EXÉGESIS No. 365
©Giuseppe Isgró C.
365. Por qué personas de elevada inteligencia, lo que
evidencia en ellas un Espíritu superior, son, algunas veces, profundamente
viciosos?
-“Porque el Espíritu encarnado en ellas no es
suficientemente puro, y cede a las sugestiones de otros Espíritus inferiores.
El Espíritu se eleva a pasos imperceptibles, pero su progreso no ocurre
contemporáneamente en todos los sentidos; en algunas etapas progresa en
conocimientos, en otras, moralmente”.
Allan Kardec
El Libro de los Espíritus
Al final de la respuesta se concluye diciendo:
-"...en algunas etapas, el Espíritu, progresa en conocimientos, en otras,
moralmente”. Aquí reside la clave en la discordancia entre el desarrollo
técnico, intelectual o profesional, y la conducta virtuosa, que implica un
auto-desarrollo moral. Cuando confluyen ambos tipos de desarrollos, intelectual
y moral, se observan los caracteres íntegros, paradigmas de las sociedades y de
las nuevas generaciones.
Esta dualidad tiene otras
vertientes: erudición en diversas áreas intelectuales, pero insuficiente
comprensión de la realidad que se afronta, mientras que otras personas
manifiestan un conocimiento intuitivo o inspirativo, que trasciende la
comprensión de la simple lógica inductiva o deductiva. Muchas veces estas
personas saben sin saber cómo ni por qué saben, pero, saben. Es la aptitud
desarrollada en incontables ciclos de vida, que permite a la persona tener la
conciencia perceptiva, comprensiva y realizadora.
Los elementos esenciales
para desarrollar un elevado estado de conciencia consisten en la atención, en
la conciencia y en la voluntad.
Dónde centramos la
atención se expande la conciencia perceptiva, comprensiva y realizadora.
Los elementos
complementarios, son: La percepción, la comprensión y el poder realizador, que
se encuentra, éste, bajo la égida de la voluntad.
La percepción puede ser
obtenida por vía sensible o sensorial, por medio de los cinco sentidos físicos,
la vista, el oído, el tacto, el gusto y el olfato; además de la capacidad de
razonamiento, por medio de la lógica inductiva y deductiva. Además, el estudio
o las variadas lecturas, conforman un importante bagaje, pero, necesariamente
limitado en el espacio y tiempo.
Se trasciende dicha
percepción, como decía Platón, cuando aprendemos recordando, ya que, para el
filósofo ateniense, aprender era recordar. Bien sea por la experiencia de
ciclos anteriores de vida, o por los atributos divinos que cada ser posee,
correspondientes a los valores universales, vertientes de la sabiduría y de la
verdad, que se expresan en la conciencia como sentimientos análogos a cada uno
de los valores inherentes. Ese conocimiento inspirativo que fluye como
sentimiento de los valores universales en la conciencia es la esencia de la
sabiduría universal, es la sabiduría de la Divinidad que se expresa en la
conciencia, como guía divina, para enmarcar los propios pensamientos,
sentimientos, palabras y actos, en sus respectivos parámetros. Cuando así se
hace, es factible vivir una vida virtuosa, es decir, ejercer la práctica de
todas las virtudes, cuyas cinco principales, son: la prudencia, la justicia, la
fortaleza, la templanza y la belleza, ésta última como justicia estética, entre
incontables otras, y sus numerosas virtudes derivadas, o variantes de
vertientes. Pero, también, la inspiración puede ser de entes espirituales por
el pensamiento en el pensamiento de la persona que la recibe. Pero, la
trascendencia puede derivarse, también, por vía intuitiva, es decir, el ente
espiritual se proyecta espiritualmente, trascendiendo espacio y tiempo, en los
estados de conciencia, percibiendo por sí mismo, espiritualmente, lo que
precisa conocer, bien sea por lectura en su propio archivo espiritual, en el
alma, o en los archivos espirituales de los seres encarnados, o desencarnados,
que la contengan, o en la conciencia de la Divinidad, donde, también, según su
propio nivel, puede leer contenidos que se precisen. Esto, debido a que la
conciencia de cada ser en los cuatro reinos naturales, es una réplica exacta de
la conciencia de la Divinidad.
Estos estados expandidos
de conciencia pueden alcanzarse, o desarrollarse, por relajación, por
concentración, por contemplación o por meditación. También, por autosugestión,
o psico-programación.
Los estados de percepción
de la conciencia se pueden expandir mediante la atención, ya que, como ya se
dijo, donde se centra la atención se expande la conciencia perceptiva,
comprensiva y realizadora, activando la voluntad directriz. La concentración en
un objetivo a la vez, centuplica los resultados y los estados de iluminación
comprensiva.
Se antepone el quesito, o
la cuestión sobre la cual sea preciso discernir, o meditar, pasando a un estado
de incubación, en el cual se persiste, sin prisa y sin pausa, hasta que aflora,
un día, el estado de iluminación.
Es preciso para esto,
tener presente que, estas cualidades o condiciones se pueden desarrollar
conscientemente, por medio de una curiosidad insaciable que induce
constantemente a una búsqueda, en la búsqueda se encuentran elementos que
despiertan el propio interés, que inducen a profundizar sobre el tema, hasta conocer
a fondo el mismo, momento en el cual aflora en la propia conciencia la
convicción. Esta convicción se transforma en entusiasmo, y el entusiasmo es una
fuerza, o energía, que vuelve incansable a su poseedor. Entusiasmo,
etimológicamente significa Dios dentro de sí, es decir, la inspiración Divina
dentro de la propia conciencia. Es decir, si bien el estado de iluminación
inicial se obtiene por el cultivo del propio arte, como le mencionaba Sócrates
al rapsoda Ion, oportunamente se trasciende el estado de conciencia objetiva,
alcanzando niveles de percepciones inspirativa, y/o intuitiva, según sea el
caso.
Cuando esto ocurre, los
valores morales se expresan, también, en la propia conciencia, los cuales
tienen advertencias que buscan que la persona se mantenga dentro de los
parámetros de una vida virtuosa. El valor que más aflora en la conciencia para
cumplir esta finalidad es la vergüenza, cuyo sentimiento permite representarse
la vergüenza que se pasaría si se llegaran a realizar determinados actos, lo cual,
generalmente logra su propósito, inhibiendo a la persona a realizar actos
indebidos. Pero, si la persona hiciera caso omiso a la advertencia de la
vergüenza y llegara a realizar el acto indebido, acto seguido, en forma
instantánea, se activa una acción coactiva de la ley cósmica, en la conciencia
del ser que lo amerite, y le hace experimentar la percepción del error en que
ha incurrido, y ya, la persona en particular, no volverá a tener paz mental
hasta que enmiende su conducta, rectifique su intención, o compense el
perjuicio realizado. Algunas veces, es suficiente, con solamente disculparse, o
pedir perdón. La Divinidad, por este mecanismo interior, en la conciencia, va
educando, a cada ser, en los cuatros reinos naturales, para que desarrolle, paralelamente
al conocimiento variado y lo más amplio posible, los valores morales que le
permiten regir la propia vida enmarcada dentro de los parámetros de los valores
universales, única forma de vivir una vida virtuosa, y cosechar los mejores
resultados que la vida aporta, es decir, el salario cósmico. Sin embargo,
además del valor de la vergüenza, también se expresa en la conciencia el
sentimiento de la justicia, del perdón, de la verdad, del amor, del deber, de
la bondad, o del bien, de la solidaridad, de la fortaleza, de la templanza, de
la belleza, del orden, de la armonía y del equilibrio, entre tantos otros, por
ejemplo: La limpieza, la disciplina, la buena voluntad, el servicio, la
cooperación, el sentido implícito de perfección en toda obra excelente, el
patriotismo, la honradez, el honor, la paciencia, la serenidad, la confianza, y
un largo etcétera.
El Libro de los
Espíritus, por medio de sus 1.019 preguntas principales y las respuestas
inherentes, aporta el conocimiento de los principios universales que rigen la
vida, así como los valores morales esenciales para conducir esa vida virtuosa
que admiramos en los grandes seres que han encarnado en el planeta tierra,
pero, también, en incontable número de seres que viven una vida sencilla, pero
admirablemente virtuosa, y enriquecedora, de manera integral.
Es preciso difundir el
conocimiento de la ley del karma, o compensación, de la justicia divina, y de
los valores esenciales, que sirvan de soporte a todo ser para regirse en la
vida de manera efectiva, optimizando cada ciclo de vida, en el cumplimiento de
la propia misión de vida.

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