miércoles, 26 de febrero de 2020

MEDITACIÓN 963




MEDITACIÓN 963

©Giuseppe Isgró C.


Cada ser, en los cuatro reinos naturales, emana del Creador Universal, como un instrumento de su voluntad. El uno es anhelo de ser y ley cósmica; el otro, es la expresión de ese anhelo, en el cumplimiento de esa ley cósmica, para realizar la gran obra de la Creación. No solamente El Ser Universal se ocupa del ser humano; lo hace con cada uno de los seres en los demás reinos naturales, incluyendo el mineral.
¿Quién dijo que es pequeño el ser humano? Es una emanación de la misma naturaleza espiritual del Creador, dotado de sus mismos atributos y de un poder creador, con infinita potencialidad, tanto en percepción y comprensión, como en acción, en el eterno ahora.
¿Se conoce el ser humano a sí mismo para percibir su grandeza? Si se conociese, no pensaría que es pequeño. Es tal como emanó del Creador y con una misión y un plan, que es el plan de Él. No es poca cosa ni de poco peso. Teniendo el ser humano una conciencia que es la réplica exacta de la de Él, en ella se perciben los atributos divinos, equivalentes a cada valor universal, por medio de los sentimientos análogos inherentes. Inclusive, en la conciencia adquiere conciencia de su conciencia. Él se expresa en la conciencia de cada ser, en los cuatro reinos naturales, con el conocimiento oportuno del qué, del cómo, del quién, del cuándo, del dónde, del cuánto y del por qué, y con la energía creadora que le impulsa o le frena, según las circunstancias. Por medio de la ley cósmica impresa en la conciencia del ser, Él realiza la gran obra universal en perfecta coordinación con cada ser.

Dice El Libro de los Espíritus, (Preg. 963): -“Dios provee a todos los seres que han emanado de Él, -no solamente el hombre- por cuan pequeños seamos. Su bondad no tiene límites”-.


lunes, 24 de febrero de 2020

EXÉGESIS 602





EXÉGESIS 602

©Giuseppe Isgró C.


602.    ¿Los animales progr esan al igual que el ser humano por efecto de su voluntad, o por una causa independiente a ellos?
-“Por una causa que les es independiente, por cuanto no existe para ellos la expiación”-.
El Libro de los Espíritus
Allan Kardec


EXÉGESIS: ¿Qué debemos entender que progresan por una causa independiente de su voluntad y de que no existe para ellos la expiación?
Tanto la respuesta como la pregunta, cada una contempla dos vertientes, y entre ambas, tres aspectos diferentes: la voluntad como atributo del Espíritu en cualesquiera de sus variantes; el libre albedrío, atributo paralelo al de la voluntad, es decir, si posee voluntad para hacer o dejar de hacer algo, es porque puede elegir una de las dos cosas, y la voluntad respalda la elección, en uno u otro sentido. 
Nosotros vemos como todos los seres, o elementos, en los cuatro reinos naturales están dotados de Espíritu, con individualidad propia e independiente, con atributos que les son inherentes, entre ellos la voluntad y el libre albedrío. En todas las expresiones de vida, en los cuatro reinos naturales, observamos como la voluntad de vivir lleva a cada especie o elementos a los más rigurosos actos de la voluntad, que denotan ser inteligentes y volitivos. 
Vemos a unos individuos de una especie u otra, más hermosos, inteligentes, hábiles y resistentes que otros, lo cual indica un adelanto de unos sobre los otros. En las luchas que afrontan, los machos, en algunas especies animales, denotan la voluntad de unos de sobreponerse, a los otros, en la conquista de la hembra. 
Los animales adiestrados, son susceptibles de realizar proezas que van más allá en habilidades de quienes carezcan de este entrenamiento. Evidentemente, unos serán más hábiles que otros, dependiendo de su aprendizaje, lo cual permite percibir que unos, por las causas que fueren, pueden adelantar a otros, en progreso, al igual que los seres humanos. Dado que hay especies domésticas y otras en estado salvaje, unos estarán más sujetos que los otros a la voluntad ajena, y condicionados a las limitaciones que les son impuestas por los seres humanos que les crían, en el caso de los primeros. Mientras que, los que viven en estado natural, se rigen en sus modos de vida, por su libre albedrío y voluntad, en cuanto a los libres actos que ejecutan, en los cuales su autonomía se desenvuelve sin la inherencia de los seres humanos. 
También, entre los que viven en estado de libertad, unos progresan más que otros. Empero, cada especie denota estar dotada para una función especial y se rige por leyes naturales, de las cuales parecieran estar más conscientes que los seres humanos, obedeciéndolas más fielmente. En todos sus actos demuestran sentimientos de análoga naturaleza que los de los seres humanos y conductas que les son semejantes. Se ocupan de la crianza de los hijos al igual que los humanos, los defienden de los peligros, en semejante modo; y regresan a casa, aún cuando alguien pudiese habérselos llevado lejos, en el caso de los domésticos, en demostración de su afectos a los dueños de la casa o de su apego, o identificación con el hábitat en que se criaron, o en demostración de su sentido de pertenencia. 
En el caso de los salvajes, éstos, aún cuando se alejan por las razones que fueran, como lo es la búsqueda de alimentos, de agua, de parejas para aparearse, siempre vuelven a los lugares en que la naturaleza pareciera haberle destinado, según la época del año, estación o temporada, recorriendo distancias enormes, con un sentido de la orientación, admirable. Pareciera que sus facultades espirituales se encuentran en un estado de libre desenvolvimiento que les permite percibir, espiritualmente, cosas que los humanos, para poder hacerlo, requerirían entrenamiento especial, y aún así, los animales, en muchos casos, les son superiores. Es posible, también, que, desde la dimensión espiritual, los maestros de la creación, o los Espíritus guías de la naturaleza, según la especie a su cargo, se ocupen de orientarle o dirigirle, casos éstos en los cuales, las dos vertientes de la respuesta dada a la pregunta, como son: la primera, cuando quien la otorga, expresa: -“Por una causa que les es independiente”; esta causa que les es independiente seria, en primer lugar, las leyes naturales que rigen a cada especie, cuya conciencia imperturbada de ello, les permite cumplirlas con mayor exactitud que los seres humanos. Además de las leyes naturales antes referidas, estaría la dirección grupal por los Espíritus guías a cuyo cargo se encuentra cada especie, y la mejor interrelación entre los Espíritus de cada especie, que les permite recibir la asistencia espiritual directa, facilitándole el aprendizaje, la comunicación intuitiva e inspirativa, el desdoblamiento y otras extensa gama de facultades ejecutadas libremente, que les dan una mayor autonomía y capacidad de percepción, cuyo conocimiento, y capacidad de hacer o dejar de hacer, trasciende el libre albedrío, la voluntad, y la capacidad de razonamiento por la lógica inductiva y deductiva. Es decir: los animales, fruto de la percepción intuitiva o inspirativa, simplemente saben y actúan en consecuencia; lo que saben por inspiración, lo ejecutan con conciencia de la guía que reciben.
Esto, lógicamente, parecería ir más allá de la voluntad y del libre albedrío, ya que constituyen facultades que ejercitan libremente y les ayudan a cumplir las funciones que les asignó la naturaleza y a satisfacer sus necesidades, y de una manera natural, el grupo va avanzando paralelamente, en armonía grupal, es decir, todos, simultáneamente, a un determinado momento, progresan en forma pareja, habiendo poco margen para los extremos.
La segunda vertiente, en cambio, cuando expresa: “por cuanto no existe para ellos la expiación”, qué significa? Los animales no están sujetos a le ley de la justicia divina, a la de compensación, a la de igualdad, a la ley de la afinidad, la de la evolución, entre otras? Pareciera improbable, por cuanto todos los seres, en los cuatro reinos naturales, se encuentran sometidos al cumplimiento de la ley cósmica, siendo ésta sustentada por los valores universales en su totalidad. Las diferentes demostraciones, en cada especie, denota este cumplimiento de las leyes naturales. Lo que pareciera ocurrir, es que, en los cuatro reinos naturales, cada una de las especies, cumple mejor que los seres humanos las respectivas leyes que les son inherentes, razón por la cual, son menos susceptibles de sufrir expiaciones al igual que lo suelen hacer los integrantes del género humano. Es casi seguro, que los animales recuerdan con facilidad sus vidas anteriores, no teniendo, la naturaleza, ningún motivo para restringirle el recuerdo, ya que los que conservan carecen de elementos perturbadores como en el caso de los humanos, que, por bondad divina, se le restringe, ya que ningún ser humano normal soportaría determinados recuerdos de existencias pasadas, significando una carga que trastornaría el progreso humano.
De lo anterior concluimos: Cada especie, en los cuatro reinos naturales, está regida por una programación grupal, con determinadas leyes naturales que les son inherentes, por lo cual, dentro de los objetivos existenciales, sus funciones son cumplidas sin aparente uso del libre albedrío y de la voluntad individual, lo cual, en cuanto a causa ajena a la voluntad de cada especie, es cierto, cumpliendo, cada quien, individualmente, los objetivos que les son inherentes. Empero, en el ejercicio individual de esas funciones comunes que les son asignadas, cada especie, voluntariamente cumple sus funciones y existe un progreso individual cuyo mérito les es inherente a cada quien, individualmente. Por su docilidad a las leyes naturales, en línea general, cada miembro, en su respectiva especie, vive en armonía con la naturaleza; empero, muchas de las vicisitudes que les son propias, las afrontan en análoga forma, en muchos casos, a las de los seres humanos. -Quedaría por estudiar, más profundamente, cuál sería la diferencia de la aplicación de la ley del karma en los casos inherentes a los animales, a los vegetales y a los minerales. Un tema abierto para todos.


EXÉGESIS 919




EXÉGESIS 919

©Giuseppe Isgró C


919.       ¿Cuál es el medio práctico y más eficaz para mejorarse en esta vida, y resistir a las seducciones del mal?
-“Os lo ha dicho un sabio de la antigüedad: Aprende a conocerte a ti mismo”-.
Nosotros comprendemos toda la sabiduría de esta máxima; pero la dificultad se encuentra, precisamente, en el conocerse a sí mismo. ¿Cuál es el medio para lograrlo?
-“Haced aquello que los mejores seres humanos han hecho siempre. Al final de cada día, examinad vuestra conciencia: pasad revista a cada uno de vuestros actos, y preguntaros si habéis faltado a algún deber, si alguno haya tenido motivo para quejarse de vosotros. De esta manera llegaréis a conoceros y ver aquello que debéis cambiar en vosotros. Quien cada noche rememorase todas sus acciones del día, y se preguntase qué cosa ha hecho bien, o mal, solicitando a Dios y a su Espíritu protector de iluminarle, adquiriría mucha fortaleza para su perfeccionamiento, por cuanto, creedme, Dios le asistirá. Interrogaos, por lo tanto, vosotros mismos, y preguntaos cómo y con cuál fin habéis actuado en los varios casos. Si habéis realizado algo que censuraríais en otros; o, si cometisteis una acción que no osáis reconocer. Por otra parte, reflexionad: Si fuese llamado por Dios, en este momento, a la dimensión espiritual, donde no se puede esconder nada, ¿tendría algo que temer a la vista de alguno? Reflexionad bien sobre aquello que podáis haber cometido en contra de Dios, después en contra del prójimo, y finalmente en contra de vosotros mismos. Las respuestas darán paz a vuestra conciencia, o indicarán un mal, el cual debéis compensar. El conocimiento de sí mismo es, por lo tanto, la clave para el mejoramiento individual. Pero, diréis vosotros, ¿cómo podemos estar seguros de juzgarnos rectamente? La ilusión del amor propio no atenúa las culpas, y no las hace excusar, de manera que el avaro se cree económico y previsor, y el orgulloso de ser una persona que cuida su propia dignidad? Esto es verdad, sin embargo; pero tenéis un medio de control, que no os puede engañar. Dado que os encontráis con duda sobre el valor de una acción vuestra, preguntaos como la juzgaríais si la misma hubiese sido realizada por otros. Si en este caso la censuráis, ella no podría ser más legítima en vosotros, por cuanto Dios no tiene dos pesos para la justicia. Buscad, por otra parte, que piensan de vosotros los demás, y no descuidad la opinión de vuestros enemigos, por cuanto estos no tienen ningún interés en falsear la verdad, y con frecuencia Dios os los pone en vuestro camino casi como un espejo para amonestaros con su mayor franqueza de lo que lo haría un amigo. Quien firmemente se quiere mejorar escrute, por lo tanto, su conciencia para erradicar las inclinaciones indebidas, al igual que arranca de su jardín las malas hierbas. Haga el balance de su jornada moral, al igual que el comerciante lo realiza con sus pérdidas y sus ganancias, y os aseguro que obtendrá un provecho mucho mayor. Cuando él pueda responderse que su jornada ha sido buena, puede dormir en paz, sin temer a una eventual transferencia a la dimensión espiritual durante el sueño. En la aplicación de este consejo, haceos a vosotros mismos preguntas directas y precisas, y no temed en multiplicarlas. Se pueden dedicar, cada día, algunos minutos para la conquista de la felicidad. ¿No trabajáis, diariamente, para acumular recursos que sirvan a vuestro sustento en edad avanzada? ¿Aquel tardío descanso no es el objeto de todos vuestros deseos, el objetivo que os hace soportar importantes esfuerzos y tantas privaciones momentáneas? Entonces, ¿qué significa aquel reposo de pocos días de los achaques del cuerpo, en comparación de lo que le está reservado a la persona virtuosa? ¿No vale eso la pena de hacer algún esfuerzo? Sé que muchos objetan que el presente es cierto, pero el porvenir incierto; precisamente este es el pensamiento que nosotros tenemos por misión de reeducar en vosotros, y esta es la razón por la que queremos haceros conocer este porvenir de manera que no os pueda dejar ninguna duda en el ánimo. A este fin, hemos, primeramente, despertado vuestra atención con fenómenos aptos a para excitar vuestros sentidos, y después os damos las instrucciones para que, cada quien, las aplique y difunda”-.
Muchos errores que se cometen suelen pasar inobservados; pero, si interrogásemos con mayor frecuencia nuestra conciencia, veríamos cuantas veces hemos faltado sin darnos cuenta por no haber indagado la naturaleza y el móvil de nuestros actos. La forma interrogativa exige respuestas categóricas por sí, o por no, que no dejan vía por medio. De la suma de las respuestas, podemos calcular la del bien y del mal, que reside en cada quien.
El Libro de los Espíritus
Allan Kardec


EXÉGESIS: Quilón, El Lacedemonio, uno de los siete sabios de Grecia, en el portal del Templo de Apolo, en Delfos, insertó la siguiente máxima: -“Hombre, conócete a ti mismo, que el estudio propio del hombre no es conocer a Dios, sino conocerse a sí mismo”.

En el siglo VII –d.n.e.-, Mahoma expresó: -“Conócete y conocerás a Dios”.

¿Es fácil conocerse? ¡Por supuesto que no! Eso significaría reconocer la suma de la propia ignorancia. ¿Quién podría hacerlo? Sin embargo, ese es el mandato eterno que a cada ser, en los cuatro reinos naturales, la Ley cósmica impresa en su propia conciencia, le ordena: 1) ¡Conocerse, en forma integral: a nivel divino, espiritual, anímico y físico! 2) A nivel de sus atributos divinos, o sentidos cósmicos, que reflejan la sabiduría universal, en su conciencia, mediante los sentimientos análogos a los valores universales equivalentes al amor, a la prudencia, a la justicia, a la compensación, a la igualdad, al equilibrio o belleza, salud y armonía a la fortaleza, a la templanza, a la afinidad o conciencia del  orden o sentido de ubicación, a la voluntad, o poder creador potencialmente infinito para ejecutar lo que precisa, o anhela, enmarcado en el libre albedrío y éste regido por los parámetros de los valores universales, que le permite elegir conscientemente, de manera justa y perfecta. Cada uno de los valores universales impresos en la propia conciencia contiene valores derivados que conforman un todo, en principios, leyes y suma de sabiduría que conforma el libro de la vida que eternamente, cada ser estudiará, sin jamás agotar su caudal infinito. 3) Dado que, cada ser, constituye un microcosmos que contiene, de manera análoga, todo lo que existe en la naturaleza de las cosas, precisa conocer el macrocosmos, el universo, en forma integral, que constituye el entorno cósmico que le Alberta en el eterno presente, y que, gradualmente conocerá, en la eternidad que le precede, ya que jamás, paradójicamente, hubo un principio, y tampoco, habrá un final. En forma infinita y circularmente, en forma de espiral, cada ser, en los cuatro reinos de la naturaleza, realiza el eterno camino de retorno a casa, sin jamás alcanzando, buscando alcanzar una perfección que ya posee, aunque lo ignora, contribuyendo con su trabajo, a la expansión de la Creación Universal, de acuerdo a los planes trazados por el Ser Universal, en su propia conciencia, de la cual, cada ser, a su vez, posee una réplica exacta de la conciencia de la Divinidad. 4) En esa expansión de la Creación Universal, cada ser constituye un instrumento de la Divinidad para realizar la cuota de obra a su cargo, de la Gran Obra. La Gran Obra es del Ser Universal, así como con los recursos puesto a la orden de cada ser para realizar una obra que, paradójicamente, no le pertenece, sino que se le facilita para contar con todo lo que, en el eterno presente, precisará, para realizar los objetivos que, voluntariamente, cada quien asumirá como aporte a la Gran Obra. Lo que le pertenece, a cada ser, es el Salario Cósmico, que le capacita para asumir nuevos retos en la realización de la Gran obra. Ese salario cósmico constituye la experiencia adquirida que le permite percibir, comprender y realizar en forma análoga a la visión aportada por la experiencia y por la visión de los valores universales. Empero, con cada logro, se percibe el siguiente paso, en el camino de la vida, y la labor que surge para ser realizada, por cada quien. Un paso a la vez, una fase detrás de otra, enfocando el objetivo de turno, todo en sentido a la realización de la Gran Obra, de acuerdo a la Ley cósmica y a los planes trazados por el Gran Arquitecto del Universo, en su propia conciencia y en la unicidad de la conciencia de cada ser, sin separación alguna de la conciencia Divina, o el Todo manifestado y por manifestarse, en el eterno ahora. 5) En esa eterna carrera de progreso, cada ser descubre, gradualmente, en primer lugar, los instrumentos que habrá de utilizar en la realización de la cuota de la Gran Obra que asume como objetivo existencial, a nivel físico, mental, espiritual y divino. Luego, aprende a utilizarlos, para, acto seguido, empezar a realizar la obra pajo la guía de alguien más experimentado. Una vez realizada la obra, por etapas, va percibiendo que la obra llevada a cabo obedece a un plano que alguien, un arquitecto divino, trazó. Se da cuenta de que nada se realizado por casualidad, sino que todo obedece a una razón de ser que alguien ha ya previsto desde la noche de los tiempos y se encuentra, perfectamente delineada, en los eternos planos de la expansión de la Creación Universal. Entonces, parte de su labor es descifrar esos planos bajo cuya guía deberá realizar su propia obra de cooperación en los planes cósmicos. Adquirir esa conciencia, darse cuenta de esa realizada, es el primer paso para comenzar a vivir conscientemente. Cada ser percibe que posee un poder creador inagotable y que, sea cual fuere la tarea por realizar, siempre emergerán de su ser interno, las energías y fuerzas suficientes para completar la obra de turno, siempre y cuando persista, tenazmente, sin abandonar a mitad de camino, en ninguna obra. Se da cuenta de que, cada vez que se niega a abandonar en el logro de un objetivo de turno, persistiendo con confianza, en el momento menos fácil de la tarea, se activan los poderes creadores de la mente, y emergen en su conciencia, por intuición o inspiración, las ideas que aportan la visión del qué, del cómo, del dónde, del quién, del cuándo, del cuánto y del por qué. Esto le da confianza en sí mismo, y con confianza persiste, tenazmente, hasta alcanzar todas y cada una de las metas inherentes a sus objetivos de turno, uno a la vez.
En el camino de la vida, como decía Newton, precisa subirse sobre hombros de gigantes, para ver más lejos, por lo cual, debe estudiar todo el aporte que, en el concierto de los siglos que han transcurrido desde la noche de los tiempos, se ha ido recabando como experiencia de vida, por los seres más adelantados en el progreso humano y universal, en los cuatro reinos naturales. Paralelamente, se da cuenta que puede conectarse a una eterna fuente de sabiduría y poder creador, que es la de la Divinidad. Al vibrar en esa frecuencia más elevada, en armonía con la divinidad, se va depurando el velo de la separación, percibiendo su unicidad con la Divinidad. Se da cuenta, en un instante determinado que ya conocía la fuente universal de la cual emanara a la conciencia individual, sin separarse de la divinidad y sin dejar de ser la Divinidad. Esto transforma su manera de ver las cosas, y comienza a ser consciente de su rol divino en la eterna y continuada vida, en la expansión eterna de la Creación Universal, por etapas. Aquí realiza un gran descubrimiento: Donde enfoca la conciencia se expande su capacidad perceptiva, comprensiva y realizadora, ad infinitum, sin encontrar jamás ningún límite en el eterno camino de retorno del ser individual al Ser Universal.
Para completar este comentario exegético, recordaremos las enseñanzas conservadas en los versos de oro pitagóricos, que ha sido una certera guía de los seres más sobresalientes desde su tiempo hasta ahora.

LOS VERSOS DE ORO PITÁGORICOS
PREPARACIÓN:
I.    La práctica espiritual:
Antes, honra a los Dioses inmortales, de acuerdo con su jerarquía.
II.  –“Respeta tu promesa, y reverencia a los héroes ilustes, y a los genios, ejecutando las prácticas en uso”.
PURIFICACIÓN:
III. El culto a la familia:
Rinde honor a tus padres, y a los más cercanos parientes.
IV.  El culto de la amistad:
De los demás, del más virtuoso, por mérito, hazte amigo; con serenas palabras y útiles acciones, sigue su ejemplo. Por leve falta no te irrites con el amigo, de acuerdo con tus fuerzas. Al lado del poder, convence la Necesidad.    
V.   La cultura personal.
 A: La cultura mental:
Por lo tanto, tales cosas conozcas, y sepas, también, refrenar estas otras: El estómago, antes de todo; igualmente el sueño, el sexo y la ira.
VI.  Ser honrado, franco y justo:
Se irreprochable con todos y en todo; ejecuta, únicamente, actos dignos, tanto en compañía de otros como a solas. Como prioridad, ten pudor contigo, respetándote. Después, siempre, en palabras y en actos, ejercítate en la práctica de la justicia.
VII. Ser reflexivo:
-“Fórjate el hábito de regir tu conducta por la razón. Recuerda, en suma, que la desencarnación es un destino común. Por lo tanto, las riquezas, hoy buscas de adquirirlas; mañana, puedes perderlas”-.
VIII.     Trabajar con toda confianza:
Cuantos, por acción de la ley cósmica, experimentan pruebas adversas. Las que a ti te correspondan, sopórtalas con calma, sosegadamente. Superarlas, satisfactoriamente, sí, te conviene, con toda tu potencia creadora. Piensa, que, después de todo, a la gente buena, no son tantas las adversidades que les toca afrontar.
IX.  Ser tolerante y paciente:
Discursos varios oirás, con frecuencia, unos con nobles contenidos, otros indignos; tú, no permitas que los unos te turben, ni de los otros te vuelvas para no oírlos. Y si una mentira es dicha, sopórtala con calma.
X.   Crearse un juicio sano y firme:
En todo cumple cuanto ahora te digo. Ni uno, con palabras u obras, te induzca jamás a decir o a hacer cosa alguna que después no resulte lo mejor para ti. Antes de actuar, reflexiona, para no cometer errores; que actuar o hablar con discernimiento es de gente prudente.
XI.  Estar prevenido:
Pero, tú las cosas harás, que después no te perjudiquen.
XII. Aprende lo que es necesario:
Ni una cosa, harás, por lo tanto, en la cual, tú, experiencia no tengas. Empero, cuanto, en verdad, te sea necesario, aprende, y vida agradable tendrás.
XIII.     La cultura personal.
B: Seguir un régimen puro y fisiológico.
 Hacer ejercicio.
Es preciso ocuparse de la higiene del cuerpo; pero en las bebidas, en los alimentos y en el ejerccio, la justa medida observa. Recuerda, utiliza el sentido de la justa medida en todo; que nada te proporcione perjuicio.
XIV.      Ser reservado:
Por lo tanto, habitúate a una vida sana, sin molicie; abstente en realizar todo acto que suscite envidia.
XV. Ser ponderado:
De esta manera, más de lo necesario no gastes, como hacen quienes ignoran lo que es la honradez; pero, no por ello dejes de ser generoso: La justa medida en todo, es en verdad, la virtud de la nobleza. No hagas, en resumén, lo que pueda dañarte, y pondera bien las cosas antes de actuar.
PERFECCIÓN:
XVI.      Los medios de perfeccionamiento.
Antes de todo, tan pronto como despiertes, aprovecha  para elevar tu Espíritu; enseguida ocúpate de cuanto en ese día quieres hacer”-.
XVII.     Examen de sí mismo:
Antes de dormirte, cada noche, por mucho cansancio que tengas, tres veces examina cada uno de tus actos:
•    –“¿Dónde he estado?”
•    –“¿Qué he realizado?”
•    –“¿Cuál obligación dejé de cumplir?”
Partiendo desde el inicio, recorre, también, el después del después. Has incurrido en bajezas? ¡Recrimínate! ¿Has realizado justas acciones? Alégrate. De las primeras, proponte enmendarte; estas últimas, tenlas como modelo a seguir, con fervor. Esto es lo que a ti te pondrá en la horma de la virtud divina.
XVIII.    La meditación. La fe. La vida virtuosa. La ciencia del Universo.
Sí, sí: Por Aquel que a nuestros Espíritus ha transmitido la Tetratkis, fuente de la eterna-fluente Naturaleza. Esto es lo que hay que hacer. Estas cosas hay que empeñarse en practicar, y amar. Por ellas ingresarás en la divina senda de la perfección.
XIX.      La oración:
Pero, al cumplimiento de la obra cíñete, tú, no sin antes solicitar asistencia a los Espíritus protectores que la conduzcan a la perfección.
XX. La iniciación:
Conocerás el orden divino que rige a los Espíritus, a los seres humanos y a todas las cosas, y percibirás la unidad que penetra la obra toda. Entonces, sabrás que la Naturaleza es una e idéntica en todas partes; a no esperar lo inesperable, y, a no dejar nada sin explicación.
XXI.      La clarividencia:
Sabrás, que los seres humanos soportan pruebas por ellos mismos generadas. Insensatos: A su lado se encuentra el bien, y no lo ven, ni lo oyen; y, también, la liberación de los males la descubren pocos. Tal es la condición que opaca el juicio a los humanos! Son desplazados de un lado para otro, como lo hacen las infantiles cuentas, después de incesantes sacudidas. La discordia es su natural y triste compañera, a la que no hay que provocar, sino cederle el paso y huir de ella.
XXII.     La verdad oculta:
Oh, Dios! De cuántos males librarías a los humanos, si tan solo te dignases en desvelarles a que daimón obedecen! Pero, tú, ten confianza. El origen de los seres humanos es divino. La Naturaleza le va abriendo el acceso a las arcanas virtudes, que ella misma les explica.
XXIII.   La recompensa.  La sabiduría:
Si de ellos en ti hay algo, verás hasta allí, donde te exhorto, reintegrado y silente, y con el Espíritu inmune de todo mal. Pero, deja los alimentos que te prohibí, en los días en que, en hacer puro y libre el Espíritu buscas. Observa, discierne y valúa todo, y a la Inteligencia soberana erige en auriga de lo Alto. De esta manera, dejando el cuerpo, en el éter, libre, irás, como Espíritu divino e inmortal; no más vulnerable serás.



En revisión…...

domingo, 23 de febrero de 2020

EXÉGESIS 244, EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS




EXÉGESIS 244

©Giuseppe Isgró C.



244. ¿Los Espíritus ven a Dios?
-“Los superiores lo ven, y lo comprenden; los inferiores lo sienten y buscan de intuirlo”-.
Cuando un Espíritu inferior dice que Dios le prohíbe o le permite una cosa, ¿cómo sabe que proviene de Él?
-“El no ve a Dios; pero siente su sublimidad, y, cuando no debe ser hecha una cosa, o dicha una palabra, siente como una intuición, una advertencia invisible, que le prohíbe de hacerlo. Vosotros mismos, ¿no tenéis presentimientos, que son como avisos secretos de hacer, o no, esta o aquella cosa? Es lo mismo para nosotros, pero en grado superior, por cuanto comprendéis que, siendo la esencia de los Espíritus más sutil que la vuestra, ellos pueden intuir mejor los advertimientos divinos”-.
El Libro de los Espíritus
Allan Kardec


EXÉGESIS: Los Espíritus, en la dimensión espiritual, al igual que aquellos que se encuentran en la física, perciben en la conciencia, el efecto coercitivo de los valores universales, o atributos divinos, que les advierten, lo que deben evitar, o lo que deben hacer, en un momento dado. Es la acción pedagógica del Creador Universal por medio de los sentimientos de los valores universales dentro de la conciencia.
La conciencia del ser, encarnado o desencarnado, es una réplica exacta de la del Creador Universal, y en ella se expresa el sentimiento de lo justo o de lo injusto, de lo bello o de lo feo, del bien o del mal, del deber y de la solidaridad, de la vergüenza y del pudor, del amor y de la compasión, entre otros, indicando los límites y la polaridad de los pensamientos, de los sentimientos, de las palabras y de los actos u omisiones de actos. Los valores universales, o atributos divinos, constituyen los sentidos espirituales que guían al ser en todas las fases existenciales, cuando se escucha la voz de la conciencia. Desoída la misma, se activa la acción coactiva, haciendo experimentar la respectiva percepción del error en que se ha incurrido, y la reprimenda inherente, como un efecto de reclamo, o sanción, de la ley cósmica impresa en la propia conciencia.
¿El aviso viene transmitido directamente de Dios, o por medio de otros Espíritus?
-“No directamente de Dios. Por cuanto para comunicarse con Él es preciso ser dignos; sino por medio de los Espíritus a ellos superiores en perfección e instrucción”-.


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Hay una acción directa de Dios en la conciencia de cada ser en los cuatro reinos naturales. Igualmente, la hay, por solidaridad universal y por afinidad, por seres que viven en la dimensión espiritual, o por Espíritus encarnados en proyección espiritual que se asisten mutuamente, o que unos asisten a quienes lo precisan, y oportunamente, cada quien hará lo mismo con quien lo requiera.

No hay que descartar que bajo diferentes maneras, los seres de los cuatro reinos naturales perciban a Dios, -a la Divinidad-, a cada instante, o cuando se encuentran en estados de conciencia idóneos para tal percepción, ya que su presencia en cada ser es constante por ser la conciencia de ambos: Divinidad y seres de los cuatros reinos naturales la misma. Es cada ser de los cuatro reinos naturales una parte indivisa de la Divinidad por haber emanado a la conciencia individual en todos los seres de los cuatro reinos naturales sin haberse separado de sí misma y sin haber dejado de ser ella misma. Cuando cada ser que alcanza el estado de conciencia idóneo para ello le percibe, en cualquier forma posible, se da cuenta de que ya le conocía.

La presencia de la Divinidad está presente allí, a cada instante, para quien tenga la sensibilidad y el estado de conciencia para verla. Es una cuestión personal de cada ser en los cuatro reinos naturales, por cuanto la relación de la Divinidad con cada ser en los cuatro reinos naturales, también es una cuestión personal de cada ser con la Divinidad, sin necesidad de intermediarios.

Empero, la relación del mundo espiritual en los actos de los seres humanos ha sido percibida desde la más remota antigüedad. Homero lo refleja como nadie en la Ilíada y en la Odisea, obras que sugerimos de leer, sobre todo la última por el contenido de los valores universales que le es inherente.

Los Vedas, y las Leyes de Manú, eran conocidas como las enseñanzas de los oidores a los pies del maestro: En este caso el maestro era un sensitivo por cuyo intermedio hablaba un Espíritu. Esa es la razón de que, en una fase primitiva de la humanidad se escribiesen enseñanzas que no habían sido desarrolladas en el planeta tierra, sido que eran dictadas por seres espirituales muy elevados en sus estados de conciencia. Pero, que eran Espíritus que provenían de otros mundos más elevados que la Tierra.

Platón, en el diálogo Ión, relata como Sócrates le demuestra a Ión, -quien venía de ganar un certamen en el que le habían designado como el mejor rapsoda-, que la forma como electrizaba a sus espectadores por la interpretación de las obras homéricas no era por el cultivo del arte, -ya que no comprendía el contenido de lo que escenificaba-, sino por la inspiración que obtenía por su conexión con el autor y todas las mentes de esa esfera mental que se le inter-relacionaba. A tal efecto, le ponía el ejemplo de la piedra heráclea, -el imán- a cuyo contacto se imantaba cualquier metal.

15-03-2015

sábado, 22 de febrero de 2020

ENSAYO SOBRE EL MÓVIL DE LAS ACCIONES DEL SER HUMANO. (COMENTARIO 872)



ENSAYO SOBRE EL MÓVIL DE LAS ACCIONES DEL SER HUMANO. (COMENTARIO 872)
Autor: Allan Kardec


La cuestión del libre albedrío puede resumirse como sigue.
El ser humano no es conducido fatalmente hacia el mal; los actos que realiza no son preestablecidos; las culpas en que incurre no son efectos de las sentencias del destino. Él puede, como prueba, o como expiación, elegir una existencia en la cual, sea por el ambiente, donde será colocado, o por las circunstancias que sobrevienen, tendrá tentaciones hacia el delito; pero siempre es dueño de actuar a su elección. De esta manera, el libre albedrío existe en el ser humano, en el estado de Espíritu, en la elección de la existencia y de las pruebas, y en el estado corpóreo en la facultad de ceder, o de resistir a las seducciones, a las cuales nos hemos, voluntariamente, sometidos. A la educación le corresponde la misión de combatir las tendencias nocivas, y ella triunfará cuando se base sobre el profundo estudio de la naturaleza moral del ser humano, naturaleza que se llegará a modificar con el conocimiento de las leyes que la rigen, al igual que se modifica la inteligencia con la instrucción.
Sin el libre albedrío, el ser humano no tendría ni culpa del mal ni mérito del bien; la cual cosa es tan evidente que, también entre nosotros se proporciona la censura, o el elogio, a la intención, es decir, a la voluntad; y voluntad quiere decir libertad. El ser humano, por lo tanto, no puede buscar una excusa a sus fallos en su organismo, sin renegar de su razón y su condición de ser humano, y sin asimilarse a los brutos, ya que, si así fuese para el mal, lo sería, también, para el bien. En cambio, cuando el ser humano hace el bien, no descuida de convertirlo en mérito. Y no hay que temer que él le atribuya el mérito a sus órganos, lo que demuestra que él, instintivamente, no renuncia nunca al más hermoso privilegio de su especie: la libertad del pensamiento.
La fatalidad, como es comúnmente entendida, implica la decisión precedente e irrevocable de todos los casos de la vida, sea cual fuere la importancia. Si tal fuese el orden de las cosas, el ser humano sería una maquina sin voluntad. A qué le serviría la inteligencia, si invariablemente, en todos sus actos él fuese un esclavo de la potencia del destino? Esta doctrina, si fuese verdadera, destruiría toda libertad moral; no habría más responsabilidad y, en consecuencia, ni el bien, ni el mal, ni los vicios, ni la virtud. Dios, soberanamente justo, no podría castigar a su criatura por culpas que no dependían de su voluntad de no cometer, ni recompensarla por la virtud, de la cual ella no habría tenido ningún mérito. Una ley de tal naturaleza, por otra parte, frenaría todo progreso, porque el ser humano, esperándolo todo de la suerte dejaría de realizar cualquier esfuerzo tendiente a mejorar su condición.
Todavía, la fatalidad no es un sueño en una mente poco sana, ella existe, dada la condición en la cual se encuentra el ser humano sobre la tierra, y en las acciones que cumple por el efecto del género de existencia que su Espíritu ha elegido como prueba, expiación o misión. Él sufre, fatalmente, todas las vicisitudes de esta existencia y todas las inherentes tendencias buenas o malas; pero, allí termina la fatalidad, porque depende del libre albedrío ceder, o no ceder, a estas tendencias. Los particulares de los avenimientos son subordinados a las circunstancias que él mismo provoca con sus acciones, en las cuales pueden tener inherencia los Espíritus por medio de pensamientos que le sugieren. ( Ver Nº 459).
Fatales, por lo tanto, son los casos que se presentan, por cuanto son consecuencias del género de existencia elegido por el Espíritu; pero jamás los efectos de estos casos, porque depende del ser humano modificar el curso con su prudencia. Fatalidad, luego, no existe nunca en los actos de la vida moral.
Lo único en lo que el ser humano se encuentra sujeto a la ley inexorable de la fatalidad es en la desencarnación, por cuanto él no puede escapar ni al tiempo ni a la forma en que habrá que separarse el Espíritu de su cuerpo.
Según la doctrina común, el ser humano reúne en sí mismo todos los instintos, los cuales se derivarían desde el comienzo de su constitución física, de los cuales no estaría obligado a responder; de igual manera por su naturaleza, la cual se podría decir que no depende del individuo.
La Doctrina Espirita, en cambio, de mayor solidez moral, admite en el ser humano el libre albedrío en toda su plenitud, y diciéndole que, si hace mal, cede a una rea sugestión extraña, dejándole toda la responsabilidad, por cuanto reconoce en él el poder de resistir a los agentes externos, cosa evidentemente más fácil que si debiera entablar una confrontación con su propia naturaleza.
De esta manera, según la Doctrina de los Espíritus, no existe seducción irresistible: el ser humano puede siempre cerrar el oído a la voz oculta que le inclina al mal en su interior, al igual que la voz material que le habla. Esto lo realiza con su voluntad, pidiendo a Dios la fuerza necesaria, e invocando la asistencia de los buenos Espíritus. Forma parte de la enseñanza de Jesús, en su oración dominical, en la que expresa: -“y no nos dejes caer en la tentación, más líbranos del mal”.
Esta teoría del móvil de nuestros actos refleja con claridad toda la enseñanza de los Espíritus. Sublime, por su moralidad, ella eleva al ser humano ante sí mismo por cuanto lo muestra libre de sacudirse de un yugo que le oprime, al igual que es libre de cerrar su casa a los inoportunos. Él no es más una maquina, que actúa por impulso independiente de su voluntad, sino un ser razonable, que escucha, juzga, y elige libremente entre dos opciones. Se añada, aún, como esto le deja intacto su poder de iniciativa al ser humano, que actúa siempre por el influjo de su voluntad, cual Espíritu encarnado que es, y conserva, debajo del involucro corpóreo las cualidades y los defectos que tenía en la dimensión espiritual. Por lo tanto, las culpas en que incurrimos, provienen de la imperfección de nuestro Espíritu, quien, aún, debe conseguir la excelencia moral, que tendrá un día.
La vida corpórea, con las pruebas que le presenta, le sirve para depurarse de sus imperfecciones, fortaleciéndose y volviéndose inaccesible a las sugestiones de los Espíritus imperfectos, quienes se aprovechan buscando de hacerle sucumbir en la acción emprendida, en la cual, si la persona sale triunfadora, se eleva, si cae, queda como era: ni mejor, ni peor; es una prueba que tendrá que volver a afrontar, por todo el tiempo que sea necesario. Cuanto más se purifique, tanto más se fortalece, y se vuelve menos susceptible a las solicitudes del mal.  Su fuerza moral crece en la medida de su elevación, y los Espíritus bajos se alejan.
La especie humana esta compuesta de Espíritus más o menos buenos, y, dado que la tierra es uno de los mundos menos progresados, los segundos se encuentran en mayor número que los primeros, aún. Esta es la razón por la cual se precisa, todavía, tanta perfección. Hagamos, por lo tanto, todos los esfuerzos para que no sea necesario regresar después de esta estación, y merecer la oportunidad en un mundo mejor, en uno de aquellos mundos felices, donde el bien reina completamente, en el cual, el recuerdo de nuestro pasaje sobre la tierra, sea como el de un tiempo de exilio.


EXÉGESIS 860




EXÉGESIS 860

©Giuseppe Isgró C.

860. El ser humano, por la acción de su voluntad, y por medio de sus acciones, puede lograr que determinados avenimientos que deberían ocurrir, dejen de hacerlo, y viceversa?
-“Sí, si este cambio puede combinarse con la vida que ha elegido. Por otra parte, puede impedir el mal, especialmente aquel que puede conducir a un mal mayor, para hacer, como debe efectuarse, el bien, el cual es el único fin de la vida”-.
El Libro de los Espíritus

Allan Kardec



EXÉGESIS: Existen acontecimientos que deben manifestarse según las inquietudes de los tiempos, y el plan de vida gradual, que se va desenvolviendo, en cada uno de los planetas, en el universo.
Dichos acontecimientos aun cuando forman parte del pensum planetario, sus ejecutores, por el libre albedrío de cada ser, podrá ser encarado de una u otra forma, con mayor o menor efectividad, y cumplirse su ejecución en el tiempo preestablecido.  Empero, pese a ser un objetivo colectivo, o de determinado grupo, dicha realización podría tener sus detractores o enemigos de turno que se opongan a su realización. Podría, alguno de dichos detractores planificar la obstaculización del logro de dicho objetivo, e interferir en su culminación, o demorar su alcance.
Otros, con anhelo de coadyuvar, podrían planificar su aporte, y acelerar el eventual logro propuesto. Generalmente, cuando en una colectividad determinada, alguien observa que hay algo que hacer para resolver determinadas situaciones, ese alguien es, con probabilidad, la persona que percibe dicha realidad. Si ejecuta el servicio inherente, habrá aprovechado la oportunidad que la situación traía con ella. Pero, aquellos que esperan que sean otros en llevar a cabo la acción prevista, desaprovechan la oportunidad que la misma vida había antepuesto a la persona capaz de ejecutarla, y será otro, u otros, que aprovecharán la oportunidad, es decir, aquellos que asuman el reto de culminar la acción pertinente.
Por otra parte, quienes obstaculizan el progreso en alguna de sus fases de desarrollo, oportunamente deberán volver para deshacer los entuertos de los cuales son responsables, sea de la índole que fuere.

EXÉGESIS 866


                       

EXÉGESIS 866   

©Giuseppe Isgró C.


866.   Entonces, la fatalidad, que parece dominar sobre los destinos materiales de nuestra vida, sería, también ella, el efecto de nuestro libre albedrío?
-“Vosotros mismos habéis elegido vuestras pruebas; cuanto más severas sean y mejor las superéis, tanto más os elevaréis. Aquellos que pasan la vida en la abundancia y en la humana felicidad, no necesariamente son los Espíritus más valerosos, y suelen estacionar su progreso real. En consecuencia, el número de los menos afortunados sobrepasa el de los felices en este mundo, ya que la mayor parte de los Espíritus busca la prueba, que será para ellos más fructuosa. Ellos ven muy bien la vanidad de vuestras grandezas y de vuestros placeres. Del resto, también la vida más feliz es siempre agitada o turbada, aunque no fuese por otra cosa que por el anhelo de la ausencia del dolor”-. (Ver Nº 525 y siguientes).
El Libro de los Espíritus
Allan Kardec


EXÉGESIS: Deberían destacarse cuatro ideas principales: La primera: La suma existencial; la segunda: La Ley de afinidad; la Tercera: El libre albedrío; y, la cuarta: la Ley del eterno progreso.
Cada ser, en los cuatro reinos naturales, emana a la conciencia individual, a partir del Ser Universal, dotado con todos los atributos divinos que les son inherentes, inclusive el libre albedrío. Es decir, tiene libertad de elegir. Bajo los parámetros de los valores universales, como el amor, la prudencia, la justicia, la fortaleza, la templanza y la belleza. Paralelamente posee, también, el poder creador inherente a sus elecciones, en estado de potencialidad infinita. Empero, cada ser, en el momento de emanar a la conciencia individual ignora su origen, y su estado de potencialidad infinita en sabiduría y en poder creador. Es una labor de descubrimiento que irá realizando en la medida que afronte necesidades y anhelos de realización, en cuyo mismo grado irá extrayendo tanto el conocimiento como el poder inherente, para resolver las pruebas existenciales que afronte, o para realizar los objetivos que conciba o se plantee, en el diario acontecer. En cada etapa de su vida, en ambas dimensiones: física-espiritual, en un momento dado, su experiencia en ambas polaridades: positiva-negativa, conforma una suma existencial en determinado saldo, grado o estaciones, en los estados de conciencia equivalentes al desarrollo de sus atributos divinos. Esos estados de conciencia y el grado de experiencia adquirido, por cada ser, en determinado momento, constituyen la suma existencial, mediante la cual, la Ley de afinidad, ordenadora universal de todo cuanto existe, actuando en concordancia, y armonía, con las leyes de justicia divina, compensación e igualdad, va ubicando, o reubicando, a cada ser, en el orden que le corresponde en el concierto de todas las cosas. En ese estado de cosas, lo que cada ser es, en un momento dado, es el resultado de las sumas de decisiones asumidas, libremente, y de los pensamientos, sentimientos, palabras y actos que haya puesto en ejecución. Metafóricamente, cada quien ha ido construyendo su propia telaraña como expresión de su destino temporal, pero no definitivo. Su destino definitivo lo constituirá el eterno retorno del ser individual al Ser Universal, ad infinitum, durante el cual irá descubriendo su estado de potencialidad infinita, sin límites de ninguna naturaleza, contribuyendo, al mismo tiempo que adquiere la experiencia, y el desarrollo de sus aptitudes y actitudes, contribuye a la expansión de la Creación en el eterno presente. En esa labor de cooperación cada ser se transforma en un instrumento activo de la divinidad y percibe, en compensación, el salario cósmico, es decir: la experiencia y la conciencia gradual de su potencial infinito en sabiduría y poder creador.
Dado ese preámbulo, en cada nuevo ciclo de vida, con sus estados de conciencia actuales, y las situaciones inherentes que debe resolver, así como los objetivos cuyos resultados precisa alcanzar a corto, mediano, largo y macro plazo, le permiten trazar un plan desde la misma situación existencial en que se encuentra. Y, en conjunto con todos los seres que les están interrelacionados como integrantes de su familia espiritual, y entes interrelacionados por la afinidad de ideas o proyectos, o por las compensaciones que mutuamente precisan efectuarse, de acuerdo con la Ley cósmica, y a los planes de vida, para el planeta de turno, en un momento dado, y mirando al macro plazo, con sus fases intermedias, cada quien, realiza lo siguiente:
Primero: Un plan de vida a corto, mediano, largo y macro plazo, con el consenso de todos los seres interrelacionados, incluyendo la familia espiritual del respectivo país, o países, en donde, finalmente, le tocará desarrollar su plan existencial, en cada una de las fases intermedias. Es un plan que contempla diversas dimensiones: 1) Personal, familiar, colectivo en lo regional, nacional y mundial, según sus propias competencias y la del grupo del cual forma parte. 2) Al mismo tiempo, que existe un plan de trabajo como aporte al entorno del que se forma parte, en la dimensión espiritual, y en la física, acto seguido, en el que participará, en forma gradual, precisa diseñar el plan de estudio, según los tiempos. 3) Este plan de estudio, se realiza en la dimensión espiritual, en estado de proyección espiritual, o desdoblamiento, casi siempre sin percibirlo en su conciencia objetiva, estando encarnado. 4) A nivel de encarnado, deberá cumplir los planes de estudio vigentes y obligatorios, que le van nivelando, en cada ciclo de vida, a la actualidad de turno. 5) Empero, a nivel personal, por su vocación, visión, misión y experiencia, trae en su plan personal de vida, un grupo de objetivos a los cuales centrará su atención como medio de desarrollo personal. Dada esa formación de turno, podrá cooperar de manera más efectiva, en todas las etapas de la existencia de turno.
Ahora bien, cada situación por resolver y/o compensar, cada nuevo objetivo por realizar, y las diferentes pruebas de aprendizaje y desarrollo de plan de vida, le van a enfrentar a exigencias de mayor nivel del que ha desarrollado hasta determinado momento. Empero, posee, interiormente, el potencial en conocimientos y en poder realizador, para resolver todo lo que, afrontándolo, sin evasión, y persistiendo en la acción, se proponga concluirlos. Esas pruebas inherentes, naturales, por las que, indefectiblemente, pasa cada ser en el camino de la vida, se presentan como pruebas adversas, empero, son esas mismas pruebas adversas las que contribuirán a elevar el propio nivel de conciencia, y progreso, si se afronta la realidad, sin evasión. En el momento que se resuelve persistir tenazmente, enfrentando sosegadamente la adversidad, cara a cara, se activan los poderes creadores de la mente, y comienzan a surgir las coincidencias que aportan tanto la solución esperada como los resultados acordes a los objetivos de turno.
Cada nuevo progreso alcanzado incrementa el saaldo de la propia suma existencial, mediante la cual, la ley de afinidad, automáticamente, y sin esfuerzo alguno, va ubicando y reubicando, a cada quien, en el nuevo orden que le corresponde, donde pasará a la nueva fase de realización integral de su plan de vida.
Si cada ser realiza la labor que le corresponde en el concierto de todas las cosas, con dedicación y estudio, preparándose para labores de nivel más elevado, en jerarquía, los regidores cósmicos, por una parte, y los cooperadores del propio plan de vida, personal y grupal, por otra, le van utilizando en el lugar y desempeño que mejor se adecuen a su nivel de experiencia y competencia. Todo estado de perfeccionamiento integral, en cada ser, se transforma en una oferta de servicio que no pasará inadvertida en el entorno, o esfera mental, en que se interactúa, y oportunamente, se presentará la oportunidad inherente como medio de riqueza integral. La mayoría de las veces, esa oportunidad se presentará como una adversidad que afrontar. Si la persona no evade su responsabilidad personal y social, y la afronta, derivará el provecho de la misma, la experiencia inherente, y el salario cósmico. Estará preparado para abordar la siguiente fase en el concurso de todas las cosas, según las inquietudes de los tiempos que corren.
En cada situación, o fase existencial, es preciso ver más allá de las apariencias, única manera de percibir, comprender y realizar lo que compete, un paso a la vez, en el camino de la vida.
Aquí reside la importancia de conocer las leyes que rigen la vida, en el universo, desde una perspectiva universal, conociendo, de manera integral, sin apegos, todas las doctrinas que constituyen el acervo cultural, científico, filosófico, tecnológico, artístico y espiritual acumulado en el largo recorrido histórico, en el planeta de turno.
En todo hay que pensar en grande, ya que somos instrumentos de la Divinidad en la expansión de la Creación universal. La Divinidad ha pensado en grande, en todo, y no permite, por la ley cósmica, que nadie se duerma en los laureles. El progreso es continúo, constante, de un nivel determinado a otro más elevado, sin límites. Quien se estanca se queda rezagado. El sentido de insatisfacción que se va experimentando, en cada época, es la señal inequívoca que indica que hay que plantearse, por escrito, nuevos objetivos de realización hacia los cuales canalizar la propia energía creadora y el caudal de experiencia obtenida, que permiten asumir nuevos y más importantes retos.
Con estos estados de conciencia, en cualesquiera estaciones de la vida, siempre se experimentará una sensación de seguridad y certeza. A medida que se van subiendo los peldaños de la escalera del progreso, se va viendo más lejos, así como el lugar hacía el cual hay que dar el siguiente paso. Un paso a la vez, se va recorriendo el camino de la vida hacia la suprema meta, ad infinitum.

En revisión…...