sábado, 13 de abril de 2019

EXÉGESIS No. 365


EXÉGESIS No. 365

©Giuseppe Isgró C.

365. Por qué personas de elevada inteligencia, lo que evidencia en ellas un Espíritu superior, son, algunas veces, profundamente viciosos?
-“Porque el Espíritu encarnado en ellas no es suficientemente puro, y cede a las sugestiones de otros Espíritus inferiores. El Espíritu se eleva a pasos imperceptibles, pero su progreso no ocurre contemporáneamente en todos los sentidos; en algunas etapas progresa en conocimientos, en otras, moralmente”.
Allan Kardec
El Libro de los Espíritus


Al final de la respuesta se concluye diciendo: -"...en algunas etapas, el Espíritu, progresa en conocimientos, en otras, moralmente”. Aquí reside la clave en la discordancia entre el desarrollo técnico, intelectual o profesional, y la conducta virtuosa, que implica un auto-desarrollo moral. Cuando confluyen ambos tipos de desarrollos, intelectual y moral, se observan los caracteres íntegros, paradigmas de las sociedades y de las nuevas generaciones.
Esta dualidad tiene otras vertientes: erudición en diversas áreas intelectuales, pero insuficiente comprensión de la realidad que se afronta, mientras que otras personas manifiestan un conocimiento intuitivo o inspirativo, que trasciende la comprensión de la simple lógica inductiva o deductiva. Muchas veces estas personas saben sin saber cómo ni por qué saben, pero, saben. Es la aptitud desarrollada en incontables ciclos de vida, que permite a la persona tener la conciencia perceptiva, comprensiva y realizadora.
Los elementos esenciales para desarrollar un elevado estado de conciencia consisten en la atención, en la conciencia y en la voluntad.
Dónde centramos la atención se expande la conciencia perceptiva, comprensiva y realizadora.
Los elementos complementarios, son: La percepción, la comprensión y el poder realizador, que se encuentra, éste, bajo la égida de la voluntad.
La percepción puede ser obtenida por vía sensible o sensorial, por medio de los cinco sentidos físicos, la vista, el oído, el tacto, el gusto y el olfato; además de la capacidad de razonamiento, por medio de la lógica inductiva y deductiva. Además, el estudio o las variadas lecturas, conforman un importante bagaje, pero, necesariamente limitado en el espacio y tiempo.
Se trasciende dicha percepción, como decía Platón, cuando aprendemos recordando, ya que, para el filósofo ateniense, aprender era recordar. Bien sea por la experiencia de ciclos anteriores de vida, o por los atributos divinos que cada ser posee, correspondientes a los valores universales, vertientes de la sabiduría y de la verdad, que se expresan en la conciencia como sentimientos análogos a cada uno de los valores inherentes. Ese conocimiento inspirativo que fluye como sentimiento de los valores universales en la conciencia es la esencia de la sabiduría universal, es la sabiduría de la Divinidad que se expresa en la conciencia, como guía divina, para enmarcar los propios pensamientos, sentimientos, palabras y actos, en sus respectivos parámetros. Cuando así se hace, es factible vivir una vida virtuosa, es decir, ejercer la práctica de todas las virtudes, cuyas cinco principales, son: la prudencia, la justicia, la fortaleza, la templanza y la belleza, ésta última como justicia estética, entre incontables otras, y sus numerosas virtudes derivadas, o variantes de vertientes. Pero, también, la inspiración puede ser de entes espirituales por el pensamiento en el pensamiento de la persona que la recibe. Pero, la trascendencia puede derivarse, también, por vía intuitiva, es decir, el ente espiritual se proyecta espiritualmente, trascendiendo espacio y tiempo, en los estados de conciencia, percibiendo por sí mismo, espiritualmente, lo que precisa conocer, bien sea por lectura en su propio archivo espiritual, en el alma, o en los archivos espirituales de los seres encarnados, o desencarnados, que la contengan, o en la conciencia de la Divinidad, donde, también, según su propio nivel, puede leer contenidos que se precisen. Esto, debido a que la conciencia de cada ser en los cuatro reinos naturales, es una réplica exacta de la conciencia de la Divinidad.
Estos estados expandidos de conciencia pueden alcanzarse, o desarrollarse, por relajación, por concentración, por contemplación o por meditación. También, por autosugestión, o psico-programación.
Los estados de percepción de la conciencia se pueden expandir mediante la atención, ya que, como ya se dijo, donde se centra la atención se expande la conciencia perceptiva, comprensiva y realizadora, activando la voluntad directriz. La concentración en un objetivo a la vez, centuplica los resultados y los estados de iluminación comprensiva.
Se antepone el quesito, o la cuestión sobre la cual sea preciso discernir, o meditar, pasando a un estado de incubación, en el cual se persiste, sin prisa y sin pausa, hasta que aflora, un día, el estado de iluminación.
Es preciso para esto, tener presente que, estas cualidades o condiciones se pueden desarrollar conscientemente, por medio de una curiosidad insaciable que induce constantemente a una búsqueda, en la búsqueda se encuentran elementos que despiertan el propio interés, que inducen a profundizar sobre el tema, hasta conocer a fondo el mismo, momento en el cual aflora en la propia conciencia la convicción. Esta convicción se transforma en entusiasmo, y el entusiasmo es una fuerza, o energía, que vuelve incansable a su poseedor. Entusiasmo, etimológicamente significa Dios dentro de sí, es decir, la inspiración Divina dentro de la propia conciencia. Es decir, si bien el estado de iluminación inicial se obtiene por el cultivo del propio arte, como le mencionaba Sócrates al rapsoda Ion, oportunamente se trasciende el estado de conciencia objetiva, alcanzando niveles de percepciones inspirativa, y/o intuitiva, según sea el caso.
Cuando esto ocurre, los valores morales se expresan, también, en la propia conciencia, los cuales tienen advertencias que buscan que la persona se mantenga dentro de los parámetros de una vida virtuosa. El valor que más aflora en la conciencia para cumplir esta finalidad es la vergüenza, cuyo sentimiento permite representarse la vergüenza que se pasaría si se llegaran a realizar determinados actos, lo cual, generalmente logra su propósito, inhibiendo a la persona a realizar actos indebidos. Pero, si la persona hiciera caso omiso a la advertencia de la vergüenza y llegara a realizar el acto indebido, acto seguido, en forma instantánea, se activa una acción coactiva de la ley cósmica, en la conciencia del ser que lo amerite, y le hace experimentar la percepción del error en que ha incurrido, y ya, la persona en particular, no volverá a tener paz mental hasta que enmiende su conducta, rectifique su intención, o compense el perjuicio realizado. Algunas veces, es suficiente, con solamente disculparse, o pedir perdón. La Divinidad, por este mecanismo interior, en la conciencia, va educando, a cada ser, en los cuatros reinos naturales, para que desarrolle, paralelamente al conocimiento variado y lo más amplio posible, los valores morales que le permiten regir la propia vida enmarcada dentro de los parámetros de los valores universales, única forma de vivir una vida virtuosa, y cosechar los mejores resultados que la vida aporta, es decir, el salario cósmico. Sin embargo, además del valor de la vergüenza, también se expresa en la conciencia el sentimiento de la justicia, del perdón, de la verdad, del amor, del deber, de la bondad, o del bien, de la solidaridad, de la fortaleza, de la templanza, de la belleza, del orden, de la armonía y del equilibrio, entre tantos otros, por ejemplo: La limpieza, la disciplina, la buena voluntad, el servicio, la cooperación, el sentido implícito de perfección en toda obra excelente, el patriotismo, la honradez, el honor, la paciencia, la serenidad, la confianza, y un largo etcétera.
El Libro de los Espíritus, por medio de sus 1.019 preguntas principales y las respuestas inherentes, aporta el conocimiento de los principios universales que rigen la vida, así como los valores morales esenciales para conducir esa vida virtuosa que admiramos en los grandes seres que han encarnado en el planeta tierra, pero, también, en incontable número de seres que viven una vida sencilla, pero admirablemente virtuosa, y enriquecedora, de manera integral.
 Es preciso difundir el conocimiento de la ley del karma, o compensación, de la justicia divina, y de los valores esenciales, que sirvan de soporte a todo ser para regirse en la vida de manera efectiva, optimizando cada ciclo de vida, en el cumplimiento de la propia misión de vida.

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