EXÉGESIS 1.008
©Giuseppe Isgró C.
1008.
La
duración de las sanciones depende siempre de la voluntad del Espíritu? No las
hay que le sean impuestas por un tiempo determinado?
-“Las hay, también, de este tipo; pero Dios,
que quiere únicamente el bien de los seres, acoge, siempre, la rectificación, y
el deseo de mejorarse siempre da sus frutos constantemente”-.
EXÉGESIS:
Así como cada
árbol frutal precisa determinado tiempo para fructificar, ocurre un lapso
equivalente, para caso, según la experiencia educativa o adquisición del nuevo
estado de conciencia, en la estación y grado respectivos, que el ser en
cuestión precisa.
El Legislador
Universal, al plasmar la Ley cósmica, en su infinita sabiduría previó todas
estas cuestiones en sus más ínfimos detalles. Luego, en sus funciones de Gran
Pedagogo, por las acciones de los sentimientos de los valores universales en la
respectiva conciencia de cada quien, ejerce la acción coactiva-pedagógica que
cada ser requiere para adquirir ese inherente estado de conciencia, en ese
grado particular. Pero, la acción pedagógica no termina allí, ya que el
progreso es eterno e infinito, y el ser sigue ascendiendo en nuevos grados de
experiencias que despiertas, en cada fase evolutiva, los estados de
conciencias, en las estaciones inherentes. Estados de conciencias y estaciones,
o grados de conciencia en una eterna polarización. Cada estación posee un
mínimo y un máximo en grado de conciencia hasta pasar a la siguiente, en cada
uno de los estados de conciencia inherentes a los valores universales o
atributos divinos, como una rueda que gira. Se asemeja a la doble rueda de los
ocho trigramas del libro de las mutaciones o I Ching, que en cada vuelta
generan un nuevo exagrama de los 64 posibles en cada vuelta, para luego iniciar
un nuevo ciclo de comprensión, en una estación más elevada. En cada giro
existencial que genera la inherente experiencia en todas las situaciones
existenciales, o estados de conciencia, en cada estación, ad infinitum.
Dado que cada ser
posee el libre albedrío, y debe tomar decisiones de cuyos efectos él mismo es
el responsable y el merecedor, según los resultados obtenidos, por los cuales
es evaluado. Luego, la persona conciencia, que no desea auto-engañarse, sabe
exactamente, cuando hay motivos para estar satisfecho o aún debe afrontar
nuevas situaciones para auto-calibrarse. Es la auto determinación de los seres
cuando alcanza niveles elevados de conciencia. Los niveles de exigencia que se
antepone la persona evolucionada, son equivalentes a sus respectivos estados de
conciencias y estaciones experienciales en que se encuentra.
Como el auténtico
pedagogo es el Ser Universal dentro de la conciencia de cada ser, en los cuatro
reinos de la naturaleza, y es un maestro exigente, un jinete cósmico o auriga,
espolea continuamente, cuando hace falta para que el ser siga avanzando en la
adquisición de la experiencia precisada, que optimizan las aptitudes, que, en
definitiva, de eso se trata. Cuando termina una fase no dormirse en los
laureles. El surgimiento de nuevos estados de insatisfacción, al igual que en
la escala de necesidades enunciada por Abraham Maslow, en el nivel jerárquico
inmediato superior, le impele anteponerse objetivos ascensionales en la
pirámide de necesidades, que al final se transforma en una rueda que gira ad
infinitum, en forma de espiral evolutiva.
La perfección
infinita de los atributos divinos en cada ser ya existe; empero, falta la
experiencia que le permita descubrir los infinitos tesoros encerrados dentro de
sí, en sabiduría y en poder creador potencialmente infinitos.
Como la Ley
cósmica se encuentra impresa en la conciencia de cada ser, en los cuatro reinos
naturales, y la conciencia de cada ser es una réplica exacta de la conciencia
de la Divinidad, dentro de la conciencia de cada quien se expresa, por la ley
cósmica, el tiempo y la medida de cada cosa, como guía exacta y precisa, con
los parámetros inherentes de los valores universales, o atributos divinos,
dentro de los cuales enmarcar los propios pensamientos, sentimientos, palabras
y acciones.
Lo demás viene
dado por la experiencia que manifiesta la perfección siempre relativa del
eterno aprendiz, cuyo maestro interno le acompaña, en la existencia, como
eterno compañero de viaje.
Si el aprendiz
adquiere nuevas experiencias en los estados de conciencia, en las estaciones
inherentes por las cuales va ascendiendo, en la eterna rueda de la vida, el
maestro no estaría aprendiendo al mismo tiempo que el alumno nuevas maneras de
hacer las cosas?
Seguirá
aprendiendo nuevas formas de auto-expresión la Divinidad? Si no fuera así, qué
sentido tendría todo para la Divinidad?
Cada ser es un
camino indiviso de todos los caminos de la Divinidad, por conformar todo el Uno.
Siendo así, al enriquecerse uno, se enriquecen todos los que conforman el Uno,
incluyendo el Uno. Esto porque el uno no es todo lo que se encuentra expresado,
sino que el uno es todo lo que se encuentra expresado y se expresará
eternamente, en los estados de conciencias y en las inherentes estaciones, ad
infinitum.
Preguntas nuevas,
que precisará su tiempo poder responder, en el eterno presente. Una paradoja,
sin duda alguna.
En el Derecho
positivo existen sanciones y lapsos en las duraciones de las mismas. El interés
de cada persona en enmendarse le facilita acelerar su recuperación. Hay que
emular a la Divinidad que, al mismo tiempo que actúa coactivamente, por la Ley
cósmica, en la conciencia de cada ser, como Legislador y Pedagogo a la vez, acciona
con mecanismos pedagógicos para reeducar a cada ser en el lapso pertinente. Al
final, es cuestión de educación en los valores universales, soporte de los
principios cósmicos y de la Ley divina.




