LA CAUSA PRIMERA
©Giuseppe Isgró C.
¿Cuáles son las propiedades
íntimas de la materia? ¿Cuál es la esencia de la materia, en cada tipo de la
materia? ¿Por qué de la misma tierra diversas especies vegetales extraen una
inmensa variedad de plantas, flores, frutos, entre otros particulares?
Cada especie tiene una forma
diversa y uniforme, edad tras edad, excepto un estado de perfeccionamiento en
el espacio y en el tiempo, que indica que cada una se va perfeccionando, o
evolucionando, en su misma naturaleza. Un naranjo produce naranjas en cualquier
parte del planeta en que se siembre.
En un mismo lugar, un rosal y
un cerezo, darán, respectivamente, y de la misma tierra, una rosa y un fruto
denominado cereza.
Existe una inteligencia
vegetal que realiza un trabajo capaz de extraer –y elaborar- los elementos
adecuados, de la tierra, para dar el respectivo fruto –resultado- inherente a
la especie que representa.
Cada especie tiene
una inteligencia particular y una programación mental –conocimiento-, para
realizar una labor asignada por la naturaleza de las cosas para obtener un
resultado que complementa la Gran Obra de la Creación.
La misma tierra
que pareciera uniforme, contiene, sin embargo, una determinada cantidad de
elementos –diferentes entre sí-, conocidos y por conocer, que tienen entre sí
características particulares. Esas características particulares a nivel
elemental –de los minerales- son los resultados –características- inherentes a
cada mineral.
La materia en sí
no es más que energía condensada. Si se manifiesta una variante en los
elementos que conforman la materia, es porque existen determinadas esencias
–Espíritus elementales- que vibrando a determinada frecuencia, son capaces de
manifestar dichos elementos físicos –o materia-.
Esas propiedades
íntimas de la materia a que hace referencia el Maestro Allan Kardec, en su
pregunta número siete de El Libro de los Espíritus, no son más que las diversas
variantes de Espíritus Elementales de la naturaleza que tienen una misión
específica de condensar determinados tipos de materias en la dimensión física a
partir de la energía universal.
Cada Espíritu
elemental tiene una frecuencia vibratoria determinada. Al vibrar en esa
frecuencia, manifiesta su equivalente físico, condensando el respectivo
elemento. Por ejemplo: El Espíritu elemental del hierro, condensando la misma
energía universal, manifiesta el elemento hierro, tal como el del oro,
manifiesta oro, y el del platino, platino, y así sucesivamente con cada elemento
conocido o por conocer.
Si existen
variantes en las manifestaciones físicas de la materia es porque también las
hay en los espíritus elementales que las manifiestan, al igual que ocurre en el
reino vegetal, en el animal y en el humano.
El tipo de materia
manifestada es un efecto del tipo de Espíritu elemental que la manifiesta, es
decir: Su causa. No existe efecto sin causa, ni causa que no genere efecto. De
manera que es imposible aislar el efecto de la causa, o ignorar ésta, sin
distorsionar la verdad.
Es preciso en todo
efecto buscar la causa que lo origina y tendremos, así, una visión completa de
la verdad, en el grado relativo al propio estado -y grado- de conciencia.
Es indispensable
ver toda la realidad y no solamente un aspecto de la misma.
Y toda realidad
tiene una vertiente física y otra espiritual. Además, existe un elemento de
enlace –alma o periespíritu- también en el reino mineral, que une ambas
dimensiones o polaridades. En esa duplicidad de dimensiones el grado de
conciencia imperante en la dimensión espiritual se refleja en la respectiva manifestación
física. Una mayor depuración de la materia indica que existe una equivalente en
la dimensión espiritual.
En todos los
reinos naturales existen elementos, -o especies-, que presentan una mayor
depuración que en otros. Es el grado de conciencia evolutiva que presenta, a
nivel particular cada uno de los elementos, o especies vegetales, animales o
humanos.
Entonces, la causa
de estas propiedades íntimas de la materia lo constituye el Espíritu, en todas
sus vertientes y variantes: Elemental, -en el reino mineral-; Vegetal,
-en el reino vegetal-; Animal, -en el reino animal; recordando que animal
quiere decir que posee un alma, ya que alma equivale a –anima-, de ahí el
término animal. El Espíritu elemental es la causa primera de la materia.
La manifiesta a partir de la condensación de la energía por su respectivo grado
vibratorio.
El Espíritu de
cada reino natural es una manifestación en la conciencia individual de la
Divinidad sin separarse de la Divinidad y sin dejar de ser la Divinidad. Cada Espíritu en los cuatro
reinos de la naturaleza está dotado de vida eterna e inmortal; es coeterno con
la Divinidad y está dotado de los mismos atributos divinos de la Divinidad y es
poseedor de una réplica exacta de la conciencia de la Divinidad.
La única diferencia
que existe es que, mientras la Divinidad posee todos sus atributos divinos
desarrollados en grado infinito en todas sus vertientes y variantes, cada uno
de los Espíritus manifestado a la conciencia individual, en los cuatro reinos
naturales, los posee en grado potencialmente infinito, que eternamente
desarrollará sin encontrar jamás un límite.
Es el eterno
retorno del ser individual hacia el Ser Universal. Es la búsqueda de sí misma
de la Divinidad en sus ilimitadas expresiones a la conciencia individual.
Esos atributos
divinos tienen una doble vertientes: La del conocimiento, que se expresa
mediante los parámetros de los valores universales, mediante el lenguaje de los
sentimientos en la propia conciencia, en la dimensión espiritual. Como
emociones, en la conciencia, a nivel anímico o del alma; y como sensación, a
nivel físico, o del cuerpo. Los pensamientos en cada una de las variantes
espirituales se expresan mediante imágenes. Se piensa en imágenes. Cada ser en
los cuatro reinos naturales demuestra ser poseedor de un conocimiento
específico para realizar la propia labor que le asignara la naturaleza de las
cosas en los planes cósmicos.
Empero, desde ese mismo estado de conciencia inherente a
cada ser en los cuatro reinos naturales, cada quien realiza su viaje del eterno
retorno hacia el Ser Universal. Jamás ese viaje tendrá fin por cuanto es
infinito. Es el eterno camino del progreso universal sin límites de ninguna
naturaleza, en una inmensidad de mundos, en la expansión eterna de la Creación.
La misión consiste en adquirir consciencia del Todo en todas sus vertientes y
variantes. Siempre encontrará un más allá.
Es lo que se
denomina la Eterna polarización del ser individual hacia el Ser Universal: -Simbolizado
por el Círculo y el Signo Más-. Es un camino circunferencial que conforma
la espiral cósmica, en todos los estados de conciencia y sus grados perceptivos,
comprensivos y realizadores de la verdad
universal.
La segunda
vertiente, es la expresión potencialmente infinita del poder creador que se
anida en cada Espíritu, o ser, que eternamente se manifiesta en un mayor nivel,
a medida que vaya afrontando necesidades inherentes a ese nivel, o anhelos,
propósitos u objetivos de auto-realización.
Si cada ser
experimentase una necesidad infinita, en ese mismo grado expresaría el
conocimiento inherente, y el poder creador equivalente para autosatisfacerla.
Dentro de ese
potencial infinito de manifestación expansiva de la Creación Universal, la
Divinidad constituye la pedagoga de sí misma en la manifestación respectiva de
cada ser en la conciencia individual. Lo realiza por el lenguaje de los
sentimientos análogos a los valores universales, expresión sublime de la ley
cósmica impresa en la conciencia de cada ser.
En fin de cuenta,
no deja de ser un juego de la Divinidad con la misma Divinidad. Un juego para
divertirse en toda la eternidad.
Entonces, ¿por qué
no empezar ahora mismo con esa sublime diversión? ¿Se cambiaría todo eso por un
bien menor de lo que la Divinidad dispuso para todos?
El libro de los
Espíritus, dice: -“Volvemos siempre a la necesidad de una causa
primera”-.