domingo, 19 de julio de 2020

UN CONOCIMIENTO RECUPERADO

El faro de Alejandría
UN CONOCIMIENTO RECUPERADO

©Giuseppe Isgró C.


Denota, sin duda alguna, profunda percepción de la realidad sobre la reencarnación y sus leyes vinculantes,  el ensayo de Allan Kardec, signado con el epígrafe 222, en El Libro de los Espíritus.
Quienes, ahora, lo leemos, vemos con naturalidad los distintos aspectos comentados por el maestro y forman parte de nuestro bagaje de conocimientos normales, ya que constituyen conceptos básicos y esenciales en el ámbito de la Doctrina Universal, hoy en día.
Es cierto, hoy en día. Pero, que ocurría en el tiempo en que se publicó El Libro de los Espíritus, en 1857?
En esa época, Allan Kardec, con su magna obra, volvía a colocar en el tapete el tema de la Reencarnación y la Ley de compensación, entre otros principios, después de que, durante 1.600 años, ese movimiento nacido en el primer Concilio de Nicea, en la ciudad de Isnik, Turquía, en el año 325 de nuestra era, comenzara un proceso sistemático, a sangre y fuego, de tergiversación histórico-espiritual que culminó en el olvido, virtualmente total, del tema de la reencarnación, en la memoria colectiva del mundo occidental.
Es cierto que hubo pensadores que se ocuparon del tema de la reencarnación, como fue el caso de Marsilio Ficino, en el siglo XV, durante el  Renacimiento, quien les explica a sus discípulos que, al leer un ensayo de Plotino, tuviesen presente de que se trata del mismo Espíritu de Platón, lo que indica que conocía la temática con precisión. Además, Ficino percibía que él mismo era una reencarnación del ilustre filósofo ateniense. La elevación de su obra, entre la que se cuenta su Teología Platónica, denota un nivel equivalente entre Platón, Plotino y Marsilio Ficino. Es decir, un hilo conductor se manifiesta en el pensamiento de los tres.
En el siglo XIX, el tema de la Reencarnación se reactiva con Allan Kardec, con la publicación de El Libro de los Espíritus, marcando una nueva era a partir de entonces: La del Espíritu.
También retoma la temática palingenésica  Madame Blavasky, en 1875, con la fundación de la Sociedad Teosófica, y el excelente grupo de ocultistas franceses. Hacia finales del siglo XIX, el Dr. Gerard Encausse, -Papus-, publica un excelente libro sobre Reencarnación, y el tema ya pasa a ser materia de estudio en el ámbito occidental.
En Oriente, siempre se mantuvo la continuidad en el estudio de la Reencarnación, desde la más remota antigüedad. Las Leyes de Manú, del siglo XXXVIII antes de nuestra era, hablan de Reencarnación y de la ley del karma; el Bagavad Gita, es una joya del pensamiento universal que aporta un conocimiento avanzado sobre ambas doctrinas y otros que les son inherentes. El hinduismo, el budismo, y otras corrientes de pensamientos, al igual que los más importantes pensadores de todos los tiempos, sustentan ideas claras y precisas al respecto.
Tomando en cuenta que Kardec se inicia en la investigación espirita en 1854, y que la publicación de El libro de los Espíritus se lleva a cabo el 18 de abril de 1857, es decir, tres años después, la labor que llevó a cabo este insigne humanista fue gigantesca, de por sí. Solamente la concepción de las preguntas que formuló a los Espíritus, el ordenamiento de las respuestas, las repreguntas, y los comentarios que en toda la obra va colocando, en donde su propia percepción tiene algo importante que aportar, demuestran un intenso trabajo y una preparación previa importante. Sin duda, el elevado nivel formativo en la cultura clásica, científica, filosófica y en las doctrinas orientalistas, le aportaban una visión trascendental que contribuyó a la universalidad de su pensamiento.
El  mencionado comentario signado con el epígrafe 222, de Allan Kardec, en El Libro de los Espíritus, sobre la Pluralidad de Existencias, indica que, en solo tres años de estudio, había desarrollado su pensamiento sobre la Reencarnación y todas las leyes que les son vinculantes, además de una visión integral de la doctrina espirita. Su excelencia permite que, aún después de tanto tiempo, conserven plena vigencia.
Repetimos, hoy nos parecen ideas normales, pero, en su época, Kardec fue un pionero, y el primero que, en el siglo XIX retoma el hilo de continuidad, en la materia, en el mundo occidental, dando acceso al sol del porvenir, del progreso y de la sabiduría espiritual en un grado como nunca antes lo hubo, y pese al férreo esfuerzo de la tergiversación histórico espiritual nacida en Nicea y continuada a lo largo de toda la edad media, y aún mantenida hasta la época de Allan Kardec.
Empieza la nueva era de luz ya imparable, a partir de entonces, y hoy, con las investigaciones científicas realizadas por las más importantes universidades del mundo, alcanzan, ya, a más de cinco mil los casos de reencarnación científicamente comprobados. Entre los eminentes exponentes descuellan las figuras de los Dres. Ian Stevenson y Hamendranath Banarjé.
Empero, se cuentan por millares los estudiosos de la Reencarnación y de las leyes que les son inherentes, que están transformando la conciencia de la humanidad a nivel global. Muchas instituciones vinculadas con la espiritualidad deberán, en corto tiempo, reformular sus doctrinas, so pena de desaparecer del escenario, por cuanto han dejado, ya, de representar la verdad universal.
La verdad universal se impone siempre; la luz evacua la oscuridad. El bien prevalece sobre el mal. El conocimiento emancipará al ser humano. Los temas vinculados con la Doctrina de la Reencarnación y la ley del karma, y otros principios inherentes, contribuirán a forjar esa humanidad con la conciencia elevada creadora de la nueva edad de oro en el planeta Tierra.
Hoy en día más del 80% de la humanidad cree en la supervivencia del Espíritu y en la Reencarnación. El resto, es cuestión de tiempo. De nada sirve cerrar los ojos frente a la realidad y tratar de opacar la luz del sol con un dedo.
Concluimos, dejando constancia de que, una de las obras más portentosas sobre el tema de la Reencarnación y sus valores intrínsicos, inspirada en la del Maestro de Lyon, es la de Amalia Domingo Soler, que lo estudia en las más amplias vertientes y variantes. Sus obras: Hechos que prueban…, Te perdono, y su extensa bibliografía, ofrecen al estudioso la más amplia enciclopedia sobre la Reencarnación. En cada ensayo se plasma el genio inigualable de esta insigne y relevante exponente de la Doctrina Universal.
222: El Libro de los Espíritus, dice: -“… la pluralidad de las existencias explica lo que sin ella es inexplicable”.- (…).


domingo, 28 de junio de 2020

SERVIR EN EL ORDEN PERFECTO


SERVIR EN EL ORDEN PERFECTO

©Giuseppe Isgró C.


Toda persona, en cualquier nivel de sus estados de conciencias, experiencia y desarrollo de aptitudes, actitudes y virtudes, posee determinado grado de percepción, comprensión y capacidad de realización, o ausencia de la misma por encima de sus limitaciones temporales.
En cualquier nivel de conciencia en que se encuentra la persona, en el planeta tierra, u otro de turno en que pueda encontrarse, en ese nivel viene a su existencia actual con un determinado rol en el que precisa desempeñarse para cumplir sus objetivos existenciales. Al mismo tiempo, para realizarlos, precisa, antes, brindar un servicio en el entorno en que se desempeña.
Sea cual fuere el grado de ineptitud que posea cualquier ser, en los cuatro reinos naturales, viene a la vida dotado de un saber innato y poder creativo, y creador, potencialmente infinito. Aunque carente de determinada experiencia, su objetivo existencial es adquirirla de acuerdo a su propio plan de vida, y al respectivo plan de aprendizaje del planeta de turno, acorde a su nivel de conciencia y experiencia.
En el citado nivel de aptitud, y actitud inherente, cada ser pertenece a un orden específico, que comparte con una inmensa cantidad de seres, en el planeta tierra, y en numerosos otros mundos, conformando una esfera mental, con objetivos y metas de desarrollo, con maestros temporales que guiarán, de acuerdo al plan de vida de cada quien, y al plan de desarrollo del planeta respectivo. Cada ser representa un aporte de servicio, que, automáticamente, pasará al mando de un maestro que rige determinado grado de actividad. Al adquirir la experiencia inherente al nivel en que se desenvuelve, se encuentra preparado para ascender al siguiente grado de desarrollo de sus facultades, para adquirir la experiencia que le faculta para asumir nuevos roles de desempeño.
En un ciclo existencial, cada ser puede pasar bajo la dirección de diferentes instructores de turno, y cada uno le prepara para el siguiente. Gradualmente, cada quien se va percatando como un fase anterior le ha preparado para la actual y la presente le está preparando para la siguiente. Es fácil percibirlo, con el tiempo, mirando hacia atrás, en su actual ciclo de vida, como una etapa preparó para la siguiente.
Peter Drucker, uno de los pensadores más profundos del siglo XX, con un excelente aporte al desarrollo de la Gerencia Moderna, percibió como toda persona, precisa efectuar un cambio importante en sus actividades para adecuarse a las inquietudes de los tiempos,  y a las realidades del mercado. Esto, para mantener un desarrollo sustentable en el espacio y tiempo, de acuerdo al plan general de estudios y trabajo esencial en el planeta, de acuerdo a las nuevas necesidades emergentes.  Drucker, asignaba a cada uno de estos ciclos un lapso aproximado de 15 años. Lo cual indica que, al margen del éxito alcanzado en un área determinada de desempeño, es preciso prepararse para la siguiente fase, para permanecer en el mercado.
Poderosas empresas que dejaron de prepararse, a tiempo, desaparecieron del escenario del mercado, al igual que incontables profesionales, técnicos y trabajadores en todas las facetas y vertientes. Quien se prepara y asume los retos que traen las nuevas inquietudes de los tiempos, en cada época, son quienes mejor aprovechan las oportunidades emergentes. Los otros,, o bien salen del escenario del mercado, o, al no adaptarse a las nuevas realidades, desmejoran su nivel de bienestar. Nada que no se pueda observar, si se mira bien, con atención, en el propio entorno.
En cualquier momento, toda persona posee fortalezas y debilidades; precisa optimizar las primeras y transmutar las segundas en puntos fuertes. Esto, a cualquier edad en que se encuentre la persona, ya que cada fase existencial tiene su propio aprendizaje que realizar y aporte de servicio que brindar, en un perfecto equilibrio entre la ley de oferta y demanda de determinados bienes y servicios, tal como lo enuncia la Ley de Say: -“Toda oferta genera su propia demanda; toda demanda, su propia oferta”. Empero, las nuevas demandas de bienes y servicios, podrán satisfacerlas quienes con tiempo se han preparado interpretando los signos de los tiempos emergentes.
Jamás se debe aceptar la limitación de ninguna particularidad, de edad u otra condición, para dejar de aprender y adecuarse a los tiempos que corren. Aún a los cien años, si la persona alcanzó ese nivel de longevidad, se debe continuar estudiando, para alcanzar niveles más elevados de comprensión, y la experiencia inherente. Todo aprendizaje de hoy, es una experiencia que servirá mañana, o en el siguiente ciclo de vida. La edad más avanzada es la más propicia para adquirir niveles más elevados de comprensión. También, cada quien, en su respectivo grado, debe compartir su experiencia, ya que, enseñando es como mejor se aprende, ya que, cada persona a quien se transmite conocimiento, a su vez es una comunicadora de experiencias, que enriquece al instructor. Se precisa compartir la propia experiencia con niños,  jóvenes, ya que ellos vienen a la nueva existencia con ideales renovadores de progreso, que enriquecerán el porvenir. Nadie debería jubilarse a ninguna edad, ya que, siempre tendrá la oportunidad de servir transmitir a las nuevas generaciones su experiencia, y a la vez, absorber, de ellas, los ideales renovadores para la época siguiente.
Igualmente, el entorno presenta, para cada quien, oportunidades y amenazas. Las primeras hay que aprovecharlas mediante el aporte de bienes y servicios que satisfagan las necesidades insatisfechas, o los anhelos de las personas de mayor poder adquisitivos. Hay que prepararse, para ellos, detectando las necesidades insatisfechas del mercado. Las amenazas del entorno, se pueden controlar con el conocimiento adecuado, con la actitud correcta.
Toda situación que se afronta, en la vida, y en el mercado, presenta sus propios medios para resolverlas, aprovechando la oportunidad inherente que trae consigo.
En cualquier fase existencial, si se presenta una situación para resolver, es porque se está en condiciones de hacerlo; caso contrario, jamás se habría presentado.  Esto aporta elementos de tranquilidad y seguridad: Siempre se puede si se cree en la posibilidad inherente.
El planeta se encuentra en tiempos de cambios hacia mejores niveles de percepciones, comprensiones y capacidades realizadoras para ascender a nuevos estados y estaciones de conciencia. Esto no será por generación espontánea,  a pesar de la influencia positiva, y modeladora, de la resonancia magnética, sino mediante un proceso gradual, de acuerdo a un estricto plan de vida individual, y colectivo, acordes a los planes de desarrollo trazados  por el Gran Arquitecto del Universo en la Ley cósmica. Por supuesto que, lo que parece casualidad, obedece a una estricta causalidad. Es decir, los campos morfogenéticos, y saltos cuánticos, comunican la visión gradual de las nuevas fases de desarrollo, cuyo espectro tiene incontable números de vertientes y variantes, que, cada quien, en su respectivo nivel, aprovechará en forma apropiada.
Como muy bien lo expresaba Hermes Trismegisto, en el Kybalión, en la más remota antigüedad, cada quien instruye, o guía, en los niveles inferiores y sirve, o es guiado, en los superiores. (Parafraseado).
La suma existencial alcanzada, en cada ciclo, por todo ser, le ubica, o reubica, en el orden perfecto que le corresponde, de acuerdo a la ley de afinidad, en estricta correspondencia con la ley de justicia, cuyo fiel señala el cuanto, el dónde y el por qué, el cómo, el cuándo y el con quién.
680: En El Libro de los Espíritus, se lee:
¿Existen seres humanos cuya ineptitud para cualquier tipo de trabajo le rinda inútil la propia existencia?
-“Dios, en su justicia, no condena sino a quien vegeta en voluntaria inutilidad, por cuanto vive a costo del trabajo ajeno. Pero, Él quiere que cada ser se rinda útil en proporción de las propias fuerzas”-. (Ver Nº 643).
Adelante.


En revisión….

jueves, 19 de marzo de 2020

MEDITACIÓN 22. MATERIA




MEDITACIÓN 22

MATERIA

©Giuseppe Isgró C.



El mundo de la materia no es más que la dimensión física de la expresión de la vida.
Esta manifestación física de la vida, siendo real desde el punto de vista de lo tangible, de lo físico, de lo compacto, no deja de ser más que una apariencia, una ilusión.
Esto es debido a que la materia no es más la condensación de la energía bajo ciertas formas y características.
Formas y características que se plasman de acuerdo con las imágenes expresadas por el respectivo Espíritu elemental de la naturaleza y por la “personalidad” inherente del elemento en sí, del cual se trate, que le imprime determinadas cualidades físico-químicas, con una función específica en el contexto universal.
Al igual que una planta, del entorno que conforma su hábitat, en la tierra, extrae las sustancias que le permitirán desarrollar la vida física que le es inherente. Así como crecer y desarrollarse, mientras culmine su ciclo biológico, lo cual ocurre también en la dimensión energética.
El Espíritu elemental vibra a una determinada frecuencia y condensa la materia equivalente al elemento en cuestión, del que se trate.
Siendo la misma energía universal del que extrae la esencia inherente al tipo de Espíritu elemental del que se trate, empero, las cualidades y características son diferentes, entre sí, según sea un elemento u otro.
¿Cómo es posible que, siendo la misma energía la fuente de la cual extrae cada Espíritu elemental la esencia con la que manifiesta la materia inherente, tengan las diversas expresiones de la materia, características y cualidades tan diversas entre sí?
¿Será que en esa aparente uniformidad de la energía cósmica existen, también, una extensa gama de variantes equivalentes a la totalidad de los elementos conocidos y por conocer, en cada planeta en particular?
La tierra, a nuestra vista aparece uniforme, como si fuese una sola substancia, pero contiene una extensa gama de elementos. ¿Ocurrirá que, en la dimensión energética existen, también, variantes en los tipos de energía, que los Espíritus elementales utilizan de acuerdo con su “personalidad”, para condensar la energía de acuerdo al tipo de elemento?
Evidentemente, existe una dimensión espiritual en la que se desenvuelven los Espíritus elementales de la naturaleza, al igual que los de los otros tres reinos naturales. Esta dimensión no es sino la expresión de la Divinidad en tantos seres emanados a la conciencia individual, sin separarse la Divinidad de sí misma, y sin dejar de ser Ella misma. ¿Qué tipo de interrelación existe entre los Espíritus de los cuatro reinos naturales, en la dimensión espiritual? ¿Existen infinitas capas superpuestas de esferas mentales-espirituales, según la gradación de sus estados de conciencia? Existen evidencias que parecieran indicarlo. Las esferas mentales, en forma de espiral, cada ser, en los cuatro reinos naturales, se encuentra ubicado en una posición que va de 1 a 360 grado, en una secuencia de esferas que van del grado 1 al infinito. Por supuesto, en la extensa gama del infinito, deben existir, aún, esferas vacías, en espera que algún día, dentro de la eternidad, grupos de Espíritus con ese grado de conciencia, o evolución, las ocupen como hábitat. La suma existencial, basada en la experiencia y en los méritos adquiridos, con la inherente depuración espiritual, rige bajo la égida de la Ley de afinidad, en cooperación con la ley de justicia, compensación e igualdad, como ordenadora del universo, en armonía con todos y con el Todo. Es decir, cada quien, ocupa, automáticamente, su lugar y orden, en el concierto universal de todas las cosas.
En todas esas esferas, existe la dimensión del Alma Universal, que es una especial forma de materia etérica, fluídica, más sutil, quintaesenciada, que sirve de vehículo espiritual a todos los Espíritus que conforman la dimensión espiritual. Es una forma menos densa de materia, pero, es una variante de la materia, que a su vez aporta sustancia imbuida de plasticidad, moldeable según quien la utilice y el objeto pertinente. Es una esfera donde el dirigente es la mente, es decir: el Espíritu. Lo pensado con intención, se manifiesta a nivel de pensamientos, sentimientos, palabras o imágenes-ideogramas y actos, y el resultado de los mismos.
Esa materia quintaesenciada, en infinitos grados de densidad, en la espiral cósmica, que conforma el Alma Universal, le sirve al Espíritu de vehículo en la dimensión espiritual, y le sirve, al mismo tiempo, de enlace entre el Espíritu y el cuerpo; éste, a su vez, funge de vehículo en la dimensión física de la vida.
Esa alma individualizada, en cada Espíritu de los cuatro reinos naturales, que no dejan de ser emanaciones individuales, en el Alma Universal, de la misma y única Divinidad, causa suprema de todo lo existente, contiene en sí todas las esencias del universo, en todas sus vertientes y variantes, pero, con una programación específica, según el Espíritu de que se trate y sus inherentes estados de conciencia y respectivas estaciones en la escala evolutiva.
Es decir, Espíritu de los respectivos cuatro reinos naturales, respectivamente, salvo que existan otros reinos naturales que aún no se conozcan en el planeta tierra.
En todo caso desde la forma física más densa de la materia, a la más sutil y etérica, existe una inmensa variante que podríamos, probablemente, ubicar entre el grado cero y el infinito de densidad, o estado de depuración, como ya fue esbozado con anterioridad. Es decir, mientras más elevados sean los estados de conciencias en ese mismo grado se sensibiliza la materia adquiriendo expresiones más depuradas y bellas.
Esta es la razón de que en el ámbito Espírita se habla que el alma o periespíritu es materia quintaesenciada, menos densa que la física, pero materia en fin.
Si existen formas físicas diversas en la materia, es porque, simultáneamente, existe una análoga diversidad de Espíritus elementales capaces de condensar esas variantes en la materia. Tantos Espíritus elementales como elementos existan, conocidos o por conocer.
De igual manera, ¿existen arquitectos cósmicos que diseñan, según el reino natural, las formas equivalentes a la especie vegetal, o elemento mineral, de acuerdo a las características respectivas de cada especie o elemento?
 Esas características especiales de cada especie animal, vegetal o mineral, ¿han sido impresas ya  por la Divinidad en el momento en que emanan, respectivamente, a la conciencia individual?
O, ¿cada Espíritu de los cuatro reinos naturales los va desarrollando, haciendo uso de su respectivo libre albedrío? En la bellota, en esencia se encuentra, ya, encerrado el árbol de la encina con toda su programación como variedad vegetal. Empero, el operador es el Espíritu de la encina, que contiene, a su vez, la programación espiritual, o misión, asignada por la naturaleza de las cosas, o, por el Gran Arquitecto del Universo.
¿Tienen libre albedrío todos los Espíritus de los cuatro reinos naturales?
Por supuesto que sí. No hay duda ninguna de ello. Están dotados de los mismos atributos de la Divinidad, incluyendo la conciencia y el libre albedrío.
La única diferencia podría surgir en que el Espíritu humano utiliza la materia de los otros tres reinos naturales, al igual que el Espíritu de los animales.
El Espíritu vegetal utiliza la materia a partir del reino mineral, y el reino mineral, utiliza la materia a partir de la energía. Cada reino sirve de enlace y soporte del otro.
Es decir: Los Espíritus elementales de la naturaleza, utilizan la energía; los Espíritus del reino vegetal utilizan la energía a partir del reino mineral; los Espíritus de los reinos animal y humano, lo hacen a partir de la energía sintetizada por el reino mineral y vegetal, y, en parte, a partir del mismo reino animal y humano.
Es un proceso de cooperación recíproca e integral.
Toda esta extensa gama de variantes en la condensación de la energía, en materia, empieza en la mente de cada Espíritu. Cuando se dice que “los pensamientos son cosas”, es que las ideas, o ideogramas que contienen o expresan, son capaces de manifestar su equivalente a nivel espiritual, anímico o físico. A nivel espiritual como sentimientos, a nivel anímico, como emociones, y a nivel físico, como sensaciones. Según su índole manifiestan el equivalente físico, por las leyes de causa y efecto, y por la de la polaridad y la de atracción, entre otras. La ley de afinidad es la ordenadora por la suma existencial inherente.
El respectivo orden que conforman en el contexto universal tiene que ver con la densidad, o estado de depuración, suma existencial, o peso específico de cada ser en los cuatro reinos naturales.
Realizar ejercicio práctico:
1)       Estudio de la materia desde la perspectiva de la Física.
2)       Otro, desde la perspectiva de la Química.
3)       Análisis de la materia desde la perspectiva de la Biología.
4)       Análisis de la materia desde las perspectivas de diversas corrientes de pensamiento, que permita completar el cuadro mental de la realidad de la dimensión física de la vida. 
5)       Estudio actualizado sobre el éter.


El libro de los Espíritus, dice: (22)

-“La materia se define, en general, como lo que tiene extensión; lo que puede causar un efecto perceptivo sobre nuestros sentidos; lo que es impenetrable. Son exactas estas definiciones?
-“Según vuestra manera de ver, sí, por cuanto vosotros habláis de lo que conocéis; empero, la materia existe, también, en otros estados que vosotros desconocéis todavía. Ella puede ser, por ejemplo, tan etérea y sutil que deja de hacer el más mínimo efecto sobre vuestros sentidos; empero, ella siempre es materia aunque para vosotros no sería tal cosa”-.
¿Cuál definición nos daríais vosotros de la materia?
-“La materia es la unión que vincula el espíritu, y al mismo tiempo es el instrumento que le sirve, y sobre el cual ejercita su acción”-.
-“Esto admitido, puede decirse que la materia es el agente, o el vehículo, con la ayuda del cual y sobre el cual actúa el espíritu”.

miércoles, 18 de marzo de 2020

MEDITACIÓN 21. ESPÍRITU Y MATERIA



MEDITACIÓN 21


ESPÍRITU Y MATERIA


©Giuseppe Isgró C.



Se sabe, tal como lo expresa la segunda ley de la termodinámica, o principio de conservación de la energía, que ni la vida ni la energía se crean ni se destruyen, por cuanto, simplemente, existen.
Ahora bien, ¿qué es la materia?
Podría definirse como energía condensada en “X” grado vibratorio, según el elemento, o elementos que la conformen.
Si pudiera verse cualquier trozo de materia bajo una lupa poderosa, que lo permitiese, se percibiría que la materia no es compacta, “sólida”, en el estricto sentido de la palabra, sino que, en su estructura, existen espacios “vacíos”, pero que, realmente, no es más que energía condensada.
Cuando el respectivo ciclo de esa materia termine y pase por el proceso natural de descomposición, la energía que le conformaba vuelve al depósito universal, para ser, nuevamente, utilizada.
¿Cómo ocurre esto, y quién lo realiza? Se ha oído, algunas veces, hablar de los “Espíritus elementales de la naturaleza”.
¿Qué son los Espíritus elementales de la naturaleza? ¿Qué es un Espíritu?
Imaginemos el universo dividido en tres substratos.
El primero, conformado por Dios, -el Creador Universal-, la fuente cósmica de donde emana todo. Una energía luminosa en movimiento eterno, dotada de inteligencia infinita, con todos los atributos divinos, -valores universales-, en grado infinito de desarrollo, en todas sus vertientes y variantes, sin límites de ninguna naturaleza, que constituyen el soporte de los principios cósmicos y de las leyes universales, cuya síntesis se expresa como ley cósmica.
Por supuesto, Dios se encuentra dotado de una conciencia universal de sí y de todo lo que Él es y representa, de su poder creador infinito, y aun así, potencialmente infinito, en infinitos aspectos, variantes y vertientes. Causa suprema del universo ab eterno, es decir, desde la eternidad, en la eternidad presente, para la eternidad. Se ha dicho: causa suprema universal. Todo este todo conforma lo Uno, que es la totalidad de lo que existe, y llegará a existir, en el eterno presente.
 El segundo substrato, conformado por el Alma Universal, que es la Matriz Cósmica, conformada por substancia etérica que llena todo el universo, que podría ser comparado a la “tierra cósmica”, equivalente a la tierra que conocemos, pero, en estado etérico. Representa, al mismo tiempo, a la  Mente Cósmica, equivalente a lo que, en pequeño, es la mente de un ser humano.
Otra comparación, necesaria: las semillas que se siembran en la tierra, a nivel de la mente, estarían representadas por las ideas. Ahora bien: en la naturaleza existen cuatro reinos conocidos: el humano, el animal, el vegetal y el minera. Cada uno está conformado por tres entes básicos: el Espíritu, el alma y el cuerpo. ¿Quién crea el Espíritu, fuente de la vida? Se ha dicho ya, que la vida no se crea, porque existe ab eterno, es decir, desde la eternidad.
Entonces, ¿cómo emana a la conciencia individual? Cada vez que el Creador Universal precisa a una familia de Espíritus, en cada reino natural, Él, sin dejar de ser Él mismo, y sin separarse de Él mismo, toma posesión, en el Alma Universal, de una célula matriz, a la que dinamiza con vida eterna e inmortal, a partir de ese momento, y siendo Él mismo, sin haberse separado de Él mismo, continúa dotado de sus mismos atributos divinos, -o valores universales, de su conciencia, en la que se expresan los sentimientos de los valores universales, como guía divina de vida, o sentidos cósmicos, pero, arrancando desde un grado cero de percepción.
Es decir, emana a la conciencia individual, el mismo Creador Universal, pero en la conciencia de este ser individualizado no quedó registrado todo lo que era el Creador Universal desde la eternidad pasada, lo cual deberá descubrir, ese ser, a partir de entonces, en la eternidad futura, en el eterno presente.
Evidentemente, ese nuevo ser tiene una misión y cumple un propósito del Creador, que es el de acrecentar a la Creación. Este proceso de emanación a la conciencia individual, del mismo Creador, ocurre, por igual, con los Espíritus de los cuatros reinos naturales: el humano, el animal, el vegetal y el mineral, salvo de que existan otros reinos que desconozcamos, por ahora.
Y es aquí donde entran en escena los Espíritus elementales de la naturaleza, constituidos por los Espíritus emanados a la conciencia en el reino mineral, por ejemplo: los espíritus del hierro, del oro, del estaño, del zinc, del bronce, de la plata, etcétera.
Emanados los Espíritus a la conciencia individual,  en el Alma Universal, -o mente cósmica-, en los cuatros reinos naturales, en las correspondientes células matrices, -equivalentes a espermatozoides etéricos-cósmicos-, en las que el Creador se une, dinamizándoles, esas ubicaciones, dentro del alma universal, van a constituir sus espacios cósmicos, respectivamente, al igual que el espacio que queda en una masa de harina, de la cual, un ama de casa, mediante un molde, extrae una galletita. Permanecerá unido a ese espacio cósmico, en el alma universal, mediante un “hilo de plata” elástico, fluídico, como su hogar. Ya, aquí, tenemos dos de los elementos de la trilogía que le conforman: Espíritu y alma.
El tercer substrato, se encuentra conformado por la materia: Los Espíritus elementales de la naturaleza, equivalentes a cada uno de los elementos minerales conocidos y por conocer, vibran, cada uno, en una determinada frecuencia, de acuerdo a su tipo, y materializan la energía, es decir, la condensan en materia, es decir: hierro, oro, plata, bronce, oxígeno, nitrógeno, carbono, etcétera.
Aquí, se sigue cumpliendo el principio de que la constitución de cada ser está integrada por: Espíritu, alma y cuerpo. Este substrato va a conformar la base y el soporte de los mundos físicos, en el cosmos.
Aquí reside el secreto de la creación de los mundos, en el inmenso universo. Cada vez que los maestros de la Creación van a formar un mundo, de acuerdo a los planes y objetivos de la humanidad que le habrá de poblarle, o habitarle, en determinado lapso, los maestros de la creación a cuyo cargo se encuentra la formación de aquel mundo, le dan una orden, a esa inmensa cantidad de Espíritus elementales que van a coadyuvar, para que condensen determinadas masas de materias, tanta como sea necesaria hasta alcanzar el volumen respectivo de acuerdo al tamaño previsto para ese mundo.
Aquí residiría, probablemente, también, el secreto de esas enormes velocidades mediante las cuales los mundos giran sobre sus propios ejes y alrededor de su respectivo sol, en un movimiento integral cósmico. Es decir, dado que en su nivel infinitesimal la materia está constituida por Espíritus elementales, en cuya expresión física como átomos de sus respectivos elementos constituyen una energía en movimiento, la unión masiva de todos esos elementos, dotados de energía en movimiento, en su suma total, le otorgan, al respectivo mundo, sus movimientos sobre sus propios ejes, y el de la traslación en torno a su respectivo sol, en base a un determinado punto de equilibrio, por la ley de gravedad.
Pero, la unión de los mundos, de los sistemas solares, en sus respectivas galaxias, en conexión con todas las galaxias del universo, todas se desplazan, uniformemente, en armonía, en un viaje perpetuo por el universo.
Prácticamente, el sistema de galaxias, en su conjunto, se encuentra en un viaje permanente por el Cosmos. Somos viajeros cósmicos en el espacio, en tiempo presente.
Siendo la ley una e igual para todos, cada especie, para expresar,  en su respectivo reino, lo relativo a su cuerpo físico, sigue un proceso análogo al mineral, con las adaptaciones, y variantes, inherentes a su índole. En síntesis, en este quehacer universal el Creador está realizando un juego consigo mismo. Pero, ¡que juego!
El Libro de los Espíritus, dice: (21) –“Vuestra imaginación no puede dejar de demostraros la imposibilidad de que Dios, amor y bondad por esencia, haya podido estar alguna vez inoperante. Por muy lejos que pudierais imaginar el principio de su acción, podríais representároslo un solo momento inactivo?”

MEDITACIÓN 20



MEDITACIÓN 20

©Giuseppe Isgró C.


Las enseñanzas védicas, las de las leyes de Manú, las del Mahabharata, y otras de esa remota antigüedad, cuya profundidad de sabiduría asombran a la humanidad del siglo XXI, y continuarán haciéndolo en el futuro, tomando en cuenta de que fueron elaboradas en una época histórica en la que se supone que vivía una humanidad primitiva, eran conocidas como “las enseñanzas de los oidores a los pies del maestro”.
¿Qué significa esto? Es muy sencillo: fueron enseñanzas impartidas por Espíritus superiores, de otros mundos más avanzados, por medio de un “sensitivo” debidamente facultado a tales efectos, que transmitían un conocimiento que no era originario del planeta tierra.
Antes de ese momento, nadie había hablado de determinados temas, en esa forma específica, como la reencarnación, la ley del karma y otros temas inherentes a cada una de las obras en cuestión.
De manera que, la misma vida, en forma gradual, y oportunamente, determina que se vayan trascendiendo los límites establecidos para cada etapa evolutiva.
El Libro de los Espíritus, dice: (20) –“Dios, cuando lo estima útil, le revela al ser humano lo que la ciencia no puede enseñar”-.

MEDITACIÓN 19




MEDITACIÓN 19

©Giuseppe Isgró C.



El ser humano ha ido penetrando en los secretos de la naturaleza, gradualmente, sin tomar en cuenta de que nosotros desconocemos la clase de conocimiento que puedan poseer los seres en los demás reinos: animal, vegetal y mineral, que, aún, el ser humano desconozca, por la razón que fuere.
Pero, evidentemente, en cada etapa evolutiva, existe un límite que, gradualmente, habrá que ir trascendiendo. Por ejemplo, el método científico utiliza la lógica inductiva y deductiva en su búsqueda del conocimiento. Pero, la percepción por los cinco sentidos físicos y la capacidad de razonamiento tienen sus respectivos límites los cuales son trascendidos por la intuición y la inspiración.
Es decir, que la mente humana es capaz de obtener informaciones utilizando facultades espirituales, cuyos límites los constituyen el estado de desarrollo de las mismas, y la pureza de conciencia, que se traduce en la intención de la persona, en determinado grado evolutivo.
El ser humano, como lo ha ido demostrando en la historia, ha ido superando todas las barreras que ha encontrado en su búsqueda del conocimiento, y así lo seguirá haciendo en el eterno presente, en forma gradual, sin límites de ninguna naturaleza.
No se deben, ni pueden aceptarse, por lo tanto, límites algunos en el desarrollo de la propia misión existencial, por cuanto nadie conoce los alcances ilimitados de su aptitud.
Por cada límite que encuentre en su camino, el ser se preguntará:
¿Qué hay más allá?
¿Cómo puedo llegar allí?
Siempre encontrará la manera de hacerlo.
Pero, primeramente, en cada caso, debe llegar a ese límite “temporal”, en su eterno camino, no pararse allí y, luego, seguir siempre adelante.
Al llegar al límite aparente de su aptitud, jamás se debe abandonar; es preciso persistir con confianza y persistencia, tenazmente, hasta trascender esa barrera temporal.
El Libro de los Espíritus, dice: (19) –“La ciencia le ha sido dada –al ser humano- para que progresase en todas las cosas”. (…).

MEDITACIÓN 18.CONCIENCIA PERCEPTIVA, COMPRENSIVA Y REALIZADORA



MEDITACIÓN 18

CONCIENCIA PERCEPTIVA,
COMPRENSIVA Y REALIZADORA

©Giuseppe Isgró C.


El Espíritu está dotado de un poder potencialmente infinito, expresado en dos vertientes: la primera, de percepción del conocimiento; la segunda, de acción creadora.
El estado de purificación de la persona, implicaría una depuración de su Espíritu en los asuntos “materiales”, sensibilizando su ser en las cosas elevadas de la vida, por lo que, centrando su atención en las preguntas que inquietan su conciencia, se les abren los ojos de la comprensión intuitiva, o inspirativa, que le permiten percibir la información que precisa, sabiendo lo que quiere saber.
Esto implica descentrar la atención del ego, de los sentidos físicos, de la lógica inductiva y deductiva, emancipándose de la conciencia objetiva para acceder a la visión espiritual, a un nivel de conciencia trascendental.
Empero, en cada fase de desarrollo, precisa ejercitar sus facultades intelectuales, y espirituales, al mismo tiempo, que permitan, a la vez, la percepción, la comprensión y la realización. Este último elemento, indispensable para adquirir la experiencia, madre de la sabiduría.
Es preciso recordar que el Espíritu se encuentra dotado de los mismos atributos divinos del Creador Universal, en estado potencial. Esto quiere decir que posee, exactamente, todas las facultades que les son inherentes al Creador, pero, en estado de potencialidad, que, eternamente habrá que desarrollar.
En este desarrollo eterno, irá percibiendo, gradualmente, en la medida en que se purifica, y desarrolla sus atributos divinos, todo el conocimiento del cual perciba su ignorancia, en un momento dado.
Es decir, la conciencia de lo que ignora, le irá creando el molde que expresará el respectivo conocimiento que precisa en ese estado evolutivo.
El Libro de los Espíritus, dice: (18) –“Los ojos se le abren al mismo tiempo que él se purifica”. (…).