martes, 22 de octubre de 2019

EXÉGESIS 1.008




EXÉGESIS 1.008

©Giuseppe Isgró C.


1008.            La duración de las sanciones depende siempre de la voluntad del Espíritu? No las hay que le sean impuestas por un tiempo determinado?
-“Las hay, también, de este tipo; pero Dios, que quiere únicamente el bien de los seres, acoge, siempre, la rectificación, y el deseo de mejorarse siempre da sus frutos constantemente”-.


EXÉGESIS:

Así como cada árbol frutal precisa determinado tiempo para fructificar, ocurre un lapso equivalente, para caso, según la experiencia educativa o adquisición del nuevo estado de conciencia, en la estación y grado respectivos, que el ser en cuestión precisa.
El Legislador Universal, al plasmar la Ley cósmica, en su infinita sabiduría previó todas estas cuestiones en sus más ínfimos detalles. Luego, en sus funciones de Gran Pedagogo, por las acciones de los sentimientos de los valores universales en la respectiva conciencia de cada quien, ejerce la acción coactiva-pedagógica que cada ser requiere para adquirir ese inherente estado de conciencia, en ese grado particular. Pero, la acción pedagógica no termina allí, ya que el progreso es eterno e infinito, y el ser sigue ascendiendo en nuevos grados de experiencias que despiertas, en cada fase evolutiva, los estados de conciencias, en las estaciones inherentes. Estados de conciencias y estaciones, o grados de conciencia en una eterna polarización. Cada estación posee un mínimo y un máximo en grado de conciencia hasta pasar a la siguiente, en cada uno de los estados de conciencia inherentes a los valores universales o atributos divinos, como una rueda que gira. Se asemeja a la doble rueda de los ocho trigramas del libro de las mutaciones o I Ching, que en cada vuelta generan un nuevo exagrama de los 64 posibles en cada vuelta, para luego iniciar un nuevo ciclo de comprensión, en una estación más elevada. En cada giro existencial que genera la inherente experiencia en todas las situaciones existenciales, o estados de conciencia, en cada estación, ad infinitum.
Dado que cada ser posee el libre albedrío, y debe tomar decisiones de cuyos efectos él mismo es el responsable y el merecedor, según los resultados obtenidos, por los cuales es evaluado. Luego, la persona conciencia, que no desea auto-engañarse, sabe exactamente, cuando hay motivos para estar satisfecho o aún debe afrontar nuevas situaciones para auto-calibrarse. Es la auto determinación de los seres cuando alcanza niveles elevados de conciencia. Los niveles de exigencia que se antepone la persona evolucionada, son equivalentes a sus respectivos estados de conciencias y estaciones experienciales en que se encuentra.
Como el auténtico pedagogo es el Ser Universal dentro de la conciencia de cada ser, en los cuatro reinos de la naturaleza, y es un maestro exigente, un jinete cósmico o auriga, espolea continuamente, cuando hace falta para que el ser siga avanzando en la adquisición de la experiencia precisada, que optimizan las aptitudes, que, en definitiva, de eso se trata. Cuando termina una fase no dormirse en los laureles. El surgimiento de nuevos estados de insatisfacción, al igual que en la escala de necesidades enunciada por Abraham Maslow, en el nivel jerárquico inmediato superior, le impele anteponerse objetivos ascensionales en la pirámide de necesidades, que al final se transforma en una rueda que gira ad infinitum, en forma de espiral evolutiva.
La perfección infinita de los atributos divinos en cada ser ya existe; empero, falta la experiencia que le permita descubrir los infinitos tesoros encerrados dentro de sí, en sabiduría y en poder creador potencialmente infinitos.
Como la Ley cósmica se encuentra impresa en la conciencia de cada ser, en los cuatro reinos naturales, y la conciencia de cada ser es una réplica exacta de la conciencia de la Divinidad, dentro de la conciencia de cada quien se expresa, por la ley cósmica, el tiempo y la medida de cada cosa, como guía exacta y precisa, con los parámetros inherentes de los valores universales, o atributos divinos, dentro de los cuales enmarcar los propios pensamientos, sentimientos, palabras y acciones.
Lo demás viene dado por la experiencia que manifiesta la perfección siempre relativa del eterno aprendiz, cuyo maestro interno le acompaña, en la existencia, como eterno compañero de viaje.
Si el aprendiz adquiere nuevas experiencias en los estados de conciencia, en las estaciones inherentes por las cuales va ascendiendo, en la eterna rueda de la vida, el maestro no estaría aprendiendo al mismo tiempo que el alumno nuevas maneras de hacer las cosas?
Seguirá aprendiendo nuevas formas de auto-expresión la Divinidad? Si no fuera así, qué sentido tendría todo para la Divinidad?
Cada ser es un camino indiviso de todos los caminos de la Divinidad, por conformar todo el Uno. Siendo así, al enriquecerse uno, se enriquecen todos los que conforman el Uno, incluyendo el Uno. Esto porque el uno no es todo lo que se encuentra expresado, sino que el uno es todo lo que se encuentra expresado y se expresará eternamente, en los estados de conciencias y en las inherentes estaciones, ad infinitum.
Preguntas nuevas, que precisará su tiempo poder responder, en el eterno presente. Una paradoja, sin duda alguna.
En el Derecho positivo existen sanciones y lapsos en las duraciones de las mismas. El interés de cada persona en enmendarse le facilita acelerar su recuperación. Hay que emular a la Divinidad que, al mismo tiempo que actúa coactivamente, por la Ley cósmica, en la conciencia de cada ser, como Legislador y Pedagogo a la vez, acciona con mecanismos pedagógicos para reeducar a cada ser en el lapso pertinente. Al final, es cuestión de educación en los valores universales, soporte de los principios cósmicos y de la Ley divina.

domingo, 20 de octubre de 2019

EXÉGESIS 163




EXÉGESIS 163

©Giuseppe Isgró C.


163. El Espíritu tiene conciencia de sí inmediatamente que haya dejado el cuerpo?
-“Inmediatamente no; él permanece por algún tiempo en una especie de turbación”-.
EXÉGESIS: Efectivamente, de acuerdo al grado de conciencia evolutiva del Espíritu, éste se da cuenta con mayor o menor rapidez del nuevo estado en que se encuentra, en la dimensión espiritual de la vida, desligado ya del cuerpo por efectos de la desencarnación.
Existen casos debidamente registrados en los cuales, como, por ejemplo, el del Dr. Demeure, que tan pronto desencarna, realiza un esfuerzo y visita a su maestro Allan Kardec, y en una comunicación, le informa de su estado, Veamos la siguiente comunicación recibida por Allan Kardec:
“Heme aquí. Había prometido, cuando vivía en la dimensión física, que después de mi desencarnación vendría, si me era posible, a dar la mano a mi querido maestro y amigo Allan Kardec.
“La desencarnación dio a mi Espíritu ese pesado sueño que se llama letargo, pero mi pensamiento velaba. He sacudido esa torpeza funesta, que prolonga la turbación que sigue a la desencarnación. Me he despertado, y de un salto he hecho el viaje.
“¡Qué feliz soy! No soy viejo ni achacoso. Mi cuerpo no era más que un disfraz sobrepuesto. Soy joven y hermoso, con esa eterna juventud de los espíritus, sin pliegues que arruguen las facciones, sin cabellos que encanezcan con el tiempo. Soy ligero como el ave que atraviesa de un vuelo rápido el horizonte de vuestro cielo nebuloso, y admiro, contemplo, bendigo, amo y me inclino, átomo, ante la grandeza, la sabiduría, la ciencia de nuestro Creador, ante las maravillas que me rodean.
“Soy dichoso, ¡estoy en la gloria! ¡Oh! ¿Quién podrá jamás revelar las espléndidas hermosuras de la Tierra de los elegidos, los cielos, los mundos, los soles, su misión en el gran concurso de la armonía universal? ¡Pues bien!, yo probaré, maestro mío, voy a hacer de ello el estudio, vendré a depositaros el homenaje de mis trabajos de Espíritu, que os dedico por adelantado”. “Hasta luego.” Demeure
Sin embargo, el Espíritu precisa en línea general, algún tiempo, desde algunas horas, días o años, según los casos, para percibir que ya ha abandonado la vida de encarnado. Acto seguido de la desencarnación, el Espíritu se ve separado del cuerpo, y no se lo explica; ve a sus familiares y amigos, les habla y se sorprende que éstos no le hacen caso.
La presencia de Espíritus afines, o amigos, que le reciben en la dimensión espiritual, en el acto de la desencarnación, le facilita la salida del letargo temporal. Ellos suelen indicarle, por ejemplo que se toque la muñeca, para que perciba que ya no dispone de un cuerpo físico, y otros detalles análogos. Este tipo de asistencia le facilita la labor de comprensión del nuevo estado.
Hay casos de Espíritus que han permanecido en los lugares habituales de sus aficiones durante larguísimos períodos, años o siglos-. Sin embargo, mientras más largos sean los períodos, también los son más excepcionales.
Algunas investigaciones sobre la reencarnación del Dr. Ian Steevenson, y su equipo, revelan que en algunas regiones del planeta, la mayoría de los niños que recuerdan vidas pasadas, suelen reencarnar en un lapso aproximado de dos años. Esto indica que el período de turbación, en esos casos, es inferior, por supuesto a los dos años. Sin duda, se trata de horas, o días.
La elevación espiritual, y la formación en la doctrina Espírita, o de otra índole, que aporte un conocimiento preciso sobre lo que ocurre después de la desencarnación, facilita, con certeza, ese paso a la conciencia de encontrarse en la dimensión espiritual.
Se pueden dar casos de Espíritus recién desencarnados por vía circunstancial, cayendo al fondo de un barranco, que, tan pronto hayan desencarnado, por ejemplo, se comportan como si estuviesen encarnados. Es decir, creyendo que aún se encuentran encarnados, comienzan a ascender por la ladera, ayudándose con las manos, a cuatro pies, arrastrándose, subiendo como si realmente lo estuviesen haciendo con el cuerpo físico.
En la antigüedad, a la adquisición del estado de conciencia de haber desencarnado, y de encontrarse en la dimensión espiritual, es a lo que se le denominaba “resurrección”. A tales efectos, se solía afirmar que lo que bajaba a la tierra era el cuerpo, y lo que resucitaba, era el Espíritu. Esto se corresponde con la realidad.
Afortunadamente, en línea general, todo Espíritu, al desencarnar es asistido por guías y protectores espirituales, por amigos y parientes, que ya le han precedido en su llegada a aquella dimensión, quienes se encargan de brindarle la asistencia espiritual necesaria para la adquisición de la conciencia de su nuevo estado, y de las actividades que le esperan en aquella dimensión.
Gran número de personas que, durante su vida en la dimensión física, por participar de un orden de ideas equívocos, en torno a la supervivencia del Espíritu, la reencarnación y otros temas inherentes, cuyo estado de confusión, le puede requerir un mayor esfuerzo, o tiempo, superar dichas confusiones en las ideas, ya que en la práctica, se encuentra con una realidad muy diferente de lo que el Espíritu pensaba encontrar en la dimensión espiritual.
Lo que puede demorar en mayor grado este estado de lucidez, es el mayor o menor apego del Espíritu a la materia, o a determinadas situaciones que le eran inherentes en la dimensión física.
Ese estado de apego le impide, durante cierto tiempo, o le hace demorar, la adquisición de la conciencia perceptiva de la realidad en que se encuentra, y de la forma óptima en que debe aprovechar "el tiempo" en sus nuevas funciones, tanto de auto-aprendizaje, como de preparación para la siguiente reencarnación, en un nuevo ciclo de vida en la dimensión física.



sábado, 19 de octubre de 2019

EXÉGESIS 338



EXÉGESIS 338

©Giuseppe Isgró C.



338.    Si ocurriese que para animar un mismo cuerpo que está por formarse se presentarán varios Espíritus, quién sería el que reencarnaría entre ellos?
-“Muchos podrían solicitarlo: en tal caso es Dios quien juzga al más apto para desempeñar la misión; empero, como ya hemos dicho, el Espíritu ha sido elegido antes de su unión con el cuerpo”-.

EXÉGESIS:
Podríamos decir que, si no hubiese un Espíritu con una existencia previamente programada, para nacer en un determinado momento, en cuyo acto de ser engendrado por el padre uniese su alma al espermatozoide que habrá de fecundar al óvulo, tal concepción por la madre dejaría de realizarse, pese a la realización del acto sexual. Esto se demuestra por la razón de que, si no hay un Espíritu que anime al cuerpo, y no lo habrá si éste no une su hilo de plata con el espermatozoide que habrá de fecundar al óvulo, ese nuevo ser dejará de ser concebido y, por ende, formado.
• Se podría complementar, diciendo: Si por la razón que fuere, un espermatozoide al cual no estuviese unido un Espíritu por medio de su alma, o hilo de plata, llegare a fecundar un óvulo, el feto en formación no alcanzaría a tener vida. Empero, cumpliéndose la premisa de que no se ha efectuado la mencionada unión del Espíritu por medio de su alma al espermatozoide, tampoco debería verificarse la concepción del nuevo ser, y si esta se verifica, es porque, aunque haya sido por breve tiempo, se realizó la unión antes citada.
• Henry Still, señala, a tales efectos: -“Un óvulo sin fecundar, al abandonar el ovario está lleno de materiales estructurales y centenares de enzimas para dirigir la construcción de un nuevo ser humano a partir de una diminuta burbuja de protoplasma. Sin embargo, las enzimas están bloqueadas hasta que el óvulo es fecundado. Entonces, y sólo entonces, empiezan cientos de reacciones y cada célula empieza a crecer y a dividirse. Antes de que suceda esto, en el escenario infinitesimal se representa un drama todavía más antiguo de agresión macho-hembra y de resistencia. El óvulo sin fertilizar está protegido por una fuerte capa de células unidas entre sí por medio de una sustancia llamada ácido hialurónico (la dama tiene su puerta cerrada). Los espermatozoos que lo cortejan ya están debilitados y cansados de haber nadado a contracorriente en el canal vaginal y en el útero, donde espera el recatado óvulo. Millones de espermatozoos han suspendido ya la lucha, pero los más fuertes llegan y la dama no aceptará a otro. Cuando un espermatozoo llega a la concha cerrada, lleva un arma secreta, la enzima hialuronidasa, específicamente diseñada para romper la barrera y permitirle la entrada.

Pero ahora, la naturaleza que planeó este juego de la vida como un cuento de hada de un príncipe y una princesa, pone otro obstáculo en el camino para probar su fuerza y perseverancia: en la pared el espermatozoo descubre que no tiene suficiente enzima para atravesar solo, pero quedan otros refuerzos; nuestro príncipe espermatozoo no se encuentra solo ante la muralla del castillo, otros príncipes han sobrevivido al cortejo final de la dama; hay quizá miles ante la gruesa barricada. Entonces, el más fuerte toma enzimas de sus rivales, penetra en la pared y obtiene en matrimonio la mano de la dama. Es de suponer que viven felices después, en los millones de millones de células de un nuevo ser. No se sabe exactamente –aún- como toma las enzimas de sus rivales, pero sirve para explicar por qué la naturaleza parece desperdiciar millones de espermatozoos para lograr la fecundación de un solo óvulo. Una escasez de esta enzima quizá sea la razón de la esterilidad”.
• En la escasez de esa enzima podría residir el secreto de porque no existe fecundación del óvulo cuando no hay un Espíritu que una su alma al espermatozoide que va a complementar el proceso del engendramiento del nuevo ser. Al no haber un espermatozoide dinamizado con la inteligencia directriz del Espíritu que oriente el proceso de la fecundación y que utilice las enzimas de los espermatozoides coadyuvantes, ninguno de ellos, sin la dirección del Espíritu por encarnar, es capaz, por sí solo, de dirigir el proceso.

EXÉGESIS 291



EXÉGESIS 291

©Giuseppe Isgró C.


291.     Además de la simpatía general que nace de la semejanza, tienen los Espíritus afectos particulares?
-“Sí, como entre los seres humanos; empero, el afecto que une a los Espíritus desencarnados es más fuerte, por cuanto ya no se encuentra sujeto  a las vicisitudes de las pasiones”-.
EXÉGESIS: La afinidad es la Ley cósmica que agrupa a los seres por las similitudes existentes en los estados de conciencia en las infinitas estaciones de la vida, o grados evolutivos. El amor, a nivel de Espíritu, en la dimensión espiritual, se expresa como amistad, en mayor grado, que es una manifestación muy elevada del amor. Empero, coadyuvan otros valores como la justicia, la dignidad, los ideales comunes, el compromiso de cooperar en la realización de objetivos comunes o colectivos, en el planeta de turno en que viven, o se encuentren adscritos, o en cualquier otro dónde cooperan, en un momento dado.
El Espíritu con niveles avanzados de conciencia, en la dimensión espiritual, desprovisto de las pasiones del cuerpo físico, expresa su amor, fundamentalmente, como amistad, como un sentimiento puro de afinidad, respetando la libertad, la justicia, los derechos y obligaciones del otro ser, sus ideales, que aun siendo siendo divergentes en cuanto a logros u objetivos, podrían ser complementarios, o coadyuvantes. Empero, la amistad es más amplia que el amor visto desde las limitaciones del amor bajo el enfoque terrestre, en cuanto a las exclusividades de ciertas funciones en la relación recíprocas.
El sentimiento de libertad recíproca es respetado en grado más elevado que en la dimensión física ya que se encuentra desprovisto del temor de perder algunos privilegios de exclusividad a que se ciñe la relación humana, por ejemplo, entre dos cónyuges, en el planeta tierra.
A nivel espiritual la afinidad agrupa a los seres en familia, donde a través de las edades los roles, al encarnar en la dimensión física van cambiando de acuerdo a las necesidades del grupo, o a los objetivos que deben ser logrados, por la afinidad, es de cir, de apoyarse recíprocamente, en el nuevo o nuevos ciclos que se programan, siendo unas veces padres, otras veces hijos, algunas más hermanos, y en muchos casos, amigos cercanos que se apoyan recíprocamente como si fueran hermanos, o más que eso, también.
Empero, si el amor y la afinidad unen a los seres, también lo hace el odio, y las deudas kármicas que deben ser compensadas entre los distintos Espíritus. Esto es debido que el odio también une a los seres, ya que, la Ley divino expresa que quien odia tendrá que amar. Bien sea por acción de la misma ley cósmica, o por libre elección entre los seres que deben limar las asperezas que les separan, nacen dentro de la misma familia, los seres inarmónicos para que los lazos de la carne, naciendo unas veces como padres e hijos, otras a la inversa, algunas más como hermanos, a veces uniéndose como cónyuges, o como sobrinos, nietos y cualquier otra modalidad de relación. Por ejemplo, la relación de dueño de empresa y empleado, cuya necesidad recíproca les obliga a cooperar recíprocamente. Con el tiempo nece la afinidad, o el respeto mutuo, o la amistad, en determinados grados.
Ese sentimiento de amistad lleva a los seres en nacer en algunas regiones en particular, en determinadas naciones, a través del tiempo, y eso es lo determinada, en épocas de gran esplendor, o de decadencia, según el nivel de la familia espiritual que se anida en ciertos lugares, es otra manifestación de la ley de afinidad. Empero, no existe una regla fija de que un determinado país se le asigne en forma indefinida a un grupo de Espíritus en particular. En la práctica, al agotar, o realizar el objetivo propuesto en determinada región, esa familia en particular emigra a otro región. Esa es la razón que, las grandes civilizaciones van sucediéndose de una región del planeta a otra. Empero, los autores principales siguen siendo los mismos. Los grandes líderes, o maestros, o científicos, o poetas, o pensadores que marcan rumbos o nuevos objetivos de desarrollo, también. El pensamiento de quienes fueron en el pasado se puede rastrear con facilidad ya que siguen la misma tendencia de desarrollo unidireccional, pese a las variedades del lugar y de encarnación física. Los grandes proyectos de la humanidad se cumplen a través de planes milenarios, con plazos de larguísimas oscilaciones.  A veces, esos planes se desarrollan en diversos mundos, simultáneamente. Por eso se puede ver como cada quinientos años, o milenio, surgen movimientos que señalan largas etapas de desarrollo, hasta que vuelvan a emergen los líderes de turno que señalarán las tendencias de las siguientes centurias o milenios. Ese tipo de líderes, muy escaso por cierto, es capaz de ver varios milenios por delante. Los poetas, en sus cantos, son capaces de este tipo de proyección. Es el fruto de la inspiración, muchas veces, otras, el cultivo del arte, que le permite trascender, cuando a través del estudio de toda la obra acumulada en el espacio y tiempo, en un mundo determinado, le permite proyectarse, por la intuición, y la inspiración oportuna, sobre esos hombros de gigantes, viendo más lejos que la generalidad de las personas. Esos son los maestros de la patria, que vieron más lejos en el horizonte humano, que permiten abrir nuevos caminos donde antes inexistían. Son los que arengan a emular los grandes caracteres en las horas menguadas de la Patria. Muchos de ellos asumen las riendas de los destinos patrios; y otros, encarnación tras encarnación, siguen las líneas paralelas de desarrollo de antiguos personajes, porque sus Espíritus son los mismos: Tantos los líderes como los seguidores. En ambos roles cada quien se reconoce, recordando quienes a fueron, sin darse cuenta que están recordando. Y Esto ocurre entre los grandes grupos de elevados estados de conciencia, que expresan el esplendor de una época, como la edad de oro, griega, en el siglo de Homero, o en el de Sócrates, Platón, Aristóteles; o el del Renacimiento italiano, primero, y el europeo, después. Es el esplendor forjado por seres como Pericles, Justiniano, Alfonso X El Sabio o Napoleón; o el de Pisistrato, Alejandro Magno, el emperador Juliano, Mahoma, Saladino o Solimán el Magnifico. También, es el caso de Toloemeo I Soter, Abderramán III y Lorenzo el Magnífico. 
Plutarco, con sus Vidas Paralelas, marcó un comienzo en el estudio de la Meta-historia, al comparar personajes romanos con griegos, en sus similitudes y diferencias, señalando los paralelismos. Pero, el mismo Plutarco presenta paralelismo entre Hesiodo, Xenócrates, Porfirio, Cervantes y algunos otros, después, tanto en el pensamiento expresado con análogos valores, como por el paralelismo en la trayectoria, y virtudes ejemplares expresadas en sus respectivas conductas personales. Cada vez que se expresa uno de ellos, por ejemplo, Platón, se manifestará un personaje del nivel de Sócrates, otro, del nivel de Aristóteles, uno más como Xenócrates. Es fácil verlo: por ejmplo, en el Renacimiento: Marsilio Fícino, que calza los puntos de Platón; Leonardo Da Vinci, los de Aristóteles; Cervantes, los de Xenócrates. Y los demás? Lorenzo El Magnífico: el rol de Tolomeo I Soter, Abderramán III. Fueron forjadores de gran esplendor civilizatorio, y fundadores de grandes bibliotecas como la de Alejandría, la de Córdoba, y en Florencia, reprodujeron el antiguo esplendor griego.
Luego, después del esplendor que marca una época, este grupo de afines se desplaza a otra región, donde emergerá una nueva civilización, Y en el lugar donde antes floreció una gran civilización, comenzarán a nacer los Espíritus menos adelantados, que, siendo incapaces de apreciar el legado que se les confía, lo irán destruyendo, hasta observar que de aquel antiguo esplendor lo que van quedando son ruinas, que señalan el paso de seres que parecerían de otros mundos. Empero, queda la huella de ese paso que indican objetivos más elevados a los cuales enfocar la atención. Troya, Grecia, Roma, Palmira, Egipto, Sumer, Mesopotamia, Persia, la India antigua, China, y tantas otras civilizaciones, inclusive, las precolombinas, y las de Atlántida y Lemuria, o Mu, al margen de tantas otras que deben yacer en el fondo de los océanos, a quienes las tradiciones atribuyen a sus desatinos, no menores de los muchos que hoy se observan en el Planeta Tierra, en el siglo XXI, por cuya insensatez el orden cósmico envío al fondo de los mares. Una historia que se repite, porque los protagonistas, tanto en el esplendor, como en la decadencia, son los mismos. Empero, trascendiendo las apariencia, detrás de todo existe un hilo conductor que apunta al progreso. Un progreso gradual, cuyos objetivos reales para lograrlos precisarán largos siglos de desarrollo por delante.


jueves, 17 de octubre de 2019

EXÉGESIS 937




EXÉGESIS 937


©Giuseppe Isgró C.




937.       Las desilusiones, que nos hacen probar la ingratitud y la fragilidad de los vínculos de la amistad, no son, también ellas, fuentes de desasosiego en la conciencia de una persona?
-“Sí; pero es preciso compadecerse de los ingratos y de los amigos infieles; ellos experimentarán, a su vez, en mayor grado que vosotros, la infelicidad. La ingratitud es hija del egoísmo, y el egoísta encontrará, más tarde, conciencias insensibles como la suya. Pensad a todos aquellos que han hecho más bien que vosotros, que habían progresado en mayor grado, y fueron pagados con la ingratitud. Recordad que el mismo Jesús fue escarnecido y vilipendiado, tratado como un inicuo e impostor; y no os maravilléis si ocurre lo mismo con vosotros. El bien que habéis hecho, os será premiado en este mundo, y no miréis a lo que dice y piensa quien lo ha recibido. La ingratitud de los otros es una prueba para vuestra constancia en el bien hacer, del que tendréis la compensación, mientras que, quienes os hayan respondido con ingratitud, experimentarán las consecuencias en grado análogo a su acción”-.
 El Libro de los Espíritus
    Allan Kardec




EXÉGESIS: El escritor italiano Francesco Alberoni escribió un ensayo sobre el peso de la gratitud. Él explicaba como las personas que reciben un servicio o un beneficio que trasciende la normalidad, y que la mayoría de las veces han solicitado en forma encarecida e insistentemente, también más allá de lo normal, rayando, algunas veces en el abuso, una vez recibido el bien a que aspiraban, generalmente sin intención alguna de aportar reciprocidad, en algún grado, ni siquiera demostrar gratitud o reconocimiento por el favor recibido, el peso de la gratitud le crea un estado de desasosiego tal, cuya incomodidad les conduce a realizar actos para demostrar que dicho beneficio no fue tal. Una vez realizado el acto de ingratitud, ellos se quedan tranquilos, por cuanto creen, en el fondo, que se han liberado de la obligación de estarle agradecido a determinada persona. Esta actitud, aun sin generalizar, es más abundante de lo que pudiera creerse a simple vista.
Esto ocurre con personas que, generalmente no tienen capacidad de pago suficiente para adquirir algún bien particular, y solicitan un beneficio adicional, bien sea de rebaja, de facilidad de pago, o crédito, pero que saben, en el fondo que no van a poder cumplir, ni tienen intención de hacerlo, quedando mal con quien ha depositado la confianza en tales personas, que han demostrado "dulzura" en el trato, "amistad" y tantas otras hipocresías que son normales en seres de carácter y valores éticos pocos desarrollados. Es decir, gente con escasa o nula dignidad, ya que las personas dignas no incurrirían en tales actos.
A este tipo de persona se le puede encontrar en cualquier parte: en el trabajo, en el núcleo familiar, entre amigos y también con clientes y personas desconocidas. Mientras más pida la persona desmesuradamente, trascendiendo los límites de lo prudente, y el sentido de la medida, o de lo justo, mayor es el riesgo de recibir ingratitud. 
Es cuestión de estados y grados de conciencia, es decir, de dignidad.
La persona digna jamás se excede con nadie en los límites de la prudencia y de lo debido, ni del trato justo con todos, por cuanto desea conservar la propia autonomía y libertad. Generalmente paga en forma correcta los servicios que recibe, sin excederse ni abusar en el regateo, que generalmente desemboca en la indignidad. Si solicita un presupuesto y observa que excede lo que puede pagar, o lo correcto, da las gracias y sigue adelante sin ir más allá de lo que es la negociación normal. Paga y tiene el derecho de exigir lo que se le ha prometido. El otro tipo de persona, no paga lo debido, pero exige mucho más de lo que le corresponde, lo cual desemboca en controversias. Esto se aplica en todos los ámbitos vitales de la existencia humana, o del comercio. Hay que estar prevenidos, sin demostrar jamás desconfianza alguna, pero sí prudencia, para cerciorarse de cual es el trato que la otra parte entiende que se está efectuando. Si una persona falla una vez, aunque sea en los pequeños detalles, ya es una señal para evitar de volver a realizar trato alguno. Quien falla en los pequeños detalles, lo hará también en los grandes. 
La persona digna, cuando realiza un servicio o un bien, a cualquier persona, lo hace sin esperar nada a cambio; claro, una expresión de gratitud siempre es un pago suficiente y eso le basta. Empero, la persona digna ni eso espera. Ha cumplido con su deber realizando el acto de bien y no espera recibir nada a cambio, aunque casi siempre, como decía Ralph Waldo Emerson, -“Todo acto tiene en sí mismo su propia compensación” y su salario cósmico, que casi siempre resulta de la experiencia del bien realizado. 
Quien da recibe en forma acrecentada de donde menos lo espera. Quien tiene la puerta de la mente abierta para dar, ésta permanece abierta, también, para recibir. 
En la misma magnitud con que se da, se recibe, es decir, la vida utiliza el mismo jarro con que se dio, para devolver la compensación inherente. Era grande el jarro?
Ahora bien: De verdad son ingratas las personas a quienes se les achaca tales cosas? O, se esperaba de ellas más de lo que la prudencia indicaba que era la justa medida? Quien fue el abusador, el otro o el que se queja de la ingratitud ajena, porque aspiraba más de lo que merecía, o estaba pidiendo cosas que no debía solicitar.
La amistad, o el amor con que desea esclavizar al amigo o a la persona amada, de cuyos casos estará lleno el mundo por largo rato, aún, son manipuladores para aprovecharse de tales personas, quienes resultan sumamente inteligentes en no dejarse embaucar de falsos amigos, o de personas que expresan inexistentes sentimientos de amor, cuya falsedad no pasará desapercibida de la otra parte, más temprano que tarde, liberándose, casi siempre a tiempo de caer en su redil  como se desea hacerlo de la peste.
Casi siempre el que se queja de la ingratitud ajena es una persona ingrata, poco amigo y seguramente alguien que expresaba un falso amor, como trampa para hacer caer en el redil a su incauta presa, que, afortunadamente, para ella, se libró a tiempo.
Esas personas se encuentran en todas partes, y generalmente en el ámbito mismo en que cada quien se desenvuelve.
Hay que mantenerse alejados de la familiaridad excesiva, que se presta para el posible abuso; por ejemplo, de esas llamadas a deshora, o en días de descanso, o festivo, que invade la propia privacidad o tiempo de descanso. 
Es preciso dejar de facilitar el acceso a la propia intimidad familiar a personas que cometerán todas clases de abusos e infidelidades en nombre de la amistad y de otros vínculos, aun familiares, de clientela o de compañerismo de trabajo, o de grupo social del que se forme parte.
Quien se excede en pedir lo que trasciende la prudencia, lo justo y el sentido de la medida, automáticamente habrá que ubicarlo, o reubicarlo fuera del alcance en que pueda fungir de mala hierba, como medida de sana profilaxis.
Todas estas precauciones liberarán, mayormente, de todas esas personas que al final se manifestarán en diversas vertientes y variantes de ingratitud. Empero, también evitarán que se incurra en iguales actos, palabras, sentimientos y pensamientos de escasa elevación incompatibles con la amistad, y por supuesto, mucho menos con el amor.
Toda persona que se queja de la ingratitud ajena, debería ser alejada del propio ámbito personal como la peste, porque antes o después, hará lo mismo con quien entre en su círculo de relación.
A nivel profesional, cada usuario que recurre al uso de nuestros servicios hablando mal de otros colegas, con razón o sin ella, resulta más favorable no hacer trato de negocio con él. Esa persona terminará hablando mal de cualquiera con quien realice trato alguno, ya que esa condición forma parte de sí como una segunda naturaleza.
Hay que ser muy selectivo con quien uno se inter-relaciona, y realiza tratos, para vivir una vida sosegada y en paz, libre de controversias innecesarias. Si uno se equivocó una vez, basta, hay que voltear página y aprender de la experiencia. 
Una cosa es el trato amable y cortes con todas las personas con quienes se trata, sin discriminación de ningún tipo. Y otra hacer amistad con quienes cuyos principios y valores son incompatibles con la propia dignidad y niveles de exigencia, sobre todo de respeto integral, justicia y amistad.
Qué se entiende por amistad, amor y valor por valor? 
Allí reside el meollo de la cuestión: valor por valor. 
Esas condiciones no tienen nada que ver con la posición social, estatus económico, color de la piel, credo político o de cualquier tipo, u otras circunstancias. 
La amistad y el amor se pueden expresar entre los seres más disparejos que se pueda imaginar; entre miembros de reinos naturales diversos. 
Es la conciencia de la propia dignidad que se expresa en cada ser al margen de su posición social, que refleja su auténtico valor como ser de cualquiera de los cuatro reinos naturales. 
Es la afinidad que ordena a los seres, la cual se expresa en una infinidad de detalles donde, por encima de todo prevalece la dignidad de cada uno de los seres interrelacionados.
Si se recibe ingratitud, en alguna circunstancia, hay que olvidarse de ello cuanto antes, ya que los pensamientos, y sentimientos de resentimientos activan a la ley de atracción, y la de repulsión: Le atraerán más cosas de aquellas sobre las cuales centra la atención; y alejarán las otras, las opuestas, las que desea atraer, ya que los opuestos jamás se juntan.
Enfocar la mente en las cosas positivas y dignas y la vida se desenvolverá entre personas dignas y de valor, ya que lo semejante atrae a lo semejante y repele a lo contrario.
Aprender de la experiencia, y evitar incurrir en el mismo error la vez siguiente, es una regla de oro digna de seguir. 
Pero, es preciso ser el tipo de persona que uno quisiera encontrar en los demás con quienes se interrelaciona. 
Es preciso hablar únicamente de las cosas buenas que se sepa de los demás, y callar lo opuesto, excepto en aquellos casos cuya excepción no rompe la regla y por seguridad es preciso alertar cuando callar u omitir una información conocida podría resultar nociva a los intereses de grupos afines o de amigos. Aun así la prudencia sugiere ser cauto y evitar expresarse negativamente, en detalles excesivos; a lo sumo sugerir prudencia. Las personas, en línea general, son mejores de lo que uno cree, e inclusive, mejores de lo que ellas mismas creen que son, y se debe contribuir en resaltar los rasgos positivos, para estimular su desarrollo.

En revisión….aun.


EXÉGESIS 963



MEDITACIÓN 963

©Giuseppe Isgró C.


Cada ser, en los cuatro reinos naturales, emana del Creador Universal, como un instrumento de su voluntad. El uno es anhelo de ser y ley cósmica; el otro, es la expresión de ese anhelo, en el cumplimiento de esa ley cósmica, para realizar la gran obra de la Creación. No solamente El Ser Universal se ocupa del ser humano; lo hace con cada uno de los seres en los demás reinos naturales, incluyendo el mineral.
¿Quién dijo que es pequeño el ser humano? Es una emanación de la misma naturaleza espiritual del Creador, dotado de sus mismos atributos y de un poder creador, con infinita potencialidad, tanto en percepción y comprensión, como en acción, en el eterno ahora.
¿Se conoce el ser humano a sí mismo para percibir su grandeza? Si se conociese, no pensaría que es pequeño. Es tal como emanó del Creador y con una misión y un plan, que es el plan de Él. No es poca cosa ni de poco peso. Teniendo el ser humano una conciencia que es la réplica exacta de la de Él, en ella se perciben los atributos divinos, equivalentes a cada valor universal, por medio de los sentimientos análogos inherentes. Inclusive, en la conciencia adquiere conciencia de su conciencia. Él se expresa en la conciencia de cada ser, en los cuatro reinos naturales, con el conocimiento oportuno del qué, del cómo, del quién, del cuándo, del dónde, del cuánto y del por qué, y con la energía creadora que le impulsa o le frena, según las circunstancias. Por medio de la ley cósmica impresa en la conciencia del ser, Él realiza la gran obra universal en perfecta coordinación con cada ser.

Dice El Libro de los Espíritus, (Preg. 963): -“Dios provee a todos los seres que han emanado de Él, -no solamente el hombre- por cuan pequeños seamos. Su bondad no tiene límites”-.

miércoles, 16 de octubre de 2019

EXÉGESIS 548





EXÉGESIS 548


©Giuseppe Isgró C.

548.          Un Espíritu que asistiese a una batalla como simple espectador, -puede percibir la separación del Espíritu del cuerpo, en los caídos? Y, cómo se le desenvolvería, bajo su mirada, este fenómeno?
-“Pocas desencarnaciones ocurren en forma instantánea. En la mayoría de los casos, el Espíritu, cuyo cuerpo ha sido afectado mortalmente, aún no ha adquirido conciencia de ello. Tan pronto lo perciba, se acerca al cuerpo, que permanece inerte, siendo la vida toda del Espíritu, es sólo a él mismo que se habla, y se dirige”-.

EXÉGESIS: Por supuesto, que, todo Espíritu, en cualquier escenario en que se encuentre como observador, que no esté abstraído, puede observar aquello en lo que esté interesado y percibir cualquier cosa que contemple, y aún mejor que un Espíritu encarnado. Un ser humano podría observar en la dimensión física el fenómeno de la desencarnación y ver cómo queda inerte el cuerpo, empero, le pasaría desapercibido todo lo que hiciere el Espíritu, acto seguido.
Tanto un Espíritu desencarnado, como encarnado, pero desdoblado, puede ver el comportamiento del Espíritu en proceso de desencarnación. Aun cuando el Espíritu no haya desencarnado en forma instantánea como lo menciona la respuesta que obtuviera Allan Kardec, a la pregunta formulada, se encuentra en desdoblamiento. Empero, en ambos casos, no se da cuenta de ello, y actúa como lo haría una persona en la dimensión física, comportándose como un ser humano normal, en el estado de emergencia por el que esté pasando. Si estuviera en el fondo de un un barranco, o pendiente, se arrastraría como lo haría cualquier persona, en ese estado, hasta ascender a la superficie. Si el cuerpo ha quedado inerte porque ya no puede albergar la vida, el Espíritu se encuentra separado del mismo, pero no se ha dado cuenta de lo ocurrido, y puede pasar por un tiempo determinado por un estado de confusión. Se acerca al cuerpo, y lo ve inerte, busca a los amigos o familiares, les habla pero percibe que no le atienden y aún no se da cuenta de que ha desencarnado. Cuánto dura ese estado de letargo? Es variable; desde unos instantes a horas, días, meses o años, en algunos casos menos frecuentes. Generalmente, los Espíritus guías, afines o amigos, le asisten y ayudan a percibir el estado real en que se encuentra.
El observador que se encuentra en la dimensión espiritual, en el lugar de los hechos, y en la misma frecuencia de esfera mental, percibe la realidad y las consecuencias de lo que ocurre. Prestará asistencia como lo harían algunas personas en la dimensión física? O, desde que perspectivas observaría el fenómeno? Lo haría con indiferencia? Hay Espíritus presentes con ánimo de asistir a los combatientes, que le asisten? Como lo denotan diversos estudios, entre ellos el de Léon Denis, en su obra El mundo invisible y la Guerra, que relata como desde la dimensión espiritual existen grupos de Espíritus que participan en las batallas, contribuyendo a inyectar energía a sus respectivos bando, o produciendo fenómenos de alucinaciones diversos para amedrentar al bando opuesto, con lo cual en muchas batallas el bando menos numerosos, lucha con más ahínco y fervor transformando batallas ya perdidas en victorias. Esto, gracias a fenómenos diversos de asistencia espiritual, ya que, desde esa dimensión se tiene interés de que las cosas ocurran de determinadas maneras.
Empero, habría que destacar, por deducciones efectuadas por diversas circunstancias observadas, a lo largo de los años, que Espíritus de diversos grados de progreso espiritual, o estados de conciencia, que actúan en esferas mentales diferentes, aun encontrándose en el mismo sitio, podrían no verse, entre sí, por la frecuencia espiritual en que cada grupo se encuentra.
Esto es un fenómeno al que hay que prestarle atención, pese a lo escasamente conocido. Es como decir: existen universos paralelos que interactúan en frecuencias diferentes, y aun estando en el mismo lugar, físicamente hablando, al variar la frecuencias, no existen comunicaciones entre ellas, a menos que el de la frecuencia superior descienda a la de menor grado vibratorio, por decirlo de alguna manera, y establezca la comunicación.
Podría ocurrir que un Espíritu comunicante, en una sesión espírita, diera una comunicación espiritual al grupo asistente, y acto seguido asistiese un Espíritu de mayor o menor nivel de frecuencia y se le preguntara si tuvo conocimiento de la visita previa, o la opinión sobre el mensaje dado y mencionase que no le vio. Uno se quedaría extrañado de la respuesta y el Espíritu mencionara diversidad de frecuencias donde los diversos grupos no tienen comunicación entre sí a menos que se encuentren en las mismas esferas mentales, o espirituales.  
Un tema digno de estudio entre esas infinitas cosas que aún quedan por conocerse en el concierto de todas las cosas.
En la dimensión física en que nos encontramos, se habla, a nivel de literatura estimulante, o de auto-ayuda, como la frecuencia vibratoria de los pensamientos y sentimientos, atrae o repeles a personas de iguales o diferentes estados de conciencia, o polaridad mental, donde los opuestos jamás se juntan, por la ley de atracción o repulsión. Un fenómeno natural que rige la ley de afinidad, donde cada ser, por su suma existencial, en proceso de cambio constante, es ubicado o reubicada según se sume o reste a la referida sumatoria de vida. Es el orden en que cada ser se ubica, o encuentra, en el concierto de todas las cosas. Todos los que conforman determinado grado se encuentran ubicados en la misma esfera mental, aunque, física y espiritualmente, se hallen adscritos a diferentes mundos. La esfera mental es la misma, en cada grado.  
Tema en revisión…..y análisis.





martes, 15 de octubre de 2019

EXÉGESIS 846



EXÉGESIS 846

©Giuseppe Isgró C.



846.       La constitución física no tiene ningún peso sobre los actos de la vida? De tenerlo, no resulta ello a expensas del libre albedrío?
-“El Espíritu, ciertamente, siente algún efecto de la materia, que puede rendir difíciles las manifestaciones, por lo cual, en los mundos, en donde los cuerpos son menos materiales que en la tierra, las facultades se desenvuelven con mayor libertad; pero sabéis bien que éstas no son dadas por el cuerpo. Del resto, aquí es preciso distinguir las facultades morales de las intelectivas: si una persona tiene el instinto del homicidio, ese le viene, por cierto, del Espíritu, no de los órganos. Quien anula su pensamiento para no ocuparse más que de la materia, se asemeja al bruto, y, aún peor que eso,  deja de pensar a prevenir el mal, cayendo en falta voluntariamente”-. (Ver Nº 367 y siguientes).

EXÉGESIS: Por Ley de vida, el Espíritu domina, y debe hacerlo, el cuerpo, en una perfecta cooperación entre ambos. Empero, el equilibrio entre ambos debe prevalecer por el dominio del Espíritu sobre la materia. Pero, para que esto se verifique, el Espíritu debe ejercer el dominio sobre sí mismo, sobre sus atributos divinos y facultades. Como es arriba es abajo y como es adentro es afuera, decía Hermes Trismegisto. Se agrega: Como es en el Espíritu es en la materia. El conductor del cuerpo es el Espíritu. Si es sereno todos sus actos serán sosegados; si es lúcido, en todo lo que haga se reflejará su inteligencia, su claridad mental y sus aciertos en la toma de decisiones. Si tiene propósitos definidos, se dirigirá con determinación a lograrlos, y jamás abandonará a medio camino, hasta lograr cualquier objetivo que se haya antepuesto como meta de realización.
A esto se refiere la respuesta obtenida por Allan Kardec, al referirse a las facultades; tienen un vehículo físico de expresión, pero son facultades del Espíritu. La distinción que se hace entre facultades morales de las intelectivas deja en claro la diferencia entre conocimiento y sentimientos. Los sentimientos son fuerzas morales que impelen a la virtud, cuyo poder ético viene dado por la sabiduría, y la prudencia, de los valores universales que aportan lucidez en las ideas, permitiendo discernir entre el bien y el mal; entre la belleza y la fealdad; entre la riqueza integral y la pobreza integral. Expresan la percepción, la comprensión y el poder realizador. La experiencia obtenida se transforma en conocimiento, cuyo vehículo de expresión es el pensamiento y la palabra, así como cualquier otro medio de expresión: ciencia, arte, técnica, en sus infinitas vertientes y variantes.
Pese a que al ser humano se le compara a los animales, en muchos casos la comparación trasciende la realidad. En muchos de sus actos, en el ser humano, no se puede establecer comparación alguna con los animales. En su hábitat los animales viven en armonía con la naturaleza y dentro de los parámetros en que ésta le ha enmarcado.
Las tendencias a incurrir en errores o actos indebidos de determinados seres humanos, se debe a su imperfección moral y al estado rudimentario de desarrollo de su inteligencia. Empero, aún una inteligencia muy desarrollada que no vaya equiparada con una aptitud moral análoga, puede conducir a excesos indebidos a cierto número de personas, hasta que la experiencia le vaya enseñando los límites dentro de los cuales debe enmarcar sus pensamientos, sentimientos, palabras y actos.
Pese a que existen dos vertientes de manifestación de la conciencia: objetiva y subjetiva; dentro de los parámetros objetivos por medio de los sentidos y el razonamiento lógico, inductivo y deductivo, por una parte; y por la otra, la conciencia subjetiva, emancipada de los sentidos físicos. Esta última, bien sea por intuición, percibiendo el Espíritu por sí mismo, proyectado más allá del estado fronterizo de percepción, comprensión y realización, que ve, claramente el qué, el cómo, el quién, el dónde, el cuándo, el cuánto y el porqué de las cosas; y por inspiración de un pensamiento de entes afines, o de la misma Divinidad en la propia conciencia, mediante el lenguaje de los sentimientos inherentes a los valores universales, o atributos divinos. En este caso, percibida la idea ajena inspirada en el propio pensamiento, o sentimiento, terreno abonado por el desarrollo de la aptitud, inteligencia o carácter, la persona, percibida la idea inspirada, sabe, inmediatamente, lo que debe realizar y cómo hacerlo. Experimenta, también, en ambos casos, el flujo de las propias fuerzas, y la de los entes afines coadyuvantes, que le impelen a la acción efectiva, hasta alcanzar los logros inherentes, haciendo posible lo que poco antes parecía imposible.
Las leyes cósmicas tienen su propio mecanismo de expresión en la conciencia de cada ser para lograr su efecto pedagógico, del cual ya se ha conversado, y se seguirá haciendo.
En la pregunta 367, relativa a la influencia del organismo, se plantea: El Espíritu, por cuanto se une al cuerpo, se identifica con la materia?
Se obtiene como respuesta:
-“Así como el vestido es la envoltura del cuerpo, de la misma manera la materia es la envoltura del Espíritu; empero, también en la unión con el cuerpo, refleja los atributos de su naturaleza espiritual”-.
La elevación espiritual y el desarrollo de las aptitudes de cada ser, marca la diferencia en las expresiones de cada ser, en la vida del mundo físico, marcando una clara diferencia entre cada uno de los estados de conciencia. No es el cuerpo el responsable de la conducta de cada ser en los cuatro reinos naturales; es el Espíritu el conductor, y por ende, el responsable de los pensamientos, sentimientos, palabra y actos que ejecuta. El efecto positivo se expresa en sentimientos de autorrealización, emociones positivas y en sensaciones agradables y placenteras, contrapuestas a las insatisfactorias, negativas y poco agradables, en los niveles menos desarrollados de los estados de conciencia. No es el ADN físico el que marca la diferencia; es el ADN espiritual que expresa desarrollados en igual grado las aptitudes, los estados de conciencia, la inteligencia y el carácter.