cuanto le aportan el medio para progresar”-. 
No sucede, de igual manera, también por expiación, pudiendo Dios enviar Espíritus rebeldes a mundos inferiores?
-“Los Espíritus pueden quedar estacionados, pero no retroceder: su castigo consiste en no progresar y en repetir las existencias mal empleadas en el medio más afín a su propia naturaleza”-.
Cuáles Espíritus deben repetir la misma existencia?
-“Aquellos que incumplen sus objetivos y las pruebas que les son inherentes”-.

Allan Kardec

El Libro de los Espíritus.



Esta pregunta se subdivide en tres vertientes:
La primera, en la que el maestro Allan Kardec formula la pregunta: -“Pueden los Espíritus reencarnar en un planeta relativamente inferior a aquel sobre el cual han ya vivido?”
La respuesta contempla un enfoque, el de que, un Espíritu, como misión de cooperación, puede encarnar en un mundo de inferior progreso con el fin de contribuir a su avance.
Tenemos incontables ejemplos con seres muy evolucionados que han encarnado en el planeta Tierra con el fin de contribuir a su desarrollo evolutivo. Las enseñanzas que ellos han transmitido, sin duda alguna no es originaria del planeta tierra. La han adquirido en mundos más evolucionados.
El segundo enfoque de la respuesta, lo contempla en mismo Allan Kardec, en la siguiente pregunta: -“No sucede, de igual manera, también por expiación, pudiendo Dios enviar Espíritus rebeldes a mundos inferiores?”
Obtiene como respuesta: -“Los Espíritus pueden quedar estacionados, pero no retroceder: su castigo consiste en no progresar y en repetir las existencias mal empleadas en el medio más afín a su propia naturaleza”-.
Efectivamente, los Espíritus pueden quedar estacionados pero no retroceder en cuanto al nivel evolutivo alcanzado. Aquí distinguiremos dos aspectos:
El primero: Pese a que no retroceden evolutivamente, algunos Espíritus, por incurrir en actos indebidos, en muchísimas ocasiones producen un estado de desmejoramiento en sus condiciones existenciales, a nivel de la dimensión física de la vida, o de la dimensión espiritual, como seres desencarnados. Pero, es el estado de las cosas, las deudas kármicas que adquirió y que debe compensar, empero, no hay un retroceso, y el restablecimiento del orden, de la armonía y del equilibrio, significará un aprendizaje, y un avance en su estado de conciencia, y en el desarrollo de sus habilidades para resolver situaciones. Desarrolla, simultáneamente, sus aptitudes perceptivas – realizadoras que le ayudarán, en lo sucesivo, no volver a incurrir en los mismos errores, o a corregirlos más fácilmente, en caso de volver a hacerlo, asumiendo las responsabilidades inherentes.
El segundo: En un determinado mundo, en un momento dado en que su mayoría de habitantes ha culminado las etapas de progreso previamente programadas, y previstas, pasando a una fase superior, todos aquellos Espíritus que se quedaron rezagados, y no superaron el grado de aprendizaje que le era inherente a esa etapa, quedan fuera de lugar en ese mundo.
Constituirían un factor perturbador al progreso de la mayoría si esos grupos de retrógradas, (generalmente son de diferentes niveles), por lo cual la ley cósmica los separa del grupo mayoritario. Es igual a lo que ocurre en las escuelas o universidades. Aquellos que no aprueban el grado, deberán repetir. Pero, esta repetición del curso, se realiza en mundos acorde al nivel evolutivo en el que se quedaron rezagados, donde, al mismo tiempo, por provenir de mundos más avanzados, de factores perturbadores del progreso, se transforman en coadyuvantes en esas humanidades de menor progreso.
Esos grupos de rezagados que emigran, por efecto de la ley cósmica, a otros mundos de inferior nivel de progreso, es lo que se conoce como “los ángeles caídos” que la memoria ancestral, en el planeta tierra, conserva como una reminiscencia de lo ocurrido.
Colocamos a continuación, la respuesta que hemos dado a una pregunta sobre el particular:
-Haremos abstracción de cualquier referencia a grupo alguno, ya que la referencia a los ángeles caídos pareciera ser más antigua, aún, que cualquier grupo naciente en los últimos 2.000 años.
Allan Kardec es un pionero, con el libro Génesis, en aportar una explicación sobre los ángeles caídos. Sobre el nivel de los Espíritus, el Libro de los Espíritus es muy explícito. Estimamos que al hablar de los ángeles caídos en general, se hará clara cualquier analogía sobre un Espíritu en particular.
Dada la pluralidad de mundos habitados, y la existencia de incontables mundos habitados de grados variables de progreso, desde los más rudimentarios, pasando por muchos semejantes al planeta tierra, a otros de progreso tan avanzado casi inimaginable, es decir, mundos que nos llevan –virtualmente- una eternidad por delante del progreso del planeta tierra, dada la eternidad preterida preexistente, y al hecho de que el planeta tierra no es, precisamente, ni de los de mayor tamaño, ni de los más antiguos entre los existentes en el universo.
Los diferentes mundos van avanzando en progreso, y a un cierto momento, una minoría queda rezagada, a tal punto que mantenerle en dicho mundo, constituiría, esa minoría, un estorbo a la actividad de la mayoría.
En ese momento, por un mecanismo de la ley cósmica, esa minoría retrógrada es reubicada en diferentes mundos, cada parte del grupo, en aquel ambiente más análogo a su nivel evolutivo.
En esos mundos de menor nivel de progreso, esos “ángeles caídos”, de constituir un estorbo al progreso en su mundo de origen, en el nuevo ambiente pasan a ser maestros, ya que su nivel de progreso es de grado más avanzado al del mundo en que ahora se encuentran desterrados, -“caídos”-.
Esto explica que, en épocas pasadas, en que, en el planeta tierra existían humanidades primitivas, emergiesen nuevas civilizaciones con grupos étnicos más desarrollados. De más belleza física, de inteligencia más despierta, que aportaron innovaciones, e inventos, antes inexistentes. También, expresaron ideas y conocimientos más avanzados, tecnología y métodos de trabajo más sofisticados a los previamente existentes en esa región, así como una arquitectura más sofisticada. Los hijos, de la noche a la mañana, en cada nueva generación, comenzaron a manifestar una belleza física superior a la de los padres, y sus rasgos de inteligencia, también.
La ciencia de la Parapsicología, en el siglo XX, reacuñó el término “philias”, que antiguamente significaba amistad, con la acepción de: “El arrastre de los rasgos físicos, de las aptitudes, -o capacidad de comprender, de hacer y de dejar de hacer-, las fobias y traumas, e idiosincrasias, de una existencia a otra”.
Esto explica, o ayuda a explicar, los grandes enigma de la historia, y el por qué emergen civilizaciones nuevas sin que, previamente pueda ubicarse rastro alguno en el planeta, de las mismas.
Esas inmigraciones espirituales arrastran consigo sus rasgos físicos desde sus mundos de origen, su nivel evolutivo y aptitudes, idiosincrasia y otros elementos de su carácter,
La raza adámica –grupo étnico adámico, o adamítico- es una demostración de esto; posteriormente a cada inmigración de espíritus de diferentes mundos, con su respectiva emersión de nueva civilización, con rasgos claramente definidos, y a los movimientos migratorios dentro del planeta tierra, va produciendo los diferentes cruces étnicos, con los resultados que todos conocen, a través de los tiempos. Las conquistas de Alejandro Magno y a los cruces étnicos a que sometía a sus soldados con las mujeres de los pueblos conquistados, a quienes obligaba a casarse, en vez de tomarlas como esclavas, es un claro ejemplo de dicho cruce étnico.
El libro Las Leyes de Manú, -Manava Dharma Sastra-, de 3.800 años antes de nuestra era, que conforma parte de esa literatura conocida como védica, y que se califica como “las enseñanzas de los oidores a los pies del maestro”, es decir, a los pies de un “Sensitivo”, tiene niveles de conocimientos sobre la ley de la reencarnación y la ley del Karma, entre otros, muy avanzados para una etapa primitiva de la humanidad, que, en definitiva, no puede ser un conocimiento originado en el planeta tierra, sino percibido por diferentes medios que, dentro de la doctrina Espírita, son conocidos. Esto, evidentemente, le comienza a dar un sentido, y una explicación, a determinadas interrogantes que alguien pueda formularse al respecto.
Otros escritores que hablan sobre el tema de las inmigraciones interplanetarias, o grupos de desterrados, o ángeles caídos, son: Joaquín Trincado. El excelente escritor mexicano Rodolfo Benavides, lo hace en diversas obras, como: Levantando La Cortina, En la Noche de los Tiempos y en Rumbos Humanos. Benavides, es el autor de los libros Dramáticas Profecías de la Gran Pirámide, y Cuando las Piedras Hablan, los Hombres tiemblan, de excelente nivel y calidad. Existen otros autores espíritas que hablan sobre el tema, de diferentes maneras, en cuanto a las migraciones de un mundo a otros, aún desde la época de Allan Kardec, como Victorien Sardou y Camille Flammarion.
En la última parte de la pregunta, Allan Kardec, inquiere: -“Cuáles Espíritus deben repetir la misma existencia?” La respuesta que obtiene, es:
-“Aquellos que incumplen sus objetivos y las pruebas que les son inherentes”-.
Evidentemente, todos aquellos objetivos existenciales que conforman un determinado plan de vida, en una o en múltiples existencias, los resultados que quedan pendientes de ser alcanzados, deberán formar parte de los nuevos planes del siguiente ciclo de vida.
A un determinado momento, al igual que ocurre en muchas escuelas, ya no se le da cabida a algunos alumnos, quienes deberán cambiar de escuela, que le acoja, en el ejemplo del que tratamos, serían escuelas-mundos.
Al igual que algunos alumnos recalcitrantes podrían precisar cambiar más de una escuela, por no aplicarse adecuadamente, o con disciplina, a los estudios, podrían, cierta cantidad de Espíritus, precisar emigrar, en el momento, de llegar a ocurrir, a mundos aún de inferior progreso, hasta que, en cuyos ambientes decidan aplicarse al trabajo, al estudio y al progreso.
Es allí que comenzarán a lamentar el tiempo perdido.
Acaso los lectores no conocen a gran número de personas que quisieran vivir en mundos más avanzados al de la tierra, en los cuales estarían libres de las vicisitudes inherentes a éste?
No dejan de ser reminiscencia de un conocimiento de mejores ambientes, al igual que cuando se pasa de un país más desarrollado a otro de menor nivel de desarrollo.
Empero, ese anhelo de un mundo mejor, del cual, sin duda, cada Espíritu guarda un recuerdo en su archivo espiritual, en el alma, es preciso contribuir a crearlo, de manera que, en este ciclo de vida, o en los venideros, al volver, encontremos las condiciones óptimas de vida, y de desarrollo, que anhelamos.
Si queremos un mundo mejor en el cual vivir, debemos contribuir a crearlo. Esa es la misión inherente a cada ser en los cuatro reinos naturales. Es probable que los reinos animal, vegetal y mineral estén cumpliendo en forma óptima su cometido.
-Y, el ser humano?
-Cuántos de los que vivimos en el planeta Tierra, en un futuro, al imperar niveles de vida optimizados, pudiésemos precisar otras escuelas, -otras moradas-, afines a las propias condiciones evolutivas?
Y, cuántos, podrían precisarlos de mayor progreso, por ser alumnos muy aventajados?
-Usted que cree? Qué piensa de todas aquellas personas que se sienten extranjeros en el mundo Tierra? Qué significa esa reminiscencia? Solo como objetivo de meditación.

EXÉGESIS No. 365


EXÉGESIS No. 365

©Giuseppe Isgró C.

365. Por qué personas de elevada inteligencia, lo que evidencia en ellas un Espíritu superior, son, algunas veces, profundamente viciosos?
-“Porque el Espíritu encarnado en ellas no es suficientemente puro, y cede a las sugestiones de otros Espíritus inferiores. El Espíritu se eleva a pasos imperceptibles, pero su progreso no ocurre contemporáneamente en todos los sentidos; en algunas etapas progresa en conocimientos, en otras, moralmente”.
Allan Kardec
El Libro de los Espíritus


Al final de la respuesta se concluye diciendo: -"...en algunas etapas, el Espíritu, progresa en conocimientos, en otras, moralmente”. Aquí reside la clave en la discordancia entre el desarrollo técnico, intelectual o profesional, y la conducta virtuosa, que implica un auto-desarrollo moral. Cuando confluyen ambos tipos de desarrollos, intelectual y moral, se observan los caracteres íntegros, paradigmas de las sociedades y de las nuevas generaciones.
Esta dualidad tiene otras vertientes: erudición en diversas áreas intelectuales, pero insuficiente comprensión de la realidad que se afronta, mientras que otras personas manifiestan un conocimiento intuitivo o inspirativo, que trasciende la comprensión de la simple lógica inductiva o deductiva. Muchas veces estas personas saben sin saber cómo ni por qué saben, pero, saben. Es la aptitud desarrollada en incontables ciclos de vida, que permite a la persona tener la conciencia perceptiva, comprensiva y realizadora.
Los elementos esenciales para desarrollar un elevado estado de conciencia consisten en la atención, en la conciencia y en la voluntad.
Dónde centramos la atención se expande la conciencia perceptiva, comprensiva y realizadora.
Los elementos complementarios, son: La percepción, la comprensión y el poder realizador, que se encuentra, éste, bajo la égida de la voluntad.
La percepción puede ser obtenida por vía sensible o sensorial, por medio de los cinco sentidos físicos, la vista, el oído, el tacto, el gusto y el olfato; además de la capacidad de razonamiento, por medio de la lógica inductiva y deductiva. Además, el estudio o las variadas lecturas, conforman un importante bagaje, pero, necesariamente limitado en el espacio y tiempo.
Se trasciende dicha percepción, como decía Platón, cuando aprendemos recordando, ya que, para el filósofo ateniense, aprender era recordar. Bien sea por la experiencia de ciclos anteriores de vida, o por los atributos divinos que cada ser posee, correspondientes a los valores universales, vertientes de la sabiduría y de la verdad, que se expresan en la conciencia como sentimientos análogos a cada uno de los valores inherentes. Ese conocimiento inspirativo que fluye como sentimiento de los valores universales en la conciencia es la esencia de la sabiduría universal, es la sabiduría de la Divinidad que se expresa en la conciencia, como guía divina, para enmarcar los propios pensamientos, sentimientos, palabras y actos, en sus respectivos parámetros. Cuando así se hace, es factible vivir una vida virtuosa, es decir, ejercer la práctica de todas las virtudes, cuyas cinco principales, son: la prudencia, la justicia, la fortaleza, la templanza y la belleza, ésta última como justicia estética, entre incontables otras, y sus numerosas virtudes derivadas, o variantes de vertientes. Pero, también, la inspiración puede ser de entes espirituales por el pensamiento en el pensamiento de la persona que la recibe. Pero, la trascendencia puede derivarse, también, por vía intuitiva, es decir, el ente espiritual se proyecta espiritualmente, trascendiendo espacio y tiempo, en los estados de conciencia, percibiendo por sí mismo, espiritualmente, lo que precisa conocer, bien sea por lectura en su propio archivo espiritual, en el alma, o en los archivos espirituales de los seres encarnados, o desencarnados, que la contengan, o en la conciencia de la Divinidad, donde, también, según su propio nivel, puede leer contenidos que se precisen. Esto, debido a que la conciencia de cada ser en los cuatro reinos naturales, es una réplica exacta de la conciencia de la Divinidad.
Estos estados expandidos de conciencia pueden alcanzarse, o desarrollarse, por relajación, por concentración, por contemplación o por meditación. También, por autosugestión, o psico-programación.
Los estados de percepción de la conciencia se pueden expandir mediante la atención, ya que, como ya se dijo, donde se centra la atención se expande la conciencia perceptiva, comprensiva y realizadora, activando la voluntad directriz. La concentración en un objetivo a la vez, centuplica los resultados y los estados de iluminación comprensiva.
Se antepone el quesito, o la cuestión sobre la cual sea preciso discernir, o meditar, pasando a un estado de incubación, en el cual se persiste, sin prisa y sin pausa, hasta que aflora, un día, el estado de iluminación.
Es preciso para esto, tener presente que, estas cualidades o condiciones se pueden desarrollar conscientemente, por medio de una curiosidad insaciable que induce constantemente a una búsqueda, en la búsqueda se encuentran elementos que despiertan el propio interés, que inducen a profundizar sobre el tema, hasta conocer a fondo el mismo, momento en el cual aflora en la propia conciencia la convicción. Esta convicción se transforma en entusiasmo, y el entusiasmo es una fuerza, o energía, que vuelve incansable a su poseedor. Entusiasmo, etimológicamente significa Dios dentro de sí, es decir, la inspiración Divina dentro de la propia conciencia. Es decir, si bien el estado de iluminación inicial se obtiene por el cultivo del propio arte, como le mencionaba Sócrates al rapsoda Ion, oportunamente se trasciende el estado de conciencia objetiva, alcanzando niveles de percepciones inspirativa, y/o intuitiva, según sea el caso.
Cuando esto ocurre, los valores morales se expresan, también, en la propia conciencia, los cuales tienen advertencias que buscan que la persona se mantenga dentro de los parámetros de una vida virtuosa. El valor que más aflora en la conciencia para cumplir esta finalidad es la vergüenza, cuyo sentimiento permite representarse la vergüenza que se pasaría si se llegaran a realizar determinados actos, lo cual, generalmente logra su propósito, inhibiendo a la persona a realizar actos indebidos. Pero, si la persona hiciera caso omiso a la advertencia de la vergüenza y llegara a realizar el acto indebido, acto seguido, en forma instantánea, se activa una acción coactiva de la ley cósmica, en la conciencia del ser que lo amerite, y le hace experimentar la percepción del error en que ha incurrido, y ya, la persona en particular, no volverá a tener paz mental hasta que enmiende su conducta, rectifique su intención, o compense el perjuicio realizado. Algunas veces, es suficiente, con solamente disculparse, o pedir perdón. La Divinidad, por este mecanismo interior, en la conciencia, va educando, a cada ser, en los cuatros reinos naturales, para que desarrolle, paralelamente al conocimiento variado y lo más amplio posible, los valores morales que le permiten regir la propia vida enmarcada dentro de los parámetros de los valores universales, única forma de vivir una vida virtuosa, y cosechar los mejores resultados que la vida aporta, es decir, el salario cósmico. Sin embargo, además del valor de la vergüenza, también se expresa en la conciencia el sentimiento de la justicia, del perdón, de la verdad, del amor, del deber, de la bondad, o del bien, de la solidaridad, de la fortaleza, de la templanza, de la belleza, del orden, de la armonía y del equilibrio, entre tantos otros, por ejemplo: La limpieza, la disciplina, la buena voluntad, el servicio, la cooperación, el sentido implícito de perfección en toda obra excelente, el patriotismo, la honradez, el honor, la paciencia, la serenidad, la confianza, y un largo etcétera.
El Libro de los Espíritus, por medio de sus 1.019 preguntas principales y las respuestas inherentes, aporta el conocimiento de los principios universales que rigen la vida, así como los valores morales esenciales para conducir esa vida virtuosa que admiramos en los grandes seres que han encarnado en el planeta tierra, pero, también, en incontable número de seres que viven una vida sencilla, pero admirablemente virtuosa, y enriquecedora, de manera integral.
 Es preciso difundir el conocimiento de la ley del karma, o compensación, de la justicia divina, y de los valores esenciales, que sirvan de soporte a todo ser para regirse en la vida de manera efectiva, optimizando cada ciclo de vida, en el cumplimiento de la propia misión de vida.