EXÉGESIS 919
©Giuseppe
Isgró C
919.
¿Cuál es el medio
práctico y más eficaz para mejorarse en esta vida, y resistir a las seducciones
del mal?
-“Os lo ha dicho un sabio de la antigüedad: Aprende a conocerte a ti mismo”-.
Nosotros comprendemos toda la sabiduría de esta máxima; pero la
dificultad se encuentra, precisamente, en el conocerse a sí mismo. ¿Cuál es el
medio para lograrlo?
-“Haced aquello que los mejores seres humanos han hecho siempre.
Al final de cada día, examinad vuestra conciencia: pasad revista a cada uno de
vuestros actos, y preguntaros si habéis faltado a algún deber, si alguno haya
tenido motivo para quejarse de vosotros. De esta manera llegaréis a conoceros y
ver aquello que debéis cambiar en vosotros. Quien cada noche rememorase todas
sus acciones del día, y se preguntase qué cosa ha hecho bien, o mal,
solicitando a Dios y a su Espíritu protector de iluminarle, adquiriría mucha
fortaleza para su perfeccionamiento, por cuanto, creedme, Dios le asistirá.
Interrogaos, por lo tanto, vosotros mismos, y preguntaos cómo y con cuál fin
habéis actuado en los varios casos. Si habéis realizado algo que censuraríais
en otros; o, si cometisteis una acción que no osáis reconocer. Por otra parte,
reflexionad: Si fuese llamado por Dios, en este momento, a la dimensión
espiritual, donde no se puede esconder nada, ¿tendría algo que temer a la vista
de alguno? Reflexionad bien sobre aquello que podáis haber cometido en contra
de Dios, después en contra del prójimo, y finalmente en contra de vosotros
mismos. Las respuestas darán paz a vuestra conciencia, o indicarán un mal, el
cual debéis compensar. El conocimiento de sí mismo es, por lo tanto, la clave
para el mejoramiento individual. Pero, diréis vosotros, ¿cómo podemos estar
seguros de juzgarnos rectamente? La ilusión del amor propio no atenúa las
culpas, y no las hace excusar, de manera que el avaro se cree económico y
previsor, y el orgulloso de ser una persona que cuida su propia dignidad? Esto
es verdad, sin embargo; pero tenéis un medio de control, que no os puede
engañar. Dado que os encontráis con duda sobre el valor de una acción vuestra,
preguntaos como la juzgaríais si la misma hubiese sido realizada por otros. Si
en este caso la censuráis, ella no podría ser más legítima en vosotros, por
cuanto Dios no tiene dos pesos para la justicia. Buscad, por otra parte, que
piensan de vosotros los demás, y no descuidad la opinión de vuestros enemigos,
por cuanto estos no tienen ningún interés en falsear la verdad, y con
frecuencia Dios os los pone en vuestro camino casi como un espejo para
amonestaros con su mayor franqueza de lo que lo haría un amigo. Quien
firmemente se quiere mejorar escrute, por lo tanto, su conciencia para
erradicar las inclinaciones indebidas, al igual que arranca de su jardín las
malas hierbas. Haga el balance de su jornada moral, al igual que el comerciante
lo realiza con sus pérdidas y sus ganancias, y os aseguro que obtendrá un
provecho mucho mayor. Cuando él pueda responderse que su jornada ha sido buena,
puede dormir en paz, sin temer a una eventual transferencia a la dimensión
espiritual durante el sueño. En la aplicación de este consejo, haceos a
vosotros mismos preguntas directas y precisas, y no temed en multiplicarlas. Se
pueden dedicar, cada día, algunos minutos para la conquista de la felicidad. ¿No
trabajáis, diariamente, para acumular recursos que sirvan a vuestro sustento en
edad avanzada? ¿Aquel tardío descanso no es el objeto de todos vuestros deseos,
el objetivo que os hace soportar importantes esfuerzos y tantas privaciones
momentáneas? Entonces, ¿qué significa aquel reposo de pocos días de los
achaques del cuerpo, en comparación de lo que le está reservado a la persona
virtuosa? ¿No vale eso la pena de hacer algún esfuerzo? Sé que muchos objetan
que el presente es cierto, pero el porvenir incierto; precisamente este es el
pensamiento que nosotros tenemos por misión de reeducar en vosotros, y esta es
la razón por la que queremos haceros conocer este porvenir de manera que no os
pueda dejar ninguna duda en el ánimo. A este fin, hemos, primeramente,
despertado vuestra atención con fenómenos aptos a para excitar vuestros
sentidos, y después os damos las instrucciones para que, cada quien, las
aplique y difunda”-.
Muchos errores que se
cometen suelen pasar inobservados; pero, si interrogásemos con mayor frecuencia
nuestra conciencia, veríamos cuantas veces hemos faltado sin darnos cuenta por
no haber indagado la naturaleza y el móvil de nuestros actos. La forma
interrogativa exige respuestas categóricas por sí, o por no, que no dejan vía
por medio. De la suma de las respuestas, podemos calcular la del bien y del
mal, que reside en cada quien.
El Libro
de los Espíritus
Allan
Kardec
EXÉGESIS: Quilón, El Lacedemonio,
uno de los siete sabios de Grecia, en el portal del Templo de Apolo, en Delfos,
insertó la siguiente máxima: -“Hombre,
conócete a ti mismo, que el estudio propio del hombre no es conocer a Dios,
sino conocerse a sí mismo”.
En el siglo VII –d.n.e.-, Mahoma
expresó: -“Conócete y conocerás a Dios”.
¿Es fácil conocerse? ¡Por supuesto
que no! Eso significaría reconocer la suma de la propia ignorancia. ¿Quién podría
hacerlo? Sin embargo, ese es el mandato eterno que a cada ser, en los cuatro
reinos naturales, la Ley cósmica impresa en su propia conciencia, le ordena: 1)
¡Conocerse, en forma integral: a nivel divino, espiritual, anímico y físico! 2)
A nivel de sus atributos divinos, o sentidos cósmicos, que reflejan la
sabiduría universal, en su conciencia, mediante los sentimientos análogos a los
valores universales equivalentes al amor, a la prudencia, a la justicia, a la
compensación, a la igualdad, al equilibrio o belleza, salud y armonía a la
fortaleza, a la templanza, a la afinidad o conciencia del orden o sentido de ubicación, a la voluntad,
o poder creador potencialmente infinito para ejecutar lo que precisa, o anhela,
enmarcado en el libre albedrío y éste regido por los parámetros de los valores
universales, que le permite elegir conscientemente, de manera justa y perfecta.
Cada uno de los valores universales impresos en la propia conciencia contiene
valores derivados que conforman un todo, en principios, leyes y suma de
sabiduría que conforma el libro de la vida que eternamente, cada ser estudiará,
sin jamás agotar su caudal infinito. 3) Dado que, cada ser, constituye un
microcosmos que contiene, de manera análoga, todo lo que existe en la
naturaleza de las cosas, precisa conocer el macrocosmos, el universo, en forma
integral, que constituye el entorno cósmico que le Alberta en el eterno
presente, y que, gradualmente conocerá, en la eternidad que le precede, ya que
jamás, paradójicamente, hubo un principio, y tampoco, habrá un final. En forma
infinita y circularmente, en forma de espiral, cada ser, en los cuatro reinos
de la naturaleza, realiza el eterno camino de retorno a casa, sin jamás
alcanzando, buscando alcanzar una perfección que ya posee, aunque lo ignora,
contribuyendo con su trabajo, a la expansión de la Creación Universal, de
acuerdo a los planes trazados por el Ser Universal, en su propia conciencia, de
la cual, cada ser, a su vez, posee una réplica exacta de la conciencia de la
Divinidad. 4) En esa expansión de la Creación Universal, cada ser constituye un
instrumento de la Divinidad para realizar la cuota de obra a su cargo, de la
Gran Obra. La Gran Obra es del Ser Universal, así como con los recursos puesto
a la orden de cada ser para realizar una obra que, paradójicamente, no le
pertenece, sino que se le facilita para contar con todo lo que, en el eterno
presente, precisará, para realizar los objetivos que, voluntariamente, cada
quien asumirá como aporte a la Gran Obra. Lo que le pertenece, a cada ser, es
el Salario Cósmico, que le capacita para asumir nuevos retos en la realización
de la Gran obra. Ese salario cósmico constituye la experiencia adquirida que le
permite percibir, comprender y realizar en forma análoga a la visión aportada
por la experiencia y por la visión de los valores universales. Empero, con cada
logro, se percibe el siguiente paso, en el camino de la vida, y la labor que
surge para ser realizada, por cada quien. Un paso a la vez, una fase detrás de
otra, enfocando el objetivo de turno, todo en sentido a la realización de la
Gran Obra, de acuerdo a la Ley cósmica y a los planes trazados por el Gran
Arquitecto del Universo, en su propia conciencia y en la unicidad de la conciencia
de cada ser, sin separación alguna de la conciencia Divina, o el Todo manifestado
y por manifestarse, en el eterno ahora. 5) En esa eterna carrera de progreso,
cada ser descubre, gradualmente, en primer lugar, los instrumentos que habrá de
utilizar en la realización de la cuota de la Gran Obra que asume como objetivo
existencial, a nivel físico, mental, espiritual y divino. Luego, aprende a
utilizarlos, para, acto seguido, empezar a realizar la obra pajo la guía de
alguien más experimentado. Una vez realizada la obra, por etapas, va
percibiendo que la obra llevada a cabo obedece a un plano que alguien, un
arquitecto divino, trazó. Se da cuenta de que nada se realizado por casualidad,
sino que todo obedece a una razón de ser que alguien ha ya previsto desde la
noche de los tiempos y se encuentra, perfectamente delineada, en los eternos
planos de la expansión de la Creación Universal. Entonces, parte de su labor es
descifrar esos planos bajo cuya guía deberá realizar su propia obra de
cooperación en los planes cósmicos. Adquirir esa conciencia, darse cuenta de
esa realizada, es el primer paso para comenzar a vivir conscientemente. Cada
ser percibe que posee un poder creador inagotable y que, sea cual fuere la
tarea por realizar, siempre emergerán de su ser interno, las energías y fuerzas
suficientes para completar la obra de turno, siempre y cuando persista,
tenazmente, sin abandonar a mitad de camino, en ninguna obra. Se da cuenta de
que, cada vez que se niega a abandonar en el logro de un objetivo de turno,
persistiendo con confianza, en el momento menos fácil de la tarea, se activan
los poderes creadores de la mente, y emergen en su conciencia, por intuición o
inspiración, las ideas que aportan la visión del qué, del cómo, del dónde, del
quién, del cuándo, del cuánto y del por qué. Esto le da confianza en sí mismo,
y con confianza persiste, tenazmente, hasta alcanzar todas y cada una de las
metas inherentes a sus objetivos de turno, uno a la vez.
En el camino de la vida, como decía
Newton, precisa subirse sobre hombros de gigantes, para ver más lejos, por lo
cual, debe estudiar todo el aporte que, en el concierto de los siglos que han
transcurrido desde la noche de los tiempos, se ha ido recabando como
experiencia de vida, por los seres más adelantados en el progreso humano y
universal, en los cuatro reinos naturales. Paralelamente, se da cuenta que
puede conectarse a una eterna fuente de sabiduría y poder creador, que es la de
la Divinidad. Al vibrar en esa frecuencia más elevada, en armonía con la
divinidad, se va depurando el velo de la separación, percibiendo su unicidad
con la Divinidad. Se da cuenta, en un instante determinado que ya conocía la fuente
universal de la cual emanara a la conciencia individual, sin separarse de la
divinidad y sin dejar de ser la Divinidad. Esto transforma su manera de ver las
cosas, y comienza a ser consciente de su rol divino en la eterna y continuada
vida, en la expansión eterna de la Creación Universal, por etapas. Aquí realiza
un gran descubrimiento: Donde enfoca la conciencia se expande su capacidad
perceptiva, comprensiva y realizadora, ad infinitum, sin encontrar jamás ningún
límite en el eterno camino de retorno del ser individual al Ser Universal.
Para completar este comentario
exegético, recordaremos las enseñanzas conservadas en los versos de oro pitagóricos,
que ha sido una certera guía de los seres más sobresalientes desde su tiempo
hasta ahora.
LOS VERSOS DE ORO PITÁGORICOS
PREPARACIÓN:
I. La
práctica espiritual:
Antes, honra a los Dioses
inmortales, de acuerdo con su jerarquía.
II. –“Respeta
tu promesa, y reverencia a los héroes ilustes, y a los genios, ejecutando las
prácticas en uso”.
PURIFICACIÓN:
III. El
culto a la familia:
Rinde honor a tus padres, y a los
más cercanos parientes.
IV. El
culto de la amistad:
De los demás, del más virtuoso, por
mérito, hazte amigo; con serenas palabras y útiles acciones, sigue su ejemplo. Por
leve falta no te irrites con el amigo, de acuerdo con tus fuerzas. Al lado del
poder, convence la Necesidad.
V. La
cultura personal.
A: La cultura mental:
Por lo tanto, tales cosas conozcas,
y sepas, también, refrenar estas otras: El estómago, antes de todo; igualmente
el sueño, el sexo y la ira.
VI. Ser
honrado, franco y justo:
Se irreprochable con todos y en
todo; ejecuta, únicamente, actos dignos, tanto en compañía de otros como a
solas. Como prioridad, ten pudor contigo, respetándote. Después, siempre, en
palabras y en actos, ejercítate en la práctica de la justicia.
VII. Ser
reflexivo:
-“Fórjate el hábito de regir tu
conducta por la razón. Recuerda, en suma, que la desencarnación es un destino
común. Por lo tanto, las riquezas, hoy buscas de adquirirlas; mañana, puedes
perderlas”-.
VIII. Trabajar con toda confianza:
Cuantos, por acción de la ley
cósmica, experimentan pruebas adversas. Las que a ti te correspondan,
sopórtalas con calma, sosegadamente. Superarlas, satisfactoriamente, sí, te conviene,
con toda tu potencia creadora. Piensa, que, después de todo, a la gente buena,
no son tantas las adversidades que les toca afrontar.
IX. Ser
tolerante y paciente:
Discursos varios oirás, con
frecuencia, unos con nobles contenidos, otros indignos; tú, no permitas que los
unos te turben, ni de los otros te vuelvas para no oírlos. Y si una mentira es
dicha, sopórtala con calma.
X. Crearse
un juicio sano y firme:
En todo cumple cuanto ahora te digo.
Ni uno, con palabras u obras, te induzca jamás a decir o a hacer cosa alguna
que después no resulte lo mejor para ti. Antes de actuar, reflexiona, para no
cometer errores; que actuar o hablar con discernimiento es de gente prudente.
XI. Estar
prevenido:
Pero, tú las cosas harás, que
después no te perjudiquen.
XII. Aprende
lo que es necesario:
Ni una cosa, harás, por lo tanto, en
la cual, tú, experiencia no tengas. Empero, cuanto, en verdad, te sea
necesario, aprende, y vida agradable tendrás.
XIII. La cultura personal.
B: Seguir un régimen puro y
fisiológico.
Hacer ejercicio.
Es preciso ocuparse de la higiene
del cuerpo; pero en las bebidas, en los alimentos y en el ejerccio, la justa
medida observa. Recuerda, utiliza el sentido de la justa medida en todo; que
nada te proporcione perjuicio.
XIV. Ser
reservado:
Por lo tanto, habitúate a una vida
sana, sin molicie; abstente en realizar todo acto que suscite envidia.
XV. Ser
ponderado:
De esta manera, más de lo necesario
no gastes, como hacen quienes ignoran lo que es la honradez; pero, no por ello
dejes de ser generoso: La justa medida en todo, es en verdad, la virtud de la
nobleza. No hagas, en resumén, lo que pueda dañarte, y pondera bien las cosas
antes de actuar.
PERFECCIÓN:
XVI. Los
medios de perfeccionamiento.
Antes de todo, tan pronto como
despiertes, aprovecha para elevar tu
Espíritu; enseguida ocúpate de cuanto en ese día quieres hacer”-.
XVII. Examen de sí mismo:
Antes de dormirte, cada noche, por
mucho cansancio que tengas, tres veces examina cada uno de tus actos:
• –“¿Dónde
he estado?”
• –“¿Qué
he realizado?”
• –“¿Cuál
obligación dejé de cumplir?”
Partiendo desde el inicio, recorre,
también, el después del después. Has incurrido en bajezas? ¡Recrimínate! ¿Has
realizado justas acciones? Alégrate. De las primeras, proponte enmendarte;
estas últimas, tenlas como modelo a seguir, con fervor. Esto es lo que a ti te
pondrá en la horma de la virtud divina.
XVIII. La meditación. La fe. La vida virtuosa. La ciencia del Universo.
Sí, sí: Por Aquel que a nuestros
Espíritus ha transmitido la Tetratkis, fuente de la eterna-fluente Naturaleza.
Esto es lo que hay que hacer. Estas cosas hay que empeñarse en practicar, y
amar. Por ellas ingresarás en la divina senda de la perfección.
XIX. La
oración:
Pero, al cumplimiento de la obra
cíñete, tú, no sin antes solicitar asistencia a los Espíritus protectores que
la conduzcan a la perfección.
XX. La
iniciación:
Conocerás el orden divino que rige a
los Espíritus, a los seres humanos y a todas las cosas, y percibirás la unidad
que penetra la obra toda. Entonces, sabrás que la Naturaleza es una e idéntica
en todas partes; a no esperar lo inesperable, y, a no dejar nada sin
explicación.
XXI. La
clarividencia:
Sabrás, que los seres humanos
soportan pruebas por ellos mismos generadas. Insensatos: A su lado se encuentra
el bien, y no lo ven, ni lo oyen; y, también, la liberación de los males la
descubren pocos. Tal es la condición que opaca el juicio a los humanos! Son
desplazados de un lado para otro, como lo hacen las infantiles cuentas, después
de incesantes sacudidas. La discordia es su natural y triste compañera, a la
que no hay que provocar, sino cederle el paso y huir de ella.
XXII. La verdad oculta:
Oh, Dios! De cuántos males librarías
a los humanos, si tan solo te dignases en desvelarles a que daimón obedecen!
Pero, tú, ten confianza. El origen de los seres humanos es divino. La
Naturaleza le va abriendo el acceso a las arcanas virtudes, que ella misma les explica.
XXIII. La recompensa. La
sabiduría:
Si de ellos en ti hay algo, verás
hasta allí, donde te exhorto, reintegrado y silente, y con el Espíritu inmune
de todo mal. Pero, deja los alimentos que te prohibí, en los días en que, en
hacer puro y libre el Espíritu buscas. Observa, discierne y valúa todo, y a la
Inteligencia soberana erige en auriga de lo Alto. De esta manera, dejando el
cuerpo, en el éter, libre, irás, como Espíritu divino e inmortal; no más
vulnerable serás.
En revisión…...